Estimado Canale: Borsellino no podía arrestar a Giammanco
Desde hace tiempo, se está llevando a cabo una operación que podría confundir a la opinión pública y distanciarla de la búsqueda de la verdad sobre las masacres y los autores intelectuales externos.
Todo esto ocurre mientras la Comisión Parlamentaria Antimafia lleva a cabo una investigación unilateral sobre la masacre de via d'Amelio, que pronto celebrará un nuevo aniversario, separándola de los demás atentados de la década de 1990 y siguiendo la única pista de los contratos públicos de la mafia. La Comisión, que emerge con mayor claridad tras las explosivas revelaciones de la investigación del programa Report, está siendo influenciada por figuras como el general Mario Mori, quien, por sus acciones, más allá de las sentencias absolutorias, ciertamente no puede ser definido como un héroe de la patria.
Pero volvamos a los últimos hechos.
Todos los periódicos, con gran bombo y platillo, informaron sobre el desarrollo de las investigaciones de la Fiscalía de Caltanissetta en busca de la agenda roja de Paolo Borsellino. Y si bien en el pasado se registraron las casas de los familiares del exjefe de la Brigada Móvil Arnaldo La Barbera (fallecido en el 2002), esta vez se registraron las casas de los familiares del magistrado Giovanni Tinebra (fallecido en el 2017).
Digámoslo de entrada para evitar malentendidos. No cuestionamos la legitimidad de los registros ordenados por la Fiscalía de Caltanissetta ni la necesidad de una investigación exhaustiva sobre la desaparición de la agenda roja, que, como hemos dicho en varias ocasiones, es sin duda la clave para comprender el asesinato de Paolo Borsellino.
Sin embargo, esto ocurre en un momento histórico preciso en el que, treinta y tres años después de las masacres de 1992, las "manos pequeñas" y "manos grandes", institucionales y de otro tipo, están distorsionando los hechos, intentando convertir esta tragedia, símbolo de los secretos del Estado mafioso, en una farsa.
El episodio más reciente es la operación "Maletín de Borsellino", mostrado al público en el "Transatlántico" de Montecitorio, con grandes titulares en el programa TG1 y anuncios publicitarios del gobierno fascista que no oculta su deseo de reescribir descaradamente la historia.
Siempre causa gran dolor ver que, salvo Salvatore Borsellino, ningún miembro de la familia se ha distanciado de esta engañosa parada institucional.
Una operación científica para desviar la atención hacia lo que ha surgido en las últimas semanas con respecto a la pista oscura detrás de las masacres, con nuevos testigos que vieron a Stefano Delle Chiaie (líder de Vanguardia Nacional) en Palermo en los meses previos al atentado de Capaci. La certeza de las maniobras del general Mario Mori para influir en el trabajo de la Comisión Antimafia; las gravísimas palabras pronunciadas por Mori y Giuseppe De Donno durante la audiencia en la Comisión Antimafia, con gran estima por un mafioso (Marcello Dell'Utri, condenado en forma definitiva por concurso externo) y total desprecio por los magistrados de Palermo; el vergonzoso silencio de la presidenta Chiara Colosimo, quien no renuncia a pesar de la petición de varios familiares de víctimas de las masacres y atentados terroristas de la mafia.
Más allá de las cortinas de humo y la emoción que siempre despierta ver el maletín quemado de Paolo Borsellino, es necesario reflexionar sobre esas nuevas pistas que, en nuestra opinión, corren el riesgo de resultar engañosas en la búsqueda de la verdad.
El tema Tinebra
Comencemos con el magistrado Tinebra. Que era un hombre cercano o incluso perteneciente a la masonería era un rumor que circulaba desde hacía tiempo. La Fiscalía de Caltanissetta ha encontrado varios documentos en este sentido, y resulta ciertamente inquietante saber que el Jefe de dicha Fiscalía, en la década de 1990, mantuvo relaciones con las mismas logias que otros hombres vinculados a la mafia.
Igualmente inquietante es el descubrimiento en los archivos de la Brigada Móvil de Palermo del documento en el que La Barbera, el 20 de julio de 1992, al día siguiente de la masacre de Borsellino, escribió que el maletín del magistrado asesinado y una "agenda de cuero" no bien identificada habían sido entregados al fiscal de Caltanissetta, Tinebra. Un informe extraño, ya que en Caltanissetta no hay rastro de la comunicación y porque, al mismo tiempo, es un hecho cierto que en noviembre de ese año tanto el maletín como la agenda marrón de Paolo Borsellino aún se conservaban en la Brigada Móvil, hasta el punto de que el entonces fiscal adjunto Fausto Cardella, el 5 de noviembre, inspeccionó el contenido del maletín y redactó un informe.
