Con motivo de la primera condena dictada por el tribunal de Brescia contra el exfiscal del caso Mani Pulite, Piercamillo Davigo, ya habíamos formulado una petición: que el magistrado se disculpara con los fiscales Sebastiano Ardita, ahora fiscal adjunto en Catania, y con el fiscal adjunto nacional antimafia y exconsejero togado del CSM, Nino Di Matteo. Reproducimos ese artículo hoy con motivo de una segunda condena, la segunda apelación, que analizamos en un artículo anterior. No creemos en absoluto que Davigo sea corrupto, pero reconocemos en él la arrogancia y la presunción que a menudo caracterizan a las élites cerradas de mente.
Numerosos jueces han demostrado que las acciones de Davigo fueron graves e ilegales.
Por esta razón, también en nuestra opinión, no se puede justificar el comportamiento del exfiscal de Mani Pulite.
Pero también existen preocupaciones éticas: cuando los magistrados, debido a una conducta reprobable, terminan formando una casta aparte del resto de la sociedad, es deber de los ciudadanos y periodistas recordar que pedir disculpas no es un signo de debilidad, sino de elevada ética.
Sería apropiado que un magistrado como Davigo demuestre humildad y profesionalismo, admitiendo su error y disculpándose con las víctimas de sus actos.
Solo así podrá reivindicar su honor -recordemos que está jubilado desde el 2020 tras una votación que lo expulsó del CSM- y, sobre todo, porque sería una bofetada para ese centro de poder que busca por todos los medios obstaculizar a los magistrados íntegros.
Davigo, condenado. Y ahora, que le pida disculpas a Ardita y Di Matteo
El tribunal de Brescia condenó a Piercamillo Davigo, exmagistrado del histórico equipo Mani Pulite (Manos Limpias), exjuez de Casación y exmiembro del CSM (Consejo Superior de la Magistratura), a un año y tres meses de prisión (en suspenso). Fue juzgado por revelar secretos oficiales en el ya tristemente célebre caso de los informes del abogado Piero Amara, en los que hablaba de la existencia de una supuesta Logia Húngara, que, según él, incluía a miembros de las instituciones y de las fuerzas armadas, así como a dos miembros del CSM.
Los informes le fueron entregados en abril del 2020 por el fiscal de Milán, Paolo Storari (quien fue absuelto definitivamente del mismo cargo de divulgación en el procedimiento sumario).
Mientras esperamos conocer la fundamentación del fallo, dado que Davigo ya ha anunciado su apelación, es evidente que los jueces (quienes también reconocieron circunstancias atenuantes para el acusado) consideraron válida la acusación.
Las declaraciones fueron realizadas por Amara en cinco interrogatorios, entre el 6 de diciembre del 2019 y el 11 de enero del 2020, en el marco de la investigación sobre la denominada "falsa conspiración de Eni", de la cual Storari fue investigador principal junto con su colega Laura Pedio.
Davigo las obtuvo en Milán en abril del 2020, según la propia confesión de Storari.
Storari entregó esos informes secretos al exfiscal de Mani Pulite, confiando en la inaplicabilidad de la confidencialidad alegada por el asesor del Consejo Superior de la Judicatura. Sin embargo, Davigo actuó -según la fiscalía- al margen del procedimiento formal descrito en dos circulares. En lugar de impedir la divulgación de esos documentos, reveló a casi una docena de personas la información proporcionada por el controvertido Amara -un individuo considerado poco fiable y difamatorio por dos fiscales, quienes dictaminaron que la logia Ungheria era un montaje- para desacreditar a su colega Ardita, cuyo nombre supuestamente figuraba en esos informes secretos.
"Era la única sentencia posible dentro del marco legal; ante un delincuente confeso, no podíamos fingir que no había pasado nada", declaró el abogado Fabio Repici, quien representó los intereses del exconsejero del CSM, Sebastiano Ardita, la única parte civil en el juicio de Brescia. Según el abogado, "se intentó un golpe de Estado contra el Consejo Superior de la Magistratura, y el consejero Ardita era visto como uno de los pocos obstáculos que debían superarse. Hoy debemos agradecer a Ardita por haber mantenido la dignidad del órgano autónomo del poder judicial, sin formar parte del mandato de cuatro años y sin el compromiso de otros para proteger las instituciones; hoy, si esa operación hubiera tenido éxito, probablemente nos enfrentaríamos a un sistema judicial mucho más desorganizado", concluyó Repici.
Hemos dicho en repetidas ocasiones que la información difundida sobre Ardita era perturbadora, manifiestamente difamatoria y falsa.
Y sobre este punto, basta con releer algunos de los testimonios de Di Matteo y del propio Ardita en el juicio de Brescia.
Di Matteo explicó a los jueces que las declaraciones de Amara sobre la Logia Húngara contenían "un intento de influir en las actividades del Consejo, de deslegitimar al Dr. Ardita, pero también un intento de condicionar su actividad y, de forma indirecta, también la mía".
El Tribunal también dictaminó que Piercamillo Davigo debe resarcir a Sebastiano Ardita con 20.000 euros en concepto de daños y perjuicios.
Más allá de las cuestiones penales, en vista de ciertas faltas éticas y morales graves y manifiestas, sería apropiado que un magistrado como Davigo demostrara humildad y profesionalidad, admitiendo su error y pidiendo disculpas a las víctimas de sus actos.
En conclusión, esperamos que el juez Piercamillo Davigo comprenda que su conducta errónea puede haber sido instrumentalizada por sofisticados centros de poder, tanto dentro como fuera del poder judicial, en la abogacía, en la masonería desviada y en sectores corruptos del Estado. Estos poderes están vinculados a organizaciones criminales que intentan por todos los medios deslegitimar y desacreditar la labor de magistrados íntegros como Sebastiano Ardita y Nino Di Matteo.
*Foto de Portada: Diseño gráfico: Paolo Bassani