En las palabras de la esposa del juez hay un atisbo de la verdad
 
Por Giorgio Bongiovanni-15 de julio de 2022

Una masacre de Estado. Así fue definida con acierto la matanza de vía D'Amelio en la que perdieron la vida Paolo Borsellino y los agentes de su custodia Agostino Catalano, Walter Eddie Cosina, Emanuela Loi, Claudio Traina y Vincenzo Li Muli.

Durante treinta años, las preguntas en torno a su ejecución fueron muchas: ¿por qué ese ataque ocurrió tan rápido, solo 57 días después del atentado de Capaci? ¿Cuáles fueron las razones que llevaron a la aceleración mencionada y de las que hablaron destacados colaboradores de justicia como Giovanni Brusca y Totò Cancemi? ¿Qué había descubierto Paolo Borsellino?

Encontrar las respuestas no es tan simple.

Estamos en el año del trigésimo aniversario y, tras la sentencia del Tribunal de Caltanissetta que absolvió al policía Michele Ribaudo de la acusación de calumnias "porque el hecho no constituye delito", mientras que la prescripción "salvó" a los otros dos policías, Mario Bo y Fabrizio Mattei, porque había caducado la agravante mafiosa, hemos vuelto a hablar sobre el desvío de las investigaciones que ciertamente existió, pero que va mucho más allá de vestir al "títere" Vincenzo Scarantino.

En definitiva, un proceso forzado. Mientras que los desvíos, los engaños y las tratativas del Estado-mafia con los verdugos de vía D'Amelio, son de otra naturaleza.

La agenda roja

Un punto crucial, el primer acto real del desvío, fue sin duda el robo de la agenda roja de Paolo Borsellino. Un hecho que tuvo lugar ya el 19 de julio de 1992, pocos instantes después del atentado, y que no se debió a la mano de figuras como Salvatore Biondino, Giuseppe Graviano u otros mafiosos.

Fueron manos controladas a distancia que ejecutaron órdenes precisas.

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Hoy es muy conocida la historia del hallazgo de la fotografía en la que se retrata al entonces capitán Giovanni Arcangioli, con el maletín de Borsellino en la mano. Una historia que nos involucró personalmente cuando, en lugar de dar la primicia, decidimos informar a la autoridad judicial lo que habíamos notado en una fuente. 

Se abrió una investigación, Arcangioli fue investigado por el robo de la agenda roja y luego absuelto por "no haber cometido el hecho", a pesar de que las imágenes de video encontradas más tarde lo mostraban cuando se alejaba de vía D'Amelio con el maletín del juez. 

La familia Borsellino había informado de la existencia de esa agenda a Arnaldo La Barbera (fallecido en el 2002, ndr) quien lideró el grupo de investigación inmediatamente después de la masacre de vía D'Amelio, pero él simplemente se limitó a responder "que esa agenda era fruto de nuestro delirio". Con los últimos avances de las investigaciones surgió que La Barbera, en los años anteriores al nombramiento de jefe de la Brigada Móvil Palermo, había estado durante un tiempo a sueldo de los servicios secretos con el nombre en clave de "Rutilius". Y La Barbera, en la sentencia del Borsellino quater, fue señalado como uno de los defensores del desvío de la investigación de la masacre.

Más allá de las eventuales responsabilidades constatadas hasta el momento, es evidente que la desaparición de la agenda roja está muy ligada a la eliminación física de Paolo Borsellino.

Como ha dicho en varias ocasiones el ex fiscal general de Palermo, Roberto Scarpinato, "no alcanzaba con matar a Borsellino, la agenda roja tenía que desaparecer porque si la encontraban se hubiera acabado todo".

Al alinear las piezas de la historia, es posible vislumbrar cuál podría ser el contenido de ese tan preciado documento. 

En los últimos años, los juicios de vía D'Amelio, así como el de la Tratativa Estado-mafia, han puesto de relieve varios elementos, empezando por las mismas palabras que Paolo Borsellino dijo públicamente en Casa Professa, afirmando ser un "testigo" que quería informar a la autoridad judicial acerca de lo que sabía sobre la muerte de su amigo fraterno, Giovanni Falcone.

Es en el trabajo de Paolo Borsellino donde se encuentra la búsqueda de la verdad sobre las masacres.

Porque el juez había intuido y comprendido cosas importantes.