A pesar de ello, los titulares de periódicos y revistas hablaron de la entrega de la agenda de Borsellino a Tinebra. Algo similar a lo que ocurrió cuando se registraron las casas de La Barbera.
O cuando Salvatore Pilato, magistrado de turno de la Fiscalía de Palermo en el momento de la masacre y hoy presidente de la sección de control de la Región Siciliana, del Tribunal de Cuentas, afirmó haber tenido conocimiento de que la agenda roja se encontraba en la Fiscalía de Palermo. Y qué decir del testimonio de un policía que hace unos años declaró haber recibido el maletín de Borsellino del capitán de Carabineros Giovanni Arcangioli (el militar fotografiado en via d'Amelio con el maletín en la mano) y luego haberlo llevado a la Jefatura de Policía (una entrega que nunca fue revelada en ninguna declaración de los protagonistas hasta ese momento).
El hilo conductor
Sabemos que de la agenda roja se habla desde los días posteriores al ataque.
La familia del juez denunció inmediatamente su desaparición a través del Dr. Antonino Caponnetto, quien el 25 de julio de 1992 le hizo una declaración a Andrea Purgatori para el diario Corriere della Sera ("El maletín está allí y solo falta la agenda. Y hasta ayer por la noche aún no la habían encontrado").
En un despacho de una agencia de noticias, también del 25 de julio, el entonces jefe de la Brigada Móvil de Palermo, Arnaldo La Barbera, confirmó que la agenda roja no había sido encontrada ni en la casa de Borsellino ni en su vehículo blindado, agregando que ni siquiera estaba entre los documentos sacados de su oficina, en el palacio de justicia, sellados por orden de la Fiscalía de Caltanissetta. Además, La Barbera añadió: "Sin embargo, no se puede descartar que la agenda fuera destruida en el atentado del domingo pasado. El devastador incendio provocado por la explosión ha borrado muchos rastros. Las llamas también han fundido las matrículas de los coches impactados por la explosión en via D'Amelio". Y luego dice la agencia de noticias ANSA: "Los investigadores descartan en cualquier caso que el contenido de la agenda roja del magistrado pueda ser útil para las investigaciones de la masacre".
Consideraciones absurdas, así como las palabras dirigidas posteriormente a la familia Borsellino cuando se les devolvió el maletín ("Esa agenda es fruto de sus delirios").
También por estas declaraciones, La Barbera es considerado por los jueces de primera instancia del juicio Borsellino quater como un sujeto "intensamente implicado en la desaparición de la agenda roja".
Sin embargo, afirmar que era él quien la tenía en su poder es un salto adelante que no tiene en cuenta otros pasos.
La foto de Arcangioli en via d'Amelio
En este torbellino de acontecimientos, debemos partir de algunas certezas. Lo cierto es que esa mañana, según relata la familia, el magistrado guardó la agenda en su maletín.
Y otra certeza es la foto que muestra al capitán Arcangioli con el maletín de Borsellino en la mano, mientras a su alrededor reina el caos.
La historia de la agenda roja nos ha preocupado profundamente desde el momento en que, en el 2005, una fuente confidencial informó a nuestro subdirector Lorenzo Baldo de la existencia de una foto que mostraba a un carabinero de civil deambulando por via d'Amelio en los minutos posteriores a la explosión con el maletín del juez Borsellino en la mano.
A partir de ese momento, se abrió un proceso contra el carabinero por el robo de la agenda roja, que concluyó con una sentencia absolutoria.
Sin embargo, el misterio siempre ha permanecido abierto con el propio Arcangioli, quien no pudo llenar las numerosas lagunas que surgieron en su historia. Y desde aquí debemos volver a partir, porque según se ha escuchado declarar en varios juicios, Arcangioli nunca pudo decir a quién le había entregado el maletín. Y, ciertamente, nunca dijo que se la había entregado a un funcionario de policía.
Asuntos sin resolver
Al observar las declaraciones que el agente supuestamente hizo a la fiscalía, hay varias cosas que no cuadran. Por lo que sabemos, fue él quien detuvo a Arcangioli pidiéndole el maletín humeante de Borsellino, ya que la policía era responsable de la investigación, no los Carabineros. Y también supuestamente la entregó a un superior jerárquico, también de la policía, quien luego la llevó al jefe de la brigada móvil La Barbera.
