Por Jean Georges Almendras-26 de enero de 2021

Cada una de estas novedades escalofriantes nos hacen recordar, en medio de nuestra rutina laboral y familiar, que mientras los unos estamos a salvo de estos atentados, otros son víctimas de ellos, y hay otros que se prestan a cometerlos, sin escrúpulo alguno. Son novedades que nos ponen contra las cuerdas. Que nos laceran el alma. Porque no es solo una vida la que se ha perdido. No es solo una vida segada con violencia criminal. Es además, literalmente, la imposición de la criminalidad en una comunidad cuya defensa del agua, en Oaxaca, tuvo a este hombre como uno de sus referentes. Un ser humano excepcional, lo dicen los medios de comunicación mexicanos que dan la noticia del crimen. Un ser humano que adoptó el camino del activismo, y eso fue motivo más que suficiente para que desde ciertos círculos se lo amenazara de muerte, ya desde el año 2019. Una amenaza que se cumplió en el transcurso del fin de semana que pasó cuando fue sorprendido por sus asesinos que lo balearon –prácticamente a quemarropa- cuando se encontraba en su automóvil, en un punto distante unos 300 metros del acceso principal a la comunidad La Esperanza, municipio de Jamiltepec, en la costa de Oaxaca.

Fidel Heras era un defensor comunitario y además miembro activo del Consejo de Pueblos Unidos por la Defensa de la cuenca del Río Verde, en el estado de Oaxaca, que ha estado en pugna con autoridades locales, en un contexto local en el que los residentes viven la presión por la imposición de una presa por parte de la CFE, sumándose además la existencia de un interés de extracción de material pétreo para construcción, ambas actividades que son tenazmente resistidas por las comunidades indígenas de la región desde hace ya unos diez años.

El poder de los intereses económicos disfrazados de un progresismo tecnológico (de una infraestructura estrictamente especulativa) dieron rienda suelta al uso de la fuerza, como medida disciplinaria para todos aquellos que se oponen a esos emprendimientos. Y en ese marco numerosas organizaciones sociales de Oaxaca, así como autoridades agrarias y municipales del Ejido Paso de la Reyna, optaron por decir públicamente que el crimen podría tener un “móvil político”, indicando también que en los días previos al mortal ataque a Fidel Heras Cruz, el agente municipal Filogonio Martínez Merino había sido alertado de la presencia de una camioneta sospechosa, ocupada por dos personas circulando por el paraje El Zárate, por lo que él solicitó ayuda a la policía para llegar a su casa. La antesala de este episodio (que más adelante involucró directamente al activista Fidel Heras, que en consecuencia fue asesinado) se sitúa en el año 2019 cuando la presidenta municipal de Santiago Jamiltepec, Celia Rivas Márquez, insistió para que en la cuenca del Río Verde se procediese a extraer material pétreo. Las extracciones se concretaron y no se presentaron permisos ambientales por las afectaciones al río, desencadenándose un conflicto en el que obviamente intervino Fidel Heras, que terció en favor de la cuenca del río, en clara resistencia a los objetivos financieros del emprendimiento planteado, con el costo de su vida. Cabe señalar que Fidel es la primera víctima del poder capitalista, de este año 2021.

 

Una vez más, defender la naturaleza (la madre tierra, en el buen romance) hace que la insanía del hombre “civilizado” y “soberbio” en la aplicación del “progreso” se imponga sobre la vida misma, hasta convertirse en un vulgar y cobarde criminal, defensor además de intereses financieros que no siempre van de la mano de las cosmovisiones de las comunidades indígenas, de las diferentes regiones del continente americano.

En México ahora, una familia llora la pérdida de un ser querido. Nosotros lloramos la pérdida de un luchador, y por ser testigos de su muerte, una vez más repudiamos y denunciamos estas ya habituales prácticas de los barbarismos (terrorismos) antiambientalistas, que siguen enlutando luchas que ya dejaron, mismo en México, en Centroamérica (recordemos el crimen de la indígena y dirigente lenca Berta Cáceres) y América Latina otros mártires.

Los mártires que nos llevan a resistir con más empeño estas brutalidades del hombre moderno. Del hombre moderno (winka, blanco) que pisotea segundo a segundo, y hasta la muerte, a quienes se oponen a vivir en desarmonía con la naturaleza.

La criminalidad organizada, que es la sombra y el marco de los emprendimientos hidroeléctricos en torno a los ríos, hizo una vez más su juego macabro, cobrándose otra víctima.

¡Un asco de civilización la nuestra!

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*Foto de portada: www.especialoaxaca.com

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