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La búsqueda de la verdad

Sobre este punto hay un testimonio directo, desde el cual es posible retomar la búsqueda de la verdad sobre las masacres y los autores intelectuales externos que querían y ordenaron la muerte de Borsellino, y ese testimonio es el de Agnese Piraino Leto, la esposa del juez.

Desde que una bomba se llevó a su marido con el que había compartido una vida blindada y permanentemente vigilada, siempre luchó por la búsqueda de la verdad, incluso señalando con el dedo, cuando fue necesario, a quienes le habían dado la espalda al Estado y a Paolo.

Basta pensar en lo que le respondió al ex ministro del Interior Mancino quien, inmediatamente después del funeral, puso a disposición las fuerzas del Estado ("El asesinato de mi marido es una declaración de guerra contra la ciudad. Si es guerra, es guerra: envíen militares para proteger el territorio y defender a los objetivos en riesgo").

Agnese se expresó claramente en contra de aquellos que, tras la masacre de Capaci, abandonaron aún más a su esposo, quien se vio obligado a pelear una batalla que él solo no podía ganar: "Falcone era para él como un escudo. Sin el cual su exposición había aumentado. De ahí probablemente la necesidad de mi marido, en esos 57 días, de anotar escrupulosamente cada punto de la investigación, las valoraciones, los recuerdos personales de los que prometió hablar con los fiscales que entonces actuaban en la fiscalía de Caltanissetta, a cargo de la investigación sobre Capaci. Pero nadie, en esos largos 57 días, lo llamó". Y en esa denuncia también estaban las consideraciones sobre la agenda roja: "Es posible que, en las páginas de la agenda roja, utilizada para proyectos de trabajo y para anotar los hechos más significativos, haya escrito cosas que no quería confiarnos a nosotros, los miembros de la familia. Esa agenda fue recuperada en el lugar de la masacre, pero, como sabemos, ha desaparecido. Si aún existiera y si estuviera en manos de alguien podría ser usada como una formidable herramienta de chantaje".

Con el tiempo, la viuda de Borsellino también contó que, el día anterior a su muerte, su marido le confió turbadoras inquietudes sobre su propio fin, que consideraba inminente: "Él era perfectamente consciente de que su destino estaba sellado, tanto que me dijo en varias oportunidades que el tiempo se le estaba acabando. Recuerdo perfectamente que el sábado 18 de julio de 1992 salí a pasear con mi marido por el paseo marítimo de Carini, sin que nos siguiera la custodia. Paolo me dijo que no sería la mafia quien lo mataría, a la que no le tenía miedo, sino que serían sus compañeros y otros los que permitirían que esto sucediera. En ese momento estaba desanimado, pero seguro de lo que me decía". La referencia a los compañeros de Paolo Borsellino da fe de ese aislamiento interno en la Fiscalía del cual el mismo magistrado había hablado a sus más estrechos colaboradores. Y él hizo lo mismo en su familia. Agnese dijo: "Solo puedo decir, habiendo sido testigo presencial, que mi esposo estaba muy enojado cuando supo por casualidad del entonces ministro Salvo Andò, con el que se encontró en el aeropuerto, que un arrepentido había revelado: 'El TNT para Borsellino ya llegó'. El fiscal Pietro Giammanco, que conocía la noticia, no le había informado, argumentando que su deber, por razones de competencia, era informar solo a Caltanissetta".

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"En ese momento -recordó la señora Agnese en una nota de la agencia ANSA- tuvo conciencia de un aislamiento pesado y peligroso. No excluyo que desde entonces se haya convencido de que Cosa Nostra lo mataría solo después de que otros lo hubieran autorizado".

Palabras difíciles de olvidar: "Paolo me dijo: 'materialmente me va a matar la mafia, pero la orden la van a dar otros. La mafia me matará cuando los otros lo permitan'. Son palabras que están grabadas en mi cabeza, y mientras viva no podré olvidarlas".

Así pues, Borsellino le dijo a su esposa que "otros" lo querían muerto. ¿Quiénes eran esos otros?

Para saberlo es necesario hurgar entre los pliegues de las declaraciones recogidas a lo largo del tiempo, tanto de la prensa como de la magistratura.

Cuando Borsellino habló de tratativas y de que Subranni era un 'punciuto'

En su última entrevista con el Corriere della Sera la viuda de Borsellino dijo que "hubo dos tratativas Estado-mafia. Y mi esposo fue asesinado por la segunda. La que debía cambiar el panorama político italiano".