Pero los datos no cuadran porque no encajan con la versión del agente de policía, Francesco Paolo Maggi, autor de un informe de servicio, aunque entregado meses después (el 29 de diciembre de 1992) a la fiscalía de Caltanissetta que investigaba la masacre, en el que afirmaba haber tomado el maletín del auto de Borsellino y lo llevó por orden de su superior (Paolo Fassari) a la oficina del director de la Brigada Móvil de la Policía, Arnaldo La Barbera.
¿Cómo es posible que, entre juicios e investigaciones, ninguno de los testigos conocidos hasta la fecha, que el 19 de julio tuvieron algo que ver con el maletín de Borsellino (el capitán Arcangioli, el exmagistrado Giuseppe Ayala, presente en via D'Amelio, los superiores de Arcangioli que comparecieron en el juicio, como Emilio Borghini y Marco Minicucci, el mismo exagente Maggi), haya mencionado jamás esta "transferencia del maletín" de las manos del Arma de Carabineros a las de la Brigada Móvil?
¿Es realmente creíble que un carabinero accediera a entregar el maletín de Borsellino a un agente de policía sin involucrar a sus superiores directos?
Y si eso hubiera sucedido, ¿cómo es posible que no se levantara un informe de servicio sobre el maletín de Borsellino y la entrega?
Considerando que Arcangioli renunció a la prescripción, quizá sería útil investigar también en ese sentido. Entender con quién se relacionaba, cuál era la cadena de mando, para reconstruir cada paso de aquel terrible día del 19 de julio de 1992.
Las imágenes de vídeo de ese día muestran a Arcangioli dirigiéndose a la salida de via d'Amelio, en dirección a la calle Autonomia della Regione Siciliana. Otras imágenes lo muestran hablando con otras personas.
Lo cierto es que la foto que lo muestra con el maletín de Borsellino fue tomada entre las 17:20 y las 17:30 del 19 de julio de 1992.
Via d'Amelio era un hervidero de gente. Había bomberos. Había quien prestaba socorro. Él no. Se mueve fríamente con el meletín en la mano. Una actitud absurda, casi descabellada, a menos que estuviera cumpliendo una orden precisa.
Ya hemos escrito en otras ocasiones que tras el misterio de la agenda roja se esconde el secreto de las masacres y los instigadores externos. Destacados colaboradores de justicia como Leonardo Messina y Gaspare Mutolo confiaron en Borsellino.
El primero, miembro de la mafia de Caltanissetta, supuestamente habría informado al juez en forma extraoficia sobre el plan secreto de desestabilización que los vértices regionales de la mafia habían discutido en Enna en 1991 y que comenzó con la masacre de Capaci.
El segundo informó, también extraoficialmente, sobre Bruno Contrada (ex número dos del SISDE, posteriormente condenado por concurso externo en asociación mafiosa, ndr). ¿Estaba esto también en la agenda roja? ¿Y qué sabía Borsellino sobre la masacre de Capaci, sobre la que ya había dicho que quería ser escuchado por la fiscalía de Caltanissetta en la famosa reunión en Casa Professa? ¿Conocía las declaraciones del colaborador Alberto Lo Cicero sobre Delle Chiaie, como se desprende de la investigación del programa Report y de los documentos presentados en el juicio contra el brigadier Giustini?
Ciertamente, la agenda roja tenía que desaparecer a toda costa. Pero a la luz de todos estos elementos, es absurdo pensar que pudiera haber sido entregada a Tinebra. Incluso si era masón.
Borsellino y el arresto de Giammanco
Pocos días después de la noticia de las nuevas investigaciones en Caltanissetta, en la televisión, paralelamente a la presentación del maletín de Borsellino, se dijo otra absurdidad.
Se trata de la declaración, hecha por el mariscal Canale en TG1, según la cual "Borsellino, poco antes de morir, había dicho que estaba a punto de detener al fiscal Giammanco". Un hecho inexistente.
Es cierto que el Fiscal Jefe, Pietro Giammanco, fue uno de los principales responsables del ostracismo y aislamiento que sufrieron Giovanni Falcone (primero) y Paolo Borsellino (después) a lo largo de los años.
