Por Victoria Camboni-1° de agosto de 2022

“El llamado Hogar Yaguarón se convirtió en nuevo lugar de encarcelamiento para presas políticas adolescentes. Fue una de las facetas más crueles del terrorismo de Estado y una de las menos conocidas”.

No hay dudas de que, si no leemos, si no investigamos, si no conocemos a alguien que conoció a alguien, que conoce a una persona que lo padeció, es poco probable que sepamos, que decenas de jóvenes menores de edad, fueron secuestrados y torturados en plena dictadura cívico militar en Uruguay. Niñas, niños y adolescentes fueron capturados y tratados con la misma crueldad que lo fueron los adultos, desconociendo su edad y su condición. El hecho de militar socialmente, de repartir volantes, de pintar un muro, de hacer propaganda a favor de frescos ideales de transformación social, generó una respuesta desmedida y aberrante por parte de las Fuerzas Armadas que gobernaban el Uruguay, también contra esos jóvenes que sufrían ante la desigualdad y la injusticia, y en vez de guardar silencio, se pronunciaban al respecto.

Un orgullo que toda la sociedad debería sentir por la fuerza de sus convicciones, de su tolerancia y la resiliencia que hoy, las impulsó a empujar y lograr el reconocimiento del exhogar Yaguarón como sitio de memoria.

Exhogar de menores Yaguaron del centro de Montevideo 2

Luego de un cambio de fecha por el mal tiempo, el pasado sábado 30 de julio, bajo un cielo totalmente azul, el mediodía de la calle Yaguarón a la altura de Cerro Largo, se vistió de memoria y muchas emociones. Quizás la nota de alegría y festividad la dieron las integrantes de la comparsa ‘La melaza’, que hicieron vibrar el evento y distender por largos minutos, recuerdos realmente dolorosos.

“Al Yaguarón llegamos luego de días de detención en la Guardia Metropolitana, la Cárcel Central, la Dirección Nacional de Inteligencia o en cuarteles”, se escuchó en los altoparlantes mientras una de las expresas políticas relataba la vivencia conjunta de tantas jóvenes que estuvieron detenidas allí. Hasta el momento se contabilizan oficialmente 24, pero siguen apareciendo más mujeres con el correr de los días.

Autoridades de diversas instituciones acompañaron a una multitud de personas que participaron de la inauguración. La comunicadora Alejandra Casablanca moderó el evento, y distribuyó agradecimientos a distintas personalidades que de una u otra forma colaboraron para que hoy el lugar fuera reconocido como sitio de memoria, entre ellas a Mercedes Cuña -representante de la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria-, a Matilde Rodríguez Larreta que representa a la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia, a la alcaldesa del Municipio B Silvana Pizzano, y a la directora de la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) Mariana Mota, quien fue especialmente aplaudida, entre otras personas.

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Varias personas subieron al estrado, como Cecilia Michelini -presidenta de la Fundación Zelmar Michelini-, Pizzano, la directora del INAU Natalia Argenzio, y dos mujeres que formaron parte de aquel grupo de jóvenes víctimas del terrorismo de Estado; Lourdes de Ambrosio y Magdalena Ferrari.

Pero lo más significativo fue escuchar el testimonio de esas mujeres, que fueron las víctimas de semejantes injusticias. “Casi todas éramos estudiantes liceales, la mayoría detenidas en Montevideo, pero un grupo grande traído desde el cuartel de Treinta y Tres. Condenadas por un grupo militar y sin saber a dónde las llevaban, las trajeron en un camión con las manos atadas. A los montevideanos nos secuestraron en nuestros liceos, en la calle, el trabajo, e incluso en nuestras casas”.

El relato continuó: “Las presas políticas llegábamos al Yaguarón por disposición de la justicia y también con fecha de entrada, pero no de salida. Éramos muchas las jóvenes allí detenidas; todas teníamos entre 14 y 18 años”.

“Cuando nos liberaban nos esperaba esa libertad vigilada, las categorías B o C, la pérdida de la calidad de estudiantes por uno, dos o más años, así como el desplazamiento forzado hacia liceos públicos o hacia privados”.

Es imposible no reflexionar sobre esas palabras, y observar aquella “mole de cemento”, como la describieron, con “grandes escaleras, amplios corredores, inmenso patio de claraboya”, con “celda de castigo” y “sectores de aislamiento”. Es imposible no preguntarse cómo hay sectores de la sociedad que aplauden a quienes atentaron contra tantos jóvenes, con tanta crueldad. ¿Será que realmente no terminan de entender, será que no lo evalúan, será que les falta conciencia y humanidad?

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Ana Gonzalves: que este sitio de memoria “quede como un legado”

Antimafia Dos Mil dialogó con dos integrantes del colectivo de Ex Presas y Presos Políticos Adolescentes, que fue el que dio el impulso final al reconocimiento del sitio de memoria. Una de ellas, Ana Gonzalves, fue detenida en 1974 en el Departamento 6 de la Dirección Nacional de Inteligencia y luego en la ex Cárcel Central, finalmente la llevaron al entonces hogar Yaguarón.

Tenía apenas 15 años, cuando la detuvieron “a raíz de una volanteada” –un acto por demás sedicioso-. “Acá yo estuve sola”, relató; “se sentía una gran soledad”. De los días que estuvo, tiene los “peores recuerdos de los funcionarios del Consejo del Niño de aquel entonces”.

Sobre la señalización como sitio de memoria, consideró que “es bien importante”, “un punto de memoria, que nos permita recuperar la historia, y lo que se luchó, y lo que se trabajó, que de alguna manera al recuperar la memoria quede como un legado”. “Que esto no se pierda, que no quede sin saberse”.

