Viernes 13 Marzo 2026
Nueva jornada de protesta de jubilados, con carga policial a palos y gas pimienta
Y además, una escena paradójica ese mismo miércoles

La insanía policial de la argentina, de la administración MIlei, este último día miércoles 4 de febrero del año que comienza, cobró nuevamente - sería por enésima vez, en el buen romance- otro eslabón de violencia represiva en las inmediaciones del Congreso Nacional, en la calle Rivadadia, de la ciudad de Buenos Aires; en esta oportunidad las fuerzas de seguridad ( o de “inseguridad”) cargaron con gas pimienta y bastones sobre manifestantes jubilados quienes pacíficamente y sobre la vereda protagonizaban su habitual movilización. Hubo varios detenidos y golpeados, y afectados por el gas, entre ellos el sacerdote de la Opción Por los Pobres Francisco “Paco” Olveira; él, como otras más personas, sufrió la represión, la que por otra parte sigue siendo habitual todos los días miércoles cuando los jubilados y discapacitados se concentran, desde hace meses, en ese punto de la capital argentina para hacer legítimos reclamos. El elocuente registro gráfico del momento en que el sacerdote Olveira es subido a un vehículo policial, exime todo comentario.

De acuerdo a las informaciones oficiales y extraoficiales que rápidamente ganaron las calles del gran Buenos Aires y de toda la Argentina, más de 35 personas que se manifestaban en torno al Congreso argentino fueron reprimidas y sufrieron diversas lesiones, debiendo intenarse en hospitales bonaerenses al menos a dos de ellas.

El padre Francisco “Paco” Olveira fue detenido junto a tres personas más, por entender los policías que allí intervinieron, que durante la movilización, que el sacerdote y quienes lo acompañaban, se resistieron a la autoridad: en consecuencia, pasó lo que siempre ocurre en estas manifestaciones, hubo una fuerte represión. Y tanto fue violenta que posteriormente Marisa Romero voluntaria del Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA) afirmó al periodismo que se hizo eco de la situación : “Habría que revisar por qué se dio esa situación de represión si no hubo ninguna ley que se infringiera”.

“Está todo mal, estoy quemado por el gas, me detuvieron , me soltaron y me volvieron a detener. Ahora estoy por entrar en la Superintendencia de Drogas de la Policía Federal, porque me llevaron acá, no sé, por ahora estoy en el camión celular”, fue el mensaje que Olveira atinó a enviar a sus colegas de Curas en Opción por lo Pobres, durante la violencia policial.

El arresto del sacerdote no es un hecho novedoso, ya en otras oportunidades, en similares circunstancias vivió la represión como cualquier otro ciudadano, pero en este caso las repercusiones fueron mayores. Se pudo saber que varios legisladores se hicieron presentes en la repartición policial donde se encontraba y en ese contexto tras la intervención de los parlamentario un fiscal dicto la resolución de liberarlo, no así a las restantes personas.

Trascendió desde el lugar mismo donde Olveira se hallaba detenido que allí se hicieron presentes los diputados de Unión por la Patria (UxP) Paula Penacca, Jorge Taianna, Teresa García, Lorena Pokoik y Eduardo Valdés. Testigos afirmaron que los legisladores lo escoltaron hasta el móvil de la Policía Federal donde quedó demorado; lapso depués un fiscal dejó sin efecto la detención de Olveira. Se estima que los videos presentados al fiscal actuante, por parte de los legisladores y periodistas que registraron la secuencia de los hechos, habrían sido determinantes para que la fiscalía luego dispusiera que el cura recuperara la libertad en medio de una tensa calma reinante en el lugar.

No obstante la presencia de los parlamentarios aludidos no pudo permitir la liberación de las personas que acompañaron a Olveira, vale decir de los ciudadanos Miguel Ángel Caly, Ivo Enriquez y Fidel Tomas Bravo. Se ignora si al momento de publicarse este arículo siguen o no privados de su libertad.

Los profesionales del CEPA declararon a los medios de comunicación, entre ellos Página 12, que muchas personas fueron literalmente gaseadas a corta distancia, y que no pocos manifestantes fueron golpeados duramente y que al menos dos personas sufrieron crisis colvusivas de ahí que debieron ser derivadas de urgencia a centros hospitalarios tras sortear retenes policiales, que en cierta medida no hacían más que dificultar la labor de los socorristas.

Estas violencias fruto de la represión coordinada por oficiales de la Policía ocurrieron siempre sobre la vereda de la calle Rivadavia, en el lateral al Congreso Nacional, y según se informó, en esas circunstancias un discapacitado de apellido Quinteros fue atendido por socorristas y desde allí fue ingresado en una ambulancia del SAME en la que fue trasladado al Hospital de Ramos Mejía.

La legisladora Myriam Bregman, que también se hizo presente en el lugar, afirmó sin rodeos que la represión que se vivió este miércoles último fue literalmente terrible.

“Al hacer este operativo tan delirante, con este cerco tan loco que hacen todos los miércoles, las ambulancias no pueden llegar rápido, el SAME tardó más de media hora en llegar. Cada miércoles supera lo que se ve, así que para el miércoles que viene, que hay una gran movilización convocada por la reforma laboral, esperamos que la masividad, como siempre lo logra, sea un gran escudo contra esto que estamos viviendo”

Y verdaderamente lo vemos desde nuestra redacción, y además nos lo relatan nuestros redactores y amigos que viven en la Capital Autónoma de Buenos Aires (CABA) en la Argentina. Son episodios extremadamente indignantes que se han venido repitiendo en los últimos meses, miércoles a miércoles; episodios que tienen el inconfundible sello de la administración Milei; episodios que ponen en evidencia la macabra ideología de la cual es autora absoluta la ex MInistra de Seguridad, Patricia Bulrich, prácticamente la autora intelectual de todos estos reiterados aquelarres, que son mascarón de proa de un fascismo instalado en la Argentina y no pocas regiones de nuestra América Latina y en Europa.

