Pensamiento vivo de la Fiscal General del Tribunal con sede en La Haya, antes de dejar su cargo

Para Fatou Bensouda urge “avanzar sobre crímenes sexuales contra mujeres y niños”

En la mira: crímenes cometidos por soldados de EE.UU. en Afganistán, y de Israel, en Palestina

Por Jean Georges Almendras-11 de abril de 2021

Literalmente, han sido devoradas miles y miles de vidas, en años y años de dictaduras y autoritarismos militares y civiles, diseminados por todo el planeta. Vidas humanas destruídas por los terrorismos de Estado y a tan monstruoso rédito histórico, el saldo de la impunidad, no ha sido materia pendiente, sino todo lo contrario. Ha sido materia presente con el sello del reclamo de justicia constante, recurrente e insistente, en los diferentes territorios donde ríos de sangre corrieron, amontonándose cadáveres o abultadas cifras de desaparecidos. En medio de todo ese circo de terror y genocidio (mayormente sistemático y solapado en ocasiones), donde la tragedia es la principal protagonista, las instituciones que administran justicia han cobrado vigencia y notoriedad, bien ya por su excelente tarea, o por su pasividad e inutilidad más descarada. La Corte Penal Internacional está erguida sobre esa realidad y dice presente bajo sus estrictos parámetros, que no hacen otra cosa que abrir caminos de esperanza para todos aquellos que tras haber sufrido en carne propia o indirectamente los efectos de los terrorismos o genocidios, no hacen otra cosa que reclamar justicia. Pero verdadera justicia. O lo que es decir justicia con mayúsculas, y no con la letra chica de la justicia a medias (o justicia hipócrita) que resulta inherente a no pocos textos jurídicos, de las sociedades que hoy se precian de ser democráticas, cuando en definitiva no son más que cómplices de dictadores o criminales de guerras y de barbarismos de los tiempos modernos.

En los próximos meses de este 2021, se estima en el correr del mes de junio, la Fiscal General del Tribunal de la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, la abogada Fatou Bensouda abandonará su cargo. Recientemente participó en un Ciclo de Conferencias online organizado por la Universidad Di Tella, bajo el título “La importancia de una Corte Penal Internacional permanente y cómo apoyarla”, siendo moderada la charla por el director de la carrera de Abogacía de Escuela de Derecho de ese centro universitario, Dr. Alejandro Chehteman.

Una entrevistada de lujo, si se quiere, que con pelos y señales aportó a los asistentes del evento y al periodismo que la requirió sus ideas y sus pensamientos, y sus reflexiones más sinceras (sobre lo hecho y sobre lo pendiente) desde su visión profesional o lo que es más, desde su visión de una de las operadoras más sensibles y más comprometidas de una Fiscalía que fue centro de atención de muchas almas, por años, en los cuales, insisto, el reclamo de justicia estuvo plantado sobre el horizonte y atento a una herramienta jurídica internacional, no siempre bien entendida, o pocas veces aplaudida, o en ocasiones, tímidamente reconocida, por logros que parecían imposibles.

Bensouda, líder absoluta de un organismo con el cometido de juzgar crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, es oriunda de Gambia, está casada y es madre de tres hijos (uno de ellos fallecido), pero es además una mujer que fue Ministra de Justicia de Gambia. Oportunamente sustituyó al abogado argentino Luis Moreno Ocampo que era Fiscal General de la Corte Penal Internacional desde sus orígenes en el 2002.

En una reciente publicación de Página 12, el colega Guido Vasallo, se sumerge en el pensamiento vivo de la abogada Bensouda y en esa acción de profundizar, sobre un tema de extrema sensibilidad, ella afirma: “La Corte Penal Internacional (CPI) fue construida sobre las duras lecciones que dejó la historia por las atrocidades espantosas que durante siglos permanecieron impunes”.

