La Jueza Isaura Tórtora lo habría dispuesto por su estado de salud

Hay delitos que no proscriben. Que ofenden y dañan a la comunidad humana en su conjunto, y por eso sus responsables deben comparecer ante la justicia, no importa cuánto tiempo haya pasado desde que fueron ejecutados.

Los delitos de Estado donde se atenta contra la vida humana son delitos de lesa humanidad. Y ese fue el caso que llevó a prisión al coronel retirado Gustavo Mieres, por su responsabilidad en el asesinato de un joven de 26 años que formó parte de las filas del Partido Comunista Revolucionario (PCR) en Durazno, departamento céntrico de Uruguay, producto de las torturas.

Días atrás, la jueza Isaura Tórtora determinó que Mieres pasára a cumplir prisión domiciliaria en Tacuarembó, donde podrá ser atendido por problemas de salud.

Óscar Fernández Mendieta fue capturado en su casa el 24 de mayo de 1973 y horas después asesinado por Mieres mientras lo torturaba en el Regimiento de Caballería N°2. Este hecho aberrante pudo ser probado ante la justicia de forma plena en agosto de 2021, cuando fue procesado por homicidio muy especialmente agravado en calidad de autor, junto al represor Alberto Ballestrino. De la misma causa forman parte dos militares fallecidos: Daniel Blanco (que también ejerció la tortura que llevó a la muerte de Mendieta) y Líber Morinelli, quien había dado la orden de captura del militante). Como el resto de los represores que formaron parte del aparato militar del crimen contra la población uruguaya, fue a parar a la exclusiva y tranquila cárcel de Domingo Arena.

“Yo estaba a cinco metros y escuché los gritos desgarradores”, atestiguó Ademar Silveira, uno de cuatro militares que en aquel entonces cumplían funciones como soldado de 1° en el establecimiento militar. “No sé qué preguntas le hicieron. Se veían los apremios físicos, yo los vi, lamentablemente -aseguró-. Todas las personas que trabajaban en el cuartel podían tener conocimiento de que los detenidos eran sometidos a tratos crueles e inhumanos”.

Las autoridades dijeron que la muerte de Mendieta fue consecuencia de caer reiteradas veces por la escalera que llevaba a donde fue torturado: un sótano. Esta versión fue avalada por el médico Julio César Rossi, jefe de servicio de sanidad del Regimiento de Caballería N°2 de Durazno, que luego de realizada la autopsia indicó que habría fallecido de un infarto.

Sin embargo, la familia logró que un médico observara de forma externa las heridas del fallecido, donde constató que tenía múltiples lesiones en los miembros, cráneo y tórax, producto de torturas.

Otro logro de todos quienes buscamos justicia para las víctimas de estos hombres que hicieron y siguen haciendo todo lo posible para evadirla y para no asumir sus responsabilidades frente a las familias de los muertos, y a la sociedad toda.

Foto: Prensa Latina

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