No investigar a Israel por posibles crímenes de guerra cometidos contra el pueblo palestino
 
Por Jean Georges Almendras-28 de mayo de 2021

Inconcebible para unos y razonable para otros. Incoherente para unos, coherente para otros. Improcendente para unos, más que procedente para otros. Insensible para unos e insensible para otros.

Los calificativos sobrarían, para un lado o para el otro. ¿Respecto a qué?

Respecto a que en las últimas horas el Consejo de Derechos Humanos de la ONU votó abrir una investigación sobre posibles abusos de parte de Israel durante la escalada bélica con Hamas; y el texto fue aprobado por 24 de los 47 miembros del Consejo; y nueve se opusieron (rotundamente) mientras que 14 optaron por la abstención.

¿Y Uruguay? Pues integró la lista de los países que se opusieron (se pronunciaron en contra) de abrir una investigación, junto a países como Austria, Bulgaria, Camerún, República Checa, Alemania, Malawi, Islas Marshall y Reino Unido. Entre los países que apoyaron la investigación a Israel -que también abarca el accionar de Hamas- están Argentina, China, Cuba, Libia, México, Rusia y Venezuela. Entre los que se abstuvieron están Brasil, Dinamarca, Francia, Italia, Japón y Holanda.

La decisión de mi país sobre este tema no me representa, porque va de lleno en contra de mis valores, que por lo que veo no armonizan con los valores del gobierno uruguayo, en cuyo vértice se encuentra el presidente electo constitucionalmente Luis Lacalle Pou.

Yo no recuerdo haberme manifestado en favor de que haya un genocidio contra el pueblo palestino; ni tampoco de haberme expresado en favor del criminal autoritarismo del primer ministro Benjamin Netanyahu; ni muchos menos, me viene a la mente que yo estuviese encubriendo a una organización terrorista que apunta deliberadamente a civiles de Gaza en escudos humanos, como afirma Netanyahu, refiriéndose a quienes votaron a favor de la investigación, dentro de un contexto de concordancia con las palabras de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, cuyas afirmaciones se inscriben en la línea de la investigación, en los siguientes términos: “Si resulta que el impacto sufrido por civiles y bienes materiales ha sido discriminado y desproporcionado, este ataque podría constituir un crimen de guerra”. Y también agregó: “Pese a las afirmaciones de Israel, que asegura que numerosos de estos edificios (con civiles) acogían a grupos armados o eran usados con fines militares, no hemos visto pruebas al respecto”.

Viendo en el horizonte una investigación de gran amplitud en torno al conflicto (para mí en torno al genocidio), Netanyahu no tuvo reparo alguno en considerar que aprobarla “es una decisión vergonzosa que demuestra una vez más la clara obsesión antiisraelí del Consejo de Derechos Humanos de la ONU”.

Procuro cerrar un ojo, por un segundo, sobre la decisión de Uruguay de no apoyar la investigación y no logro, ni siquiera así, hallarle coherencia al pronunciamiento. Porque no tiene coherencia, ni siquiera en lo más mínimo,y porque refleja que de buenas a primeras el gobierno uruguayo (criterio adoptado por la administración Lacalle Pou) da por descontado que todo el conflicto -con los saldos de muerte y destrucción, que ya han dado la vuelta al mundo- habría transcurrido sobre andariveles de la más absoluta normalidad, siendo ajenos totalmente a todo exceso.

Lacalle está convencido: primero, de que es mejor no confrontar al Estado de Israel, y segundo, de que no hubo crímenes de guerra, pasándose por el jopo la remota posibilidad de que existieron anomalías, cerrando puertas para que se no eche aguas claras para conocer la verdad.

La investigación hace a la verdad; hace, a procurar acercarse a ella. Y negarse a una investigación hace más bien a desestimarla y alejarse de ella, bajo inevitable riesgo de hacerse cómplice de los crímenes de guerra que se estarían viendo en el horizonte, y que, si bien hasta el momento no han sido probados, están bajo la lupa de todos aquellos que, por una sola cuestión de ética, dieron su luz verde para que la verdad salga a flote, especialmente cuando se trata de un “conflicto” de 73 años de duración, período en el que la muerte y la destrucción de ciudades ha sido el sello más controvertido y mediático.

Lacalle, con su decisión de no apoyar las investigaciones, optó por parámetros preocupantes, y uno en particular: dar por hecho que el Estado de Israel sigue una línea correcta, y hasta se diría “pacífica” (como se afirma desde esos territorios donde el sionismo-nazi-facista predomina a raja tabla) a la hora de encarar las diferencias con los palestinos; y es ponerse codo a codo con el Estado sionista, siempre incurso en una ilegalidad de vieja data. La ilegalidad de no reconocer las decisiones de la ONU, respecto a las tierras palestinas. Y no obedecer a la ONU significó para Israel avasallar y someter a un pueblo, sin contemplaciones, con el agravante criminal de no ser transparentes con el pueblo judío ni con la comunidad internacional, a la cual, hablando de los hechos que se suceden en esa región, se miente y se distorsiona, con cinismo y descaro increíbles. Y el Uruguay, con esta nada insignificante decisión de tibieza y de debilidad, está codo a codo (públicamente y dentro del contexto internacional) con el Estado de Israel.

Que el gobierno de mi país haya optado por mirar a un costado al barbarismo sionista (porque en realidad eso ha hecho, por más que se argumente en contrario, con palabras bonitas) nosotros no nos podemos permitir de guardar silencio. Solo nos podemos permitir denunciarlo a todos los vientos.

Me da vergüenza que mi país, con esa decisión, haya entrado en el juego de apoyar la cultura de la impunidad que desde el Estado de Israel se alimenta y se protege, con rigor sacrosanto.

Me da vergüenza que el gobierno de mi país se siga condicionando a las exigencias de un gobierno criminal y genocida, por los intereses ya sabidos, que se relacionan estrechamente con los Estados Unidos de América, y los intereses económicos.

Me da vergüenza escribir en estos términos, atentando (solo por hacerlo) por segunda vez en contra de las vidas de palestinos en la Franja de Gaza, en Cisjordania, o en los territorios ocupados por los colonos y los soldados israelíes.

Un gobierno que no apoya una investigación de tal magnitud, además de sumarse a las ideas y a las decisiones del país investigado, se da la mano con la criminalidad.

Luis Lacalle Pou, atravesó una línea. Una línea más de las tantas que ya ha atravesado, al servicio del autoritarismo fuera (y dentro) de sus fronteras, lo que no lo exime de caminar sobre el pretil que históricamente lo catapultaría a estar con aquellos que, frente a tanta muerte (y genocidio), no hacen otra cosa que, por el compromiso con la impunidad, se entintan sus manos de sangre.

Pero no será con las mías, porque su decisión no me representa, como estoy seguro (a ojos vendados) tampoco representa a los que estamos en esta Antimafia, junto a los jóvenes del movimiento Our Voice.

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*Foto de portada: www.tramitesub.guy.com

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