Sábado 18 Abril 2026
Juicio oral: del 9 de abril de 2019 al 10 de junio de 2021
Cinco militares condenados a perpetua por delitos de lesa humanidad
“Por esos y esas jóvenes que dieron todo y no pidieron nada”
Frase emblemática del abogado querellante Pablo Llonto

En tiempos del asedio a Cuba, del exterminio a Gaza y la Argentina de Milei, mirar hacia atrás y hacer un balance de los diferentes modos en que operó la resistencia contra la dictadura en los 70’ nos permite sacar algunas claves de nuestra accionar en el presente.

La “contraofensiva montonera” fue y sigue siendo polémica, porque la operación de Montoneros, que buscó debilitar la dictadura genocida reagrupándose desde el exterior, se ha instalado en el debate como contradicción aparente entre los dos planos de la dirigencia y la militancia. Debido a que la mayoría de los militantes que regresaron fueron secuestrados, desaparecidos o asesinados, evidenciando la superioridad represiva del régimen, es casi inevitable cuestionar, el rol de la dirigencia en particular que coordinó la contraofensiva y por el otro lado, reflexionar en términos más generales, sobre las posibilidades de la lucha armada como estrategia, a la vista de los resultados.

La crítica a la operación militar en sí misma (1) dentro de la propia agrupación generó desde el inicio, tensiones y rupturas. Roberto Perdía que era Nro2 de la organización, durante su testimonio en el juicio relata que “Gelman y Galimberti y un par de compañeros más, sacaron un documento planteando su disidencia y que no estaban de acuerdo con la Contraofensiva”, “lo plantearon en términos generales. Que no estaban dadas las condiciones políticas para esa Contraofensiva. Pero la Contraofensiva, en términos estratégicos, reflejaba el espíritu de lo que estaba ocurriendo, la cantidad de hechos sociales que se produjeron se multiplicaron por cuatro o cinco en 1979. El pueblo en lucha, en 1979 empieza a colocar otras reglas de juego”. Y más adelante, dentro de la misma jornada del extenso juicio, resalta que: “Buscábamos el retroceso del poder militar con una lucha planificada del campo popular”,en Uruguay duró 12 años, en Chile con Pinochet 17, en Bolivia 18 y en Brasil 24 años. No incluyo a Paraguay porque, bueno… con Stroessner el promedio se iría mucho más alto”, “en Argentina duró 7 años. Eso no fue casualidad. Eso se debe al sacrificio del pueblo argentino y sus organizaciones. Por eso duró 10 años menos. Fueron 10 años más de libertad. Ese es el fruto alcanzado, aunque el objetivo era mayor”. (2)

Mas allá de coincidir o no con este diagnóstico, la “contraofensiva” desde el punto de vista de la subjetividad militante, respecto a la de aquellos montoneros que se jugaron la vida regresando al país, para enfrentar de manera consciente a una dictadura terrible, merecen toda nuestra admiración y respeto. Solo en el primer juicio de esta causa se investigaron 96 víctimas, de las cuales 70 permanecen desaparecidas. La distancia temporal entre pasado y presente, se traduce en un abismo respecto a las posibilidades de acción política. Mas teniendo en cuenta que en esta época, la militancia política ha quedado desprestigiada, como resultado del accionar de una dirigencia que ha comercializado a sus propios movimientos sociales y que por lo tanto, ahora no consigue articular los intereses del pueblo, en contra de las actuales políticas de saqueo y empobrecimiento.

Alegato del abogado Pablo Llonto “Por esos jóvenes que dieron todo..”

