Y ahora Giorgia Meloni debe ir al Quirinal
Acaba de llegar la primavera y, como suele suceder en el campo, cuando se cortan y queman las ramas viejas y muertas para que la naturaleza se renueve, el gobierno fascista liderado por Giorgia Meloni también ha llevado a cabo su limpieza general.
Los vientos de cambio fueron impulsados por los italianos en el referéndum constitucional y la avalancha de votos en contra de quienes querían cambiar la Constitución y el equilibrio de los poderes dentro del Estado.
De esta forma, la primera ministra comenzó a deshacerse de los "cabezas huecas" de su gobierno y, en pocos días, expulsó al Subsecretario de Justicia, Andrea Delmastro, y a Giusi Bartolozzi, la jefa de gabinete de Carlo Nordio. No solo eso, sino que también solicitó y obtuvo la dimisión de la Ministra de Turismo, Daniela Santanché.
Una maniobra política "hipócrita", cabe decir. Porque sin el abrumador voto negativo en el referéndum, sin duda no habría habido ningún terremoto y todos seguirían en sus puestos.
Al fin y al cabo, hasta hace unas semanas, solo se hablaba de "error ligero" respecto a las acciones de Delmastro y su participación en una empresa en la que también tenía acciones la hija de Mauro Caroccia, quien fue condenado a cuatro años por propiedad ficticia con el agravante de ayudar a una organización mafiosa.
Bartolozzi (la que acusó al poder judicial de actuar como "pelotones de fusilamiento" en televisión en directo) también había tenido sus propios problemas legales. En septiembre del 2025 se supo se había presentado una denuncia en su contra por declaraciones falsas ante la fiscalía en el caso Almasri.
Y nadie de la mayoría pidió jamás su dimisión, por empezar el ministro de Justicia, Nordio. Todo lo contrario. Hasta ahora, la intención era "proteger" su posición, hasta el punto de que la Oficina de la presidencia de la Cámara deberá que votar para ir ante la Consulta.
¿Y qué decir del caso de la ahora exministra Santanché, quien fue defendida durante mucho tiempo en nombre del debido proceso, a pesar de la serie de problemas legales que la aquejaban (un juicio por falsedad contable, una audiencia preliminar por fraude en el INPS y tres investigaciones de quiebra que podrían concluir pronto)?
Objetivamente, no estuvo entre las protagonistas de la campaña electoral por el SÍ, que fue derrotado en las urnas el lunes pasado.
Pero aún está pagando las consecuencias de la derrota popular.
Quien permanece en su cargo es el fallido ministro de Justicia, Carlo Nordio. Sigue en su puesto a pesar de haber asumido la "responsabilidad política" por lo sucedido.
Un ministro que quedó expuesto como un mentiroso respecto a la importancia del delito de abuso de poder (que él mismo despenalizó), el cual debe reintroducirse de acuerdo con las directivas de la UE (Unión Europea).
Como escribió Saverio Lodato en nuestra revista: "¿Con qué autoridad podrá Nordio, a partir de ahora, enviar inspectores a las fiscalías de toda Italia? ¿Y qué hará cuando Europa le exija que restablezca el delito de abuso de poder, que fue abolido en nuestro país?".
Ninguno de nuestros políticos demuestra coherencia ni dignidad.
Ni siquiera la primera ministra Giorgia Meloni, quien afirma haber entrado en política en nombre de Paolo Borsellino.
Porque si ese fuera el caso, debería haber expulsado a "su" gente hace mucho tiempo.
Y para ser coherente, después de haber dado su imagen al referéndum, debería tener el valor de acudir al presidente Sergio Mattarella y presentar el estado de crisis en que está el gobierno.
Una crisis transversal, considerando el enorme silencio de la Liga y la contundente protesta de Marina Berlusconi, profundamente decepcionada tras la derrota en el referéndum sobre la justicia, cuya separación de las carreras de juez y fiscal fue una histórica batalla de su padre.
Se supo que Marina Berlusconi desahogó su ira no solo con los líderes de Forza Italia, sino también con la propia Meloni.
Según filtraciones, la derrota se atribuyó a factores externos, como el apoyo incondicional del gobierno al presidente estadounidense Donald Trump, pero también al círculo más cercano a Giorgia Meloni, comenzando por el subsecretario Delmastro y las propias maniobras de Nordio.
Pero el descontento también afecta a la gestión del partido, no por parte del ministro Antonio Tajani, sino por el líder del grupo, Maurizio Gasparri.
El senador de Forza Italia fue destituido de su cargo y reemplazado por Stefania Craxi.
Una votación decisiva, acompañada de una carta firmada por 14 de los 20 senadores de Forza Italia que solicitaban la sustitución del líder del grupo en el Palazzo Madama, por voluntad de Marina Berlusconi.
Según algunos rumores, el senador Gasparri pagó el precio por una campaña del referéndum con un tono excesivamente agresivo. Ataques violentos contra magistrados, que habrían alejado a un sector del electorado de Forza Italia de una histórica batalla "de familia".
En los últimos años, Gasparri ha protagonizado espectáculos indecentes, como el ataque al estilo cabaret contra Sigfrido Ranucci en Rai Vigilanza (donde llevó coñac y zanahorias) o los ocurridos en la Comisión Parlamentaria Antimafia, donde atacó a figuras como Roberto Scarpinato, asociándose con personajes cuestionables como el general de Carabineros, Mario Mori. A pesar de haber sido absuelto de varios cargos, su conducta nefasta sigue siendo evidente y, como indica la sentencia sobre el escondite de Riina, podría haber sido objeto de medidas disciplinarias por no proporcionar información a las autoridades judiciales (lo que, para el personal militar, puede incluso conllevar la degradación).
Todos estos disturbios, obviamente, colocan a Meloni en una posición incómoda.
Es cierto que el referéndum no es una votación política, pero es evidente que ha puesto de manifiesto el descontento del país con este gobierno.
Por lo tanto, obtener un voto de confianza en el Parlamento no es suficiente.
Como Lodato siempre dice en estas páginas: "Renuncie usted mientras yo permanezco sentada en mi silla" no es un espectáculo elegante para la Primera Ministra.
En nombre de la ética y la dignidad, entonces, que vaya al Quirinal. Si se disolviera el Parlamento, les correspondería a los italianos decidir, una vez más, si quieren o no a este gobierno.
*Foto de Portada: Diseño de portada: Paolo Bassani
*Foto 2: Giusi Bartolozzi y Carlo Nordio © Imagoeconomica
*Foto 3: Daniela Santanché © Imagoeconomica
*Foto 4: Marina Berlusconi © Imagoeconomica
*Foto 5: Maurizio Gasparri © Imagoeconomica