En definitiva, un centenar de estudiantes fue testigo de la prepotencia ejercida por una persona luciendo un uniforme de las FFAA en un liceo público, en momentos que se daba una charla ilustrativa, sobre una etapa sombría de la historia de nuestro país: la dictadura militar y el terrorismo de Estado de los años previos.

Su sola presencia, vestido de militar, se ignora hasta el momento si es un militar retirado o en actividad (o que inclusive sea un civil que no forma parte de las FFAA) constituye un atentado grave a la libertad de expresión y a la educación pública. Su comportamiento además, hace sospechar que su objetivo era esencialmente amedrentar e intimidar a los jóvenes, con total impunidad.

Según algunos testigos que dialogaron con Antimafia Dos Mil el hombre no ejerció violencia física pero su clara postura de imponerse como oyente vestido de militar generó un inmediato rechazo y malestar no solo entre los estudiantes sino entre los profesores y autoridades del liceo. Obviamente, quienes daban la charla, los cuales estaban debidamente autorizados, se sintieron violentados por la presencia de un uniformado increpando a los presentes sobre qué tipo de temática se estaba inculcando a los estudiantes.

No bien se le solicitó que se retirase del lugar, el uniformado accedió visiblemente molesto, pero a los pocos minutos regresó al lugar vistiendo ropas particulares, para finalmente apelar al uso de un teléfono celular con el cual hizo un registro gráfico de quienes estaban allí dando la charla y de los estudiantes. En su segunda irrupción al liceo, según testigos, el intruso tuvo una actitud prepotente, que de hecho motivó la inmediata intervención de las autoridades que no solo lo obligaron literalmente a salir del local de Secundaria sino que además dieron aviso a las autoridades policiales.

El hecho es claro. Contundente. Una actividad de extensión cultural relacionada estrictamente con la historia del Uruguay, con la historia de la dictadura, precisamente a pocas horas de conmemorarse un nuevo aniversario del homenaje que se hace anualmente a los mártires estudiantiles de los años setenta, en años previos al momento de la disolución del Parlamento, el 27 de de junio de l973, fue literalmente sometida a una acción de incalificable prepotencia, que incluso sería considerada ilícita y pasible de sanción penal, según cómo se desarrollen las debidas investigaciones para definir responsabilidades.

¿Quién o quiénes están detrás de este episodio de neto corte fascista? ¿Cómo es posible que un militar (habrá que determinarse muy bien si efectivamente es un integrante de las FFAA, sea en actividad o en situación de retiro, o una persona que se hizo pasar como tal) pueda actuar de esa forma, con total impunidad? ¿Qué se busca con este episodio, en apariencia aislado, pero que literalmente visibiliza la forma descarada en que la cultura de la impunidad se encuentra instalada en nuestra sociedad?

Al cierre de ésta edición de Antimafia Dos Mil, se desconocían aún las medidas judiciales que surgieron desde el mismo momento en que se dio cuenta de los hechos, a la autoridad policial de la jurisdicción, que por otra parte deberá derivar los antecedentes de lo sucedido a la Fiscalía de Turno y a la Justicia competente.

Pero más allá de las repercusiones que ahora mismo están (y estarán) en curso, a nivel de Enseñanza Secundaria y de la Fiscalía, el hecho, por su naturaleza constituye un atentado a la libertad de expresión, y a la educación pública, en un país democrático.

O al menos se estima democrático, con la lamentable y detestable presencia de militares que actúan con autoritarismos de tiempos del terrorismo de Estado y la más absoluta impunidad.

STAFF DE ANTIMAFIA DOS MIL

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