Todo, como por arte de magia, había vuelto a estar bajo control. Los reflectores de los medios de comunicación se habían ido a pastar a otros lugares. Ignazio Marino se había quedado en su lugar. La rueda, para todos, había vuelto a girar. Y de la “Bella Roma” ya nadie hablaba.  
Luego, se desencadenó algo imprevisto.
En el cielo de la “Bella Roma” se escucharon las notas de la canción de la película “El Padrino”, vehementes e impetuosas, se han encontrado con los pétalos de rosa en honor a Vittorio Casamonica, el jefe del clan mafioso más temido de Roma y más impune que cualquier clan que se mueva en el territorio nacional.
Qué espectáculo. Qué castigo divino para los políticos de poca monta romanos y de la nación. La “Némesis”, la llamaban los antiguos griegos que conocían bastante de las cóleras divinas. Una venganza divina, como si incluso el Padre eterno no pudiera seguir soportando esta infinita y áspera retórica “italiota”.
Y ¿quién habría imaginado ver en una hermosa jornada de sol a una carroza tirada por 6 caballos negros como el carbón, para un funeral de lujo celebrado por el Estado-Mafia y por la Mafia-Estado? ¿Quién habría imaginado los afiches con la efigie del difunto en tamaño natural, como ocurre en los cementerios de Madagascar, usanza que inspiró la película de terror “La noche de los muertos vivos”, colgado en la Basílica de San Pedro? ¿Quién habría imaginado ver un helicóptero del cual arrojaban pétalos de rosas sobre las cabezas del clan más temido y más impune del mundo? Y el cura desde el púlpito, abriendo una puertita para hacer entrar al Paraíso al “Rey de Roma” que complacía a sus afiliados con Rolex y karaoke?
Y ¿quién habría imaginado la orden judicial que dictaba que los carabinieri tenían que garantizar que los familiares más cercanos pudieran llegar a tiempo para acompañar a las exequias de Vittorio Casamonica, quien vivió y murió “a su manera”?
Y ¿quién habría imaginado que desaparecerían esas “razones de orden público” que, solo para dar un ejemplo que nos toca de cerca, prohibieron que en Sicilia se realizaran los funerales de boss mafiosos del calibre de Luciano Liggio y Michele Greco, así como de cientos de afiliados de Cosa Nostra? Y ¿quién se habría imaginado, por último, que los “chicosdel clan” invadirían las pantallas televisivas para explicar que ellos no son mafiosos, porque los verdaderos mafiosos “son los que tiran ácido en la cara a las personas, que violan a los niños y que meten a los recién nacidos en la lavadora”? Qué espectáculo ver que un colosal del género mafioso que jamás se haya filmado ha sido producido por sí mismo,, sin directores, sin coproductores italo-norteamericanos, sin ensayos previos, sin casting para los extras, sin un solo euro de financiamiento público. Y además ambientado en Roma.
 “Los Casamonica se interpretan a sí mismos”, ha escrito justamente un observador más agudo que los demás. Y si.
Pero ¿cuál es el papel que interpretan los representantes del Estado? Es difícil de identificar. En un tiempo se pedían las dimisiones de algunos y algunos dimitían. Luego se pedían las dimisiones de muchos y muchos comenzaron a no dimitirse.
¿Pero hoy?
Al día siguiente del gran estreno romano de un colosal que permanecerá en cartelera en la historia del cine ¿a quién hay que echarle la culpa?
¿Al cocinero chino, como en las viejas películas de hace un tiempo? ¿Al piloto del helicóptero? ¿Al comisario? ¿Al magistrado? ¿Al jefe de los carabinieri? ¿Al Alcalde? ¿Al comandante de los guardias urbanos? ¡Vamos! Dejemos de hacer reír al mundo. Ugo Tognazzi y Alberto Sordi no habrían podido alcanzar los ribetes de comicidad que provoca en el mundo nuestra clase política. A esta altura hemos ido muy lejos, muy pero muy lejos. O en cambio ¿sabremos a quién echarle la culpa, ya que los periódicos nos informan que el comisario de Roma,Franco Gabrielli había presentado “su informe” al Ministro del Interior, Angelino Alfano, mientras se anuncian “importantes decisiones” para la próxima semana? Pero ¿cuál es el trabajo que desarrollan un Ministro del Interior y un comisario de Roma? ¿Intercambian informes? ¿Será que han cambiado los tiempos?
De todos modos hay que prepararse. Alguna cabeza rodará. Renzi dirá lo que opina, ya que desde que estalló el escándalo no ha dicho ni una sola palabra. Luego, alguien irá a la televisión – y los periódicos registrarán todo meticulosamente -, para proponer que los responsables, reales o supuestos, del “Casamonica Day” sean entregados caritativamente a Don Mazzi que se declarará inmediatamente disponible a recibirlos en su comunidad.
Para absolverlos.
Vivimos en un Estado-mafia.
A este punto Roma es la capital
Y el mundo ríe de Roma…
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Notas:
* Rosy Bindi: Presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia
*Foto de portada de www.ecartelera.com

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