La verborragia reaccionaria reapareció en la Plaza de la Bandera, el pasado 14 de abril
 
Por Victoria Camboni-1° de mayo de 2022

"Gracias a la vida, que me ha dado tanto...".

El sol se posicionó en el zenit, como la luz de un foco que ilumina desde arriba un gran escenario. En la plaza de la Bandera el brillo excesivo de decenas de cabezas blancas, encandiló ese mediodía, a la hora exacta. Los reflejos de una luz cortante agredían la vista, mientras de fondo sonaba una canción de Mercedes Sosa que, como una ironía, agradecía a la vida.

El 14 de abril, este año, el Partido Colorado reivindicó la conmemoración del 'Día de los caídos en defensa de las instituciones democráticas', con un discurso esquizofrénico que dirigió el colorado y expropiciador de la JUP (*), Daniel García Pintos, en el que atacó fuertemente a la Fiscalía Especializada en Delitos de Lesa Humanidad, e insistió con la liberación de los represores, a quienes llamó "presos políticos". En el lugar también estuvo el histórico dirigente colorado, Julio María Sanguinetti, entre unos dos centenares de señores mayores de 60 y tantos años, ataviados de traje y corbata, todos -o casi- militares retirados.

La fecha se venía conmemorando desde la salida de la dictadura hasta el primer gobierno de Tabaré Vázquez, en 2005, cuando por decreto determinó su retiro del calendario de homenajes. Una fecha utilizada durante años para sostener la idea de que en Uruguay hubo una guerra que el Estado combatió, aquella misma idea que plantea la teoría de los dos demonios, donde los guerrilleros y las Fuerzas Armadas se enfrentaron, dando como ganadores a los militares. Una explicación absurda, si tomamos en cuenta que las dictaduras se desplegaron en la región por mandato de Estados Unidos, y que todas las acciones que tomaron fueron cualquier cosa, menos legales, y aún menos, de protección a las y los ciudadanos.

García Pintos, en su discurso, reclamó que las investigaciones del fiscal Ricardo Perciballe, a cargo de la Fiscalía especializada en Delitos de Lesa Humanidad, acusaba a los represores con pruebas ínfimas como recuerdos de un color de ojos en el cruce de miradas entre dos personas, y otras del mismo nivel. Lo acusó también de criminalizar a los militares de cometer delitos de lesa humanidad, pero que debía hacer lo mismo con los tupamaros, aunque es sabido que muchos de ellos, sino todos, cumplieron penas en prisión.

Sobre el pedido de prisión domiciliaria planteado a través de un proyecto de ley presentado por Cabildo Abierto, el político redobló la apuesta. García Pintos reclamó que no solo debían ser enviados al domicilio, sino que además tenían que ser liberados, para poder ir a buscar a sus nietos a la escuela, porque no hay nada que haga más feliz a un abuelo que estar con sus nietos.

Y para hacer un discurso completo, cerró diciendo que había que dejar la historia en el pasado y avanzar para construir algo todos juntos.

Son llamativas sus afirmaciones. "El sistema jurídico uruguayo no estaba preparado para una Fiscalía de Lesa Humanidad", dijo a los medios de prensa una vez terminado su discurso. Además, afirmó, que sucede en un Uruguay, en el que hay magistrados que tienen "cierta ideología" que la aplican en su trabajo, y que eso mismo pasa con el fiscal Ricardo Perciballe, quien en vez de presentar pruebas "se maneja por indicios para quitarle la libertad a una persona". E insistió: "La Fiscalía de Lesa Humanidad no tiene razón de ser en nuestro país".

"A los prisioneros políticos nuestros, que fueron quienes defendieron las instituciones, todos viejos algunos se han muerto en la cárcel. Los procesan por delitos comunes, pero hablan de lesa humanidad".

"Cambian una cárcel por otra", "no pueden ir a esperar un nieto a la puerta de la escuela, gente que no cometió ningún delito". "Eso es terrible", fueron sus afirmaciones.

