Jamás pronunciará, ni ha pronunciado, la palabra “valores”. Lo mismo vale para la “cuestión moral” que en Italia, desde que está él, ha pasado a ser una palabra cubierta por el moho del Salvado. Si estallan escándalos que denotan una tasa de corrupción que ya ha hecho de Italia una nación irrecuperable, finge de reaccionar con “los instrumentos de la política”, nombrando a “asesores” y “comisarios”,pretendiendo la verdad sin que “quien se haya equivocado tenga que pagar”.
Todo el mundo se ha dado cuenta de cómo Roma, con el paso de los años, se ha convertido en la capital del Estado-mafia. Pero “asesores” y “comisarios”, serviles a su dictado, encuentran la forma para no disolver el Consejo Municipal, cuando en el Sur, por un décimo de lo que ha ocurrido en Roma, se disolvieron un montón.
Jamás lo escucharéis pronunciar el nombre de Nino Di Matteo, el Fiscal palermitano que corre riesgo de vida. Nunca hizo referencia, ni lo hará jamás, al proceso judicial sobre la Negociación Estado-mafia que, si por él fuera, tendría que quedar arrasado por las excavadoras.
Suele abrazar a los “impresentables” en campaña electoral, para la infaltable foto de recuerdo.
Suele maltratar a sus mismos compañeros de partido, recordemos a Rosy Bindi, o al mismo Matteo Orfini, cuando en algunas ocasiones se tomaron el atrevimiento, por más que haya sido solo en palabras, de levantar la cabeza con el puntero de la legalidad.   
Luego, cuando la temperatura sube excesivamente, la contienda se vuelve álgida, los problemas estallan, es el especialista de la fuga.   
Fugas intercontinentales, fugas de largo recorrido, de un continente al otro.   
Fugas al extranjero, Norteamérica, o Israel, no tiene importancia, porque espera que la situación interior se calme y que los periódicos y las televisiones tengan algo más en qué pensar.
Y él, que no solo es el Primer Ministro, sino que además es el secretario del Partido Democrático, pretende que durante la Fiesta nacional de la Unidad su “presencia esté blindada”. Es como si el Papa Francisco, para asomarse a la plaza San Pedro, pretendiera fusiles ametralladoras asomándose por las persianas. Pero todavía hay más, y peor, como se decía en un tiempo. Al final, a la Fiesta de la Unidad ni siquiera fue, conformándose con encontrarse, en una cosa improvisada, con los cocineros que se lo vieron aparecer entre ollas y sartenes. Temía que hubiera un gran lanzamiento de huevos y tomates de temporada.       
Diréis que es arrogante.
Que es un payaso, un payasito, o un gran payaso, utilizando los diminutivos y los aumentativos de la palabra “payaso” publicados en el diccionario. Y os equivocaríais a la grande. Diréis que es un superficial, un aproximativo, un joven Narciso mandado del Palacio Pitti al Palacio Chigi.
Diréis que en su momento, uno de sus primeros gestos mediáticos fue rendir homenaje a Silvio Berlusconi en su morada. Eso es cierto. Pero ¿puede ser suficiente este indicio, plato fuerte para los “culpabilistas”, para explicar quién es hoy el hombre que definitivamente se sacó la máscara? Nosotros creemos que no.
Para justificar el salvataje del Senador Antonio Azzollini, a cuyo cargo se cuenta con interceptaciones telefónicas que cerrarían cualquiera audiencia procesal cinco minutos más tarde, tuvo el valor, o la caradura, si preferís, de felicitar a los Senadores que habían descubierto el “fumus persecutionis” de los magistrados, y no aceptaron de hacer de “cadete de las Fiscalías”. Y sus Ministras tontuelas, pero también algún ministro suyo particularmente aseñorado asintieron. Como de costumbre.
¿Qué más podéis esperar de un Primer Ministro como este?  
¿De un Primer Ministro que es amigo de familia, ya que su padre es amigo de un tal Denis Verdini que fue enjuiciado cuatro veces?   
¿O acaso esperabais que Matteo Renzi, porque es de este señor de quien hemos hablado hasta ahora, fuera un “cadete de las Fiscalías”?  
No, no. ¿No entendéis? Este Primer Ministro está cambiando Italia.   
De qué manera lo está haciendo, queda a vuestro juicio.
http://www.antimafiaduemila.com/saverio-lodato/matteo-renzi-il-premier-che-getto-la-maschera.html

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Foto original © Giorgio Barbagallo

 

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