“Somos 40 por ciento de pobres y no hay pobres en estos lugares de poder”
 
Por Alejandro Diaz-18 de noviembre de 2021

Natalia Zaracho vive en Villa Fiorito, el barrio (hoy ciudad), que vio nacer a Diego Maradona. Una de las tantas zonas marginadas del conurbano de Buenos Aires, donde las etapas se cuentan entre crisis y crisis. Un lugar donde muchas veces lo necesario es un privilegio.

Natalia, es una de los cientos de miles de personas que vieron colapsar la sociedad durante la década del 90, cuando el gobierno de Carlos Saúl Menem se dedicó a desmantelar, más que un modelo productivo, una cultura. Para los que crecimos en aquellos años, toda historia de supervivencia primero, y de superación después, toca una fibra íntima, que nos trasporta a las miradas sin perspectivas de jóvenes, obreros y obreras que pateaban la calle de sol a sol, esperando cambiar la suerte. Estas no son las historias de los ahorristas estafados, ni de los empresarios que se quedaron afuera de los negocios. Estas son las historias de los que tuvieron que romper todos los prejuicios, perder todos los miedos, y olvidarse de todo parámetro social. Gente que fue sometida a buscar, no solo su sustento, sino su dignidad, en el fondo de un contenedor de basura.

Natalia, a temprana edad, se vio obligada a abandonar sus estudios, para sumarse a la masa de gente, que en aquel entonces no tenía ni siquiera categoría, pero que más tarde serían considerados trabajadores precarizados, o de la economía popular. Así fue como, guiados por la necesidad, la intuición y el sentido de comunidad, entre un grupo de mujeres se organizaron para plantear un trabajo en conjunto recolectando y reciclando cartones. Hoy viéndolo con perspectiva: “Es una tremenda organización de mujeres solas, que en ese momento no la veía, pero ahora recupero, con la militancia y el feminismo", contó la futura diputada a Página/12.

La madre de Natalia, fue una de las primeras promotoras de la agrupación de cartoneros que fundó el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), que llegó a aglutinar más de cuatro mil afiliados, siendo uno de los más grandes de América Latina. En este espacio, la intuición y la necesidad se transformaron en militancia y en objetivos. Y aquella precarización laboral se transformó en economías autogestionadas, que poco a poco, fueron incursionando en proyectos cada vez más complejos y ambiciosos. En algunos casos, muchos de estos proyectos cooperativos, llegaron a “pelear” de igual a igual, los presupuestos de obras públicas, otorgados históricamente, a los mismos grandes empresarios, que paradójicamente se hicieron ricos llevando a la quiebra al Estado, que les dio todo.

En el 2015, se sumó al Frente Patria Grande, liderado por el abogado y activista, Juan Grabois. En el 2019, formó parte de las listas a candidatos a diputados del Frente de Todos, pero no logró ingresar. Este año, no participó de las elecciones, pero por una serie de corrimientos y desplazamientos ocupara una banca, a partir del 10 de diciembre.

Natalia, se prepara para llevar las experiencias de la calle, al lugar donde se deciden los destinos de cientos: “No vamos a discutir solo la agenda de los pobres, vamos a discutir todo, como ellos discuten todo lo nuestro”, declara, dejando en claro que, para resolver la pobreza, hay que discutir la riqueza. Y advierte: “No voy a ser comida por la política tradicional. No voy a ser una diputada que trabaje en el Congreso, de oficina. Yo quiero ir al territorio y construir poder popular en distintos lugares y seguir compartiendo y motivando para que compañeros participen en política. Nos falta representación, porque somos 40 por ciento de pobres en el país y no hay pobres en estos lugares de poder”.

En entrevista con el periódico Nodal, Natalia dijo: “Estoy convencida que no tenemos que caer en lo antipolítico, sino que tenemos que recuperar la política como una herramienta transformadora, que implica participación, propuestas y “estar”, hay que ponerle el cuerpo”.

Uno de los temas de agenda que pretende llevar al Congreso es el salario básico universal, como respuesta necesaria a la crisis económica y laboral: “En el mundo está pasando esto, el mercado excluye y no tiene capacidades para incluir a todos. La sociedad tiene que reconocer este emergente de un montón de familias, y el Estado tiene que acompañar con infraestructura, con máquinas, en los polos productivos garantizando que los compañeros y compañeras tengan un monotributo, una obra social y todo lo que debe tener un trabajador”, declaró a El Destape.

Otro de los temas es la inseguridad, donde deja en claro que las primeras víctimas son las personas de los barrios marginados. Aquí, su sector propone “tener una política de inclusión de pibes liberados”.

América Latina comienza a reformular el Estado, en algunos casos de manera extrema, como está sucediendo en Chile con la Constituyente. Esta construcción colectiva, cultural y más importante aún, institucional, podrá ser un primer paso hacia una transformación en los sistemas de representación política, que parecerían estar agotados. Sera necesario e imprescindible avanzar en estos procesos de institucionalización de la democracia, también en los ámbitos de la justicia, donde se encuentran las herramientas del Estado, necesarias, para combatir la impunidad y la corrupción estructural.

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*Foto de portada: diariojunio.com

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