No hallo mejor ocasión para retrotraerme en el tiempo, y memoria de por medio, situarme a orillas del río Chubut, en la Patagonia argentina -prácticamente a muy pocas horas de conocerse la noticia de la desaparición de Santiago Maldonado en agosto de 2017, junto a mi amigo y reportero gráfico de Antimafia Dos Mil, José Guzmán (en puntual cobertura periodística sobre un episodio impactante desde el inicio)- cuando en la Argentina en este mes de agosto de un 2025 que corre vertiginosamente, el hermano de Santiago, Sergio, acaba de publicar su libro , cuyo título es en sí mismo un emblemático testimonio de una más que trágica página de la historia argentina: “Olvidar es imposible. Santiago: mi hermano”.
Porque el caso de Santiago Maldonado , no solo conocido dentro de las fronteras argentinas sino además en el mundo entero, y en Italia, preferentemente, es literalmente imposible olvidarlo; porque es la historia viva de un crimen de Estado, y porque fue una infamia de Estado, en todo el sentido de la palabra; gústele o no al Estado argentino de la época y del presente, y en particular a la Gendarmería Nacional, como institución, porque hablando pronto y claro, personal de esa repartición fue la mano de obra utilizada por el régimen represivo de Patricia Bulrich, de aquellos años, para materializar el atentado contra la vida de Santiago y contra la Comunidad mapuche; un atentado oprobioso e indignante, cometido dentro de un ilegítimo operativo represivo que hacía parte de una repulsiva, y recurrente (y rascista) amedrentación a la comunidad mapuche de la Lof Cushamen a la altura del kilómetro 1.848 sobre la ruta que lleva a la ciudad de Esquel, distante unos 80 kilómetros ; amedrentación que persiste hasta hoy en el territorio patagónico especialmente , con total vigencia, y cuenta de ello lo dan constantemente los informes que emite -y que llegan a nuestra redacción- la Gremial de Abogados y Abogadas de Argentina, cuyos profesionales hacen denodados esfuerzos para llevar adelante -y exitosamente- la defensa de los pueblos originarios en arbitrarios juicios a los que se someten a sus integrantes, asiduamente, desde filas del poder, como una práctica discriminatoria que no parececería tener fín.
El libro de Sergio Maldonado es puro testimonio; es un crudo recuerdo, desde su visión, sobre cómo él vivió la desaparición de su hermano. Un libro que comenzó a ser bosquejado -aún sin él saberlo o asumirlo- desde el momento mismo en que se le dió la noticia del hecho. Un libro que nació de una injusticia y de una lucha. Un libro que hoy es un homenaje a su hermano. Un homenaje a todo el contexto de la lucha que Santiago llevó adelante.
Un libro que nace desde las entrañas mismas de un indescriptible dolor instalado dentro de la familia Maldonado y que paralelamente -casi intempestívamete- me transporta a la fría mañana en la que, con José Guzmán, llegamos al lugar mismo en donde Santiago luchó desesperadamente para ponerse a salvo a orillas del río Chubut, junto a otros mapuches, durante la brutal cacería de la que eran objeto ese 1ero de agosto de 2017; entre los mapuches estaba un referente de esos días, Matías Santana (a quien conocí personalmente, recabando su testimonio, en varias oportunidades) el que como la mayoría de sus compañeros, a excepción de Santigo, logró ponerse a distancia de sus perseguidores.
Apenas llegamos al lugar con Guzmán y tras dialogar con integrantes de la Lof Cushamen, encontramos ahí mismo a Nora Cortiñas, que con sus 87 años y acompañada de Roberto Cipriano y Sandra Maggi, parecía no dar tregua a su sed de justicia, ante un hecho que a todos los que allí nos encontrábamos nos generaba no solo una profunda indignación, sino puntualmente un inconfundible estado de rebeldía, si se puede decir, por el grado de impunidad que reinó en una circunstancia de desaparición forzada en manos de la represión macrista, que 78 días después, se transformó en rabia al hallarse el cuerpo de Santiago.
