Después de unos minutos de conversación nos dice, para nuestra sorpresa, que su hija Ahed está en casa y que si queremos podemos conocerla. Y aquí viene ella después de unos momentos. Ahed es como lo imaginamos. Estatura mediana, cabello rizado y muy rubio, ojos azules que penetran profundamente con una mirada que analiza, estudia y deduce. Ahed es reservada con los extraños, probablemente sea un sistema de defensa automático instaurado en los jóvenes de este tiempo, causado por las mil experiencias de lucha vividas en su Nabi Salih.

Explicamos quiénes somos, qué es Our Voice, cuáles son nuestros proyectos futuros en temas de Palestina y ella, lentamente, comienza a concedernos algunas tímidas sonrisas y asentimientos, escuchando nuestras palabras, diciéndonos que aprecia y apoya nuestro compromiso social. La emoción es tan grande porque, finalmente, nos encontramos frente a quien durante años ha sido nuestro ejemplo de resistencia juvenil contra un sistema oligárquico y corrupto como el de Israel. Ya con un poco más de confianza la joven de dieciocho años nos cuenta algunos episodios de la vida cotidiana en Nabi Salih.

Nos dice que cerca se encuentra Halamish, uno de los más de 200 asentamientos ilegales israelíes en Cisjordania, construido en 1977 por la confiscación israelí de cerca de 68 hectáreas de tierra pertenecientes a aldeas palestinas circundantes como Deir Nidham, Beitillu y Al-Ittihad. Los colonos de Halamish son particularmente conocidos en la zona por su agresividad hacia los palestinos y, en particular, hacia los ciudadanos de Nabi Salih. Ahed nos cuenta que esa mañana, alrededor de la hora del almuerzo, un grupo de colonos comenzó a atacar a niños de Nabi Salih con piedras y cascotes.

Los minutos pasan rápidamente y madre e hija deciden mostrarnos mejor el patio trasero, un lugar que rezuma historia y resistencia. Todo el vestíbulo está cubierto de enormes carteles, como todos los de Nabi Salih, son posters de Ahed y sus primos que aún están en prisión. Uno en particular atrae nuestra atención, está al lado de la puerta principal y muestra a Waeed, el hermano de Ahed, quien también terminó en una celda y hoy finalmente está libre y felizmente acompañado por su novia. Un final feliz que no todos tuvieron la suerte de tener. Más abajo está el punto donde Ahed rechazó a los soldados, cerca de la entrada. Un par de bromas sobre ese episodio para romper un poco más el hielo y he aquí que obtenemos otra sonrisa de la joven.

Una sonrisa serena, como si estuviera hablando con personas conocidas. Esa fue nuestra sensación. Y luego siguieron otras preguntas y curiosidades, primero sobre el pasado y luego sobre el futuro. La joven activista nos confiesa que su objetivo es estudiar derecho, como ya lo está haciendo en la prestigiosa Universidad Birzeit, para tener los medios y el conocimiento para mantenerse al día en su lucha con el ocupante, Israel. De repente, escuchamos a los muazeen anunciar la oración de la tarde, miramos la hora y ya son las 20, el tiempo ha volado y decidimos que llegó el momento de despedirnos, porque es mejor, nos dicen, no conducir de noche debido a los controles y al hecho de que ciertas carreteras pueden cerrarse en cualquier momento por "razones de seguridad" del ejército.

Un claro ejemplo de lo que la ONU llama "privación de la libertad de movimiento" de parte de los israelíes contra los palestinos. Le pedimos a Ahed una foto, antes de irnos, con la remera de Our Voice, nuestro símbolo, y ella acepta de buen grado. La saludamos junto con su madre y las dejamos con la promesa de encontrarnos pronto en Italia para un importantísimo proyecto en el que nos dijo que tiene la plena intención de participar si no le surgen compromisos de estudio. Por lo tanto, el nuestro no es un adiós sino un hasta pronto.

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Extraído de: ourvoice.it

Foto © Our Voice

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