En Salsipuedes

Por Victoria Camboni-11 de abril de 2021

Salsipuedes, parece un juego de palabras, pero es el símbolo de una traición. Pasaron ya 190 años ese fatídico día en que el Estado uruguayo masacró a uno de los pueblos milenarios del sur de América, el pueblo charrúa. Mediante engaños, el gobierno oriental intentó deshacerse de una población, que vivía en estas tierras desde tiempos inmemoriales. La traición transformó un día de fiesta en un genocidio. Aquel 11 de abril de 1831, el plan, no era otro que el exterminio.

Fructuoso Rivera fue el primer mandatario a cargo de la flamante Repùblica que se independizó de la Corona Española y tras la Convención Preliminar de Paz de 1828, y con la participación del embajador de Gran Bretaña –vaya sorpresa-, se llegó a un acuerdo entre el Imperio portugués y el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Así nació la República Oriental del Uruguay, y con ella, el plan del gobierno de exterminar a los “indios infieles”.

Los charrúas no aceptaban la imposición cultural. Es sabido que las culturas europeas llegaron a América con la intención de evangelizar, convirtiendo a todos al cristianismo. Pero este pueblo no aceptaba renunciar a sus creencias, y menos por imposición. Su cultura y su forma de vida no era aceptada por el gobierno, que había pactado con los nuevos dueños de la nación la limpieza de las tierras de estas gentes, que molestaban por su nomadismo, y porque había que reconocerles derechos que los oligarcas de aquella época no estaban dispuestos a otorgar.

La gesta independentista que llevó al resultado de la creación de un nuevo país, tuvo en sus filas a miles de charrúas. Los guerreros de este pueblo entregaron su vida junto al General José Gervasio Artigas para poder liberarse de los conquistadores, que habían llegado para saquear, arrasar y desconocer a quienes ya estaban establecidos en el territorio. Y no solo a ellos; los nuevos pobladores, deseaban separarse de los imperios español y portugués, que pretendían mantener el territorio bajo su mando.

Luego de batallas, enfrentamientos y el logro de la independencia de las coronas extranjeras, Artigas fue echado del país ya que su figura no representaba los intereses de los nuevos mandantes, exiliándose hasta su último respiro en Paraguay. Y los charrúas, que habían luchado codo a codo con soldados y generales como el propio Rivera, quedaron sin el amparo de Artigas, y fueron traicionados: Rivera ordenó a su sobrino, Bernabé Rivera, que juntara a todos los charrúas, incluyendo a niñas y niños, ancianos y mujeres. La excusa fue una reunión, un festejo, para refrescar esa alianza que mantuvieron los ahora gobernantes con el pueblo charrúa. Los convocaron desarmados, en un espacio conocido como “horqueta”, ya que se trataba de una porción de tierra entre la unión de dos canales de agua, sobre la orilla del arroyo Salsipuedes.

Irónicamente, dolorosamente, traicioneramente, ese nombre encerró el significado de lo que finalmente ocurrió. Los cientos de charrúas que acudieron, desarmados y emborrachados por el vino brindado por el traidor, fueron asesinados, secuestrados, tomados como esclavos y algunos de ellos, enviados a Francia, como animales salvajes para exposición.

El horror de ese día marcó para siempre las bases del Uruguay, la República de la traición y la impunidad, que llegan hasta el día de hoy y que contaminan la idiosincracia de nuestra cultura.

¿Y la cultura charrúa? Desde el 11 de abril de 1831, ser charrúa fue una deshonra. A los sobrevivientes se les obligó olvidar su idioma, sus costumbres y su forma de vida, al punto en que hoy, 11 de abril de 2021, aún se cree que Uruguay es un país sin indios. Pero los descendientes comenzaron a agruparse y armar de a poco el puzzle de su historia con retazos de todas partes. Hoy, agrupaciones como el Consejo de la Nación Charrúa (Conacha) o Chonik, aglutinan cada vez más personas que tienen sangre charrúa y que se sienten identificados con esa cultura.

Aún hoy, el desconocimiento a su cultura permanece. Aún hoy, ser charrúa significa ser discriminado y señalado. Aún hoy, las franjas de pobreza incluyen en grandes cantidades a estas poblaciones, que fueron desclasadas, desmembradas y aplastadas por la cultura occidental. Aún hoy, el convenio 169 que firmó Uruguay con la OIT -que reconoce a los charrúas como una población que forma parte del país y del territorio uruguayo, y a la que por lo tanto le corresponden tierras- sigue siendo evadido, desconocido, no respetado.