Y es justo recordar que este modus operandi fue fuertemente cuestionado en una carta firmada por ocho miembros de la DDA de Palermo (Ignazio De Francisci, Giovanni Ilarda, Antonio Ingroia, Alfredo Morvillo, Antonio Napoli, Teresa Principato, Roberto Scarpinato y Vittorio Teresi), en la que se afirmaba, en esencia, que el Fiscal Jefe Giammanco no podía permanecer en la Fiscalía de la República. Los propios firmantes se expusieron al CSM hasta el punto de amenazar con su propia dimisión.
Sin embargo, es sabido que ningún magistrado está legalmente facultado para ejercer una acción penal contra un colega de su despacho. Y mucho menos para detenerlo. Y en el caso de Pietro Giammanco, la fiscalía competente debería haber sido Caltanissetta.
¿Por qué, entonces, decir semejante disparate? ¿Quizás para apoyar la tesis del gobierno (y no solo) sobre el palacio de los venenos y las responsabilidades que llevarían a los contratos mafiosos?
Muy probable. Al fin y al cabo, en los últimos años Canale ya fue autor de increíbles giros de 180 grados según las necesidades. En el 2001, fue citado varias veces en las cadenas de Mediaset para desactivar la entrevista de los periodistas franceses Calvi y Moscardo en la que Borsellino citó a Dell'Utri y sus relaciones con Vittorio Mangano, el mozo de cuadra de Arcore. En esa ocasión, Canale declaró que Borsellino no había dicho lo que surgió en esa entrevista concedida a Canal+, pero que nunca se emitió en ese canal. Afortunadamente, su existencia fue revelada posteriormente por la revista de noticias L'Espresso en 1994, para luego ser emitida parcialmente por la RAI en el 2000 e íntegramente, en DVD, fue propuesta en el 2009 por el diario Il Fatto Quotidiano.
Sus declaraciones sobre la reunión que tuvo lugar el 25 de junio de 1992 en el cuartel Carini de Palermo entre Paolo Borsellino y los oficiales Mori y De Donno siguen siendo contradictorias. Anteriormente, como cuando compareció ante el cuartel Borsellino (y lo hizo también en el juicio por la fallida captura de Provenzano en Mezzojuso, y también en el juicio de Trattativa), afirmó que en sus últimas semanas de vida el juez Borsellino intentaba esclarecer el caso de la persona anónima, conocida como el "Cuervo 2", en la que se mencionaba una especie de negociación. Que el exministro Calogero Mannino supuestamente inició con el jefe Totò Riina. Añadió que Borsellino solicitó reunirse con Giuseppe De Donno, agente de los Carabineros del ROS, el 25 de junio de 1992, porque un colega le había dicho que él era el autor de la carta anónima en la que también se hablaba de reuniones (nunca confirmadas) entre Mannino y Riina en la sacristía de una iglesia. A principios de año, al ser escuchado por la Comisión Antimafia, ofreció una nueva versión, afirmando que la reunión con De Donno estuvo motivada por el deseo de profundizar en la relación entre la mafia y los contratos públicos, asunto que fue entregado a la Fiscalía. Como si se tratara de una adaptación a la moda del momento.
La verdad que no puede esperar más
Si realmente queremos comprender los secretos de la masacre de la vía d'Amelio, la búsqueda de la verdad debe partir de la agenda roja de Paolo Borsellino, que se ha convertido en una formidable herramienta de chantaje.
Es evidente que fueron hombres de las instituciones quienes intentaron hacerla desaparecer.
Es igualmente plausible que quienes lo tengan en sus manos hoy sean figuras muy poderosas del Estado italiano.
Porque en esas páginas, además de los nombres y apellidos de personajes ya fallecidos, se encuentran los secretos del nacimiento de la Segunda República y de figuras que aún gobiernan Italia a nivel político, económico y financiero.
Hace tiempo, Saverio Lodato escribió provocativamente: "Cada uno de nosotros, ya sea un familiar, un abogado, un alto oficial de Carabineros, un alto oficial de policía, un periodista aficionado de esta o aquella reconstrucción, un comisario de la 'antimafia', podrá crear una agenda roja en 3D que contenga todos sus deseos, pero esta, con la verdadera (que no se encuentra), nunca tendrá nada que ver".
Aun con la esperanza de que tarde o temprano se arroje luz sobre esa agenda, treinta y tres años después, la agenda roja sigue siendo aterradora. Y entre declaraciones divagatorias, oportunismo, negacionismo institucional y actividades revisionistas, nos alejamos cada vez más de la verdad sobre las masacres.
*Foto de Portada: Diseño gráfico de portada: Paolo Bassani