Por Jean Georges Almendras-1° de octubre de 2022

A paso lento, pero firme, y tomada de los brazos de dos mujeres, Hebe de Bonafini -histórica titular de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo- descendió de un automóvil y comenzó a caminar -bajo una fugaz llovizna de setiembre- por una pasarela que da ingreso al espacio destinado al ECuNHI, dentro del perímetro -del sitio de la Memoria, que sostienen las Madres- de la que fuera la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Se viven corridas de fotógrafos, saludos y abrazos de numerosas personas que la aguardaron cerca de una hora en ese lugar, donde minutos después se presentaría al público la edición biográfica y fotográfica de 'Los Caminos de la Vida', sobre Hebe de Bonafini, siendo el autor Ulises Gorini. Hay atmósfera de muy cálida bienvenida, a la que ella es recíproca con palabras, gestos y sonrisas que le salen del alma; que no son complacientes. Sigue caminando por el pasillo central que conduce a la sala principal y es vitoreada por quienes están ubicados en la platea. Hay afectos a flor de piel: a su persona y a su causa. La causa de las Madres de la Plaza, que tiene también otras referentes de similar talla -e igualmente históricas- que no están presentes, porque viven la misma resistencia, pero bajo otros lineamientos: Estela de Carloto, presidenta de la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo, y Nora Cortiñas, cofundadora de Madres de Plaza de Mayo y posteriormente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.​

Hebe de Bonafini, de 93 años, está rodeada de periodistas de Página/12, que hacen marco vital para el lanzamiento de la publicación -de editorial Octubre- y por toda una muy sensible y militante presencia de ciudadanos y ciudadanas, y la Madre Visitación, de 97 años y Carmen, cada una con sus pañuelos cubriéndoles la cabeza. Es la previa para un encuentro de aproximadamente una hora. Un encuentro histórico, por otra parte.

Hebe de Bonafini 2

El libro de Ulises Gorini, escritor, periodista y abogado especializado en la investigación sobre la historia reciente, según Nora Veiras -y lo consigna en la contratapa del libro- “da testimonio de la reconstrucción de Hebe. Ella guarda todo y ese todo permite revivir en sus fotos todas las caras de esta mujer incansable, que no se amedrenta ante nada y goza de la vida encendida cada día en nuevos proyectos. Sus hijos parieron una revolucionaria”.

Me hallo, en la sala del EcuNhi, ubicado a escasos metros de ella. Es una anciana, sí, pero posee una fortaleza admirable, dada por el coraje en el camino de su lucha por dar con el paradero de sus hijos; lucha que comparte con otras madres, con ese dolor, que las hace militantes, y las transforma en resistencia pura.

La vida de Hebe de Bonafini que en realidad es Hebe Pastor (Bonafini es el apellido de su esposo), más conocida en la intimidad como Kika, ha dado un giro, desde el mismo momento que los grupos de tareas del terrorismo de Estado argentino, secuestraron -en fechas diferentes- a sus dos hijos Jorge y Raúl, y más tarde a una de sus nueras.

Jorge Omar, que era su hijo mayor, fue secuestrado y desaparecido en La Plata, el 8 de febrero de 1977; Raúl Alfredo, fue secuestrado en Berazategui, el 6 de diciembre, del mismo año; su nuera, María Elena Bugnone Cepeda, esposa de Jorge, fue secuestrada y desaparecida el 25 de mayo de 1978.

Entonces, la historia de Hebe, de Madre de Plaza de Mayo, comienza así, con el sufrimiento de saberlos a sus seres queridos “chupados” por el régimen del terror; ese sufrimiento que ha sido común denominador de cientos de Madres y de Abuelas de Plaza de Mayo, históricas por antonomasia.

Hebe de Bonafini 3

Primero hablan los colegas de Página/12 y de AM 750. Se hacen eco de la valentía y la entereza de Hebe. Toma la palabra Victoria Ginzberg, secretaria de redacción, y dice: “Para Página/12 y el grupo Octubre es un honor editar esta historia de lucha, de amor, de resistencia que es la transformación de Kika en Hebe de Bonafini. Los que trabajamos con la palabra sabemos de la potencia transformadora, por eso valoramos poner en palabras esta vida ejemplar”.

Y agrega: “En este momento que vemos cómo algunos discursos de odio son caldo de cultivo de situaciones alarmantes y peligrosas, es urgente difundir este trabajo. Porque al odio lo combatimos con esta historia de vida, de amor, de lucha y esperanza”.

