El ultraderechista Neftali Bennett asumió como primer ministro de Israel
 
12 años después, la política se alía para sacar al expremier del gobierno
 
Por Victoria Camboni-14 de junio de 2021

Asesino, y corrupto (está acusado como tal). Un político lleno de odio ancestral y envenenado de racismo. Dejó el primer puesto del Estado, un hombre de ultraderecha que marcó a Israel por 12 años consecutivos a fuerza de muerte, violencia, imposición, disgregación, pobreza y marginación. Finalmente se tuvieron que juntar ocho partidos para sacar al líder de las matanzas de miles de niñas, niños, mujeres, adultos y ancianos, del sufrido y usurpado pueblo de Palestina, que no solo es sistemáticamente atacado por mentes siniestras y manos ejecutoras armadas hasta la sangre, sino que lentamente se lo intenta desaparecer, aniquilar, destruir, en todos los sentidos posibles.

Se fue Benjamin Netanyahu del poder, luego de dos años y cuatro elecciones que costó la renovación del gabinete de Gobierno en Israel. Luego de una reñida contienda en el Parlamento, Naftali Bennett, que lidera la alianza de la oposición al Likud -el partido más votado en elecciones anteriores, al que pertenece el ahora exmandatario- lideró la votación por un estrecho margen, convirtiéndose en el nuevo primer ministro de Israel. Por 60 votos contra 59, y una abstención, la alianza anti Netanyahu se posicionó como la que se hará cargo del país durante los próximos años. La tensión se hizo sentir con gritos e insultos de los partidarios del ministro saliente, que interrumpían el discurso de Bennett y que lograron que el periodista Yair Lapid, el compañero de fórmula de gobierno, no pudiera hablar.

Los parlamentarios del Sionismo Religioso fueron expulsados de la asunción del nuevo gobierno, luego de protestar y acusar a Bennett de ser un “ladrón de votos”. En las calles, la población se mostró dividida entre quienes festejaban el nuevo gobierno de coalición, y cientos de ultrarreligiosos, partidarios extremistas del gobierno saliente, quienes se concentraron en el Muro de los Lamentos para rezar en contra de Bennett y Lapid.

En su discurso, el flamante premier tomó rápida posición pública en contra de Irán y su escalada para obtener la bomba atómica, y agradeció además a Estados Unidos a través del mandatario actual, Joe Biden, quien fue el primero en saludarlo por su nueva investidura. También amenazó a Hamas, advirtiendo a sus líderes que no intenten ponerlo a prueba atacando con cohetes, marcando una postura poco pacificadora frente a Palestina. Pero su discurso fuerte apuntó a la población árabe en territorios israelíes, que a lo largo de los años ha sido discriminada y tratada con menos derechos que a los judíos.

La coalición que ahora se ubicó en el gobierno, incluye partidos de lo más diversos. Lapid es de centro-derecha, mientras que Bennett, líder de Yamina, es ultraderechista. El autodenominado “gobierno de cambio” se formó con el principal cometido de quitar a Netanyahu del poder en el país medioriental. A pesar de las divergencias políticas en la interna de la coalición de Gobierno, los próximos años serán liderados por ambos políticos; los dos primeros por Bennett, y los dos siguientes por Lapid.

El gabinete de Bennett se conforma por 27 ministros, de los cuales 9 son mujeres. Para este primer período, Lapid será ministro de Asuntos Exteriores. Además, vuelve al Gobierno para liderar el Ministerio de Finanzas una figura emblemática del Likud y exaliado de Netanyahu, Avigdor Lieberman, aquel político tan recordado por amenazar con hacer explotar una bomba atómica en Gaza, en 2009. En Economía, estará Orna Barvibai, del partido Yesh Atid (fundado por Lapid). Por su parte, el ministerio de Defensa seguirá liderado por Benny Gantz, del partido Azul y Blanco, y del ministerio del Interior se hará cargo Ayelet Shaked, segunda líder del Yamina, detrás de Bennett. Otra novedad es el cierre de tres ministerios.

Es necesario seguir de cerca al nuevo gobierno de Israel para tratar de entender hacia dónde va a dirigir sus políticas. Un gobierno conformado por ocho partidos, incluido un partido árabe. Pero los líderes son Bennett y Lapid, quien tiene visiones opuestas sobre temas como el matrimonio entre personas de ambos sexos -Bennett es religioso, y Lapid es laico-, servicio militar obligatorio para estudiantes a Rabinos, y la “solución de paz” frente a la disputa que le ha planteado a Palestina por las tierras que le quitó, donde Lapid se manifiesta a favor de la existencia de dos estados (el palestino y el israelí), contra el intervencionismo de Bennet, que se adhiere a la idea de anexar Cisjordania a los territorios israelíes.

No conforme con el resultado electoral, Netanyahu, quien se encuentra bajo la lupa de la Justicia por corrupción, aseguró que hará todo lo posible por “derrocar a este peligroso gobierno izquierdista”, acusando a Bennett de llevar adelante “el mayor fraude desde la historia de Israel”. Además, señaló que la alianza de gobierno “no tiene una posición global. No tiene la credibilidad. No tiene la competencia ni tiene el respaldo de su propio gobierno, de lo dividido que está”, lo que llevaría a dar una imagen muy debilitada de Israel frente a la comunidad internacional.

“Si estamos destinados a estar en la oposición, lo haremos con la cabeza en alto hasta que derroquemos a este peligroso gobierno”, sostuvo el exmandatario ultraderechista, quien dejó en Israel a un 25% de la población en la pobreza, según un informe sobre la economía en Israel del Banco Santander**.

A pesar de los resultados que dan por tierra el liderazgo del líder del Likud frente al gobierno, su partido obtuvo la mayoría de votos en marzo de este año, en los últimos comicios antes de acordar la elección de primer ministro. Y aunque la Justicia lo investiga por fraude, abuso de confianza y sobornos, Netanyahu sigue siendo una personalidad influyente para el pueblo israelí. De todas formas, las mayorías en el Parlamento brillan por su ausencia, y la formación legislativa se encuentra muy fragmentada, con posturas diversas y una falta de acuerdo más allá de la urgencia que llevó a conformar una coalición para quitar del poder al ahora expremier.

El panorama es tenebroso. Un líder acusado de corrupción como fue Benjamin Netanyahu, mantuvo políticas de extrema derecha no solo con sus enemigos (Palestina como el principal, también con Irán) sino con la propia población, a la que sumió en la pobreza, a la que se ocupó de discriminar por creencias (los árabes no tienen los mismos derechos que los judíos).

A pesar de saltarse las convenciones internacionales que le prohibían seguir usurpando territorios palestinos; a pesar de la escalada de violencia totalmente monstruosa contra civiles palestinos y mostrando su poderío bélico; a pesar de generar enormes ganancias con el mercado militar, el desarrollo tecnológico y venta de armas como una de sus principales fuentes de ganancias, y a pesar de que el personaje que llevó adelante cada una de esas políticas haya dejado el cargo ejecutivo más importante que puede ostentar un ciudadano en el Estado de Israel, las políticas exteriores se prevé seguirán siendo violentas.

La divergencia de posturas que comparten bancada en el Gobierno, y que tienen por cometido llevar adelante la dirección de un país, lejos de haber aprendido del sufrimiento, parecen partir de una posición similar en muchos aspectos a la impronta del Gobierno que se va.

Esperamos -sin esperanzas, pero con la obligación ética de hacerlo- que las próximas acciones nos demuestren lo contrario.

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*Foto de portada: www.elconfidencial.com

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