El abogado Pablo Llonto, quien conformó parte de una de las querellas, cerró su alegato durante el juicio, resaltando justamente ese espíritu de época que quedó reflejado en los numerosos testimonios que se fueron dando: “Por esos jóvenes, por esas jóvenes, que dieron todo y no pidieron nada. Por esos jóvenes y esas jóvenes que tenían esperanza y apelaron a la resistencia para tratar de conquistar esa esperanza. Por esas y esos jóvenes que creyeron en la fraternidad y en la solidaridad y que pedían justicia… al final de cuentas, pedían lo mismo que nosotros: Justicia.” (3)montonero2

Desde el 9 de abril de 2019 fueron casi 80 intensas jornadas a lo largo de dos años, en un juicio que entre los testimonios directos e indirectos alcanzó un total de 190 relatos, los cuales permitieron reconstruir historias de vida para luego pedir justicia por las víctimas del terrorismo de Estado. (4) Cada una de esas sesiones del juicio será recordada por las generaciones que vienen, sin dudas: por el valor histórico y académico del testimonio, pero también por la capacidad de transmitir aquello intangible y que el poder no puede controlar. Ningún aparato censor del Estado, ni el intento de tergiversación de la historia, podrán evitar que esas voces nos estén esperando para compartir la pasión, con la que vivieron aquellos años de coraje y entrega.

Gracias a la cobertura de los medios periodísticos independientes realizadas online, hoy son de acceso público y todos podemos conocerlas. (5) Lo que la dictadura tanto se esforzó por invisibilizar, hoy ya forma parte de la jurisprudencia argentina para siempre.

Los familiares y sobrevivientes que impulsaron la causa “contraofensiva”, estuvieron ejerciendo esos mismos valores, que los desaparecidos cultivaron durante los años de militancia. Puede decirse que su participación en los juicios son la continuidad natural de esa esencia, mezcla de integridad, coherencia y búsqueda constante, proyectada y puesta en práctica en el presente. No es poca cosa impedir que queden impunes los crímenes denunciados, para llegar a condenar a la cúpula que instruía y daba órdenes de actuar, tal vez, a unos de los aparatos represores más infames de toda la historia humana

Juicio “contraofensiva” visibilizó al Batallón 601, como cerebro criminal represivo

Después del juicio a la junta (Causa 13, 1985), “contraofensiva” deja establecido por segunda vez la responsabilidad de todos quienes participaron en una estructura jerárquica dentro del ejército. En este caso el aparato de inteligencia del batallón 601, era el cerebro criminal que establecía las prioridades operacionales, los niveles de coordinación y la subordinación de todo el resto de las fuerzas y organismos actuantes (policiales, Gendarmería Nacional, Prefectura Nacional y demás organismos de seguridad) para la “eficaz implementación” de todo el brutal y despiadado aparato represivo.

De este modo pudo ser juzgada la cúpula del aparato de inteligencia. Cinco de los nueve imputados del primer tramo del juicio “contraofensiva”, fueron sentenciados a cadena perpetua, sin beneficio de la prisión domiciliaria. Fueron condenados “a la pena de prisión perpetua e inhabilitación absoluta con accesorias legales, por hallarlos coautores penalmente responsables de los delitos en los cuales concurren materialmente: homicidio con alevosía con el concurso premeditado de dos o más personas…”. Ellos son: Roberto Bernardo Dambrosi (exjefe de la Compañía de Actividades Psicológicas del Batallón 601 de Inteligencia); Luis Ángel Firpo (exjefe de la Central Contrainteligencia y de la División Seguridad del Batallón de Inteligencia 601); Jorge Eligio Bano y Eduardo Eleuterio Ascheri (integrantes de la Sección Operaciones Especiales SOE de la guarnición de Campo de Mayo), y Marcelo Cinto Courtaux (jefe de Actividades Especiales de Inteligencia y Contrainteligencia del Destacamento de Inteligencia 201).

Negacionismo y también reivindicación

Actualmente vemos como algunos hijos y nietos, de los peores operadores del aparato represor de entonces, se posicionan dentro del organigrama del Estado. Son los herederos naturales de sus ideas y sus políticas de exterminio. Conforman un gobierno que no solo es negacionista, sino reivindicador del genocidio a través de la propaganda de Estado de “memoria completa”. Y actúan en consecuencia, los resultados de sus políticas están a la vista.

