Testimonio de una sobreviviente

Por Jean Georges Almendras y Andrés Volpe-14 de abril de 2021

La prensa argentina, en particular la catamarqueña, se hizo eco de la noticia, con especial interés y destaque. No es para menos, porque será la primera vez que en la provincia de Catamarca se iniciará un proceso judicial contra un sacerdote, literalmente, por el delito de abuso sexual. Un repudiable acto que tuvo como víctima a una jovencita de 16 años, en el 2015, siendo el imputado un cura identificado como Juan de Dios Gutiérrez. No hay diario local que ya no lo haya nombrado; y no hay catamarqueño que no esté conmocionado al saber lo que le tocó vivir a la joven a merced de un religioso de la comunidad, y que además era conocido por todos en la provincia. Un sacerdote que viene esquivando a la justicia desde hace seis años, gracias a las artimanas de su defensa, que entre otras cosas logró que se fue dilatando el inicio del juicio.

Pero finalmente llegó el momento de la verdad, porque las instalaciones de la Cámara en lo Criminal Penal de Tercera Nominación de Catamarca serán el escenario del juicio, siendo este el primer debate -bajo la modalidad virtual- de abusos de neto corte eclesiástico, en la provincia.

En la primera jornada, se ha previsto presten declaración la víctima, su hermana y la madre de ambas; también está previsto que el mismo imputado preste declaración, tomando en cuenta que no declaró, ni en la etapa indagatoria ni con posterioridad. De acuerdo a las informaciones que se brindaron en las horas previas al inicio del juicio los jueces designados son Patricia Olmi, Marcelo Soria y Rolando Palacios, por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por ser un ministro de culto”, una imputación que sugiere una pena que puede ir desde los 8 a los 20 años de prisión.

Debemos consignar, historiando este caso, que el sacerdote solo cumplió 35 días de prisión preventiva y salió libre tras pagar una caución de 50 mil pesos, y además nunca prestó declaración en el estricto marco de la causa. Trascendió que el sacerdote tuvo oportunidad de declarar en el momento que se modificó su primera imputación, por “abuso sexual gravemente ultrajante” y “corrupción de menores”, y en ocasión que cambió de abogado defensor. Pero, de hecho, la postura del sacerdote fue siempre la de no declarar, es decir de guardar silencio. Por ese motivo lo que vaya a acontecer en el juicio que se inicia, será de particular importancia para la causa. Y sin perjuicio de ello, lo que llamó la atención es que el sacerdote decidió dar declaraciones a los medios de comunicación antes de comparecer ante los jueces.

Acompanado por su flamante abogado defensor, el doctor Gustavo Martínez Azar, el sacerdote Juan de Dios Gutiérrez, en declaraciones al periodismo afirmó tener una necesidad (en hablar con la prensa) y que su delito “fue enamorarse”.

El posicionamiento del imputado y preferentemente sus manifestaciones mediáticas desataron polvaredas en la provincia, en especial en el seno de los colectivos feministas. Por ejemplo, voceras oficiales de la organización de comunicadoras feministas Las Eulalias, puntualizaron que se violaron derechos fundamentales de la sobreviviente, siendo que al momento de cometerse los hechos era menor de edad, lo que la llevó inevitablemente a revictimizarla.

En un reciente artículo de Catamarca 12 se consignó que el sacerdote Gutiérrez fue denunciado ante las autoridades y la Justicia por la madre de la sobreviviente, en fecha 23 de octubre de 2015, luego de que la menor se hubiese descompensado fruto del padecimiento de angustias y depresiones causadas por las recurrentes manipulaciones del religioso. Al periodismo de Catamarca la joven declaró que para ella fue un alivio cuando su familia pudo conocer finalmente a todo lo que fue obligada a hacer por el sacerdote, amparándose, de acuerdo al testimonio de la joven, su condición de “hombre de Dios”.

