En la Facultad de Humanidades de Montevideo, presentes organismos de DDHH y Our Voice

Por Alejandro Diaz-13 de agosto de 2022

Un cuarto a oscuras. Un público en silencio. La quietud se interrumpe cuando sobre la pared se proyecta la imagen del rostro de una joven, visiblemente compungida, visiblemente consternada. Un manto de oscuridad la envuelve, la roza, la limita, la apresa.

“Me cubren las mentiras, la persecución y la violencia.

Con el pasar de los años, se vuelve más pesada, más densa.

Y mientras la verdad siga archivada, yo sigo cubierta de mentiras. ¡Mentiras!

Acá no hay tiempo, ni pasado, ni presente, ni futuro. Todo está quieto, inmóvil.

Y donde una vez hubo gritos y lucha, hoy apenas si hay susurros.

Los callaron, nos callaron, nos callamos”.

En este silencio descansan las historias y las vidas de miles de jóvenes de “compañeros que cayeron peleando por otro paradigma social que no está. Que no tiene nada que ver con la vida de hoy, donde está todo por hacer, por aprender, por ir para adelante”, como dijo Irma Leites, el pasado miércoles, durante el homenaje a Santiago Rodríguez Muela, a 50 años de su asesinato.

El evento que se realizó en el Salón Ibáñez, de la Facultad de Humanidades, fue organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias de la Educación. Contó con la presencia de Susana Escudero, quien fue compañera y esposa de Santiago, y de su tía, María Concepción Muela. El hilo conductor lo llevaron entre Natalia Skocilich y Michel Dicmarch, representantes de la comisión.

A 50 anos del asesinato del estudiante y obrero uruguayo Santago Rodriguez Muela 2

Fue una velada intima, alimentada por la presencia de quienes, como Santiago, pusieron el cuerpo a la historia; y por una juventud que sigue encontrando en el arte, el camino a la verdad. La joven, interpretada por Tatiana Álvez del Movimiento Cultural Our Voice, dio vida al segundo capítulo de una intervención artística que se había estrenado, algunos meses atrás, en las escalinatas de la Universidad de la República (Udelar), desarrollando un concepto sobre los orígenes de un modelo educativo cercenado y censurado desde aquellos tiempos autoritarios, que hoy continúa disimulado bajo la ilusión de la democracia.

“La idea era traer nuestra memoria, a la memoria”, dice Fátima Amaral, directora de Our Voice en Latinoamérica. “La propuesta era traer una intervención que hicimos hace un tiempo sobre el golpe de Estado en Uruguay, vinculándola con una representación, que es a la vez una especie de continuación de aquella intervención. Sentíamos que la mejor forma de homenajear a Santiago, y a los y las mártires estudiantiles, es justamente reivindicando sus ideales. Un paradigma por el que hoy tenemos que seguir sosteniendo las rebeldías. Esta es una forma de reivindicar no solamente las ideas, sino también de reivindicar la historia, reivindicar el relato”.

“¿Quiénes escriben la historia?

Sé que nunca la escribe el pueblo.

Decían democracia, pero acá abajo no existe nada de eso.

Todo es confuso, ayer y hoy se parecen”.

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La joven, apresada en las tinieblas, continúa con su relato, que choca contra aquella verdad oficial. Un relato que en esa noche de memoria es levantado por la juventud de una nueva generación que enarbola las banderas, y el compromiso de otra juventud acumulada como diría Norita Cortiñas.

Una vieja guardia de compañeros y compañeras, muchos del Partido Comunista Revolucionario (PCR), de Plenaria Memoria y Justicia, y de Madres y Familiares Uruguayos Detenidos Desaparecidos, que como la memoria atravesaron la historia, para volver a juntarse otra vez en un centro de estudios, a resistir.

Luis Maceda, de la Federación Ancap, fue uno de los primero en hablar en este sentido homenaje: “Medio siglo es mucho tiempo para un pueblo, para un sindicato y para un país. Cuando Rodríguez Muela murió tenía apenas 24 años”. Con cierta nostalgia, luego dijo: “La muerte de un estudiante en medio de una manifestación, de una acción estudiantil, de una marcha, era algo que podía pasar. Era algo que formaba parte del escenario social de la época”.

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Una época atravesada por la imposición de un modelo social, económico y por sobre todo político. Maceda, repasa la historia, y se detiene momentáneamente en la violencia exacerbada, fascista que, al acecho, rondaba las asambleas de obreros y trabajadores.

El joven Ismael Acuña, representando al PCR, certeramente afirmó que esta lógica continúa operante en el presente. Y se refirió puntualmente a la coalición de gobierno que encabeza Luis Lacalle Pou.

“Esta coalición de derecha y de ultra derecha que gobierna, tiene en sus filas a fascistas, a personas involucradas en el asesinato de Santiago, que integraron las juntas de Cabildo Abierto. (…) Un gobierno que promueve una reforma educativa nefasta y una reforma jubilatoria nefasta. Estamos muy lejos del seis más uno. Seguimos luchando por una educación científica, democrática y popular”, sintetizó.

“La quisieron matar, pero sigue viva

Ellos piensan que no existe, que no está más, pero si está.

Está acá conmigo,

y está ahí afuera con ustedes”.

Lentamente, el manto que cubría el piso comienza a moverse, a levantarse. La tela va cayendo, y poco a poco va descubriendo la silueta de la joven que, contrastada con las luces del proyector, recrea una imagen de soledad. Su postura, su vulnerabilidad, reflejan la inocencia de una niña. Esta inocencia con la voz rasgada, con la voz trémula, es la que interpela al público.

“Ella nos guía y nos da fuerza.

