Protagonista de la polémica con el Papa Francisco por su rol en la última dictadura militar Argentina

Por Andrés Volpe-15 de febrero de 2021

A raíz de una afección cardíaca murió el pasado sábado a los 93 años en Budapest, el sacerdote jesuita Francisco Jalics, quien cobró notoriedad en la Argentina cuando fue secuestrado por fuerzas militares durante la dictadura de 1976. Permaneció desaparecido cinco meses, junto a su compañero Orlando Yorio, también sacerdote de la misma congregación, en momentos en que en aquel entonces padre Jorge Bergoglio era el superior provincial de la orden religiosa en la región.

Nacido el 16 de noviembre de 1927, en Budapest, Jalics se radicó en Alemania, donde fue ordenado sacerdote por la Compañía de Jesús. Completó sus estudios de filosofía en Bélgica y a fines de 1950 dictó clases de teología en la Argentina, escribió varios libros sobre la oración y la espiritualidad cristiana. Tras el traumático suceso vivido en la Argentina, en 1978 Jalics se radicó nuevamente en Alemania. Dirigió en Baviera un centro de ejercicios espirituales.

"Estos son los hechos: Orlando Yorio y yo no fuimos denunciados por Bergoglio", dijo Jalics en un comunicado publicado en la página web de los jesuitas en Alemania, en marzo de 2013. Exclamó que fueron secuestrados por su conexión con una catequista que trabajó un tiempo junto a ellos y "luego ingresó en la guerrilla". Y señaló: "Durante nueve meses no la vimos más, pero dos o tres días después de su detención también fuimos detenidos".

En ese momento, Jalics admitió que durante un tiempo tuvo dudas sobre la presunta responsabilidad de las autoridades jesuitas, pero afirmó que luego de varias conversaciones, llegó a la conclusión de que las denuncias contra Bergoglio eran "infundadas". Su compañero Yorio, en cambio, mantuvo hasta su muerte, en el año 2000, sus críticas hacia Bergoglio.

Según testimonios reconstruidos por la Justicia, Jalics y Yorio fueron secuestrados en el Bajo Flores el domingo 23 de mayo de 1976, mientras a pocos metros se celebraba una misa, en un operativo en el que participaron unos 50 infantes de Marina. Ambos aparecieron en octubre siguiente en un descampado en Cañuelas.

Bergoglio brindó testimonio el 8 de noviembre de 2010 ante la Justicia, declarando por casi cuatro horas en una causa en la que se condenó a represores de la ESMA. Declaró ante los jueces del Tribunal Oral Federal N° 5 que se reunió dos veces por separado con Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera para pedir por los curas Jalics y Yorio. Una de estas reuniones fue "muy fea" y no llegó a los 10 minutos. La primera, según aseguró, fue más amena, pero la segunda no. Fue ahí cuando apuntó: “Mire Massera, yo quiero que aparezcan”.

Y dijo que, una vez producida la liberación de ambos sacerdotes, procuró asegurar su integridad física y acordó con ellos que abandonaran el país.

Entre quienes lo interrogaron aquella mañana estuvieron Myriam Bregman y Luis Bonomi, representantes de la querella encabezada por Patricia Walsh, hija del escritor asesinado el 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh, cuyo caso se trataba en el mismo proceso judicial.

El debate por el secuestro de los curas jesuitas reavivó la polémica por el papel de la Iglesia durante la última dictadura cívico-militar que se caracterizó por la complicidad de sus autoridades. Se estima que más de 120 dirigentes católicos, seminaristas, sacerdotes y obispos, fueron víctimas de la represión.

Luego de su elección como Papa, se supo que Bergoglio protegió y ayudó en el Colegio Máximo de San Miguel a más de un centenar de personas que eran perseguidas durante la dictadura militar, cuenta el periodista italiano Nello Scavo sobre varios casos en su libro "La lista de Bergoglio".

También Adolfo Pérez Esquivel, nobel de la paz por su denuncia de los abusos de la dictadura militar, aclaró el papel de Jorge Mario Bergoglio.

“El Papa no tuvo nada que ver con la dictadura, es decir, no fue cómplice de la dictadura. No, fue de los obispos que estuvo más en la avanzada de la defensa de los Derechos Humanos porque prefirió más una diplomacia silenciosa”.

Según el escritor Aldo Duzdevich, autor de “Salvados por Francisco”, “cuando él fue electo en 2013 se tomó de un diario Argentino la calumnia de que Jorge Mario Bergoglio había sido colaborador de la dictadura militar. Y el libro demuestra absolutamente lo contrario”.

Para muchos de poco han servido las palabras de Bergoglio en su autobiografía ‘El jesuita’ (2010) señalando: “A mi edad y con las pocas conexiones que tenía, hice lo que pude en mi intercesión por los secuestrados”.

Quedará en el tintero una interrogante presentada por el periodista Horacio Verbitzky en el portal “El cohete a la Luna” donde plantea que la orden Jesuita alemana obligó a Jalics a retractarse de su declaración culpando a Francisco mediante un comunicado, sellando así la polémica generada. En consecuencia la última palabra quedará conferida al sumo pontífice, agregando además que Francisco intento lavar su imagen mediante la financiación de dos películas y tres libros.

Tras el cónclave en el que Bergoglio resultó electo Papa, Jalics publicó el famoso comunicado donde señaló: “No puedo juzgar el papel de Bergoglio en estos sucesos”. “Celebramos juntos una misa y nos abrazamos solemnemente. Yo me he reconciliado con lo sucedido y considero, por lo menos por mi parte, el asunto cerrado”.

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*Foto de portada: www.pagina12.com

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