En nuestras manos está romper con la tradición del silencio y la impunidad, y reclamar a las autoridades, que hagan un “mea culpa” y se hagan cargo de lo que les corresponde. Para que nadie más quede afuera.

Para que el hermano y la hermana charrúas sean finalmente reconocidos. Ellas, ellos y sus derechos.

-¡Basquadé, inchalá!

¡Levantate, hermano! (en dialecto charrúa)

“QUE SALSIPUEDES SEA DECLARADO SITIO DE LA MEMORIA”

Declaración de la Secretaría de Derechos Humanos y Políticas Sociales del PIT-CNT
 
Por la memoria de nuestro pueblo
 
11 de abril de 1831- 11 de abril de 2021
 
Ultimos charrúas
 

“Se cumplen 190 años del genocidio de Salsipuedes. Desde la secretaría de Derechos Humanos y Políticas Sociales del PIT-CNT, queremos hacer memoria sobre un capítulo de nuestra historia, que se ignora o se tergiversa. En estos días, dentro de las campañas oficiales relativas a enfrentar los efectos de la pandemia, se apela a la garra de nuestros pueblos originarios. Sin embargo, esa visión parcial y deformada de la historia, esconde una realidad que debe ser conocida por las actuales generaciones, para que estas entiendan la importancia de los NUNCA MAS. Tras la convención preliminar de paz de 1828 entre el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y el imperio de Brasil, y con la intervención de los embajadores de Gran Bretaña, se creó el Estado Oriental. Sin embargo, quienes habían peleado por la emancipación de la Banda Oriental del Brasil, especialmente los Charrúas, no tuvieron ni voz ni voto. Ellos, que con su caballería de lanzas, habían jugado un rol muy importante, en las batallas como las de Sarandí, Ituzaingó y en las conquistas de las Misiones, fueron ignorados. Ellos que habían participado en la lucha encabezada por José Artigas entre 1811 y 1820 y fueron actores fundamentales en la guerra de independencia. Ellos, que eran poseedores desde tiempos ancestrales de la más bella porción del territorio de la Banda Oriental del norte del Río Negro, y no permitían el surgimiento y consolidación de la propiedad privada rural. Los charrúas, a diferencia de los guaraníes, eran difíciles de evangelizar, con lo cual la utopía cristiana de los “indios amistosos, sedentarios y agricultores” no era posible. Las gremiales de hacendados presionaban desde1760 para que se les arrebatara el territorio a los “INDIOS INFIELES”, principalmente Charrúas y Guenoas. Y ahora ya no estaba Artigas. El 16 de enero de 1830 comienza a gestarse el primer genocidio en nuestro territorio. El parlamento encomienda a Fructuoso Rivera, investigar “cuàl es la situación de los salvajes llamados Charrúas y que terrenos ocupaban”. Ya no eran parte fundamental del ejército que liberó nuestra patria. Se desarrolla un plan macabro, se elabora una estrategia de inteligencia, captación y engaño. Bernabé Rivera y el General Julián Laguna, les ofrecen a los principales caciques un tratado entre la Nación Charrúa y el Estado Oriental, al mismo tiempo que se realizaba el trabajo de inteligencia para la traición a la Nación Charrúa. Se juró la constitución y se eligió a Fructuoso Rivera como el primer presidente, quien se plantea durante su mandato, “pacificar el campo y solucionar el problema del indio”. La prensa, en el marco de la estrategia de los objetivos de los estancieros, trabaja para crear las condiciones para que el Estado actúe “mano dura a los indios”. Se olvidan del rol fundamental de los Charrúas en las luchas libertadoras. El cebo para reunirlos, la tarea de recuperar el ganado que los brasileños se habían llevado, recuperar todo el territorio de la Banda Oriental para los Charrúas. La reunión de la traición y el genocidio, era a las orillas del Salsipuedes. A la masacre de abril, le siguió el exterminio de la cultura, el idioma. En este mes, a 190 años de la matanza de Salsipuedes, saludamos a CONACHA, apoyamos que Salsipuedes sea declarado “Sitio de la Memoria”, que se destine un predio para un memorial. No olvidamos que en nuestros días la discriminación y el racismo hacia los pueblos originarios continúa”.

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*Foto de portada: www.lr21.com.uy

*Foto 2: www.museos.gub.uy

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