Domingo 23 Junio 2024

29a edición de resistencia

Debo parafrasear obligatoriamente a las recientes palabras de la familia del fiscal antimafia paraguayo Marcelo Pecci, asesinado por la narco mafia en Paraguay, el 10 de mayo del pasado 2022 en Colombia -aún tratándose de circunstancias diferentes, no correspondería, pero hay un denominador común, que el lector comprenderá perfectamente- cuando recientemente en una carta pública a propósito de un nuevo aniversario del magnicidio se afirmó: “El olvido es la peor forma de injusticia”.

Una vez más este 20 de mayo de 2024 se realizará por la principal avenida 18 de julio de Montevideo, capital del Uruguay, la edición numero 29 de la Marcha de Silencio, convocada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, más conocida como Familiares. Una vez más una densa columna humana silenciosa, hará su habitual recorrido por la avenida desde el cruce de Jackson y Rivera, para terminar en la Plaza de la Libertad. No habrán ni oratorias, ni arengas, ni cánticos, ni consignas. Solo silencio. El silencio atronador que año a año miles de uruguayos y no uruguayos dan forma como una singular expresión de resistencia a uno de los atropellos más detestables que puede hacer el poder político del Uruguay, de la mano de la omerta de la casta militar, de no dar información sobre los desaparecidos, en una cruzada servil y funcional al terrorismo de Estado de los años de la dictadura y que hoy se perpetúa vestida de democracia. Una democracia que no es tal, gústenos o no.

Y es por esa razón es que esas palabras, ese pensamiento, de la familia del fiscal Pecci, vienen a tono, con fuerza increíble, porque dejándonos de eufemismos propios de una lucha que lleva ya años y años, es hora y momento que debemos ser incisivos con el sistema que nos domina y que nos disciplina -bajo muy sutiles formas institucionales e ideológicas- precisamente para que ese olvido, si triunfa, no sea la peor forma de injusticia, porque ya no debemos solo exigir el nombre y el apellido del represor, del desaparecedor de seres humanos -que sería hacer justicia, y no hacer venganza, como se atreven todavía a decir- sino además, exigir y reclamar, con autoridad moral y conciencia, la ubicación exacta de cada uno de los enterraderos de las personas que todavía se encuentran dadas como desaparecidos: cerca de dos centenares, para que los antropólogos forenses hagan su trabajo y para que tengan las manos libres para llegar a la verdad. Enterraderos en predios militares o quizás en otros predios que oportunamente oficiaron de centros clandestinos de detención, en los años 70.

Estamos de acuerdo: olvidarlos a ellos, a los desaparecidos, será inexorablemente la peor forma de injusticia. Y cada año, en la medida que todo sigue igual o peor, creemos avanzar tenazmente para hacer añicos esa injusticia, pero al mismo tiempo, cada año -si las nuevas generaciones no toman las riendas de esa lucha- también ( y mal que nos pese) avanzamos por los senderos implacables del tiempo y vamos destruyendo todo un camino recorrido de pequeñas y grandes luchas contra esa cultura de la impunidad, que nos ha ido acompañando desde el tenebrosos pacto del Club Naval, momento aquel que se construyeron cimientos oprobiosos para la conciencia de los pueblos, por más que hayan sido óptimos para la salida a la democracia. Paciencia. Lo hecho, hecho está, pero habrá que estrechar filas y revertir la situación.

Nos aprietan los tiempos, la implacable biología ,no solo de las madres y las abuelas y los familiares de nuestros desaparecidos -porque son nuestros desaparecidos, quede bien claro este sentimiento- sino además, de quienes se encargaron de cometer los actos del terrorismo de Estado. De aquellos que un día, se entintaron las manos de sangre, y que no podrán hablar, ya no por ser exclusivamente leales a la omertá criminal, sino, lisa y llanamente porque ya no estarán disponibles. Ya no estarán vivos. Vivos para hablar.

Y el olvido seguirá siendo la peor forma de injusticia. Pero no solo el olvido de los de los desaparecidos, sino el peor de todos: el olvido institucional e histórico de ellos. El olvido de que una vez se detuvieron personas, se las asesinaron y se las enterraron con cal y tierra en predios militares. El olvido de que hubo hombres -y seguramente mujeres- de uniforme, que no solo supieron esto, sino que además participaron e hicieron parte de esas macabras acciones. Y lo que es peor, que las callaron por años y años, siendo testigos también (en el anonimato) de los numerosos testimonios que se divulgaron de esas búsquedas, de esos dolores, de esos sufrimientos, fruto de la pútrida represión, a la que muchos hoy todavía tienen la irreverencia y la audacia de negar o desvirtuar, y aún más de encubrir, apelando a argumentos de todo tenor. Argumentos que se sustentan en la más detestable de las opciones, cuando las dictaduras apretan, la de hacerse cómplices de ellas, por miedo, por interés o por estar en la línea de los dictadores, en el ayer y hoy.

