Julian Assange cincuenta años contra
El fundador de WikiLeaks apagó 50 velas en prisión
 
¿Su culpa? Haber revelado secretos de los "dueños del mundo"
 
Por Karim El Sadi-8 de julio de 2021

Hay un versículo más o menos conocido en el evangelio de Juan que dice: "La verdad os hará libres" (8, 32). Esta es una frase de tal universalidad que incluso aquellos que no creen en Dios la aceptan fácilmente. Hoy en día hay algunos hombres y mujeres que, aunque distantes del ámbito religioso, han construido su propia identidad y calibre moral sobre este pasaje del Evangelio. Entre ellos se encuentra sin duda Julian Assange. Nacido el 3 de julio de 1971 en Townsville, Australia, Julian Assange es conocido en las noticias por ser el fundador de Wikileaks, periódico con el que reveló al mundo el verdadero rostro del imperialismo occidental contemporáneo. Crímenes de guerra, delitos, misterios, corrupción, acuerdos de cabildeos multimillonarios y think tanks privados. En definitiva, el misterio de los llamados países democráticos. Y por esta noble y arriesgada actividad de servicio público, hace unos días Assange apagó 50 velas tras las rejas de una prisión de máxima seguridad. Lejos de sus hijos, lejos de su pareja, lejos de su padre, lejos de la libertad. Si quisiéramos utilizar dos expresiones, podríamos decir que Assange ha vivido hasta ahora toda su existencia "en contra" y "dentro". "Contra" porque incluso de joven era un niño "contracorriente" y "contra tendencia". A diferencia de sus compañeros, a él no le gustaba socializar o salir por la noche, sino que prefería incursionar en las computadoras y los sistemas operativos. De hecho, desarrolló elevadas habilidades informáticas que explotó, "por diversión" (según los jueces que lo acusaron y lo procesaron apenas cumplió la mayoría de edad por delitos informáticos), para ingresar, por ejemplo, a los inviolables servidores del Estado como el Pentágono o la NASA. "Dentro", en cambio, porque -entre los problemas de su casa debido a la violencia del compañero de la madre, la ausencia del padre, los psicólogos, los numerosos traslados y la vida de semi fugitivo escondiéndose en los lugares más anónimos de Europa cuando hizo las primeras publicaciones como "hacker" (según lo definen los que lo odian) incluso antes de crear Wikileaks- siempre vivió en una jaula. Por no hablar de los 7 años (desde junio del 2012) en los que el periodista y programador informático se vio obligado a vivir, a riesgo de ser detenido por Scotland Yard, como refugiado político en la sede de la embajada ecuatoriana en Londres para escapar de los magistrados que lo acusaban falsamente de agresión sexual y conspiración (entre otras cosas, solo recientemente el testigo clave de la acusación admitió haber mentido). 7 años bajo vigilancia, como un preso. Con breves encuentros con su esposa, periodistas, abogados y diplomáticos, siempre monitoreados e interceptados, que fueron seguidos de otros 2 años, y quién sabe cuántos más seguirán, dentro de una prisión de máxima seguridad bajo tortura psicológica y en riesgo de suicidio esperando un juicio farsa de extradición a Estados Unidos, donde Assange enfrenta una sentencia de hasta 175 años de prisión por revelar secretos de Estado.

Paladín de la verdad

Ahora bien ¿cuál es el motivo de esta furia judicial (y mediática)? "Una de las mejores formas de obtener justicia es exponer la injusticia", dijo Assange en una videoconferencia en Austin, Texas, hace cuatro años. Y para "exponer la injusticia", Assange se refirió al principio maquiavélico de "el fin justifica los medios". ¿Y cuáles son estos medios? La respuesta es Wikileaks, la plataforma de información online fundada por el programador australiano en el 2006 que recibe y publica documentos gubernamentales o corporativos de fuentes y denunciantes anónimos. Un portal totalmente transparente al que puede acceder cualquier persona y desde cualquier lugar. Wikileaks ha permitido que cientos de millones de usuarios tengan acceso con un clic a información indecible sobre hechos consumados o sobre los principales sistemas de poder mundial: desde gobiernos, servicios de inteligencia y fuerzas armadas, hasta los principales bancos continentales. Una cantidad infinita de documentos con una veracidad indiscutible. Es de destacar la máxima publicación en 2010 de 400.000 archivos altamente secretos sobre la llamada "guerra al terror" estadounidense en Irak.

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Entre estos archivos extraídos directamente, gracias a la ayuda de la exmilitar estadounidense Chelsea Manning (Bradley Manning), quien también es perseguida por gobiernos, servicios y magistraturas, se encuentra el video "Asesinato colateral" que muestra a un helicóptero Apache estadounidense mientras masacra a civiles en Bagdad (incluidos dos fotógrafos de la agencia Reuters). Fue la publicación masiva más grande de archivos confidenciales del gobierno.

Los "dueños del mundo", como le gustaba llamarlos al desaparecido Giulietto Chiesa (un gran admirador de Assange), se encontraron desnudos por primera vez frente a 6 mil millones de personas. Esto se debe a que finalmente la población tuvo la oportunidad de poner sus manos en los esqueletos escondidos en los armarios de los poderosos de la Tierra a través de las imágenes, correos electrónicos y archivos difundidos por WikiLeaks. Documentos incuestionables desde el punto de vista de su autenticidad.