Por su parte, Cynthia García, de AM 750 señala enfáticamente: “El libro muestra la intensidad de la vida de Hebe. Una puede vislumbrar el umbral de la reconstrucción y la transformación de esa Madre parida por sus hijos. Hebe es política y ontológicamente revolucionaria. Haber tomado la decisión de no nombrar a sus hijos, pero no para borrarlos o suprimir sus nombres propios, sino para transmitir lo que siente que generaron esos hijos sobre ella, que la parieron a otra vida, es profundamente revolucionario”.

Fernando Borroni, también de AM 750 apuntó emocionado: “Hebe es una tremenda mujer, es un norte y un horizonte de solución de conflictos. El legado de la Madres es enorme: sus consignas durante la dictadura siempre han sido muy claras y han abierto caminos: Aparición con vida, por ejemplo. Sigue siendo así”.

A este preámbulo de neto corte periodístico, con los oropeles propios del comunicador que busca reconocer -merecidamente- al personaje central de un evento sobrecargado de emociones y de vientos de lucha que sobresalen contundentemente a flor de piel, sigue una instancia en la que Hebe es la protagonista. 

“La gente quedó muy impactada con el libro y se sorprendieron de mi vida: la historia de una mujer de pueblo, muy humilde, que no tuvo la posibilidad de estudiar y que vio a todos los presidentes del mundo”, dijo Hebe de Bonafini.

Y hay un momento en el que confiesa que Gorini estuvo muy acertado con el título asignado al libro (“que tiene fotos que yo iba guardando y guardando con el tiempo, desde niña”) porque “los caminos de la vida no son los que yo esperaba”.

“Lo que yo esperaba era lo que me iba pasando -continuó-. Siempre fui trabajadora, trabajé desde muy chiquita, me puse de novia y me casé muy enamorada. Nos hicimos una casillita de chapa y madera en el fondo de la casa de mi mamá; daba al río y venía un viento que ni te cuento. Nos casamos cuando mi marido ganaba 66 pesos -trabajaba en Vialidad- y después consiguió trabajo en la destilería y ahí pasó a ganar 198. ¡Éramos millonarios! Y empezamos a pensar en hacernos otra casa, una casa de material delante de la casa de mi mamá, un departamentito para no pasar tanto frío”.

En cada tramo de su intervención fue sumergiéndonos en los recovecos más inimaginables de su vida como Kika y de su lucha como Madre de la Plaza. Un abanico de situaciones que recorren su infancia en la escuela, recordando que siempre quiso ser abanderada y que además era una muy buena alumna. En definitiva, una presencia suya, que no fue ni más ni menos, que la mejor antesala para conocer ese libro que la resume, y la enaltece, como reconocimiento de una trayectoria, en la que, tras la entereza y tras sus no menos provocadoras palabras, pronunciadas cada vez que se le dieron las oportunidades, se le fueron abriendo puertas y caminos, destinados a no bajar los brazos, ni la intensidad de una lucha, que ya lleva 45 años, uno atrás del otro. Una lucha incansable, sobrada en valor y en tenacidad. 

Hebe de Bonafini, entonces -leal a su personalidad y a su forma de resistencia- se reafirma, al público, diciendo, sin titubeos: “Lo que más le llama la atención a la gente es que una mujer de pueblo sin ninguna preparación, sin haber ido a la secundaria ni a la universidad, haga los discursos que hago, sin escribirlos nunca en la vida. Yo aprendí a decir la verdad; lo que siento en las tripas lo digo”.

Por último, trascendiendo a su causa, y universalizando otras causas, de la sociedad en la que vive, dijo: “No tenemos niños felices ahora; tenemos niños tristes. Lo peor que le puede pasar a un niño es que no se ría, y que no juegue. A veces un niño precisa más una caricia, que un plato de sopa. Hay que ver con qué carita te miran. Los niños de nuestros barrios marginales no sonríen y casi no juegan. Por eso falta mucho por hacer. No sé cuánto voy a vivir, pero todo lo que me quede será para ver si logramos alguna vez, que el Estado llegue donde tiene que llegar, que es a lo más bajo de esta sociedad, que margina. Todos pueden hacer algo. Yo estoy convencida, que todo el mundo es solidario y quiere dar. Yo pedí alfajores para una Villa y vinieron alfajores. La gente tiene ganas de dar. Solo falta pedir”.

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*Foto de portada y restantes: Antimafia Dos Mil

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