En el marco de darse a conocer todos los detalles de este caso que impactó a la sociedad de Catamarca, fue posible saber que las pericias practicadas al imputado Gutiérrez por parte de integrantes del Cuerpo Interdisciplinario Forense (CIF) fueron determinantes, estableciéndose que el religioso tiene “un trastorno de la personalidad psicopático, donde se evidencia un fuerte narcisismo y capacidad de manipulación”. A propósito de este aspecto, los peritos constataron que más de 500 mensajes que él le enviaba a través de la red social de Facebook, como así también cartas y testimonios constituirían algunas de las pruebas que lo sindican como autor del abuso sexual agravado. 

En el marco de los seis años que transcurrieron, sobrado en dilaciones, apelaciones y presentaciones de recursos que fueron rechazados en cada instancia, el primer asesor letrado del sacerdote pretendió renunciar y distanciarse del caso, pero más tarde admitió (públicamente) que al recibir una llamada telefónica del obispo Luis Urbanc, debió cambiar de opinión.

Por aquellos días el abogado relató: “Me pidió en nombre de Dios que continúe en la defensa y que agote todas las instancias para evitar el juicio, porque he sido bendecido para lograr justicia con el sacerdote Juan de Dios Gutiérrez ante el ataque artero y malicioso en contra de la Iglesia y de quien represento”.

“Las cosas que leí eran aberrantes, las amenazas, la manipulación, las mentiras”

“Recuerdo que casi me volví loca por el dolor. Yo venía en alerta y estaba atenta a todo porque la veía mal, porque sabía que algo le estaba sucediendo, pero Agustina se alejaba cada vez más. Ese día que la internaron, volví a casa a buscar ropa para llevarle. Su computadora estaba abierta y miré. Las cosas que leí eran aberrantes, las amenazas, la manipulación, las mentiras. Empecé a buscar en su habitación y ahí encontré las cartas. No sabía qué hacer con todo eso”

Sentidas palabras de Alejandra Carrizo, mamá de Agustina Moreno quien ni en el más remoto de los casos se hubiera imaginado el infierno en el que entró, infierno generado por una figura “patriarcal” y también por su comunidad. Por primera vez habló la sobreviviente del sacerdote Juan de Dios Gutiérrez, cuyo juicio da inicio hoy mismo, mientras sale a la luz pública este escrito. 

El 23 de octubre de 2015 Agustina no pudo continuar más con su vida. Ese día convulsionó camino al aula después de un recreo y tuvo que ser internada. Fue el día en que su mamá, quien venía preguntándose por qué desde hacía siete meses los ojos de su hija desaparecían en la nada sin razón aparente, descubrió lo que pasaba. Ese día encontró más de 5.000 mensajes en su Facebook. Lo que leyó fue brutal y tenía culpable: Juan de Dios Gutiérrez, quien era el sacerdote responsable del grupo juvenil de la Parroquia Nuestra Señora de Belén a la que concurría su hija.

El testimonio se desprende de una entrevista realizada por el periódico Catamarca/12 a Alejandra y sus tres hijas; Agustina y Flor que son mellizas de 22 años y Daniela de 23.

Agustina contó que primero llamó a su hermana y luego al padre de las chicas, de quien se separó hace muchos años, pero vivía en la ciudad de Belén, al igual que ellas en aquel momento. No podía pensar bien, sin embargo, levantó la computadora, agarró las cartas y se dirigió a la Fiscalía departamental para denunciar.

Gutiérrez, que se había enterado del hecho de que Agustina estaba internada, fue al hospital. En ese momento fue interceptado por el padre que sujetándolo por el cuello le dijo “Te vas de acá” y el cura salió corriendo. Así Gutiérrez llegó hasta la comisaría a decir que se “ponía a disposición porque lo estaban acusando de algo que no había hecho”. Los policías lo miraron azorados porque no habían tomado contacto aún con el caso. Alejandra recién le estaba contando lo sucedido al fiscal jurisdiccional Jorge Alberto Flores.

Todo empieza desde que Agustina lo conoció, durante los festejos por la fiesta de la Virgen del Belén, un 20 de diciembre de 2014. Ese mismo día a Flor la invitaron a participar del grupo de la Iglesia y Agustina también quiso ir. Ahí se enteraron que era Gutiérrez, que hacía un año se había ordenado como sacerdote, quien presidiría el grupo.

