No podían ser indiferentes en el mes de la Memoria de este 2026, ni los jóvenes estudiantes del Instituto Alfredo Vázquez Acevedo (IAVA) de hoy, ni el de las generaciones que por allí transitaron, en los años setenta ; a pocos días del 2O de mayo, jornada en la que se realizó la Marcha del Silencio, en el mediodía del 27 de mayo, el gremio de estudiantes de ese histórico y emblemático centro de enseñanza de Montevideo -que fue y sigue siendo emblema de la resistencia estudiantil- estuvo presente como uno solo, en la escalinata del IAVA, sobre la calle José Enrique Rodó; presente más aún, cuando el Instituto fue declarado recientemente Sitio de la Memoria Histórica; y mucho más aún, porque entre sus estudiantes de los años 70’ hubo detenidos desaparecidos.
Frío intenso; fina llovizna; un día gris, si se quiere. Pero los estudiantes del IAVA no faltaron a la cita. Sillas y un escenario en la vereda fueron el marco escénico. Después, sobrevino la militancia pura, íntegra; traducida en la presencia de jóvenes, termo mate en mano, sentados apretujados en la amplia escalinata, portando fotos y leyendas de los desaparecidos; de los estudiantes desaparecidos que asistían al IAVA.
Juntos: estaban jóvenes estudiantes de hoy y algunas veteranas y veteranos que en los años setenta o habían sido estudiantes o docentes; y por encima de sus cabezas, en uno de los tramos de la fachada del antiguo edificio lucía una placa conmemorativa que aludía a los desaparecidos; a la declaración de Sitio de la Memoria.
Y lo más trascendente fue cuando todos juntos pronunciaron bien fuerte los nombres de los ex 26 estudiantes del IAVA que fueron desaparecidos durante la última dictadura milutar de hace 50 años; y en cada momento de recordarlos el grito de presente se hizo sentir en el barrio; con la potencia propia del reclamo de justicia, traducido en que sus cuerpos sean hallados y recuperados.
Carteles con sus fotos, con frases relacionadas con la memoria viva de todos esos jóvenes se exhibieron, como exhibiendo la heroicidad de aquellos años; de aquellós días de luchas y de terrores.
Una de las delegadas del Gremio estudiantil del IAVA, de nombre Catalina, no pudo evitar decir que a esa placa también se sumaba la responsabilidad, o el compromiso, de seguir buscando los restos de esos compañeros de lucha.
Me consta, por finales de los 60’ y en los años 70, que ese edificio fue un lugar de lucha e inconfundible resistencia de la lucha estudiantil, como lo fue la sede de la Universidad de la República, distante un cuadra del IAVA ; eran años grises y rodeados de tenebrosos nubarrones; los nubarrones de la violencia, de la represión estatal, encubierta de elementos parapoliciales, previa al día en que se instaló la dictadura militar.
Recuerdo perfectamente, cómo, yo mismo, a mis 13 años de edad, estuve con mi padre a las puertas de la Facultad de Derecho, sobre la avenida 18 de Julio, cuando el cortejo fúnebre salió al Cementerio del Buceo, llevando los restos del estudiante Liber Arce, asesinado por la policía el 14 de agosto de 1968.
Fue una jornada que siempre atesoré en mi memoria, porque previamente estuvimos en el IAVA, en la escalinata de la calle José Enrique Rodól, que estaba repleta de estudiantes; la misma escalinata en la que más de setenta años después me ubiqué para estar presente en el acto de los estudiantes del gremio del IAVA, recordando, y homenajeando a sus detenidos, hoy desaparecidos; jovenes militantes, valerosos, que hacían parte del movimiento estudiantil combativo en las calles.
Por aquellos días de agosto hacía frío; este miércoles 26 de mayo el frío era igualmente intenso; no había sentimiento de congoja como en el velatorio de Liber Arce, pero fue igualmente una jornada gris, militante, apenas iluminada por los días de democracia; una democracia fallida y deudora indiscutible de la verdad sobre el paradero de los desaparecidos.
