Según The Guardian, hubo más de 6.500 víctimas provocadas por la construcción de los Estadios

Por Aaron Pettinari-16 de noviembre de 2022

No hay duda. El que va a comenzar el próximo 20 de noviembre puede ser considerado, a todos los efectos, como el "Mundial de la vergüenza".

Desafortunadamente, el fútbol parece haber perdido todo valor desde hace algún tiempo. La violencia perpetrada, los abusos contra todo tipo de derechos y los múltiples escándalos que han ensombrecido la inminente competición agudizaron esta sensación. Porque en Qatar, el país anfitrión, se han pisoteado sistemáticamente los derechos de los trabajadores, las mujeres y la comunidad Lgbtq+. El medio ambiente ha sido destruido, con áreas enteras devastadas para ofrecer al mundo un "espectáculo" mientras se libran varias guerras. Al hacerlo, cualquier consideración de belleza para este deporte, que cuenta con millones de aficionados, es imposible. Porque no puede haber alegría por un gol marcado, por un acierto o por la participación de una selección si todo eso ayuda a esconder la indecencia debajo de la alfombra.

A pocos días del puntapié inicial, como recuerda hoy Il Fatto Quotidiano, parece que el mundo ha despertado de una especie de "trance". Y hoy todos (entrenadores y futbolistas, ministros e intelectuales) se preguntan cómo fue posible confiar el Mundial, considerado por muchos como el mayor evento deportivo del planeta, a un "pequeño emirato que es todo menos democrático".

Desde la designación del país árabe empezaron a aparecer una serie de sospechas de corrupción y de maniobras políticas del más alto nivel, incluso de la participación de presidentes y altos directivos del fútbol implicados en el tema.

Es la base del llamado Fifagate. La investigación estadounidense que se centró en el congreso realizado en diciembre del 2010. Fue en esa ocasión que se asignaron las Copas del Mundo del 2018 y 2022. De esos documentos, y de investigaciones internas de la FIFA, surgió la sospecha de fraude y de acuerdos bajo la mesa para la cesión del Mundial 2022 a Qatar.

Al final, la investigación no logró probar la corrupción y casi todo se disolvió como una pompa de jabón. Sin embargo, aparecieron algunos correos electrónicos en los que el exsecretario de la FIFA, Jerome Valcke, escribió textualmente: "Qatar ha comprado la copa".

Y aún más. Un análisis de Sport Intelligence mostró que solo dos miembros del Comité de la FIFA, de los veintidós que participaron en la votación, salieron ilesos de esas investigaciones. Desde Jack Warner hasta Chuck Blazer, desde Franz Beckenbauer hasta Michel Platini y Sepp Blatter, casi todos estuvieron, como mínimo, involucrados en la investigación.

Y es que tres de ellos se han declarado culpables de malversación o corrupción, más de la mitad han sido excluidos del fútbol y casi todos han sido acusados ​​o investigados por prácticas ilegales o violaciones del código ético.

Está claro que detrás de este Mundial hay un interés económico muy grande.

Como recuerda Il Fatto, "la FIFA espera recaudar unos 5.500 millones de dólares por el evento, batiendo el récord de hace cuatro años en Rusia, otra sede bastante discutible".

Pese a todo, la asignación a Qatar nunca fue cuestionada. Así, el país árabe compró por 10 millones de dólares los servicios de Interpol, la fuerza que debe investigar a nivel internacional. Aportó 20 millones a las actividades del sindicato que vigila las condiciones laborales de los trabajadores. Ha financiado viajes de parlamentarios e influencers. Se dice (hay videos en la red) que incluso contrató a fanáticos para llenar las calles de Doha.

El escándalo contra los trabajadores

Entre los muchos lados oscuros surgidos desde su asignación, el más triste se refiere a las instalaciones de juego. Los estadios, de hecho, fueron construidos desde cero o reestructurados y para realizarlo en el tiempo previsto se necesitaron los brazos, o mejor dicho las vidas, de muchos trabajadores.

Quien removió el avispero fue The Guardian, al publicar un largo reportaje sobre muertes en las obras en construcción, a causa del Mundial. Estamos hablando de más de 6.500 personas que han muerto.

Según cuenta magzine.it, se trata de una cifra enorme que no coincide con las estimaciones oficiales que registran unas pocas decenas de víctimas. ¿Las razones? Las que siguen.

"Los certificados de defunción dan como causa de muerte al infarto, pero en realidad es un golpe de calor. Se trabaja en andamios con más de 50 grados de temperatura y no se hacen autopsias independientes", explicó el portavoz de Amnistía Internacional, Riccardo Noury.

Las denuncias de Amnistía Internacional incluyen condiciones de explotación extrema, salarios no abonados, turnos agotadores y negación del descanso. La comunidad internacional, sin embargo, no movió un dedo mientras que la FIFA simplemente "confió en el comité que organiza la copa del mundo".

Una coalición de ONGs de defensa de los derechos humanos lanzó la campaña #PayUpFIFA, para pedirle a la FIFA y al gobierno de Qatar que compensen económicamente a las familias de los trabajadores muertos y heridos. En una entrevista, el ministro de Trabajo, Ali Ben Samikh Al-Marri, en un primer momento describió a la campaña como un "truco publicitario" montado para "desacreditar a Qatar".

En cuanto a las consideraciones de The Guardian, respondió: "Un periódico habla de 6.000 muertos, otro de 10.000, un tercero de 15.000, como si fuera una carrera alcista. Estas cifras son falsas: se debe confiar en fuentes reales de información". 

Luego, a una semana del inicio del Mundial, el ministro anunció la creación de un fondo de 350 millones de dólares para indemnizar a las familias de los trabajadores fallecidos en la construcción de estadios, carreteras e infraestructura para el evento.

La controversia ha estallado en varios países. Los aficionados al fútbol en varios estadios de Noruega y Alemania (pero también hubo algunas pancartas en Italia, en Roma, Bolonia y Cosenza) protestaron mostrando carteles que pedían boicotear la Copa del Mundo.

En los últimos días, algunos jugadores se pronunciaron en contra de la explotación de los trabajadores, pero al mismo tiempo saldrán a la cancha en la Copa del Mundo, mostrando una cierta hipocresía. "El espectáculo debe continuar", dirían algunos. Porque todo es siempre una cuestión de imagen, de patrocinadores y por tanto de dinero. Mientras se pisotean los derechos humanos.

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*Foto de portada: imagenes originales de it.depositphotos.com

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