Domingo 23 Junio 2024

No tiene paz el general y no debería tenerla

La noticia de ayer fue que el general de Carabineros, Mario Mori, de 85 años, ex comandante del ROS (Reparto Operativo Especial del Arma de Carabineros) y ex director del SISDE (Servicio de Inteligencia y Seguridad Democrática), está siendo investigado por la Fiscalía de Florencia en el marco de la investigación coordinada por los fiscales adjuntos Luca Turco y Luca Tescaroli sobre los autores intelectuales externos de las masacres ocurridas entre 1993 y 1994 en Florencia, Roma y Milán, así como el fallido ataque al Estadio Olímpico.

El hecho señalado en el escrito de acusación de los magistrados florentinos es simple: Mori, "a pesar de tener la obligación legal de hacerlo, no impidió, mediante informes diligentes y/o denuncias a la autoridad judicial, ni mediante la adopción de iniciativas de investigación autónomas y /o preventivas, los indicios de las masacres, de las cuales había tenido numerosos avisos previos".

Según la acusación, Mori había sido "informado, por primera vez en agosto de 1992, por el mariscal Roberto Tempesta, de la intención de Cosa Nostra, transmitida por la fuente Paolo Bellini, de atacar el patrimonio histórico, artístico y monumental de la Nación y, en particular, la torre de Pisa" y posteriormente también por el arrepentido Angelo Siino (ya fallecido, ndr) "durante la entrevista de investigación celebrada en Carinola el 25 de junio de 1993, quien le había informado expresamente de que se producirían ataques en el Norte".

Evidentemente, la habitual "batalla" política comenzó con la salida al campo de los varios Gasparri, Mulé, Mantovano, Caiazza, Cantalamessa, Crosetto e incluso Rita dalla Chiesa (actualmente vicepresidenta del grupo Forza Italia en la Cámara) para defender la honorabilidad de Mori.

Hay quienes han pedido la intervención del ministro Nordio con el envío de inspectores a la Fiscalía de Florencia. Están los que gritan escándalo, masacre, martirio, ensañamiento judicial y conspiración. Y hay quien propone honores y medallas. Y que pide un poco de paz para él.

La verdad, sin embargo, es que el general Mori es todo menos un mártir o un correcto servidor del Estado.

Es cierto que fue acusado y absuelto en forme definitiva (tras una condena de 12 años en primera instancia) en el juicio de la Tratativa Estado-mafia, en el que se lo acusó de violencia y amenazas a un órgano político del Estado por haber transmitido (junto con los altos oficiales Giuseppe De Donno y Antonio Subranni) la amenaza de Cosa Nostra a los gobiernos en ejercicio. Y es igualmente cierto que fue absuelto con sentencia firme en dos procesos en los que se lo acusaba de complicidad: el de la búsqueda demorada del escondite de Totò Riina tras su detención en 1993 y el de fracasada captura de Bernardo Provenzano en 1995.

Pero a diferencia de todos aquellos que prefieren fingir no ver, nosotros sabemos, y queremos volver a recordarlo a nuestros lectores, quién fue el General Mori a lo largo de la historia.

Los bien pensantes intentan continuamente borrar los hechos cuando las propias sentencias hablan de fallos operativos evidentes, llevados a cabo por Mori y sus hombres.

En la sentencia sobre la falta de registro del escondite de calle Bernini, por ejemplo, se identificó una conducta que "ciertamente era idónea para que surgiera la responsabilidad disciplinaria".

Se sabe que el poder judicial fue convencido de no realizar la búsqueda, argumentando que así se garantizaría la observación del escondite. Es una pena que las cámaras fueran desconectadas a las pocas horas y no se informara a las autoridades competentes, escapando al control de legalidad del poder judicial.

Incluso en la sentencia de apelación que absolvió "porque el hecho no constituye delito" a Mori y al coronel Obinu, por el fallido operativo en Mezzojuso, donde se escondía Bernardo Provenzano, hay palabras muy duras. En esa sentencia, que ya es definitiva, el tribunal presidido por Salvatore Di Vitale dijo que "la elección de privilegiar cualquier otra necesidad de investigación ante el peligro de que el escondite fuese limpiado parece realmente insuficiente para utilizar un eufemismo".

Y luego se sostiene que "las opciones técnico-investigativas adoptadas por los imputados (especialmente las de no atender adecuadamente las líneas de investigación que surgieron de la reunión de Mezzojuso), más aún si se considera que fueron adoptadas por expertos policías judiciales, generan más dudas sobre la corrección, al menos desde el punto de vista profesional, de las actuaciones de ambos y dejan varias zonas grises que el proceso, a pesar de los esfuerzos realizados por el Ministerio Público, no pudo resolver".

Al mismo tiempo, no olvidemos que durante los procesos aparecieron varias sombras sobre el pasado de Mori cuando estaba al servicio del SID (Servicio de Información de Defensa, ex SISMI, actual AISE, ndr).

Nada más lejos de un héroe. Nada que merezca medallas. Nada que parezca un servidor del Estado.

¿Y qué decir de la Tratativa Estado-mafia?