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Este 20 de mayo, caminaremos en silencio por la avenida 18 de julio; madres y seres queridos de detenidos desaparecidos llevaran las fotos de ellos. Escucharemos sus nombres y los apellidos. Locutores de este tiempo los honrarán con sus voces. Se nos nublarán los ojos de lagrimas. Sentiremos un nudo en nuestras gargantas. Romperemos el silencio con el presente. Con nuestro presente, sin contemplar ni las inclemencias del tiempo, ni las inclemencias históricas, de un tiempo hipócrita, de una democracia falsa, de una libertad enturbiada por la corrupción , las diferencias sociales, el crimen organizado, y la ausencia de información (o de voluntad política) para saber el lugar donde están enterrados los detenidos uruguayos -y no uruguayos- de los días de la dictadura.

Este 20 de mayo ¿Tiempo de mayores compromisos? ¿Ahora, que es tiempo de campañas políticas? ¿ Escucharemos palabras y más palabras, con la carga de un pasado de falsas promesas en años de democracia en el tema de los desaparecidos? Todos fallaron, no podemos hacernos trampas al solitario: todos los gobernantes post dictadura fallaron. Unos no hicieron nada, dieron la espalda a Familiares, pusieron trabas, leyes, y más trabas, se explayaron con retoricas, dialécticas coyunturales y hasta osaron negarlo todo, aplicando a raja tabla la cultura de la impunidad: un personaje en particular, Julio María Sanguinetti. Otros, se mantuvieron en la línea media, pero fueron igualmente tibios. Tibios, indiferentes, ausentes. Y la izquierda, en tres períodos consecutivos, no hizo lo que se hubiera esperado, con el agravante de que hasta se permitió, en el 2013, sacar de un plumazo a la jueza penal Mariana Motta, de su intenso trabajo como investigadora de represores con cerca de 50 casos en sus manos, en un período en el que la cúpula era un ex guerrillero, José “Pepe” Mujica, hoy figura mediática, pero no fue ni más ni menos que un turbio que no estuvo a la altura,como su par que fue Ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Seamos sinceros,y no nos hagamos trampa al solitario.

Este 20 de mayo , habremos de hacer memoria de todos estos daños colaterales, dirán algunos burlona y cínicamente. Porque será así. Y lo piensan así, quizás sin hacer autocrítica, que sería lo más sano y lo más reparador, dentro de la izquierda. De los represores, de los políticos que fueron parte de la dictadura no puedo esperar,ni buenas ondas, ni confesiones, ni honestidades, ni transparencias, pero del resto, sí.

Hay una sola evidencia que no me permite equivocarme: que Familiares llevan ya 29 años de Marcha del Silencio. Entonces, dejémonos de hipocresías y de tibiezas. Hoy es un hecho que los aires de represión de los políticos que hicieron parte de la dictadura cívico-militar del Uruguay, no buscan más que una sola cosa: que prevalezca el olvido.
Ese olvido que los beneficiará, y que para nosotros será la peor forma de injusticia.
Este 20 de mayo, hay que abofetear al olvido. Abofetearlo con fuerza, dignidad y sed de justicia.
 
