Por Malena Sánchez, desde Argentina-1 de octubre de 2021

Hace unos pocos siglos se gestaba en el mundo el inicio de un nuevo orden global. Comenzando por algunos países, como Francia o EEUU, la revolución burguesa se expandía velozmente por todos los territorios. Hombres, pero no cualesquiera de los hombres; hombres, los blancos y propietarios, se levantaban consignando los valores de la revolución:  vida, libertad y propiedad privada.

En su nombre dieron inicio a nuevas instituciones, reformulando a su favor la justicia, la política con su Estado, la educación, las fuerzas de seguridad.

Qué contradictorias aclamaciones hubieron de sostener, conquistando para ellos un nuevo mundo del caos. Hoy, avanzados en el tiempo, con su régimen vigente y bien instaurado, la aclamada propiedad privada solo perteneciente a una minoría privilegiada se sitúa en el centro de toda sociedad civilizada; y cuando por ella matan y torturan, entendemos su lógica ya no contradictoria: que vida y libertad era aclamada sólo para ellos.

En las últimas horas vimos la cara más cruda, pero más real de este sistema. En la Villa 31, en Capital, más de 100 familias fueron desalojadas en la toma Fuerza de Mujeres. Así se llama porque mayormente eran mujeres trabajadoras, muchas huyendo de la violencia de género, las que se encontraban allí. La policía de la ciudad, esa institución defensora de los valores de la revolución burguesa, sin previo aviso y con un megaoperativo comenzó a destruir las precarias casillas de la gente, construidas por ella y con lo poco que tenían. Destruyeron las precarias viviendas de familias; allí se encontraban 175 niñas y niños que ahora no tienen lugar al que ir más que la calle. 

Hablan de delincuentes, de ladrones y usurpadores. Las palabras de Leonila, una vecina de la toma, son claras al respecto: “No estoy robando nada. Había una tierra descuidada que nadie la usaba, era un basural y nosotros la necesitamos para vivir".

Es decir que antes de ellos, en ese espacio, no había nada. Fueron los vecinos mismos quienes limpiaron el lugar mientras convivían con ratas. Era un terreno que en los últimos años el gobierno de la ciudad lo utilizaba como depósito de residuos y escombros.

Diversos tratados internacionales, contemplados por la ONU, establecen que los desalojos forzosos constituyen violaciones graves de los derechos humanos. Ni siquiera es necesario irnos a los tratados. Violación a los derechos humanos es que una familia no tenga lugar donde vivir, que tenga que construirse una casa miserable entre las ratas para vivir entre 10 personas, que no tenga acceso al agua. Violación a los derechos humanos es que haya cientos de niños sin hogar.

Pero es el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta quien mandó a reprimir; y no le presta atención, a esas violaciones, mientras a la vez, pretende presentar leyes para habilitar la construcción de megatorres de lujo: 16 proyectos, en beneficio de las megaconstructoras. Tierra para negocios y construcciones por beneficio económico. Eso sí. 

Leonela, la vecina antes mencionada, contaba para un medio amigo que hubo comedores que responden a la Secretaría de Integración Social y Urbana que trabajan dentro del barrio pero que a ellos les negaron la comida a más de 20 familias, de un día para otro, solamente por estar en la toma. Hace mucho viene su marginación; en un principio la policía no dejaba a nadie pasar cuando llevaban donaciones, cuando les llevaban una manta para el frío. Y ahora, después de no dar respuesta y hostigar, al reclamo de techo y vivienda les responden golpeando, deteniendo a una persona y prendiendo fuego las casillas.

"Me quisieron echar, pero les dije que acá me quedo, sino, ¿dónde me voy a ir? Mira todo lo que hicieron, ahora tengo que empezar de nuevo con 6 hijos", cuenta una vecina en uno de los videos.

Vivienda digna para todos, tierra para vivir y basta de represión. Este tipo de desalojos sucede todos los días. La policía de Río Negro también desalojó y reprimió a la comunidad mapuche Lof Quemquemtrew el fin de semana. Pero los gobiernos de turno siguen y siguen pasando, haciendo oídos sordos a los reclamos de la población.

Es que, por un lado, ellos, los ricos herederos de la revolución y sus defensores garantes de sus intereses: hoy la oposición con Larreta, pero ayer el oficialismo en Guernica. Y, por otro lado, la gente, que no tiene nada y a la que este Estado le demostró que hay límites que no va a pasar: la propiedad privada, la vida y la libertad de sus dueños. Los valores burgueses que reinan en un mundo hecho para ellos. 

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*Foto de portada: diarioconvos.com

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