Hacía frío, un intenso frío; el mismo frío, o quizás mucho menor al que debieron soportar los mapuches que en ese tenso episodio no hallaron mejor forma que huir de sus cazadores internándose en las aguas del río para ganar la orilla opuesta; una decisión que en eso instantes significaba riesgos, y ese riesgo -inevitable por cierto- acarrearía sus consecuencias: y una de esas consecuencias, ese día, tuvo nombre y apellido: Santiago Maldonado, quien nunca logró alcanzar el margen opuesto del río.
Los recuerdos de esa mi presencia, en ese lugar, son poco y nada al lado de los recuerdos y los relatos de Sergio Maldonado en su libro; mis recuerdos solo me sirven -y también al lector- para rememorar fugazmente esa más que dramática vivencia, a la hora de conocer el escenario de los hechos, en tierras de una comunidad mapuche que por aquellos días fue ferozmente asediada por el poder; por una represión signada por la malignidad, dentro un contexto temerario promovido y ejecutado por fuerzas de seguridad (“de inseguridad”) del Estado argentino.
Allí mismo, a orillas del río Chubut, donde horas antes una vida humana había sido desaparecida como en los tiempos de la dictadura militar-empresarial y eclesiástica,por un grupo de tareas de ropajes democráticos, denominada Gendarmería Nacional, y mientras Guzmán hacía imágenes de nuestra presencia y la de Nora Cortiñas, en estrecho diálogo con jóvenes mapuches y otros colegas de medios de prensa argentinos, hubo un momento que cerré los ojos e imaginé escenas de cazadores y de presas; escenas de un terrorismo de Estado rascista (fascista) en plena faena; imaginé escenas de mercenarios del Estado disparando a quemarropa con sus armas a personas desarmadas; imáginé la desazón, el pánico de Santiago arrojándose a las aguas sin sospechar que sus cazadores los alcanzarían, se lo devorarían; lo imaginé espantado a merced de los cazadores de uniforme.
Allí mismo donde me encontraba, a orillas del río Chubut , había ocurrido todo esa infamia, que no era más que el primer eslabón de otra que 78 días después conocería el mundo: el hallazgo del cuerpo de Santiago, que daría paso a una tercera infamia: la impunidad en torno al caso; la verdad pisoteada; y la verdad distorsionada.
Por eso hoy , el libro de Sergio Maldonado (que se suma a otro, de exclusivo tenor periodístico, que fuera publicado hace pocos años: “Santiago Maldonado. Un crimen de Estado” del periodista Sebastiám Premici) es un testimonio inquebrantable y perenne que es funcional a la verdad, y es denuncia pública; denuncia sin cortapisas, íntegra y mordáz; con pelos y señales, inspirada en las emociones mismas de un integrante de la familia Maldonado, y en sus vivencias, y en los hechos que en sus páginas hacen foco dramáticamente en todas y cada una de las fisuras estatales, y de las conspiraciones estatales, que no son ni más ni menos que una parte de un todo estatal signado por una matriz de crimen, y de rascismo mayúsculo, fomentado y alimentado con impunidad sorprendente, hasta nuestros días.
Sergio Maldonado mismo lo explica a un periodista de Radio Seis en el programa Engranaje: “El libro tiene que ver con contar quiénes éramos, quienes eran esos tres hermanos. Nuestra infancia, de donde venimos. Entender que habia una vida que después cambió. Yo ahora soy una persona publica si se quiere y eso no es algo buscado ni es por una habilidad. Ocurre en el marco de un acto solidario y que también tiene que entender un poco la sociedad de que a cualquiera le puede pasar. Y me pueden venir a decir, "Bueno, Santiago estaba con la gente equivocada, en el lugar equivocado." Siempre estas frases hechas, cuando en realidad no va por ese lado. Se cuentan los obstáculos que vas encontrando, justo en un momento en el que vos estás más vulnerable, con las defensas más bajas, desorientado, nadie está preparado para ese tipo de cosas. Después podés empezar a tener un poco más de claridad con el paso del tiempo”.