Presentes, ahora y siempre
 
Lista Detenidos Desaparecidos (pdf) (actualizada mayo 2020) (Madres y Familiares)
Aguirre, María Rosa
Alfaro Vázquez, Daniel Pedro
Altamirano Alza, Ricardo
Altman Levy, Blanca Haydée
Anglet de León, Beatriz Alicia
Arce Viera, Gustavo Raúl
Arcos Latorre, Ariel
Arévalo Arispe, Carlos Pablo
Arigón Castell, Luis Eduardo
Arocena da Silva Guimaraes, Marcos Basilio
Arnone Hernández, Bernardo
Arocena Linn, Ignacio
Arpino Vega, José
Artigas Nilo, María Asunción
Ayala Alvez, Abel Adan
Baliñas Arias, Oscar José
Barboza Irrazábal, José Luis
Barreto Capelli, Raúl
Barrientos Sagastibelza, Carolina
Barrios Fernández, Washington Javier
Basualdo Noguera, Graciela Noemí
Bellizzi Bellizzi, Andrés Humberto Domingo
Benarroyo Pencu, Mónica
Benassi de Franco, María Catalina
Bentancour Garín, Walner Ademir
Bentancour Roth, Rutilo Dardo
Blanco Valiente, Ricardo Alfonso
Bleier Horovitz, Eduardo
Bonavita Espínola, Carlos
Borelli Cattáneo, Raúl Edgardo
Bosco Muñoz, Alfredo Fernando
Brieba Llandertal, Juan Manuel
Burgueño Pereira, Ada Margaret
Cabezudo Pérez, Carlos Federico
Cabrera Prates, Ary
Cacciavilliani Caligari, Hugo Enrique
Caitano Malgor, José Enrique
Callaba Píriz, José Pedro
Camacho Osoria, Luis Alberto
Camiou Minoli, María Mercedes
Candia Correa, Francisco Edgardo
Cantero Freire, Edison Oscar
Carneiro da Fontoura, Juvelino Andrés
Carretero Cárdenas, María del Rosario
Carvalho Scanavino, Luis Alberto
Casco Gelphi, Yolanda Iris
Casgtagnetto da Rosa, Héctor
Castagno Luzardo, Aníbal Ramón
Castillo Lima, Atalivas
Castro Huerga, María Antonia
Castro Pérez, Julio Gerardo
Castro Pintos, Roberto Waldemar
Cendán Almada, Juan Angel
Cháves Sosa, Ubagésner
Chegenián Rodríguez, Segundo
Chizzola Cano, Eduardo Efraín
Corchs Laviña, Alberto
Correa Rodríguez, Julio Gerardo
Cram Rodríguez, Washington
Cruz Bonfiglio, Mario Jorge
Cubas Simones, Omar Nelson
D´Elía Pallares, Julio César
Da Silveira Chiappino, Graciela Teresa
De Gouveia Gallo, Graciela Susana
Degregorio Marconi, Oscar Ruben
De León Scanziani, Juan Alberto
Del Fabro de Bernardis, Eduardo José María
Delpino Baubeta, Júpiter Neo
Dergan Jorge, Natalio Abdala
Díaz de Cárdenas, Fernando Rafael Santiago
Dossetti Techeira, Edmundo Sabino
Duarte Luján, León Gualberto
Epelbaum Slotopolsky, Claudio
Epelbaum Slotopolsky, Lila
Errandonea Salvia, Juan Pablo
Escudero Mattos, Julio Lorenzo
Fernández Amarillo, Juan Guillermo
Fernández Fernández, Julio César
Fernández Lanzani, Elsa Haydée
Filipazzi Rossini, Rafaela Giuliana
Fontela Alonso, Alberto Mariano
Gadea Galán, Nelsa Zulema
Gallo Castro, Eduardo
Gámbaro Nuñez, Raúl
Gándara Castromán, Elba Lucía
García Calcagno, Germán Nelson
García Iruretagoyena, María Claudia
García Kieffer, Manuel Eduardo
García Ramos, Ileana Sara María
Garreiro Martínez, María Elsa
Gatti Antuña, Gerardo Francisco
Gatti Casals, Adriana
Gelós Bonilla, Horacio
Gelpi Cáceres, Leonardo Germán
Gersberg Dreifus, Esther
Giordano Cortazzo, Héctor Orlando
Gomensoro Josman, Hugo Ernesto
Gomensoro Josman, Roberto Julio
Gómez Rosano, Célica Elida
Goncalves Busconi, Jorge Felisberto
González Fernández, Nelson Wilfredo
González González, Luis Eduardo
Goñi Martínez, Darío Gilberto
Goycoechea Camacho, Gustavo Alejandro María
Grisonas Andrijauskaite, Victoria Lucía
Grinspón Pavón, Mónica Sofía
Guaz Porley, Carlos Gabriel
Hernández Hobbas, Beatriz Lourdes
Hernández Hobbas, Washington Fernando
Hernández Machado, Carlos Julián
Hernández Rodríguez, Jorge
Hobbas Belusci, Lourdes
Ibarbia Corassi, María Angélica
Insausti Tironi, Juan Carlos
Inzaurralde Melgar, Gustavo Edison
Islas Gatti, María Emilia
Julien Cáceres, Mario Roger
*Foto de Portada: Madres y Familiares
*Foto 2: Hoy Canelones