Cumplía prisión en la cárcel de Domingo Arena por torturas, secuestros y muerte, en la dictadura uruguaya

Por Victoria Camboni-22 de octubre de 2021

Falleció en la tarde de este viernes 22 de octubre, el represor y exmilitar Gilberto Vázquez, uno de los emblemas de la tortura y la muerte, en los duros años de la dictadura en Uruguay. El coronel, de 76 años, que se fugó de prisión en 2006 e intentó escapar de la justicia haciéndose literalmente el demente, cumplía una condena de 25 años en la cárcel vip de la calle Domingo Arena, por haber asesinado a 28 personas y por otras tantas, vidas que destruyó.

En abril de este año fue trasladado al Hospital Militar por problemas de salud. Además, le había dado positivo al test de Covid. Medios locales indican que falleció por un cáncer de próstata.

Vázquez, que durante los años de la dictadura trabajó como agente del Servicio de Información y Defensa (SID), y además integró el Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), fue condenado por estar vinculado al caso del secuestro de María Cecilia García de Gelman, la nuera del poeta argentino Juan Gelman. También cumplía condena desde julio de este año por el secuestro de los hermanos Anatole y Victoria Julien.

Fue un hombre que reconoció que existió el ‘segundo vuelo’ de la muerte desde Uruguay hacia Argentina, y que el Ejército uruguayo lo realizó, además de hacer parte en las tareas de torturar y ejecutar a una lista de personas que consideraban ‘sediciosas’. Vázquez, fue un agente del Plan Cóndor, de los más activos y solícitos.

“Que me digan asesino, torturador, fenómeno, pero ni chorro ni traidor, ni ninguna porquería de esas”, declaró luego de recibir su última condena en 2020. Este tipo de dichos fue una constante, en su vida postdictadura.

“Tuve que matar y maté, y no me arrepiento”, dijo ante un Tribunal de Honor militar, en julio de 2006. “Tuve que torturar y torturé”, y agregó que lo hizo “con el dolor en el alma” y además que “me cuesta muchas noches dormir, acordándome de los tipos que cagué a palos”.

¡Pobre hombre, cuánto sufrimiento! Sin embargo, su sentir fue siempre el mismo: “no me arrepiento”, fueron sus palabras.

Su orgullo no tuvo freno, ni con varias condenas encima, ni con esas supuestas noches de desvelo, por el dolor infringido a tantas personas. En 2020 Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos dio a conocer una carta suya, con fecha del 6 de setiembre de 2006, donde pretendía defenderse de las acusaciones ante el Tribunal Militar: “He ejecutado a numerosas personas, secuestrado y apremiado en varios países recibiendo por ello felicitaciones de los altos mandos del Ejército durante el proceso y en democracia”.

Aun así, permaneció en prisión domiciliaria desde 2016, en Rivera, sin tobillera electrónica, en la comodidad de su hogar y con una guardia policial, hasta que gracias al fiscal Ricardo Perciballe, fue devuelto a la cárcel, ya que no existía ningún tipo de impedimento físico para que no cumpliera la condena indicada por la justicia.

El torturador y asesino murió, sin decir dónde están, los casi 200 desaparecidos que dejó la máquina de muerte, que él junto a otros, condujo durante los durísimos años de dictadura en Uruguay.

Nunca más silencio. Nunca más impunidad.

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*Foto de portada: ladiaria.com

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