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En los juicios, incluso en los absolutorios, fueron probados los contactos habidos tras la masacre de Capaci entre el ex alcalde mafioso de Palermo, Vito Ciancimino, y los hombres del ROS.

Una historia reconstruida gracias a las declaraciones del colaborador de justicia Giovanni Brusca pero también de los propios carabineros (general Mario Mori y capitán Giuseppe De Donno).

Auditados como testigos en el proceso de Florencia, afirmaron haber tomado esa iniciativa para capturar a algunos fugitivos y tratar de impedir nuevas masacres.

Y lo que es increíble, pero cierto, es que fueron Mori y De Donno quienes hablaron de tratativa (no de manera presunta) en sus declaraciones.

El relato de Mori sobre su diálogo con Vito Ciancimino, recogido en la sentencia, es bastante directo: "Pero señor Ciancimino, ¿cuál es la historia aquí? Ahora hay un muro y un contramuro. De un lado está Cosa Nostra, del otro está el Estado. Pero ¿acaso no podemos hablar con esta gente? Lo dije convencido de que diría: '¿Qué quiere de mí, coronel?' En cambio, me dijo: 'pero sí, podría, estoy en condiciones de hacerlo'. Y luego nos quedamos... y yo dije: 'entonces inténtelo'. Y así terminó la segunda reunión, en resumen, obviamente". (…) "Él entendió a su manera, simuló entender y siguió adelante de todos modos. Y acordamos que queríamos desarrollar esa tratativa". Y luego, otra vez, en otro pasaje (...) "Se volvieron a encontrar, nuevamente en casa de Ciancimino, el 18/12/92. En esta ocasión Ciancimino le dijo: 'Mira, aceptan la negociación, las condiciones son que el intermediario sea yo -Ciancimino- y que la tratativa se realice en el extranjero ¿Qué ofrecen a cambio?'".

En la sentencia de la Corte Penal de Florencia sobre las masacres del '93, de junio de 1998, que también pasó a ser definitiva, "la iniciativa del ROS" se evalúa en estos términos: "El efecto que tuvo sobre los jefes de la mafia fue convencerlos, en definitiva, que la masacre fue capaz de aportar ventajas a la organización. En este sentido no cabe ninguna duda, no sólo porque el capitán De Donno habló expresamente de "negociación" y de "diálogo" (el general Mori, más cuidadoso con las palabras, casi siempre evitó estos dos términos), sino sobre todo porque la propuesta no merece ninguna calificación diferente, cualquiera que sea la intención con que fue formulada (para ganar tiempo; obligar a Ciancimino a revelarse, o alguna otra) de contactar a los líderes de Cosa Nostra para entender lo que querían (a cambio del cese de las masacres). Aquí la lógica se impone tan claramente que no hace falta explicarla".

He aquí la tratativa manchada por la sangre de mártires y de inocentes.

Las masacres no cesaron en junio de 1992. Posteriormente murieron Paolo Borsellino y los agentes de su escolta.

En mayo de 1993 se produjeron los atentados en via Fauro, en Roma, y en via dei Georgofili, en Florencia. Luego, en julio, las de via Palestro, en Milán, y las de las basílicas de San Giorgio al Velabro y San Giovanni in Laterano, en Roma. Murieron 15 personas, entre ellas dos niñas, una de 50 días y la otra de nueve años, Caterina y Nadia. Hubo decenas de heridos además de daños al patrimonio artístico y a la seguridad nacional. Sólo la pura casualidad impidió que en enero de 1994 se llevara a cabo la masacre, planeada y luego cancelada, en el estadio Olímpico de Roma.

Esto es lo que pasó a lo largo de la historia.

Como historia son las palabras de Agnese Borsellino (informe S.I.T del 27 de enero del 2010, Fiscalía de Caltanissetta) cuando dijo: "Recuerdo que mi marido me dijo textualmente que 'hubo una conversación entre la mafia y partes infieles del Estado' Esto me dijo, a mediados de junio de 1992".

"En ese mismo período me dijo que había visto a la 'mafia en directo', hablándome también en ese caso de la cercanía entre la mafia y partes del aparato estatal italiano". En aquella ocasión, la viuda de Borsellino contó que su marido le dijo que se había enterado de que "el general Subranni (otro acusado absuelto en el proceso de la Tratativa, ndr) era 'punciuto'. Recuerdo que cuando me lo dijo estaba muy asombrado -declaró ante los magistrados- pero yo agrego que me lo dijo con un tono absolutamente seguro. No me dijo quién se lo había dicho. Me dijo, sin embargo, que cuando le dijeron se había puesto tan enfermo que había vomitado. Para él, de hecho, los Carabineros eran intocables". Precisamente ese Subranni, el superior de Mori, fue quien desvió la investigación del asesinato de Peppino Impastato.

Las investigaciones de la Fiscalía de Florencia ahondan en otro asunto surgido en los juicios, conocido como la tratativa de obras de arte. Corresponde a la magistratura verificar lo sucedido.

En lugar de decir mentiras o verdades a medias, el general Mori debería colaborar de una vez por todas con la justicia. Entonces encontraría la paz que busca.

 

*Foto de Portada: Reelaboración gráfica de Paolo Bassani

*Foto 2: Tribunales de Florencia © Imagoeconomica