"Hay una mayoría hoy en el Parlamento, y hay que ponerla a trabajar a esa mayoría", dijo refiriéndose al proyecto de ley para convertir en prisión domiciliaria la condena de los represores que se encuentran en Domingo Arena. "Es el Estado que debe reconocerle lo que hicieron nuestros muertos defendiendo las instituciones democráticas y la República". "Tiene que ser el Estado uruguayo el que le rinda homenaje a sus empleados que dieron la vida para defendernos a todos".

Llegado este punto, qué difícil se hace seguir plasmando incoherencias tan grandes, tan grotescas, como las afirmaciones de García Pintos. Mientras transcurre la redacción de esta nota, la interrogante de si vale la pena darle espacio a una expresión de este tipo, hace vacilar el tecleo.

"El 4 de mayo va a hacer un año que estamos esperando que el señor presidente de la República nos reciba para plantearle que este acto el año que viene lo haga el Poder Ejecutivo, y no nosotros, que queremos estar del lado del público", reconoció el vocero de la dictadura.

"Lo que hoy está pasando es una venganza". "Hay gente que está presa por las dudas". Los tupamaros y los comunistas "siguen educando a la gente en el rencor y en el odio". "Acá hay una guerra ideológica".

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Cuántas aseveraciones dignas de una telenovela de bajo presupuesto. Que nos recuerdan a aquellas épocas en que, a la hora de la siesta, en televisión abierta, sen emitía los culebrones, donde la mala de la novela quería tener la atención amorosa del protagonista, que a su vez estaba enamorado de la joven más pobre, pero que en realidad era de la familia más influyente de todo el continente. Y la malvada, se presentaba en lugares insólitos, tendiendo trampas a la pobre joven, engañando al galán, y exponiendo argumentos absurdos para salir exitosa en lo que parecía una competencia de poder, con el premio que significaba poseer al más deseado de toda la serie. Y aunque a ciertas personas convencía, si uno prestaba un poquito de atención, solo un poquito, podía notar que se trataba de un engaño. Un burdo engaño.

En esta telenovela postdictadura, la malvada mueve cielo y tierra por alcanzar el premio, que es la libertad, a pesar de los crímenes, es decir, la impunidad. Y si puede convencer gente con sus teorías conspiranoicas, mejor aún.

Una comparación un tanto grotesca si se quiere, porque nuestra realidad es que asesinos y criminales sádicos, violentos, sanguinarios, se cubren con la bandera de un país para justificar los delitos que cometieron cruelmente contra cientos de jóvenes. Pero no están de acuerdo, con ser juzgados, y ponen incluso como excusa, ir a buscar a sus nietos a la escuela.

¿Con qué cara pueden ver a un niño a los ojos? ¿Con qué cara se paran frente a una cámara, frente a tantas familias que lastimaron profundamente, que les robaron sus hijas e hijos, sus bebés, que mataron a sus padres y madres?

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Lo que se escuchó en la Plaza de la Bandera ese mediodía, a las 12 en punto, fue un discurso imposible, irremable, que la ultraderecha sostiene, y que ejercita a través de todas las estrategias posibles. Ataca, intenta ensuciar, remueve herramientas jurídicas, sociales, culturales, políticas. Abre un lugar conocido como La cárcel del pueblo, donde algunos tupamaros secuestraron a figuras prodictadura del momento, pero no mencionan que luego ese mismo lugar fue un centro clandestino de tortura del gobierno militar. Inventan proyectos de ley, insisten en derogar leyes que juzgan los delitos imprescriptibles. Intentan dar una lástima o conmiseración falsas.

Y remitiéndome a la fecha de la convocatoria, al reclamo de estos personajes, y recordando además la canción de Mercedes Sosa, que con ironía guasonesca hicieron escuchar a todo volumen en la zona de Tres Cruces, aquel mediodía del 14 de abril, me pregunto: ¿Qué agradecimiento se le puede dar a un grupo de genocidas, torturadores, asesinos, que se reúnen para festejar y reivindicar el triunfo de su impunidad?

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(*) Juventud Uruguaya de Pie, un movimiento de extrema derecha, anticomunista y nacionalista, que en sus años activos realizó violentas manifestaciones en liceos públicos del país, señalando jóvenes para los escuadrones de la muerte

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*Foto de portada y restantes: Leandro Gómez / Our Voice - Antimafia Dos Mil

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