Ella resuena en las gargantas de los que piden justicia,

ella cobra vida en cada puño que se levanta contra la opresión.

Ella fue la luz y el fuego que prendió cada persona desaparecida,

cada revolucionario, cada mártir, que torturaron y que mataron.

Hoy arde dentro de nosotros,

dentro de quienes piden verdad y justicia.

Ella, la memoria”. (*)

Una bala

Una bala fue la que marcó el límite entre la educación y la ignorancia. Una bala fue la que rompió una sucesión de saberes. Una bala fue la que puso fin a la potencialidad. Una bala fue la que impactó contra el cuerpo de Santiago Rodríguez Muela. Pero no fue una bala la que lo mató.

No fue una bala la que recortó sistemáticamente los presupuestos. No fue una bala la que impuso un sistema de educación despersonalizado y en definitiva desalmado. No fue una bala la que organizó a las patotas estatales al servicio del capital. No fue una bala la que pretendió exterminar una cultura.

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“Atiné a agarrarlo pensando que se había desmayado o algo. Uno me dijo, ‘Déjelo que tiene un ataque de epilepsia’, pero yo ya sentía la sangre caliente en mis manos. Estaba en mis brazos, tembló y murió”. (**)

Aquella noche del 11 de agosto de 1972, una patota ligada a la Juventud Uruguaya de Pie (JUP), irrumpió en el liceo 8, donde un grupo de estudiantes, padres y docentes habían convocado una asamblea, una de las tantas barricadas con las que el pueblo intentaba contener la barbarie por venir. Simbólico es que un centro educativo, bastión de la cultura, fuera el marco de aquella fatídica noche, que se sumaría a la lógica fascista que nos arrebató a Líber Arce, a Susana Pintos, a Hugo De los Santos, y a tantos otros jóvenes que entregaron sus vidas a la lucha y sus muertes al martirio.

“La derecha pesada tenía su grupo de tareas en la Juventud Uruguaya de Pie y en los Escuadrones de Muerte. En el tiempo en que muere Santiago hubo más de 200 atentados contra centros de estudios, locales de partidos políticos y casas particulares de militantes e intelectuales, en su mayoría perpetuados por las bandas fascistas de la JUP. En el caso de Santiago, se logró identificar a ocho participantes, aunque no se logró saber quién fue su asesino. Su crimen, como tantos sigue impune”, relata Luis Maseda, integrante del sindicato de ANCAP (FANCAP) durante la velada.

En este sentido, Juan Ludzcanoff, representante de la Secretaría de Derechos Humanos del PIT-CNT y del Observatorio Luz Ibarburu, anunció: “Desde el Observatorio queremos darles la noticia de que, a partir de la acción de los abogados, se reabrió la causa de Santiago”. Una novedad que horas más tarde reconfirmaríamos en dialogo con el fiscal especializado en crímenes de lesa humanidad, Ricardo Perciballe.

“Una vez más el recuerdo y la memoria nos reúnen”, comienza diciendo Elena Zaffaroni, de Madres y Familiares. “Es necesaria esta rememoración, porque nos ayuda a entender en profundidad el impacto del terrorismo de Estado, todo lo que perdimos por su causa, con cada vida, que como la de Santiago nos fue arrebatada. ¿Quién era Santiago? ¿Qué hacía? ¿Qué disfrutaba? ¿Qué sueños y expectativas lo llevaron a estudiar mientras trabajaba, y a militar mientras vivía? La corta vida de un joven significa ante todo una inmensa potencialidad que perdimos. ¿Qué hubiera sido de nuestro país, de nuestra sociedad, con toda esa gente que la dictadura nos quitó?”.

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“No hablamos del pasado, sino del país que habitamos hoy. De lo que no queremos repetir, de lo que no queremos naturalizar. Hablamos de las demandas de hoy, de los derechos que hoy vuelven a ser cuestionados, de la libertad que vuelve a ser amenazada, de los discursos regresivos y golpistas, que van siendo aceptados como soluciones”, dijo Zaffaroni, en un contexto donde los espacios abocados a la defensa de los derechos humanos están siendo atenazados. Y agrega: “La construcción de la memoria, de toda esta inmensa y dolorosa historia, que se afianza en actos como el que ahora nos reúne, esta sobre los hombros de la sociedad. No es una carga, sino un desafío”.

Un mensaje oportuno, una velada oportuna, que permitió afirmar una vez más la imperiosa necesidad de tejer redes entre el pasado y el presente, para que podamos avanzar hacia un futuro, hacia un paradigma, distinto a este.

No quiero cerrar sin agradecer y resaltar las excelentes presentaciones musicales y poéticas de Emiliano Cruz, que con el apoyo de Natalia Skocilich, dieron vida a un poema del fotógrafo y eterno militante, Héctor Thierno, quien estaba presente entre el público. También destacar la profunda voz del músico y compositor Guillermo González, que entonó fielmente el sentir de un pueblo obrero. El cierre de la noche quedó en manos del dúo El Penado, compuesto por Iván Crespo y Roque Borio, que hicieron “poesía enrokesida”.

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*Extraído de la intervención artística “Traer a nuestra memoria… la memoria”, del Movimiento Cultural Interseccional Our Voice, presentada en la Facultad de Humanidades

**Parte del testimonio de Júpiter Irigoyen, que presentó en reiteradas ocasiones a distintos organismos del Estado, y que hoy forman parte de la causa que investiga los hechos en torno al asesinato de Santiago Rodríguez Muela. Extraído de revoluciondeidealistas.blogspot.com

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*Foto de portada y restantes: Romina Torres / Our Voice - Antimafia Dos Mil

*Foto 5: affur.org.uy / Santiago Rodríguez Muela

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