De esta manera Julian Assange provocó a la "Bestia", la misma que menciona el ex magistrado Carlo Palermo, y así se convirtió oficialmente en el enemigo número uno de Occidente por haber logrado, como nadie antes que él, acorralar contra la pared a todo un sistema de poder criminal basado en la desinformación y la impunidad. Para los "dueños del mundo", Julian Assange es culpable de decir la verdad. El mismo "crimen" por el que, si quisiéramos aventurar una comparación, se acusó a Giordano Bruno y se lo condenó a morir en la hoguera. Por esta razón, Assange fue víctima de lo que los expertos llaman una "campaña de difamación", o mejor dicho una campaña de difamación sibilina destinada a dañar o cuestionar la reputación de alguien.

Para deslegitimarlo, Assange fue acusado de violación, acoso y coerción ilegal contra dos mujeres en Suecia. Todos los cargos fueron archivados tras un temerario caso judicial en el que parece que las supuestas víctimas nunca habían denunciado a Assange, sino que fue la propia jefatura de policía la que llevó a cabo de forma independiente la maquinaria inquisitorial (falsificando incluso algunos documentos). Sin embargo, por ahora, las durísimas acusaciones de Estados Unidos se han mantenido en pie. 17 acusaciones por infracción a la ley de espionaje, una ley draconiana del año 1917, por lo tanto, de hace más de un siglo, diseñada para traidores que pasan información al enemigo. Un enemigo que en este caso se identifica en la población civil, dado que la culpa de Assange es la de haber difundido ese tipo de información a los ciudadanos, a la gente corriente. Lo que dice mucho sobre el concepto de democracia del establishment estadounidense.

"Golpear a uno para educar a cien"

Sin embargo, todavía hoy Estados Unidos quiere la cabeza del australiano y no renuncia a pedirle a las autoridades británicas, que en abril del 2019 ingresaron a la embajada para arrestarlo (un arresto, según el padre de Assange, "canjeado" por Ecuador con un maxi préstamo del FMI de 4.200 millones de dólares) y extraditarlo. El proceso de extradición, que se llevó a cabo a puertas cerradas y de forma cuestionable con, entre otras cosas, la imposibilidad de que Assange se comunicara fácilmente con sus abogados (en la sala del tribunal estaba encerrado en una vitrina), finalizó el pasado 4 de enero con el rechazo de la solicitud formulada por los fiscales estadounidenses.

"Una victoria", la llamaron los partidarios de la campaña contra la extradición. Pero de victoria hay muy poco, como explica Niels Melzer (el enviado de la ONU contra la tortura que averiguó las gravísimas condiciones carcelarias de Assange). "Si el juez inglés hubiera otorgado la extradición, como todos esperaban, la gente habría comenzado a hacer preguntas y los abogados habrían apelado la sentencia y llevado todos los argumentos al High Court (Tribunal Superior) inglés: los cargos por motivos políticos, el riesgo para la libertad de prensa y las violaciones a sus derechos humanos. El High Court es mucho más independiente que la primera instancia y los habría examinado a todos. En cambio, el juez confirmó todo lo que Estados Unidos quería, excepto la extradición, porque las condiciones de detención en Estados Unidos podrían llevar al suicidio y serían opresivas".

"Ahora Estados Unidos -dijo Melzer al diario Il Fatto Quotidiano- ha apelado y puede ofrecer garantías diplomáticas de que sus condiciones de detención no serán opresivas, por lo que se eliminaría la razón por la que se le negó la extradición. El Tribunal Superior podría decidir extraditarlo, o que, por fallas procesales, haya que empezar de nuevo y tardaría uno o dos años más".

En todo esto, siempre citando las muy acertadas palabras del experto de la ONU, desde el otro lado del océano "esperan que en algún momento Assange se suicide o tenga un colapso mental que requiera internación. Es una de las posibilidades, como lo es que se vuelva a empezar desde cero y entonces Estados Unidos presente una nueva acusación, con el fin de mantener a Julian Assange en un ciclo judicial permanente por otros cinco o diez años".

En definitiva, según Melzer, "lo quieren neutralizado y en silencio". Y esto "para castigarlo personalmente, pero sobre todo para asustar a todos y que nadie lance un nuevo WikiLeaks y revele secretos". Un castigo ejemplar, entonces.

"Golpear a uno para educar a cien", dijo Mao Tse Tung.

La libertad de Assange es crucial para todos

Es por eso que la situación de Julian Assange debe preocupar a todos, desde la población civil hasta los más altos dirigentes de gobierno, porque se trata del derecho inalienable a la libertad de información, amparado, al menos de palabra, por todas las Cartas Constitucionales de los países democráticos. Sin embargo, si, por ejemplo, tuviéramos que considerar el caso de Italia, la historia parecería no tener interés en las esferas del poder. Singular, por ejemplo, es el tema de la discusión de una moción para el reconocimiento de Assange como refugiado, promovida en la Cámara por el diputado Pino Cabras (Alternativa) que nuevamente fue postergada, prefiriéndose, por citar un ejemplo, la discusión sobre la herencia cultural italiana en los Estados Unidos, con especial referencia a la figura de Cristóbal Colón. El colmo de los colmos.

"El encarcelamiento y la libertad de Julian Assange son un tema crucial para nosotros", señaló Cabras en una publicación de Facebook. Y no solo eso. En los últimos meses el caso ha vuelto a un silencio mediático mortal, luego de haberse encendido durante unos días al momento de la sentencia a principios de año. Recordemos que Julian, si fuera extraditado a Estados Unidos, correría el riesgo de una sentencia de hasta 175 años de prisión (10 años por cada cargo).

Extraditarlo significaría condenarlo a muerte. Y con él, es preciso subrayarlo, condenar a muerte al periodismo libre, alma y sal de la democracia.

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*Foto de portada: © WFMU bajo licencia de CC BY-NC-SA 2.0

*Foto 2: Manifestación a favor de Assange © John Englart (Takver) bajo licencia de CC BY-SA 2.0

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