Instalado en la escalinata del IAVA, entre los jóvenes y no tan jóvenes, con mis setenta años de edad encima viajé en el tiempo; y me regocijé al ver a esos jóvenes en tenáz resistencia: la resistencia del IAVA, más de medio siglo después; la misma resistencia de aquellos años; la resistencia necesaria para abofetear hoy a la impunidad que les debe respuestas, a esos jóvenes, por sus estudiantes desaparecidos, y tambien a Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, y a la sociedad uruguaya, o al menos a la que entiende que no hubo una guerra, sino uno dictadura, que nada tiene que ver la teoría de los dos demonios que se pretende instalar, desde varios sectores, que no son necesariamente, ni exclusivamente, solo de la casta militar.
Los estudiantes en la escalinata fueron platea preferencial de quienes aportaron la militancia artística, porque el arte no estuvo ni estará nunca ausente en el activismo social y político; en las luchas por las causas justas.
Entre los artistas se destacaron los integrantes del grupo MIlongas Extremas; sus temas arrancaron vítores y aplausos; le dieron a la jornada el calor necesario para mantener la llama de la resistencia al son de las guitarras y las canciones, algunas de ellas propias, con Alfredo Zitarroza incluído.
Y también hubo una declaración pública del gremio estudiantil del IAVA; fue leída desde el escenario; la voz intensa de una joven pareja hilvanó las ideas y el mensaje fue contundente; fue más bien, un alegato propio de una lucha sincera y sin hipocresías; no fueron palabras diplomáticas; fueron sentimientos de resistencia y de exigencia; de reclamo; de confrontación al poder y de profunda convocatoria a no bajar los brazos; sino más bien a levantarlos más aún; y a gritar más fuerte, buscando así romper el silencio de los que se atreven todavía, cínicamente como represores y como asesinos vestidos de uniformes militares, a convivir entre nosotros, impúnes.
“Estamos acá recordando uno de los períodos más desgarradores no solo de la historia reciente, sino también de todo el pasado de nuestro país. Recordamos hoy, una vez más, a los compañeros de lucha, estudiantes, como lo somos nosotros, a quienes las fuerzas represivas del Estado, arrebataron a sus familias, las cuales hasta el día de hoy exigen conocer el paradero de muchos de ellos; porque la Memoria, no es únicamente un ejercicio de recuerdo; la memoria también es una forma de lucha; recordar es negarse a aceptar el silencio y la impunidad; es no permitir que quienes intentaron sembrar el miedo consigan también imponer el olvido; mantener viva la memoria es defender la verdad, es obtener las historias de quienes ya no están y continuar exigiendo justicia; olvidar sería abandonar sus luchas, sus ideales y sus nombres”
“Y el IAVA es memoria, no es historia; lo son sus pasillos, sus salones y este edificio que ha sido testigo de generaciones enteras de estudiantes que debatieron, resistieron y se organizaron y lucharon por una educación y una sociedad más justa. Cada rincón de este liceo guarda parte de esta historia colectiva; por eso defender estos espacios, reconocer su historia y convertir al liceo en un sitio de memoria, no es solamente un acto simbólico, es también una manera de mantener vivas las voces de quienes pasaron por aquí antes que nosotros”
“La memoria nos concierne como gremio, no solo en este día o en este mes: cada vez que ingresamos a nuestro salón gremial es inevitable recordar, cómo en el año 2023 nos fue arrebatado injusta y forzosamente nuestro antiguo salón el cual representaba no solo una conquista sino también un símbolo de memoria de todos aquellos estudiantes que alguna vez estuvieron , conversaron y debatieron en él; debido a que , a nuestro pesar, no parece ser posible recuperar aquel espacio elegimos celebrarlo, los logros actuales y lo que conlleva para el futuro, en relación con esa memoria; el motivo por el cual hoy estamos aquí reunidos forma, porte de esas conquistas de bases”
“El gremio estudiantil del Instituto Alfredo Vázquez Acevedo no olvida, ni perdona y exigen un año más,de verdad, memoria y justicia”
*Foto de Portada y restantes: Antimafia Dos Mil