Esas violencias que a uno lo subleva, por su naturaleza misma; represiones ilegítimas no solo, sino que además hacen parte de una metodología propia de un terrorismo de Estado, en plena democracia; lo que la hace más grave aún.

Todos los miércoles se dan cita en el Congreso jubilados, es decir hombres y mujeres de más de 60 de años edad, no por el ejercicio de alterar el orden, sino por el ejercicio mismo de la democracia, donde las libertades y el respeto de los derechos son la esencia de sus movilizaciones semanales, enarbolando con carteles, y cánticos reinvindicaciones presupuestales, de neto contenido social, y por sobre todo, legitimas; movilizaciones pacíficas.

El detalle paradójico de esa jornada de represión

Pero a los demonios del Estado argentino poco les importa repartir bastonazos, y lanzar gases sobre personas indefensas, estando entre ellas un sacerdote que se ha ganado el respeto de una sociedad argentina; un sacerdote comprometido con los pobres de un país que ya no puede tapar el sol con el dedo, cuando se trata de violencia estatal descargada -diría yo con especial empeño- sobre un religioso que sin hipocresías está presente junto a quienes vocean reclamos justos; reclamos que están en boca de miles y millones de argentinos, y lo más irónico, reclamos que son un fantasma (nada ausente) dentro mismo de algunos sectores de las fuerzas de seguridad de la administración Milei.

Sí leyó bien, no estoy divagando. Se lo amplío más aún: ese mismo miércoles 4 de febrero, en horas matutinas, un Cabo de la Policía Federal se esposó a las rejas de la Casa Rosada voceando él mismo y con una pancarta una suerte de denuncia y reclamo de tono salarial.

Fue el Cabo MIguel Montiel quien visibilizó con ese su accionar, que yo recuerde inédito hasta ahora, una grave crisis que está atravesada dentro del Ministerio de Seguridad (desde los días de la Bulrich) cuya titular hoy es Alejandra Monteoliva; una crisis que se traduce en que entre un 50 y 70 por ciento de los suboficiales de la PFA se ven obligados a trabajar, fuera de hora de labor como uniformados, como choferes de aplicaciones, debido a sus bajos salarios; y además, que algunos cobran 700.000 pesos argentinso y algunos llegan a un máximo de 850.000, dentro de un contexto en el que los efectivos de la Policía de la Ciudad, cobran literalmente el doble; pero además y por si fuera poco, el accionar de la denuncia de Montiel, dejó al desnudo, con su pancarta y en el diálogo que tuvo con el periodismo que lo entrevistó, en particular Página 12, un alto índice de corrupción existente dentro de los jefes de la Federal, bajo la modalidad de destinos fantasmas; tema que seguramente en otro artículo de Antimafia Dos Mil habremos de desgranar, porque todo hace a la cuestión Milei, inclusive y paradojalmente, hasta en la trastienda de los represores que se hacen presentes todos los miércoles en la zona del Congreso, hablando bien y pronto.

Un Cabo de la Policía Federal se encadenó a la reja de la Casa Rosada; fue retirado lapso más tarde, sin mucha alaraca, aunque seguramente le costará el puesto, pero no tenemos noticia de que haya sido reprimido, tal como sus compañeros de la misma fuerza cargaron sobre los jubilados. Dato nada menor, y muy significativo. ¿Por qué será?

Cuando la insanía y las mezquindades de los gobernantes hacen que sus esbirros de uniforme violenten a personas a golpes, no quiere decir que los esbirros estén exentos de esas malignidades del terrorismo de Estado, porque hablando claro, corrupciones y bajos salarios entre las fuerzas de “inseguridad” -que se supone deberían proporcionar seguridad- también es una forma de terrorismo de Estado, porque mina, erosiona una función pública; y que la función pública, en el caso de las fuerzas policiales o al menos un sector de ellas, sirva en definitiva o sea funcional al Poder, con violencias, desmanes y abusos y violaciones a los derechos humanos, y a las libertades democráticas, esa ya es otra historia muy diferente y muy repulsiva; pero una cosa no quita la otra, especialmente cuando con este contrapunto todos somos testigos de lo patético que es hoy por hoy la administración de Javier MIlei. Así de sencillo, y sin mucha vuelta.

Pero retomando al episodio de la represión del miércoles último pasado, donde el sacerdote Olveira y otras personas sufrieron los embates del palo y del gas policial, este nos demuestra , donde estamos, a donde van ellos y a donde pretendemos llegar, nosotros.

Nosotros, pues a la pura y más elocuente denuncia de lo cloacal que és el Estado argentino cuando se trata de gobernar desoyendo, y siendo insensibles a las demandas sociales; y lo que es peor, repartiendo golpes, a pura convicción y dentro de la más absoluta impunidad.

Acá hay mucho descaro y mucho cinismo. Y mucho fascismo, pero uno bien recalcitrante y voraz.

*Foto de Portada: Página 12 (Ale Morasano)