Agnese Piraino Leto también informó a los magistrados de Caltanissetta, en el 2009, sobre ciertos temas y explicó la razón por la que solo después de mucho tiempo decidió hacer ciertas declaraciones para que constaran en acta, al declarar ante el fiscal de Caltanissetta, Sergio Lari, y el fiscal adjunto, Domenico Gozzo. ("Tenía miedo, no tanto por mí, como por mis hijos y luego por mis nietos. Pero ahora sé que ha llegado el momento de informar hasta el más mínimo o aparentemente insignificante detalle").

Ella declaró a los magistrados que "después de la masacre de Capaci, mi esposo dijo que había habido un diálogo, que ya se venía desarrollando desde hace tiempo, entre la mafia y partes desviadas del Estado. Paolo me dijo que lo iba a matar la Mafia pero que los autores intelectuales eran otros". Y agregó: "Mi esposo me dijo textualmente que 'había una conversación entre la mafia y partes infieles del Estado'. Esto me lo dijo a mediados de junio de 1992. En ese mismo período me dijo que había visto a la 'mafia en vivo', hablándome, también en este caso, de cercanía entre la mafia y piezas del aparato estatal italiano. En esa misma época siempre cerraba los postigos del dormitorio de esta casa, temiendo ser visto desde Castello Utveggio. Me dijo: 'Nos pueden ver en casa'. Me dijo también que el general Subranni era un 'punciuto' (el rito de afiliación a Cosa Nostra, ndr). Recuerdo que cuando me lo dijo estaba atónito, pero lo hizo en un tono absolutamente seguro. No me dijo quién se lo había dicho. Me dijo, sin embargo, que cuando se lo dijeron se puso tan enfermo que tuvo náuseas. Para él, en ese entonces, el Arma de Carabineros era intocable".

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Agnese Borsellino y la agenda roja

A la luz de todos estos elementos, de los múltiples indicios dados por la señora Agnese, es más que legítimo pensar que no sólo estaba en posesión de las confidencias de su marido, sino que también estaba directamente al tanto de lo que su marido había escrito en la agenda.

La viuda de Borsellino también les confirmó a los magistrados que su marido, en esa agenda, "anotaba los movimientos, las personas a las que tenía que encontrar y, en todo caso, todo lo relacionado con su trabajo". Así fue que especificó que "Paolo llevaba dos agendas, una de las cuales, como se sabe, estaba en mi casa cuando se realizó el ataque y era de color gris, mientras que la otra, de color rojo, se la habían regalado los Carabineros en la Navidad del año anterior".

Un detalle importante es que el magistrado comenzó a utilizar ambas agendas "inmediatamente después de la masacre de Capaci". "De hecho -dijo Agnese Borsellino- creo que Paolo en ese momento pensó que tenía poco tiempo disponible para profundizar las pistas de investigación que estaba siguiendo y, por lo tanto, anotó todo en la agenda roja para evitar, no solo que pudiera perder elementos útiles para su trabajo, sino también para anotar aquellas reflexiones o noticias que temía no poder comunicar a los demás y, en particular, al fiscal de Caltanissetta antes de ser asesinado".

¿Es posible, entonces, que Paolo Borsellino le haya dicho a su esposa que, si le pasaba algo, en esa agenda estaban los elementos para entender quién había querido matarlo?

Tenemos razones para creer que tal hipótesis no es inverosímil. 

Después de todo, Borsellino era perfectamente consciente de cuál sería su destino. "La prueba está en que -dijo la misma Agnese- pocos días antes de ser asesinado, se confesó y comulgó".

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Los autores intelectuales de las masacres

En lo personal, estamos convencidos que detrás del misterio de la agenda roja está el secreto de las masacres y de los autores intelectuales externos.

Como recordó Scarpinato en años pasados,- cuando fue auditado ante la Comisión Regional Antimafia, "si Borsellino hubiese ido a Caltanissetta con la agenda roja, la bomba hubiera explotado".

En él confiaron muy importantes colaboradores de justicia, como Gaspare Mutolo y Leonardo Messina. El primero "le anticipó a Falcone que iba a hablar de Contrada (exnúmero dos del SISDE -Servicio de Información y Seguridad Democrática- luego condenado por concurso externo en asociación mafiosa, ndr) y el brazo derecho de Borsellino, Carmelo Canale, dijo que estuvo presente en una reunión entre Falcone y Borsellino, en la que se dijo que en cuanto Mutolo se decidiera a colaborar le pondrían las esposas a Contrada".

