Otro aniversario del asesinato del cantautor chileno Víctor Jara
 
Por Victoria Camboni-16 de setiembre de 2021

¿Cómo puede existir dentro de un ser humano tanto desprecio hacia la vida? ¿Qué puede motivar a una manada de hombres, frenéticamente y sin remordimientos, a despedazar física, mental y emocionalmente a una persona?

Cada vez que se acerca la fecha del asesinato de Víctor Jara, su recuerdo me estruja el corazón. “El derecho de vivir en paz” esa canción que creó en 1969 para protestar contra la escalada de violencia sangrienta que impuso Estados Unidos en Vietnam, se convirtió en un himno a la libertad. Su letra me retrotrae a imágenes que en mi mente se formaron al leer la historia de sus últimos días de vida, del horror que sufrió en su carne, del espanto que lo atenazó y lo dejó sin habla, sin lengua, sin dedos… Pero sin dudas, su vibrante rebeldía contra la opresión y la injusticia encandila todo el mal, para dignificarlo y atesorarlo como una lumbrera en el camino.

En 2019, un grupo de más de 20 músicos chilenos -“Músicos de Chile”-, versionaron la canción, en el marco de las protestas masivas en contra de la militarización y represión violenta de los carabineros; contra las políticas de Gobierno, la miseria, la educación precaria, las malas condiciones de vida del pueblo, de una Constitución parida por la dictadura. Miles de personas acompañaron en las calles la iniciativa que partió de la Fundación Víctor Jara, mientras manifestaban su reclamo por un Chile más igualitario.

“Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura", escribió Víctor el 15 de setiembre de 1973, un día antes de ser mutilado y fusilado en el Estadio de Chile. Somos cinco mil, se llamaba ese breve poema, que plasmó en un papel como un balbuceo, un susurro que quería expresarse pero que temía ser escuchado por los militares que lo custodiaban, mientras aguardaba quizás lo peor; en ese lugar que se había convertido en un campo de tortura y muerte.

Pasó apenas un día desde el bombardeo a La Moneda y el asesinato de Salvador Allende, cuando Jara fue detenido por las Fuerzas Armadas que acababan de tomar el gobierno por la fuerza. Su delito, ser militante del Partido Comunista, estar involucrado al gobierno de Allende, y cantar al pueblo y en contra de la delincuencia de guante blanco. Un crimen que pagaría con su sangre. El cantautor se encontraba en la Universidad Técnica del Estado cuando los militares irrumpieron, llevándolo junto a profesores y estudiantes al Estadio Chile.

Durante cuatro días permaneció confinado junto a tantas y tantos chilenos, en lo que se transformó en un campo de concentración. Un lugar de verdadero miedo, donde el ser humano dejó de serlo. Cuatro días de torturas, cuatro días de pavor. Lo insultaron, mientras lo quemaban con cigarrillos. Le rompieron los dedos para que no volviera a tocar, le cortaron la lengua para que no volviera a cantar. Lo sometieron a simulacros de fusilamiento. Le hicieron fracturas múltiples en el cuerpo, hasta que el 16 de setiembre de 1973, Pedro Barrientos, Hugo Sánchez Marmonti y el exsoldado José Paredes Márquez, lo ejecutaron de un tiro en la cabeza y para asegurarse de que estuviera bien destrozado, le vaciaron 44 balazos en el cuerpo. Roberto Souper, Raúl Jofré, Edwin Dimter, Luis Bethke y Nelson Hasse fueron enjuiciados junto a los primeros. Finalmente, Juan Jara, Hernán Chacón y Patricio Vásquez engrosaron la lista de implicados en el asesinato del artista, y condenados a prisión.

Días después, vecinos de la zona encontraron en un terreno baldío -en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano- los cuerpos acribillados de Víctor Jara y de Littré Quiroga, otro integrante del Partido Comunista y director General del Servicio de Prisiones.

“Yo no canto por cantar

Ni por tener buena voz

Canto porque la guitarra

Tiene sentido y razón”

Víctor se negaba a que lo identificaran como un referente de la canción de protesta en todo el mundo. Quizás porque con ese mote olvidaban que también era profesor, escritor y director teatral. Un hombre militante de la vida, que, con su elocuencia, pasión y esa picardía que brotaba de su mirada, contagiaba alegrías, fuerza y ganas de seguir luchando. Su esposa, la bailarina Joan Turner -que luego adoptó el apellido de su marido-, dijo sobre él: “era una persona que nació en la pobreza y nunca perdió sus raíces. Era un gran creador, un gran artista”. Pero quizás, las palabras que más lo identificaron y que lo llevaron a esa necesaria inmortalidad, son las que explican por qué Víctor se puso al frente, entregando su vida: “Era una persona con una tremenda capacidad de amar al ser humano”.

“Tiene corazón de tierra

Y alas de palomita

Es como el agua bendita

Santigua glorias y penas

Aquí se encajó mi canto

Como dijera Violeta

Guitarra trabajadora

Con olor a primavera

Que no es guitarra de ricos

Ni cosa que se parezca

Mi canto es de los andamios

Para alcanzar las estrellas”

 

“Que el canto tiene sentido

Cuando palpita en las venas

Del que morirá cantando

Las verdades verdaderas

No las lisonjas fugaces

Ni las famas extranjeras

Sino el canto de una lonja

Hasta el fondo de la tierra”

 

“Ahí donde llega todo

Y donde todo comienza

Canto que ha sido valiente

Siempre será canción nueva” **

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**Manifiesto, canción de Víctor Jara, de 1973. Forma parte del disco “Manifiesto” que no terminó de grabarse debido al golpe militar

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*Foto de portada: EMOL

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