Por Jean Georges Almendras-13 de junio de 2021

Dejó de ser un prófugo de la justicia chilena el represor chileno Walter Klug Rivera, que estaba siendo buscado intensamente por las autoridades, y que había sido condenado por delitos cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Se encontraba prófugo (desde hace no pocos días) en territorio argentino, de ahí que personal de INTERPOL y de la Policía Federal, lo venía (literalmente) pisando los talones. Finalmente, a este represor chileno se le dio la voz de alto en la calle Moreno, frente al 3000, de la ciudad de Buenos Aires.

Klug Rivera, coronel retirado, de 69 años, caminaba por la vereda y en determinado momento, cuatro hombres (funcionarios de la Policía Federal) que lo aguardaban a escasos metros, en apariencia ajenos a su presencia, sorpresivamente lo abordaron (le interceptaron el paso) y en cuestión de segundos, tras preguntarle su identidad e identificarse como policías lo detuvieron, siendo derivado después a una dependencia policial, dándose cuenta de la captura al juez federal Julián Ercolini. El procedimiento de captura se realizó en horas del mediodía de este sábado 12 de junio, trascendiendo que Klug Rivera, en los días previos tuvo un intento (fallido, claramente) de salir del país.

Según informaciones procedentes de Argentina, este lunes 14 de junio será conducido ante el magistrado iniciándose de inmediato el trámite para extraditarlo a Chile. Se trata de un sujeto, que, habiendo sido detenido en Chile, logro sortear fronteras y llegar a la Argentina, al mismo tiempo que la ministra extraordinaria de causas de violaciones a los Derechos Humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza, dictó de inmediato una orden de captura internacional a la INTERPOL.

Repasando la historia, que ya dimos en un artículo publicado recientemente, podemos decir que tras la primera fuga, y transcurridos algunos años, Klug Rivera fue extraditado a principios del 2020 por el secuestro del alumno de la Universidad de Concepción , Luis Cornejo Fernández, en 1973. No obstante, esta causa fue desestimada por la Justicia a finales del ano pasado. De todas maneras, la causa por el caso Endesa aún no había sido resuelta, hasta que sobrevino su sentencia (por su participación en el secuestro, homicidio y desaparición forzada de 23 trabajadores, de las centrales hidroeléctricas de El Toro y El Abanico, en el sector cordillerano cerca de la región de Los Ángeles) cuando precisamente se encontraba fuera del país. Es decir, Klug Rivera se hallaba escondido en Alemania, en una pequeña ciudad, a orillas del río Rhin, a unos 100 kilómetros al sur de Colonia. En el verano del pasado 2019, en un viaje a Italia las autoridades lo detuvieron, dado que se hallaba prófugo. A comienzos del 2020 fue extraditado a Chile y desde allí se fugó una vez más, internándose en territorio argentino como prófugo de la Justicia chilena. Pero sus días como tal se terminaron este sábado 12 de junio, cuando fue detenido en Buenos Aires.

Según prisioneros, Walter Klug Rivera era “particularmente brutal y sádico”

¿Qué perfil tuvo él como represor? El periodismo argentino y chileno han consignado que una vez concretado el golpe de Estado en setiembre 1973, el militar (por aquel entonces, un teniente de 23 años) organizó un campo de detención y tortura, ubicado en las caballerizas del Regimiento de Infantería Nro. 3 de Montana, Los Ángeles. Allí fueron sometidos a tormentos indescriptibles centenares de prisioneros, siendo la mayoría asesinados. Una información proporcionada por organismos de derechos humanos apunta que Klug Rivera visitaba cuarteles y se llevaba prisioneros al Regimiento, estimándose que unas cien personas (bajo esta modalidad) desaparecieron en la región conocida como Biobío.

Según prisioneros que lograron sobrevivir al campamento de Klug Rivera, dejaron bien en claro en testimonios aportados al periodismo y a la justicia que él era “particularmente brutal y sádico”. Por su parte, tal lo consignado por Página/12, la abogada de derechos humanos Patricia Parra (que representa a familiares de desaparecidos) puntualizó que este represor junto al comandante del Regimiento, Alfredo Rehren Pulido, y al jefe del Servicio de Inteligencia Militar, Patricio Martínez Moena, eran los principales responsables de las torturas y los asesinatos que allí se cometieron.

Como dato complementario del perfil de este sujeto, cabe consignar que luego de la dictadura, pudo continuar su carrera militar, ascendiendo al grado de coronel y solo recién en octubre de 2014 (tras su jubilación) la Corte Suprema de Chile lo condenó a diez años y un día de prisión en el denominado caso Endesa.

El horror de la impunidad a favor de estos elementos, que resultan repulsivos, por naturaleza, está siempre presente, alentando fugas, sorteando extradiciones y haciendo de la justicia un valor absoluto inalcanzable. Que un sujeto como Walter Klug Rivera, siendo condenado, haya logrado evadir la prisión, al punto de caminar por las calles de Alemania y de Buenos Aires, como un ciudadano más, realmente nos pone de bruces con las democracias light, que se hacen carne en muchos países de América Latina, con la complicidad de la cultura de la impunidad.

Su historia de fugas y de artimañas para ponerse a salvo de las rejas da pavor e indigna. Sus comportamientos bestiales -de Klug Rivera- en los días del poder dictatorial, verdaderamente no deberían ser motivo de consideración alguna sobre su persona -en democracia- a excepción de que como máximo se le concedan las elementales garantías para el debido proceso.

Estamos ante un hombre que amparado en el uniforme y en sus “ideas” cruzó (como otros más de su laya) el umbral de una puerta que lo colocaba en la condición de ser humano, para transformarse en una bestia (en un instrumento) del terror y de la muerte.

Sus manos tintas de sangre y su calidad de seres humanos devoradas por sus ambiciones, y sus desviaciones, hacen que pidamos para ellos, que todo el peso de la ley les sea aplicado. Y que quede claro, que no se trata de venganza, sino de justicia.

Pura justicia, para nosotros. Y para ellos, el castigo. Puro castigo, y no venganza, como ellos dicen, cuando se los señala con el dedo.

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*Foto de portada: www.emol.com

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