Por Malena Sánchez, desde Argentina-1° de agosto de 2022

Nadie puede desaparecer.

Nadie puede evaporarse, no puede un cuerpo volverse transparente.

Se puede estar vivo, se puede morir, puede alguien esconderse, o encontrarse solo y perdido allí donde nadie puede llegar.

Pero nadie puede desaparecer. No en el sentido de "dejar de existir". Un cuerpo no deja de existir. El tiempo puede descomponerlo, los insectos pueden alimentarse de él, pero un cuerpo no deja de existir y ya.

Santiago Maldonado desapareció. Hace cinco años, su cuerpo corría de las balas que disparaba la Gendarmería Nacional, en un operativo violento e ilegal, pues tenían órdenes de desalojar la Ruta 40, a la altura de Cushamen, Chubut, más no de ingresar a la comunidad mapuche Pu Lof como lo hicieron. Pero lo hicieron, persiguiendo los cuerpos de personas estigmatizadas, mapuches (y quienes los apoyaban, como Santiago) violentados por defender su derecho histórico y Constitucional de recuperar sus tierras, hoy en manos de multinacionales como Benetton, que acumula casi 900.000 hectáreas gracias a la Campaña del Desierto. Una extranjerización de la tierra defendida por la clase política y su Gendarmería, el brazo armado del Estado, que hace cinco años, un primero de agosto del 2017, fue mandada por ese Estado, por Patricia Bullrich como cabeza del Ministerio de Seguridad, para reprimir. Nadie se sentó a hablar ni a escuchar, como ocurrió en otros países, como Chile, donde hubo devolución de tierras, ni a hacer cumplir la aclamada Constitución, la norma suprema: la respuesta es el miedo, la represión, las mentiras y las construcciones falsas, para estigmatizar, como la RAM. La respuesta no es el diálogo, ni la Justicia, es la violencia, que hace cinco años, después de una protesta, se llevó la vida de Santiago.

En medio de toda esa violencia desapareció, y pasaron 78 días hasta encontrarlo. Se encontró su cuerpo en un lugar del río ya rastrillado 3 veces, y si los cuerpos no se evaporan temporalmente, me pregunto ¿qué hicieron con Santiago?

Cada vez existen más pruebas de que estamos frente a un caso de desaparición forzada, seguida de muerte. Entre ellas, la nueva testigo ex miembro de gendarmería, que trabajaba allí donde ocurrió el caso y escuchó a sus compañeros y otras historias decir explícitamente: "Tenemos a un hippie" "en el núcleo del Escuadrón se sabe quién mató a Maldonado" y etc.

Hay evidencias que la Justicia, fiel encubridora, decidió omitir y no investigar, como los signos de crioconservación que se encontraron en el cuerpo, o los billetes secos en un bolsillo, o los granos de polen hallados en su ropa que los peritos dicen no llevaba "más de 30 días allí". Cualquier hipótesis, aun así, nos lleva indudablemente al rol principal de la Gendarmería como culpable, pues sin su accionar, repito, violento e ilegal, Maldonado seguiría entre nosotros.

Nadie puede decir cuándo, dónde ni bajo qué circunstancias murió Santiago. No lo dicen los peritos, y la Justicia no parece interesarse por el detalle no tan pequeño. No sorprende que el juez Lleral, que falló diciendo que "Santiago Maldonado se ahogó solo", haya sido tan parcial, si fue puesto a dedo por Mauricio Macri, como dijo su secretario Darío Neto. Tan vergonzoso fue ese fallo que tuvo que ser reabierta la causa, pues ni siquiera se tuvieron en cuenta las pruebas presentadas por la querella. Hoy, más bien hace 2 años, el caso está en la Corte Suprema, varado.

Esperemos que esta Corte, difícil esperanza porque es amiga de Macri, no copie el ejemplo del Juez, porque parece que en el caso Maldonado la mentira y el encubrimiento son lo que resalta. De los medios, de Lleral, de Patricia Bulrich y su equipo… Cabeza del operativo, es bueno recordar (para romper un poquito con la onda de la impunidad) que la ex Ministra defendió a la Gendarmería desde el comienzo. La mentira no le da vergüenza, como ejemplificó Sergio Maldonado "Bullrich primero dijo que Gendarmería no ingresó a la comunidad, e ingresó. Después que no llegaron al río, y llegaron. Después que no tiraron balas de plomo, y tiraron". Una gran historia de mentiras.

Encontraron a Santiago, pero no encontramos todavía la Justicia ni la Verdad. Nuevamente me pregunto, ¿qué hicieron con Santiago? Los responsables políticos se pasean por la tele, soñando con su candidatura presidencial, y los responsables materiales se acuestan a dormir, contentos, mirando el techo de su hogar.

No vamos a conformarnos con su tranquilidad. A Maldonado lo mataron allí, un día donde había ido a soñar, y a construir un mundo distinto. Nuestro compañero, nuestro símbolo, su valentía vive en cada uno de nosotros y nos llena de convicción, de ganas de movernos por él, porque él lo hizo, porque lo haría por nosotros.

Porque es uno de nosotros, Santiago es cualquiera que sueñe y considere que tiene el derecho de soñar y luchar por esos sueños. Si la violencia se organiza para arrebatárnoslos, nosotros nos organizamos también para que vivan y se multipliquen.

Acompañamos a su familia en este recorrido de lucha y salimos a las calles como vamos a hacerlo cada vez que se lleven a uno más.

Para que todos los responsables paguen, materiales y políticos, mantenemos viva la memoria de Santiago Maldonado, viva y estrepitosa.

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*Foto de portada: Daniela Morán / Agencia Pacourondo

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