Controvertido juicio en Catamarca 2

Al principio todo parecía normal. Hasta que Gutiérrez comenzó a mostrar preferencia por ella. Eran 40 los chicos que conformaban el grupo, incluyendo a su hermana melliza. Sin embargo, él siempre buscaba tenerla a su lado. En algún momento, para ella fue natural decirle “pa”, que era de la única forma en que lo veía y él le decía “mija”. Ese día también le aseguró que él era una reencarnación de Dios en la tierra. Ella confió por devoción.

Cuando ella cumpliría 16 años, en la invitó a la sala parroquial y le regaló un perfume, la abrazó y ella se sintió incómoda porque no parecía un abrazo normal de un padre a una hija, sin embargo, él se encargaba de hacerle sentir que todo eso estaba bien.

“Voy a ser tu papá, pero tenemos que estar ocultos hasta que los demás lo empiecen a aceptar”, dijo Gutiérrez ante el hecho evidente del trato preferencial hacia la joven, motivo por el cual los demás chicos del grupo empezaron a sentirse incómodos por esa preferencia. Pidieron una reunión en la que acusaron a las hermanas. Flor se sintió muy mal y decidió irse, a Agustina, Gutiérrez le señaló que sin ella el grupo se acababa y por eso continuó.

Agustina empezó a mostrar los primeros signos del abuso, comenzó a desmayarse, bajó las notas en la escuela. Empezó a pelearse con sus hermanas y su madre. Un día le escribió una carta a su madre donde la culpaba, la insultaba y le decía mil cosas dolorosas.

Alejandra entendió el día en que leyó los mensajes en el Facebook de su hija, que la carta la había escrito el propio sacerdote para que Agustina se la diera, pero antes le había dicho: “Llegó el momento de taladrarle la cabeza a tu mamá”. E insistía: “sos huérfana de ambos padres”, “tus padres son malos”, “yo soy Dios en la tierra y soy tu padre”

Gutiérrez también le decía lo que debía contarle a la psicóloga porque "nadie podía saber que ellos eran padre e hija y algún día iban a entenderlo todos".

El “beso trino” fue su primer abuso carnal. Así, le enseñó ese “beso” que a Agustina la hacía sentirse muy mal. Le mintió que era de la iglesia y que consistía en besar la frente, la nariz y luego la boca en el nombre del “padre, del hijo y del espíritu santo”. Una vez, en un viaje, le mostró sus calzoncillos y le pidió que ella hiciera lo mismo, pero la adolescente se negó.

Cuando llegó el momento de la violación, ese día le dijo que se vistiera con ropa que nunca usaría. Él concurrió sin su sotana. Sabía que sus hermanas estarían en un festejo del pueblo y que su mamá había viajado por trabajo a Córdoba. La llevó lejos en su moto, por la ruta que a su vez era el camino a un sitio de adoración católico. Debajo de un puente, le dijo que la iba a preparar "como hacían los padres", para cuando ella quisiera tener novio.

Agustina después de aquel momento empeoró y se sentía mal, con náuseas, ansiosa, angustiada y muy triste. Él le mandaba mensajes y ella no podía responderlos. Insistió para que fuera a misa, le explicaba que así estaría ella mejor, aunque le impedía que se confiese.

“Recuerdo que lo vi levantando la hostia para darle a los demás y ahí entendí que todo estaba mal. Salí de la misa corriendo y no volví más ni al grupo”, contó Agustina.

Luego de la denuncia, el 23 de octubre de 2015, la vida de la familia se convirtió en un infierno.

Gutiérrez empezó a amenazar a Agustina para que borrara todo lo que los “unía”. “Tengo más poder que cualquiera. Con una sola llamada puedo hacer desaparecer a todos”, le decía. 

El pueblo, lejos de apoyar a su familia, comenzó a hacer marchas en apoyo al sacerdote. Eran masivas y siempre detrás de una Virgen que los guiaba.

Alejandra y sus hijas lograron hacer sólo tres. En la primera pidieron el encarcelamiento del sacerdote, quien fue imputado recién una semana después de la denuncia. La segunda coincidió con otra manifestación religiosa y poco pudieron hacer, porque nadie quiso acercarse a acompañarlas.