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Judith Jaitov: “Éramos la resistencia contra la dictadura”

Judith Jaitov, nos contó que ella fue una de seis adolescentes detenidas por los militares. “La mayor tenía 15 años”, recuerda. “Yo tenía 14 años. Fue en febrero de 1974. Primero pasamos unos cuantos días por la Dirección Nacional de Inteligencia y ahí se nos sometió a torturas e interrogatorios como a cualquier adulto. Luego nos pasaron a un juez civil, en este caso, porque hubo casos que fueron a juez militar, y nos internaron en ‘El buen pastor’, que era donde estaban las menores que no eran presas políticas, eran menores con problemas sociales, algunas que habían delinquido, otras que no tenían hogar”.

Y de forma similar a Ana, Judith relata los motivos por los cuales la detuvieron: “Las tareas nuestras eran de propaganda, de difusión, de hacer una pintada, hacer una volanteada”. “Era lo que quedaba, éramos la resistencia contra la dictadura”.

Judith estuvo recluida en un hogar gestionado por monjas: “La mayoría de las presas niñas y adolescentes, porque éramos niñas algunas, la mayoría eran traídas al hogar Yaguarón, pero no sabemos por qué razón a nosotros nos llevaron al Buen pastor, y no hay muchos antecedentes de que haya habido presas políticas en El buen pastor anteriormente”.

Y al igual que Ana, entiende que hay que tener presentes los hechos, para no repetir. “El reconocimiento social e institucional de que pasaron cosas, las que tenemos que resarcir de alguna forma, reconocer”. También siente “una alegría inmensa de reencontrarme con todos los compañeros”, pero enfatiza: “Que esto no vuelva a suceder nunca más. Es la marca histórica que nos define y que deja ese mensaje, nunca más terrorismo de Estado”.

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De hogar de menores a sitio de memoria

Marisa Fleitas es una mujer fuerte, pero que su vida estuvo marcada por su detención por parte de militares en el departamento de Treinta y Tres, cuando solo tenía 13 años. En una entrevista que amablemente nos brindó y que publicamos hace apenas algunos meses (*), recorrió su testimonio de vida, que es legado -dijera Ana Gonzalves- para las nuevas generaciones. En esta ocasión, le consultamos cómo surgió el colectivo de Ex Presas y Presos Políticos Adolescentes, que integra junto a su hermana Mabel -quien fue detenida en su ciudad natal y trasladada a Montevideo al exhogar Yaguarón-.

“Este colectivo que viene a ser a nivel nacional de niñas y adolescentes y niños y adolescentes reprimidos, perseguidos y presos en dictadura, comienza en enero con el trabajo de unas compañeras de la Red de Sitios de Memoria; una de ellas es Mercedes Cunha. Mercedes, trabajando sobre el tema de los adolescentes desaparecidos y buscando la historia de ellos, que habían estado presos en los hogares del Consejo del Niño y que después desaparecieron en otro momento ya siendo mayores de edad, ahí deciden con una compañera, ir por todos los adolescentes, no solamente por esos que después desaparecieron”.

En 2018, ambas hermanas presentaron la solicitud de reconocer al lugar como sitio de memoria al directorio del INAU, que en aquel momento era presidido por Marisa Lindner y a la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria, y realizaron una visita ocular, a la cual concurrieron “una cantidad de compañeras, en ese momento de Treinta y Tres porque no conocíamos a las otras compañeras”.

“Fue el directorio del INAU, la Comisión Honoraria de Sitios de Memoria, una serie de instituciones. Hicimos la visita, el reconocimiento. Pero había compañeras del grupo de Treinta y Tres que planteaban la necesidad de que antes de continuar cualquier trabajo, de iniciar cualquier trabajo, había que ubicar a todas las otras compañeras que habían estado ahí, cosa que creímos muy importante”.

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La campaña electoral, el cambio de gobierno y la pandemia, hicieron que el pedido quedara en suspenso. Pero luego, “cuando surge la idea de estas compañeras de ir por la necesidad de investigar y visibilizar todo el sufrimiento de los niños y adolescentes en la época de la dictadura, lo primero, lo que teníamos más desarrollado era el camino hecho (…), ya estaba hecha la solicitud y ya estaba casi aprobada; era el exhogar Yaguarón”.

Un camino largo, que llevó muchos años de recorrido, de superar miedos y animarse a hablar, de animarse a denunciar, de buscar el reconocimiento institucional de todo lo que sucedió y de la sociedad, y de volver a juntarse las y los protagonistas de años tan duros, pero de un entusiasmo y deseo de justicia, que hasta hoy, lo siguen manifestando.

Y a pesar de que los golpes de la vida han sacudido sus cimientos, a pesar de que la realidad quiere convencerles y convencernos de que no se puede, la esperanza y el anhelo de un cambio positivo, siguen presentes. “Nosotros creímos que íbamos a cambiar el mundo en aquel entonces, que teníamos la revolución ahí, a la vuelta de la esquina”, reflexionó Ana Gonzalvez.

“Este es un mundo distinto, pero igual hay que seguir luchando, porque las injusticias siguen estando, y las desigualdades siguen estando. Y quizás la revolución ahora sea diferente de cómo la imaginábamos nosotros en aquel entonces, pero los cambios y las revoluciones hay que hacerlas igual porque son necesarias, hacen falta”, dice Ana.

“Hay que seguir con la esperanza. De alguna manera, hemos seguido siempre con la esperanza”.

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*Foto de portada y restantes: Antimafia Dos Mil

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