Our Voice presente con una intervención artística: denunciando la farsa de la historia oficial

Por Alejandro Diaz y Victoria Camboni-20 de mayo de 2022

Los ojos de María nos observaron con una mezcla de cansancio y tristeza. Su gesto rígido y la comisura de sus labios que marcaban una leve curva invertida, se fueron instalando en su rostro a lo largo de cuarenta y cinco años de buscar a Humberto, su hijo. Aún hoy, sigue desaparecido.

María Bellizzi es una de las fundadoras de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, que hoy volvieron a participar de una nueva Marcha del Silencio. Miles de personas se hicieron presentes este 20 de mayo, en las calles de Montevideo, luego de dos años de ausencia, porque la pandemia interrumpió este ya icónico ritual uruguayo. Un ritual que impone el silencio ante la posibilidad de que una consigna rompa la unión de un pueblo, como nos supo decir un periodista en los últimos días.

María marcha con la imagen de su hijo en brazos. Aunque su cuerpo nunca fue recuperado, el sistema judicial, sorteando todas las dilataciones posibles, logró condenar a cadena perpetua a los responsables del secuestro, asesinato y posterior desaparición de Humberto. Pese a esto, María, marcha. Marcha por los tantos y tantas que aún esperan justicia. María marcha por los tantos y tantas que aún esperan recuperar su identidad. María, y tantos como ella, marchan bajo una misma pregunta: ¿Dónde están?

La convocatoria partió desde el cruce de avenida Rivera y Jackson, donde se emplaza el Monumento a los Desaparecidos, en el barrio de Cordón, antesala del centro de Montevideo. Poco a poco, personas de todas las edades fueron agrupándose, hasta ocupar varias cuadras. Puntualmente, a las 19 horas, como estaba pactado, los familiares se alinearon tras una pancarta que ya es una bandera, que se extendía a lo ancho de toda la calzada, con la consigna: “¿Dónde están? La verdad sigue secuestrada. Es responsabilidad del Estado”. Una frase que busca romper el silencio, un silencio que busca evitar las discusiones políticas. Un silencio que recuerda nombres pero que quizás haya comenzado a olvidar historias.

Fieles a la verdad y responsabilizando al Estado 2

La columna de gente se orientó por Rivera, rumbo a 18 de julio. A medida que avanzaba se fue reproduciendo hasta cubrir casi 12 cuadras. La primera parada la realizaron frente a la Universidad de la República, que en esta ocasión se sumó con luces de neón al reclamo institucionalizado. La siguiente parada fue frente a la Intendencia de Montevideo, donde comenzaron a sonar por altoparlantes los nombres de cada uno de los 197 desaparecidos durante la etapa militar de la dictadura cívico empresarial del Uruguay. ¡Con cada nombre, la multitud rompió el mutismo gritando “¡Presente!”.

Los manifestantes continuaron avanzando hasta alcanzar la escultura de “El Gaucho”, reflejo de aquel pueblo siempre pobre, que unió distintas lenguas, distintas culturas, distintas ideas, para resistir cualquier forma de sometimiento e injusticia.

A los pies de esta figura histórica, se alzó una figura contemporánea, una intervención estática armada por el Movimiento Cultural Internacional Our Voice. La imagen, respetuosa del silencio de los presentes, estaba compuesta por cuatro personajes, representantes de aquellos que instalaron una historia oficial a lo largo de los años. Una historia que contempla la memoria del pasado, a costa de olvidar el presente. “La verdad está en no entrar en el juego de la farsa que escribieron”, proponía la consigna presentada por el grupo.

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Hoy marcharon 15 mil montevideanos por el silencio. Hoy marcharon 15 mil montevideanos por la memoria de aquellos que dieron sus vidas por marchar contra el aumento del boleto que hoy aceptamos en silencio. Marcharon contra la privatización de los recursos que hoy aceptamos en silencio. Marcharon contra la expropiación de tierras para favorecer a los grandes capitales que hoy aceptamos en silencio. Marcharon contra el racismo impuesto por una casta política que hoy aceptamos en silencio. Marcharon contra las guerras de un imperio ante el que hoy nos hincamos en silencio. Marcharon contra una tradición política que hoy nos gobierna. Marcharon con aquellos que cuando fueron gobierno los traicionaron.

“¿Y qué es lo que no tiene que volver a pasar, si no sabemos que es lo que pasó?”, preguntó algunos meses atrás Elena Zaffaroni. Quizás el silencio fue valido en algún momento, en aquellos días que en las calles se marchaba de lunes a lunes, con las consignas del día a día.

La Marcha del Silencio de este 2022, volvió a rugir para entonar las estrofas del himno nacional, instando a los “tiranos, temblad”. Al llegar a la Plaza Libertad, la multitud se disgregó en silencio, retomando cada uno el murmullo de su propio pensamiento.

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No hubo discurso oficial. No hubo quien izara la voz como lo hubiera hecho Zelmar. Aquel muchacho delgado de casta colorada, que supo abandonar su cuna siguiendo su corazón arrebolado. Aquel Zelmar que gustaba de gritar todas las rebeldías. Aquel Zelmar que fue asesinado un 20 de mayo, pero de 1976. Aquel Zelmar al que hoy conmemoramos en silencio porque la vergüenza de convivir con nuestros verdugos nos ha quitado las ganas de discutir las diferencias.

María, con sus 90 años, deja caer una lágrima por su mejilla cuando nos acercamos a saludarla, a decirle “que conocemos a jóvenes que están dispuestos a dar la vida igual que lo hizo su hijo”. Para recordarle, respetuosamente, que “su hijo, estaría gritando”.

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*Foto de portada: Romina Torres / Our Voice - Antimafia Dos Mil

*Foto 2: Antimafia Dos Mil

*Fotos 3 y 4: Romina Torres / Our Voice - Antimafia Dos Mil

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