El segundo, perteneciente a la mafia de Caltanissetta, conocía el plan secreto de desestabilización que habían discutido en Enna los líderes regionales de la mafia en 1991 y que tuvo su inicio con la masacre de Capaci. Y él también, como Mutolo, había pedido expresamente hablar con Borsellino y aún no había dejado constancia en actas de lo que sabía.

A estos elementos se suma el hecho de que Borsellino debía haber ido a la Fiscalía de Caltanissetta para declarar lo que sabía sobre la masacre de Capaci. Y es fácil creer que entendió lo que había detrás de dicha masacre, y que sabía que en la misma habían actuado entidades externas. 

Pero no solo eso.

Porque apenas dos días antes de la masacre de Capaci, Paolo Borsellino concedió una entrevista a los periodistas de Canal Plus, Fabrizio Calvi y Jean-Pierre Moscardo (fallecido en 2010), la cual nunca fue transmitida por dicho canal, pero que luego revelada por L'Espresso en 1994, y transmitida parcialmente en la Rai en el año 2000.

En esa video entrevista, los dos periodistas franceses estaban investigando las relaciones de Cosa Nostra con la política italiana, las conexiones, presuntas en ese momento, luego demostradas (con una condena por concurso externo en asociación mafiosa) entre la mafia de Palermo y Marcello Dell 'Utri, fundador de Publitalia y más tarde del partido Forza Italia, mano derecha de Silvio Berlusconi. Paolo Borsellino respondió de manera escrupulosa y equilibrada a las preguntas que se le dirigieron referidas al tráfico de droga, a los Mangano, y a la familia mafiosa de Porta Nuova, aclarando que no se ocupaba directamente de esos expedientes, sino que de otros debates habían surgido ciertos elementos.

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El apunte de Falcone sobre B.

Que Giovanni Falcone y Paolo Borsellino habían monitoreado de alguna manera los eventos que giraron en torno al ex Cavaliere surge también de otro dato.

Hace tiempo se encontró una nota, redactada por Falcone, en la que se lee: "Cinà en buenos términos con Berlusconi. Berlusconi le da 20 millones a los Grado y también a Vittorio Mangano".

Maurizio Ortolan, inspector de policía retirado, miembro de la custodia del arrepentido Mannoia, testigo presencial de los interrogatorios que Giovanni Falcone sostuvo con el colaborador de justicia, dijo que esas palabras ya habían sido pronunciadas en 1989.

Y salta a la vista que esos nombres del apunte no son en modo alguno insignificantes. Grado es uno de los jefes de Palermo que frecuentaba Milán en los años setenta. Gaetano Cinà es el jefe mafioso muy amigo de Dell'Utri, considerado el "nexo, el intermediario de alto nivel entre la organización mafiosa y los círculos empresariales del Norte". Vittorio Mangano es el mafioso contratado por Berlusconi como mozo de cuadra en su villa de Arcore.

Es ampliamente reconocido que, después de la muerte de Falcone, Paolo Borsellino fue el principal magistrado en la lucha contra la mafia. Y es fácil pensar que estaba al tanto de las mismas cosas. Sabía del viejo negocio de Cosa Nostra, que había establecido una base en el norte, en Milán, en la década de 1970. Y esas "historias" eran cualquier cosa, menos viejas o sin fundamento. Y lo demuestra precisamente en esa entrevista a los dos periodistas franceses, en la que subraya las relaciones que Marcello Dell'Utri y Silvio Berlusconi, en Milán, habrían mantenido con personajes de las familias palermitanas.

Nombres claves

Para entender mejor, recordemos los fundamentos de la condena contra Dell'Utri, donde está escrito en blanco y negro que, durante dieciocho años, del '74 al '92, el exsenador fue garante del acuerdo entre Berlusconi y la mafia para proteger intereses económicos y a su familia.

Si Borsellino había intuido todo esto, es evidente que se había convertido en un obstáculo no solo para las tratativas en curso, de las que había tenido conocimiento, sino también en un problema para quienes preparaban la salida al campo de Forza Italia. Un nuevo poder que seguramente el juez habría seguido de cerca, si no investigado. Un poder que tuvo su máxima expresión en Marcello Dell'Utri y Silvio Berlusconi.