Sus palabras se respaldan en sus acciones. Ella personalmente tuvo en su gestión, bajo su órbita, dos casos, podríamos decir emblemáticos en la materia: los crímenes de guerra que involucran a las norteamericanas en Afganistán y los delitos de ese tenor que también involucran a los soldados israelíes en los territorios palestinos. Ahora bien, sobre esto, hay un detalle para nada menor, que obviamente toma muy en cuenta Fatou Bensouda, y que por añadidura nos pone de bruces con una realidad para nada saludable: tanto Estados Unidos como Israel no reconocen la jurisprudencia de la Corte Penal Internacional. Y tanto es así, que oportunamente el expresidente Donald Trump llegó al perverso (y yo diría criminal) extremo de aplicar duras sanciones financieras a Bensouda, retirándole además la visa a los EEUU.

Los hechos hablan por sí mismos. Las triquiñuelas que se implantan desde filas del poder son en demasía descaradas, pero no por ello la labor de la Corte Penal Internacional padeció censuras o dió pasos atrás en sus funciones y en sus cometidos.

La Fiscal Bensouda afirma, con convicción: “La creación del Tribunal de la Corte Penal Internacional es uno de los momentos de mayor orgullo en la historia de la humanidad” agregando que en sus inicios la CPI retomó el legado del histórico Juicio a las Juntas realizado en Argentina en el año 1985, y recalcó que hoy por hoy consideran necesario avanzar “sobre delitos que habitualmente no son reportados, tales como los crímenes sexuales que involucran a mujeres y niños”.

El punto de partida (digamos los orígenes) de la Corte Penal Internacional se sitúa en tiempos de los juicios de Nuremberg y Tokio, que condenaron los crímenes sistemáticos cometidos durante la Segunda Guerra Mundial.

“Los horrores del Holocausto shokearon la conciencia de la humanidad y demandaron la creación de una corte internacional permanente con la aspiración de asegurar que quienes cometieron estos crímenes, sin importar cuan poderosos fueran, debían rendir cuentas”, comenta Bensouda, subrayando que la Corte “fue fundada sobre la máxima del Nunca Más”.

Partiendo de estas palabras la Fiscal destacó el papel del juzgamiento a los militares argentinos post dictadura: “El juicio a las Juntas es un ejemplo de los esfuerzos de investigación y enjuiciamiento necesarios para investigar estas atrocidades”.

Historiando sobre la Corte Penal Internacional debemos consignar que en 1988 más de 120 países firmaron el Estatuto de Roma y que en el 2002 el tratado entró en vigor con 60 ratificaciones, lo que significó el inicio de las actividades del Tribunal Internacional.

Queda por demás claro que el sentimiento de justicia de la Fiscal General Bensouda se abraza a valores éticos que lejos de asombrarnos, son coherentes con su investidura y con su profesión, y en particular con su postura de que la cultura de la impunidad no debe prevalecer, ni muchos menos extenderse por el mundo. Y en el mundo, el gobierno de los Estados Unidos (y los países que le secundan, o le son satélites) es un emblema de imperio con el autoritarismo, la criminalidad y la intolerancia que conllevan en cada una de sus intervenciones, dichos, acciones, medidas y pasos, dados en los territorios fuera de sus lìmites fronterizos, allende océanos, tierras y desiertos.

En un párrafo anterior citábamos que en la administración Trump a la Corte Penal Internacional se le habían impuesto sanciones, rechazado además visas a los EEUU a la misma Fiscal y a sus colaboradores, sencillamente (entendemos como una suerte de represalia solapada) porque desde los sitiales operativos de Bensouda se habían iniciado investigaciones sobre presuntos crímenes de guerra cometidos por militares estadounidenses en Afganistán.

La abogada Bensouda, reflexionó: “Hemos tenido que reorganizar la Corte para que no nos golpeara con tanta fuerza. A nivel financiero, las principales cuentas con base en Estados Unidos fueron cerradas. Pero el equipo trabajó muy bien para conseguir transferencias económicas por nuevas vías. Conseguimos el asesoramiento legal que se necesitaba para ver cómo podíamos trabajar con eficacia sin tener que expulsar a parte del staff”.

A propósito, cabe consignar, que recientemente, ya en la administración Biden (aún en total desacuerdo con la visión de la Corte Penal Internacional sobre el accionar de las fuerzas militares estadounidenses) se decidió levantar los castigos impuestos por Trump.