“Se están cumpliendo 8 años desde que desapareció mi hermano y yo en ningún momento utilicé el el caso de mi hermano eh partidariamente o que fue algo que se sacó provecho de eso. De hecho, todo lo que se dijo, el “se ahogó solo”, los 55 peritos y toda esa mentira, entonces esto se fue con la recusación del juez. Si todo eso hubiese sido verdad se hubiese cerrado la causa. Quise contar también la actualización de la causa día por día, las mentiras que se fueron generando, y que cada uno saque sus conclusiones"
Tal cual. Cada uno de nosotros deberá sacar sus propias conclusiones , sencillamente, porque la tragedia, el atentado , el atropello, el crimen de Santiago Maldonado trascendió al núcleo familiar, por tratarse de un hecho de cuño público con ingerencia estatal; y una ingerencia estatal que se dirige, o mejor dicho, que tiene el sello de una brutal confrontación a una comunidad humana, a un pueblo originario; una ingerencia estatal que abrió las puertas para que se cometiera un delito grave de lesa humanidad: la desaparición forzada seguida de muerte; y luego, la impunidad a la hora de periciar, a la hora de trabajarse judicialmente. Y fue tan burdo todo ese andamiaje de alejamiento de la verdad sobre los hechos, que aún siete años después, es decir el pasado 2024, la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia, con la rúbrica de los magistrados Javier Leal de Ibarra y Aldo Ibarra llegó a revocar la decisión del juez Gustavo Lleral (quien había sobreseído a los gendarmes investigados por la muerte de Santiago Maldonado) disponiéndose además el apartamiento del juez de la causa.
Pero de hecho hay un punto que sigue siendo tema polémico y que se centra en la responsabilidad o no del Estado en el fallecimiento de Santiago. En paralelo, la autopsia determinó “que la causa de la muerte fue el ahogamiento por sumersión en las aguas del rio Chubut, coayudado por hipotermia, sin signos de violencia, y que el cuerpo estuvo bajo el agua l menos 55 días”
La interna familiar de los Maldonado. desde el instante mismo que fueron anoticiados de la desaparición forzada de Santiago, se sacudió cual un terremoto y no se doblegó al impacto tras la noticia, en contrario, cerró filas y desde ese momento hasta hoy atravesó -a brazo partido- cuánto obstáculo se les echó encima, luchando sin descanso por la verdad en torno a lo acontecido con su hermano.
Brazadas y brazadas debieron dar y siguen dando, entre las tenebrosas aguas del poder; todo un pueblo argentino con ellos, o si acaso todas aquellas almas que tienen conciencia de lo ocurrido y que no se dejan amedrentar, ni condicionar.
Nosotros , como redactores, en Sudamérica y en Italia, también estamos junto a ellos; y junto a los pueblos originarios, que por cierto siguen batallado en diferentes frentes, porque la isanía y la malicia -malditas ambas- siguen siendo mascarón de proa de un racismo-fascista abroquelado al poder de turno, que no se cansa de desmadrarse, impúnemente.
Una inmundicia histórica en la Argentina de hoy, que subleva.
*Foto de Portada: Antimafia Dos Mil/ Georges Almendras y José Guzmán junto a Nora Cortiñas en diálogo con integrantes de la comunidad mapuche de la Lof Cushamen, entre los restos de la vivienda que fue destruída por Gendarmería Nacional el 1ero de agosto de 2017 durante el ilegítimo operativo.
*Foto 2: Antimafia Dos Mil/Georges Almendras y José Guzmán entrevistando a uno de los testigos del operativo de Gerdarmería, quien a rostro cubierto, sostiene una foto de Santiago Maldonado
*Foto 3: Bariloche 2000/ Sergio Maldonado y tapa del libro publicado