Esos mismos Dell'Utri y Berlusconi que están siendo investigados hoy por la Fiscalía de Florencia (investigación dirigida por el fiscal adjunto Luca Tescaroli, junto con el fiscal Luca Turco) como autores intelectuales externos de las masacres de 1993.

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Una historia diferente, quizás, pero no demasiado. Porque como me dijo Totò Cancemi cuando lo entrevistamos, "Totò Riina fue llevado de la mano" para organizar las masacres. Y dio los nombres de Berlusconi y Dell'Utri. También agregó que la masacre de vía D'Amelio fue organizada por orden de Totò Riina, y que los hermanos Graviano tuvieron un rol importante, pero en particular Salvatore Biondino. 

Una figura clave, la del chofer de Riina y jefe del distrito de San Lorenzo, ya que estaba en contacto directo con los servicios secretos. Cancemi dejó muy en claro, sin medios términos, que Biondino tenía las espaldas cubiertas por los servicios secretos del Estado italiano para la ejecución del crimen.

También fue Cancemi quien informó que el jefe de jefes "repetía que con esas acciones criminales iban a poner de rodillas al Estado y a demostrar su gran fortaleza. Y precisamente para facilitar la creación de nuevos contactos políticos, era necesario eliminar a aquellos que, como Borsellino, habrían desalentado cualquier intento de acercamiento a Cosa Nostra y de retroceso en la actividad de lucha contra la mafia".

Por eso tuvo lugar la masacre de vía D'Amelio. Una masacre de Estado que derrumbó definitivamente a la Primera República, dando vida y forma a la Segunda.

Los juicios celebrados hasta ahora han ofrecido parte de la verdad y está claro que la desaparición de la agenda roja está muy ligada al desvío, al "nudo” de los autores intelectuales externos. Las sentencias del "Borsellino quater" y del "Borsellino Ter" también abordan estas cuestiones.

Un proceso, el "ter" (íntegramente instruido por el magistrado Nino Di Matteo, junto con Anna Maria Palma, y ​​que derivó en la condena de todos los jefes de la Comisión provincial y regional) en el que emergió, con la declaración del colaborador de justicia Giovanni Brusca, la existencia de la Tratativa Estado-mafia.

Y fue en este proceso que se hizo referencia (como dijo Cancemi) al dato por el que Riina citaba a Berlusconi y Dell'Utri como sujetos a los que había que apoyar "ahora y en el futuro", y les aseguraba a los demás miembros de la Cúpula que llevar a cabo esa masacre sería a la larga "bueno para toda Cosa Nostra".

A partir de estos elementos, Di Matteo, junto con su colega Luca Tescaroli, en los años siguientes continuaron con la búsqueda de la verdad sobre los autores intelectuales externos de las masacres con las investigaciones sobre Bruno Contrada por concurso en masacre y las de "Alfa y Beta" (o Silvio Berlusconi y Marcello Dell'Utri).

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La profundización sobre los servicios

En cuanto a la investigación del exdirector del SISDE, se sondeó la hipótesis de su posible presencia en vía D'Amelio el día de la masacre.

Fue a partir de esas investigaciones que se enfrentó el problema de la desaparición de la agenda roja, incluso antes del hallazgo de la fotografía del Capitán Arcangioli. "Mi compromiso -explicó Di Matteo al declarar en el juicio por el desvío de las investigaciones en febrero del 2020- tenía como objetivo entender quien la hizo desaparecer. Hicimos todo lo posible para averiguarlo, incluso chocando con bestiales reticencias acerca de la presencia de hombres de las instituciones en el lugar del atentado. Desde aquí habría querido volver a partir para muchas otras cosas".

"Se abrió una investigación muy profunda sobre los servicios secretos -reconstruyó el magistrado- Fui yo quien reabrió la investigación sobre los mismos en base a las declaraciones del arrepentido Elmo, que nos había dicho que lo había visto salir del lugar del atentado con un maletín, o con documentos en la mano. En ese momento leí todo el archivo antiguo y agregué sus agendas. Al ver esos documentos me di cuenta de que había un oficial del ROS (Reagrupamiento Operativo Especial), Sinico, que había ido a la fiscalía de Palermo y les había dicho a algunos magistrados que se había enterado que el primer auto que acudió después de la explosión había constatado la presencia de Contrada. Y también habló de un informe de servicio que confirmaba la presencia de Contrada en vía D'Amelio, y que luego sería arrancado en la comisaría -siguió diciendo-. Lo que me hizo estremecer es que cuando fue oído por la colega Boccassini, en 1992, hizo constar esa circunstancia diciendo que lo había sabido por un amigo muy querido, no un confidente, cuya identidad quería proteger. Fui a interrogarlo y repitió las mismas palabras. Cuando yo estaba a punto de pedir la remisión a juicio del carabinero él vino a la Fiscalía y presentó un memorial del cual habría hablado con el coronel Mori, dando el nombre de su fuente: el funcionario de policía Roberto Di Legami. También recuerdo el momento de los caros, que fue dramático. Legami negó todo, incluso fue acusado porque eran dos militares contra uno (Sinico y Raffaele Del Sole, ndr). Me enteré después del resultado de ese proceso, cuando ya estaba en Palermo y supe que el funcionario fue absuelto".

