El imperio norteamericano y sus vasallos fueron los artífices de un nuevo Pearl Harbor
 
Por Luca Grossi-11 de septiembre de 2021

Han pasado 20 años de aquel 11 de septiembre en el que toda la humanidad se detuvo ante las aterradoras imágenes del mayor ataque terrorista que jamás haya visto la historia moderna. Pero mientras los ojos asombrados de personas de todo el mundo estaban pegados a las pantallas de televisión que transmitían la tragedia en vivo, muchos detalles evidentes pasaron inadvertidos para la mayoría. Giulietto Chiesa, junto a otros estudiosos del caso, no fue uno de estos y a lo largo de los años aportó pruebas, documentos, papeles e informes que prueban que lo contado no representa la realidad de los hechos. Los creadores del "Proyecto para un Nuevo Siglo Americano" (Project for the New American Century, PNAC, un grupo neoconservador liderado por Paul Wolfowitz) ya lo habían escrito en un texto "guía" publicado en septiembre del 2000. Un informe de noventa páginas titulado "Reconstruir las Defensas de América: Estrategias, Fuerzas y Recursos para un Nuevo Siglo", que dice claramente: "Estados Unidos debe buscar preservar y extender su posición de liderazgo global manteniendo la superioridad de las fuerzas armadas de Estados Unidos" y que el gobierno de Estados Unidos debe aprovechar sus fuerzas armadas y su superioridad económica para obtener una supremacía incuestionable por todos los medios posibles, incluidas las fuerzas militares. Además, en el informe hay un pasaje muy curioso: "El proceso de transformación, aunque suponga un cambio revolucionario, será muy largo, si no se produce un evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor". Hasta la fecha, los creadores del gran engaño siguen mintiendo y Giulietto Chiesa intentó advertirnos desde hace tiempo.

El imperio americano detrás del colapso de las torres gemelas

"Es una discusión que no se puede plantear aquí. El que escribe siempre sostuvo que los diecinueve presuntos 'secuestradores', liderados por Osama bin Laden, no pudieron, en ningún caso, haber llevado a cabo tal plan. Hay muchas pruebas de que en la operación intervinieron fuerzas poderosas que tenían vínculos con diversos servicios secretos, empezando por sectores de la CIA y el FBI, hasta el ISI paquistaní, los servicios secretos saudíes y los, ciertamente implicados, del Mossad israelí".

Estas fueron las palabras de Giulietto Chiesa cuando en el 2016 trató de explicarle a un Occidente sordo -deliberadamente sordo- que detrás del nuevo "Pearl Harbor" había planes siniestros de desestabilización geopolítica diseñados para apoyar única y exclusivamente los intereses del imperio norteamericano.

Después del 11 de septiembre comenzaron una serie de guerras sangrientas (Afganistán, Iraq, Libia, Siria) y cambios en el sistema de reglas internacionales: "Todos motivados por una necesidad nueva y única: luchar contra el 'nuevo enemigo' de Occidente, el islam fundamentalista".

"El trabajo de la 'Comisión del 11-S' (es decir, la "versión oficial") no resiste las interminables objeciones recibidas -escribió Chiesa- formuladas por investigadores independientes y periodistas de todo el mundo. Quien desee conocerlas puede consultar el sitio Consensus911.org, donde muchas de estas discrepancias e inconsistencias han sido examinadas en los últimos años por un grupo de especialistas al que también pertenezco. Esa Comisión -como ahora sabemos oficialmente después de las revelaciones del ex senador demócrata Bill Graham (quien fuera presidente de la Comisión del Congreso, la primera en investigar el 11 de septiembre) y numerosos senadores y diputados estadounidense- se negó a examinar documentos y evidencias de aquellas oscuras maniobras que precedieron al ataque. Las 28 páginas del primer informe, recientemente desclasificado, revelan y documentan inequívocamente que el gobierno saudí ayudó y financió a los 'chivos expiatorios' para establecerse en los Estados Unidos. Y este hecho, por sí solo (sin tener en cuenta de que el FBI y la CIA estaban -y todo esto ha sido probado- al tanto de la preparación del ataque), demuestra que la Comisión del 11-S proporcionó una versión falsa de todo el asunto, para encubrir a los verdaderos perpetradores”.

“A esta falsedad, ya probada, se le pueden sumar decenas. Basta concluir que había intereses poderosos, dentro de la élite estadounidense y los círculos gobernantes occidentales, para encubrir a los verdaderos protagonistas del atentado".

Por otra parte, respecto al atentado del 11 de septiembre, también se había expresado el entonces vicepresidente honorario de la Corte Suprema de Casación, Ferdinando Imposimato, quien en varias entrevistas declaró que hay pistas más que suficientes para incriminar, como cómplices de la masacre, ante un tribunal internacional, a la administración estadounidense de George W. Bush y Dick Cheney. Desafortunadamente, tal tribunal existe, pero no está facultado para juzgar a la administración americana.

La complicidad de los medios de comunicación occidentales

Cada imperio tiene sus colonias y por reglamento -no escrito- deben actuar como un megáfono para la voz del amo. Desde hace 20 años, la prensa hegemónica ha cubierto una versión de los hechos "totalmente falsa, hasta el ridículo, impidiendo el surgimiento de la verdad", escribió Chiesa, subrayando que los creadores y organizadores del ataque, junto con sus vasallos, tenían un control casi total de la comunicación mundial, confinando a miles de personas a la ignorancia. El problema es, por tanto, a la vez político y comunicacional, y en una entrevista concedida a Radio Saiuz -que a continuación proponemos junto con sus intervenciones en Pandora TV-, Chiesa lo explicó muy bien. Claramente dijo que "la versión oficial de los hechos es falsa" y que quienes movieron los hilos del atentado fueron "los servicios secretos occidentales junto con la inteligencia paquistaní y saudí".

Desde ese día, agregó Giulietto Chiesa, "millones de personas han quedado atónitas y desconcertadas, al punto de encontrar escandaloso que alguien cuestione la historia que nos han contado".

Todo esto gracias a una engañosa campaña de mistificaciones bendecida por el Tío Sam.

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*Foto de portada: Reelaboración gráfica de Paolo Bassani

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