“Las sanciones estadounidenses -aseguró Bensouda- son merecidas por terroristas, por quienes violan derechos humanos, son para ellos y no para quienes trabajan para proteger la ley. Nos debemos plantear ahora la necesidad de desarrollar un mecanismo que de forma sistemática proteja a la Corte Penal Internacional y su integridad de cualquier ataque”.

La otra árida temática abordada de lleno por la Corte se relaciona con los presuntos crímenes de guerra cometidos por fuerzas israelíes en los territorios palestinos de Cisjordania, Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza. No hay que olvidar que Israel es un incondicional aliado de Estados Unidos, que participa de la idea de rechazar toda autoridad de la Corte, al punto que el primer ministro Benjamin Netanyahu (que es investigado por corrupción y fraude en su propio país) tuvo el tupe de calificar como una acción de antisemitismo el inicio de las investigaciones sobre las acciones militares de los soldados israelíes en contra del pueblo palestino.

Corte penal internacional 2

“En Palestina recibimos un pedido de investigación. Ellos aceptaron nuestra jurisdicción y la cuestión jamás estuvo relacionada a determinar si el territorio palestino es considerado o no un Estado. Mi oficina exige actividades imparciales constantemente, no trabajamos bajo consideraciones políticas”.

La Fiscal Fatou Bensouda fue consultada sobre la posibilidad de encuadrar como crímenes humanitarios a la gestión de algunos gobiernos frente a la pandemia de coronavirus. Respondió: “Algunos líderes mundiales podrían haber respondido mejor”. También puntualizó que para dar una acusación en esos términos “se debe detectar un ataque sistemático y directo a civiles e intención para hacerlo”.

La administración Bolsonaro no estuvo ausente en la agenda de expresiones de la Fiscal Bensouda, porque ante una pregunta concreta sobre crímenes contra la humanidad cometidos por las fuerzas de seguridad en territorio brasileño, informó que la Corte Penal Internacional recibió distintas comunicaciones sobre su gestión en la Pandemia.

En tal sentido trascendió, que en efecto, Bolsonaro, fue denunciado por más de un millón de profesionales de la salud a fines de julio de 2020 bajo el cargo de “genocidio” y que un mes más tarde, el cacique Raoni Metuktire, emblemático defensor de la Amazonia, pidió al Tribunal Internacional el inicio de investigaciones en torno a las responsabilidades de Bolsonaro por cometer o ser parte comprometida de “crímenes contra la humanidad”.

Haciendo un balance de su gestión, ahora que sabe de su próximo alejamiento, y de que habrá de ser sustituida por el británico Karim Khan, como Fiscal General de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda dijo enfáticamente que su oficina “alcanzó un número importante de éxitos en litigios y decisiones históricas”, destacando por ejemplo la sentencia dictada en la jurisdicción de la frontera Myanmar-Banladesh, que le permitió mantener abierta una investigación por los presuntos delitos cometidos contra la minoría rohingya, que Naciones Unidas describió como ejemplo de “limpieza étnica”. También destacó, que el procesamiento del expresidente de Sudán, Omar Al Bashir, por los cargos de “genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad” sirvió para confirmar, según sus propias expresiones “que nadie está encima de la ley”. Finalmente, la Fiscal General sumó otra novedad a su balance: “En Congo, la Corte logró que por primera vez en la historia se declarara esclavismo sexual y violación de mujeres y hombres”.

Sus palabras más significativas sobrevinieron, al concluir con la rueda de consultas del periodismo, a la que se prestó amablemente. Esta tenaz abogada defensora de la verdad y de los derechos humanos dijo, enérgicamente: “Hay suficiente evidencia para creer que el trabajo de la Corte Penal Internacional contribuye a la protección de los derechos humanos”.

Como redactor y como ciudadano de este planeta, superado en calamidades de lisa y llana autoría humana, ansío fervientemente que esas sus palabras excedan los buenos anhelos y se hagan realidad, porque de hecho las criminalidades (del poder) sobran y están por doquier, esparcidas por los cuatro puntos cardinales.

Ahora solo resta que la Corte Penal Internacional se siga haciendo valer y que su andar haga que las leyes dejen de ser letra muerta. Pero me temo que todavía hay mucho por hacer.

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*Foto de portada: www.almayadeenespanol.com

*Foto 2: www.tiempolanoticiadigital.com

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