La supuesta confidencia de Di Legami a Sinico también hablaba de una relación de servicio que atestiguaba la presencia de Contrada en vía D'Amelio. Sin embargo, ese documento habría sido destruido.

La lógica dice que si Di Legami no tenía nada que ver con esto, entonces alguien más mintió en su declaración, pero en el punto no se ha ido más allá.

Y lo mismo ocurre con Bruno Contrada que siempre dijo haberse enterado de la masacre (alrededor de un minuto después de la explosión, según los registros) mientras se encontraba en mar abierto a bordo del barco de su amigo Gianni Valentino que siempre confirmó su historia.

Volviendo a las declaraciones de Elmo, Di Matteo también recordó que este último "dijo que había visto a Narracci, el jefe del SISDE de Palermo, en vía D'Amelio, junto con Contrada. Para nosotros no era un nombre cualquiera, porque su número personal de teléfono también estaba anotado en una nota encontrada a unos cientos de metros del lugar de la masacre de Capaci. Cuando procedimos a identificar a Elmo personalmente, no lo reconoció. Cuando fui a Palermo me enteré de que Elmo había emitido un comunicado en el que decía que en realidad lo había reconocido, pero que no se registró el reconocimiento porque fue inducido por un policía judicial que se encontraba presente ese día".

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Alfa y Beta

También hubo información importante sobre Berlusconi y Dell'Utri. Y los dos magistrados, Di Matteo y Tescaroli, encontraron no poca resistencia.

"Hubo una reunión de la DDA (Dirección Distrital Antimafia) y fue vergonzoso -dijo Di Matteo ante el Tribunal de Caltanissetta-. Se sabía que la reunión había sido convocada para evaluar la posible inscripción de Berlusconi y Dell'Utri en el registro de sospechosos. El fiscal de la época, Giovanni Tinebra, después de una larga y animada discusión dio su aprobación, aunque no estaba de acuerdo, pero también dijo que teníamos que proceder con nombres ficticios y que no firmaría ningún documento del proceso. Ciertamente en las investigaciones sobre autores externos no estuvo cerca. Puedo decir que fue una forma de no apoyar y no participar, tomando distancia en lo interno y en lo externo. Cuando solicitamos investigaciones a la DIA (Dirección de Investigaciones Antimafia) de Roma y a los demás fiscales, se enviaron los oficios, pero las únicas firmas eran la mía y la de mi colega Tescaroli, es decir, dos sustitutos. Y esto ciertamente no presagiaba nada bueno a favor de la investigación".

Respondiendo a una pregunta del abogado Fabio Repici también recordó que Tinebra cambió de opinión sobre la colaboración de Cancemi justo cuando éste mencionó los nombres de Dell'Utri y Berlusconi: "No hay duda de que hasta que Cancemi hizo esa referencia sobre lo que se dijo en la reunión en la casa de Guddo, el Fiscal tenía una evaluación positiva. Pero a partir de ese momento noté un cambio. Había una actitud, que también era la actitud de Mori, pero no sé si es verdad, de sacarse de encima a Cancemi. Y una vez hasta hizo un chiste diciendo: 'este empezó a calumniar'. Pero nosotros primero queríamos hacer los controles necesarios".

Todos estos elementos muestran claramente cómo, contrariamente a lo que afirma el abogado Trizzino, abogado de los hijos de Paolo Borsellino, el fiscal Nino Di Matteo no tiene nada que ver con el desvío tramado en la masacre de vía D'Amelio.

Acusaciones de las que el hermano del juez, Salvatore Borsellino, fundador del movimiento Agendas Rojas, se desmarcó públicamente en varias ocasiones al defender, tanto a Di Matteo, como al exfiscal general de Palermo, Roberto Scarpinato.