Nos preguntamos mientras buscamos nuevas estrategias de lucha, cuáles serían los discursos y las voces que estarían coordinando hoy al pueblo en las calles. Es imposible comprender este presente, sin la ausencia de la generación que nos antecede, que fue objeto deliberado de exterminio. Con una dirigencia huérfana de ideas, que solo busca construir puentes de conciliación con el poder y que carece del arrojo para confrontarlo, nos estamos pareciendo demasiado al ganado que camina resignado al matadero. Sin poder visualizar ninguna alternativa política u otra opción de salida organizada frente a la crisis, la calle se mantiene como el espacio ebulleciente de posibilidades, que el poder disputa cada vez con más represión. Si hay algo que nos ha quedado claro en la historia reciente de los juicios de lesa humanidad en Argentina, es que la estrategia de querer acallar las voces por la fuerza, a la larga jamás funciona y se vuelve en su contra.

La lucha en las calles marca el paso

La historia siempre encontrará los intersticios por donde trepar hasta salir a la luz y contar su verdad. Tal vez una nueva camada se esté gestando en medio de la actual crisis sin precedente, que conectará los capilares que quedaron abiertos, truncados por la violencia del terrorismo, para volver a circular dentro del pueblo la sangre de rebeldía y el sentido de intolerancia por los abusos que sufrimos.

Mientras tanto, con un cuerpo social mutilado ante la ausencia de sus mejores compañeros, la lucha en las calles marca el paso. Son los jubilados que en desventaja material, pero con sobrada altura moral, hoy enfrentan en primera línea a la policía de Bullrich. Los trabajadores que se oponen a la reforma laboral, se organizan en los sindicatos de base y nos recuerdan a los herederos del “villazo”. Lo mismo con cada espacio, los médicos, estudiantes y científicos que resisten el vaciamiento de los hospitales, universidades públicas y del Conicet, son el escudo para garantizar en el futuro un pueblo sano, culto y con historia.

La dirigencia y los operadores políticos quedarán en el banquillo de los acusados

Los valores que impulsaron a la generación de los 70’ a enfrentar la dictadura, están vivos. Forman parte de un magma que puede salir a la superficie en cualquier momento, como la lava de un volcán. Al pueblo no lo han podido exterminar nunca. Ni antes, ni lo harán después. Cuando finalmente se regenere cada una de las células de nuestro cuerpo colectivo, quedarán otra vez sentados en el banquillo de acusados ante la justicia, la dirigencia y los operadores políticos responsables de esta entrega, así como lo fueron las cabezas del batallón 601.

Durante la dictadura de los 70s, los jóvenes militantes que estaban dispuestos a entregar su vida, sabían que los dictadores no estarían en el poder por siempre. Y no se equivocaron. Fue la generación siguiente, la de sus hijos y nietos que acompañó a los sobrevivientes y familiares, la que logró a través de los juicios colocarlos en el último y más vergonzante lugar de la historia argentina.

Hoy la historia se repite y volverá a estar de nuestro lado. Son muchos los compañeros que están sintiendo eso mismo que sentía aquella militancia. No cabe duda que el pueblo tendrá siempre la última palabra y quienes hoy lo atacan, más tarde o más temprano… “como a los nazis los iremos a buscar... ole ole… ole ola”.

(1) La contraofensiva no solo fue una operación militar. Incluyo equipos de propaganda, de construcción y reorganización política, y de rescate de compañeros amenazados para ponerlos a salvo y sacarlos del país.

https://laretaguardia.com.ar/2022/08/la-contraofensiva-de-montoneros-y-los-viejos-mitos-derribados-en-el-juicio.html

(2) https://laretaguardia.com.ar/2019/04/juicio-contraofensiva-dia-2-10-anos-mas.html

(3) https://www.pagina12.com.ar/783134-pablo-llonto-presenta-su-libro-sobre-la-controafensiva-monto/

(4) http://www.juiciosdelesahumanidad.ar/detalle-de-juicio?id=1920

(5) https://www.youtube.com/@laretaguardia

*Foto de Portada: De Gustavo Molfino, de La Retaguardia

*Foto 2: Contraeditorial y La Retaguardia