“Yo no podía ni hacer mi vida normal”, contó Alejandra, “La pasé mal con el grupo de mujeres de la Legión de María. Me escupían cuando me veían en el supermercado o en la calle. Esto que parece increíble me pasó muchas veces” y agregó: “recuerdo que, para la época de Reyes, pasaron como cada año por todos los barrios con una imagen de la Virgen y los Reyes con su disfraz. Cuando pasaron por casa yo salí y se me grabó a fuego en la memoria el cantito 'María va pasando por acá y cuando pasa todo se transforma…' y en medio se escuchaba que nos decían putas, hijas de puta”.

La discriminación y violencia que vivieron las hermanas en la escuela fue mucho peor. Flor contó que sólo dos de los 12 profesores que tenían las acompañaron y contuvieron. “Había una profesora que era re católica y a propósito nos daba películas y cosas de curas o de la Iglesia para analizar. Recuerdo que Agus se ponía re mal”.

El bulling fue constante, hasta el punto que la preceptora, para “protegerlas” les hizo firmar un acta para que las dos ingresaran sin hacer fila al aula y no salían a los recreos para evitar que las ataquen. En los baños se leían barbaridades irreproducibles sobre Agustina, e incluso llegaron a golpearlas.

“Ellas no tuvieron ni buzo, ni cena de egresados. Las discriminaron completamente. Tuvieron que vivir encerradas”, agregó Alejandra.

Tres meses después de vivir bajo esta presión social, Agustina se hundió en la depresión e intentó suicidarse. Alejandra, con 25 años de servicios como maestra de grado, tuvo que cortar su carrera y rechazar un cargo directivo que le tocaba. La diferencia monetaria, según estimó, superaba los 30 mil pesos mensuales.

“Tenemos una sociedad en contra. Si el tipo hubiera sido cualquiera sería diferente, pero nos metimos con el peor de los poderes, el de la Iglesia Católica”, aseguró. En su momento el obispo Luis Urbanc pidió evitar el juicio.

Juan de Dios Gutiérrez fue imputado por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por ser ministro de culto. Sólo estuvo 35 días detenido y fue liberado tras pagar una caución de 50 mil pesos. Ese día, a la salida de la comisaría en donde estuvo, lo esperó una multitud y él salió sonriente y con los brazos en alto.

Las pericias practicadas por el Cuerpo Interdisciplinario Forense (CIF) a Gutiérrez fueron determinantes. Señalan que el sacerdote tiene un “trastorno de la personalidad psicopático, en donde se evidenciaría un fuerte narcisismo y capacidad de manipulación”.

Tras varias apelaciones e intentos dilatorios (años de demora), la causa finalmente será debatida bajo la modalidad virtual el 14 de abril en la Cámara en lo Criminal de Tercera Nominación. Hubo una fecha previa, pero se suspendió por un contagio de covid-19 de una de las partes.

Luis Urbanc nunca quiso hablar con la prensa sobre el caso. Incluso le sugirió a Alejandra que tampoco lo haga porque “los periodistas son unos payasos”. Pero al hacerse público el caso y estando las tres adolescentes solas, el sacerdote Julio Del Pino golpeó la puerta de la casa de las mujeres en Belén y les entregó dos esquelas; una dirigida a Agustina y otra a su madre, en las que el obispo le pedía que no crea en la justicia de los hombres. A Flor, que lo atendió, le dijo que “más le vale que no mientan porque les caería encima el castigo divino”.

El acompañamiento de su familia y de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos, que se comunicaron con ellas desde el primer momento, les permitió no sólo tener ayuda grupal y saber que no estaba sola, sino también poder contar con profesionales psicólogos que la acompañan diariamente. También tuvo la oportunidad de mejorar tras permanecer internada en una clínica exclusiva para casos como el de ella.

Agustina, intentó rehacer su vida, comenzó a estudiar arte en Catamarca. Y pudo plasmar en sus obras, sus sentimientos, vivencias, su modo de canalizar esa angustia contenida, un proceso justo, que vivió como sobreviviente.

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*Foto de portada: www.lavoz.com / Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina

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