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Que Di Matteo se encuentra entre los magistrados que más se acercaron a la verdad de las masacres también lo demuestra su propia historia. No podemos olvidar los importantes resultados alcanzados en los juicios por la muerte de magistrados como Chinnici, o el asesinato del juez Antonino Saetta, con condenas a mafiosos, políticos y funcionarios de cuello blanco.

Precisamente por esta obstinación en la búsqueda de la verdad, Di Matteo fue hostigado en repetidas ocasiones hasta por los más altos puestos de la magistratura, sufriendo la apertura de una indecente medida disciplinaria (de la que luego fue absuelto) y una larga serie de sensacionales rechazos por parte del CSM (Consejo Superior de la Magistratura), que siempre prefirió a colegas con menos experiencia y calificaciones.

No debemos olvidar el goteo de intimidaciones que recibió hasta llegar a la sentencia de muerte decretada directamente por el ya fallecido jefe de jefes, Totò Riina ("Entonces organicemos esto. Hagámoslo grande y no hablemos más del tema -y luego otra vez-  porque este Di Matteo no se va, pidieron refuerzos... reforzaron su escolta, y luego si fuese posible... matarlo... una ejecución como hacíamos en otro tiempo en Palermo, salíamos de mañana de Palermo a Mazara, estaban los pobres soldados en fila india en ese momento").

Palabras que fueron ratificadas cuando Vito Galatolo, hijo de uno de los jefes mafiosos más importantes de Palermo, comenzó a colaborar con la justicia. El exjefe de Acquasanta, que se arrepintió en noviembre del 2014, habló de un proyecto de atentado, nunca revocado, aprobado desde fines del 2012. Interrogado por los fiscales, informó sobre una solicitud enviada en una carta de Matteo Messina Denaro leída en una cumbre restringida en la que participó junto con su adjunto, Vincenzo Graziano, y los jefes de los distritos de San Lorenzo y Porta Nuova, Girolamo Biondino y Alessandro D'Ambrogio. También explicó por qué había que matar al fiscal: "había llegado demasiado lejos". Luego relató la llegada, a la capital siciliana, de ciento cincuenta kilos de TNT, procedentes de Calabria, para matar al magistrado.

Y los autores intelectuales serían "los mismos de Borsellino".

Y también dijo que el jefe de Castelvetrano había dicho que los que querían esa muerte eran "los mismos que en el caso de Borsellino". Lo cierto es que, según investigaciones de la Fiscalía de Caltanissetta, ese plan de muerte sigue siendo "todavía operativo".

A treinta años de las masacres, la mayor amargura es que aquellos magistrados que se comprometieron y se comprometen en la lucha contra los sistemas criminales, sin hacer excepciones (al poder, a las instituciones o a los aparatos del Estado), hoy están todos 'deslegitimados y aislados'.

Como les sucedió a Falcone y Borsellino. Sin darse cuenta de que al hacerlo no sólo se pone en peligro la búsqueda de la verdad, sino que se corre el riesgo de desaparecer en el olvido.

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*Foto de portada: reelaboración gráfica de Paolo Bassani

*Foto 2: La esposa de Paolo Borsellino, Agnese Piraino Leto, y el exjefe de la Oficina de Instrucción de Palermo, Antonino Caponnetto

*Foto 3: La masacre de vía D'Amelio © Shobha

*Foto 4: El magistrado Paolo Borsellino © Shobha

*Foto 5: El entonces capitán de los carabineros, Giovanni Arcangioli, llevando en su mano el maletín del magistrado Paolo Borsellino

*Foto 6:El exprimer ministro Silvio Berlusconi y el ex senador Marcello Dell'Utri © Imagoeconomica

*Foto 7: El magistrado Giovanni Falcone © Archivo Letizia Battaglia

*Foto 8: El 'jefe de jefes' de Cosa Nostra, Totò Riina © Shobha

*Foto 9: A la izquierda, el exdirector del SISDE, Bruno Contrada © Archivio Letizia Battaglia

*Foto 10: De izquierda a derecha: el fiscal adjunto de Florencia, Luca Tescaroli, y el consejero togado del CSM, Nino Di Matteo © Imagoeconomica

*Foto 11: El hermano de Paolo Borsellino y fundador de las Agendas Rojas, Salvatore © Deb Photo

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