"Por encima de la ley: cómo manda la mafia desde la cárcel"

El libro del consejero togado del CSM fue presentado en Palermo

Por Marta Capaccioni-26 de junio de 2022

"El mundo carcelario es un universo verdaderamente desconocido y para poder comprenderlo no basta con frecuentarlo, ni siquiera con una función institucional de magistrado o abogado. Debe ser alguien que mientras lo frecuenta no pueda salir, ya sea porque está inscripto en el circuito penitenciario o porque cumple su propia función dentro del mismo". Estas fueron las primeras palabras del consejero Sebastiano Ardita en la presentación de su último libro "Por encima de la ley: cómo manda la mafia desde la cárcel", realizada en la librería Tante Storie de Palermo. Un encuentro sencillo, lleno de humanidad y sentido de comunidad, cercano a la gente de la ciudad, a cualquiera que quiera detenerse a escuchar, aunque sea por un momento. Sorprendentemente, también estuvo presente Nino Di Matteo, miembro togado del CSM, quien intervino junto a Ardita. Los temas abordados fueron diversos: desde el relato de la dramática realidad carcelaria en todas sus dimensiones sociales e institucionales hasta la desconcertante ausencia del Estado en el diseño de espacios y recursos humanos y materiales. Luego se volvió a hablar de la cadena perpetua obstativa, de la institución de los colaboradores y finalmente del trabajo de los policías penitenciarios, que se encuentran en un abandono casi total, teniendo que gestionar un mundo que cae cada vez más al abismo, en el silencio y en el desinterés general.

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"La cárcel es una estructura integral que no admite excepciones y nunca hay un espacio vacío. Si el Estado da un paso atrás y no regula algo, ese espacio lo ocupa alguien que pondrá sus reglas. Y los reclusos se dan a sí mismos reglas no sobre la base de un código escrito, sino de una jerarquía criminal. Si le das algo a toda la población detenida, le estás dando algo a los que van a ocupar el lugar del Estado en la regulación de ese derecho", explicó Ardita refiriéndose al tema de las llamadas "celdas abiertas", es decir, al hecho de que desde hace algunos años se decidió "ampliar la dimensión de los espacios en prisión, permitiéndoles circular libremente en la realidad penitenciaria. Una elección que no está ligada a la buena conducta ni a la cuidadosa discreción de la seguridad penitenciaria, sino que se concibe como un derecho de todos, independientemente de la conducta individual, la peligrosidad o el grado delictivo de pertenencia del recluso. Es un derecho de la población carcelaria". Todo esto ha tenido consecuencias desastrosas dentro del mundo carcelario y el mayor daño lo están sufriendo "los presos que quieren estar encarcelados en paz".

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Los efectos de esta decisión se pueden ver a partir de algunos indicadores "que nos permiten entender la calidad de vida en prisión. Estos se han disparado en los últimos años, precisamente en coincidencia con estas reglas, que han hecho que el control de las realidades dentro de la vida carcelaria pase a manos de las jerarquías criminales". Estos datos se refieren, por ejemplo, al número de autolesiones e intentos de suicidio de reclusos, agresiones a agentes y otros trabajadores penitenciarios, informes disciplinarios, delitos cometidos en prisión y mucho más. Entonces, donde hay ausencia del Estado, hay presencia de la mafia. Siempre ha sido así, desde hace más de 150 años, tanto dentro como fuera del mundo carcelario. "La mafia -precisó Ardita- es un ente organizado que históricamente ha hecho muchas cosas malas desde la prisión: ha mandado adentro y afuera. Y si una prisión queda completamente en desorden, la mafia mandará desde la prisión incluso con respecto a la estructura institucional de la misma". No podemos olvidar, en efecto, que antes de la entrada en vigor del 41 bis, la penitenciaría de Palermo se llamaba "Grand Hotel Ucciardone", expresión que ya sugiere mucho. De ahí nació el régimen especial para los condenados por hechos mafiosos.

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Como explicó el consejero Nino Di Matteo, "las dinámicas más importantes, sobre todo en el crimen mafioso, pasan inevitablemente también por la cárcel. Ya desde el trabajo de Giovanni Falcone y el Maxi Proceso comprendimos que la mafia de la prisión seguía representando los intereses superiores de la organización mafiosa, tales como dictar sentencias de muerte, vivir de forma mafiosa dentro de la prisión como vivían fuera". Y cuando se introdujo el régimen del 41 bis, continuó Di Matteo, "comprendimos que la introducción de esas reglas fue captada de inmediato por la alta dirección de la organización, en particular por Salvatore Riina, como un punto de inflexión que cambió la vida de la mafia en prisión para siempre".

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Era el principio de los años '90 y en ese momento no estaba claro qué era el 41 bis y "nuestros agentes no estaban protegidos, de hecho, los mafiosos que habían sido detenidos en las islas acusaron a nuestros agentes de haber cometido violencia, tortura y violación de la libertad contra la ley. Había un espíritu de venganza hacia los policías penitenciarios, incluso había una lista de agentes en Pianosa a los que había que matar según un programa de venganza". El asesinato del joven Giuseppe Montalto, de treinta años, ocurrido el 23 de diciembre de 1995, forma parte de este contexto histórico, político, social y criminal en el que vivía Italia. La culpa de Montante había sido la de haber bloqueado "un papel con una orden que venía de afuera, que hubiera servido para cometer un delito. Denunció a los autores de este paso ilegal, que eran sujetos que estaban en la cúpula de Cosa Nostra impidiendo que esto sucediera".

En esos años, cuando todos los hombres de Cosa Nostra fueron detenidos, dijo Ardita, "la policía penitenciaria se convirtió en depositaria de las actividades policiales porque tenían que manejar a ese mundo enfadado que no aceptaba someterse a las reglas de la prisión y al rigor del 41 bis".

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"Esta fue una de las razones -explicó Di Matteo- por la cual en los primeros años de esa década las organizaciones mafiosas, que no podían soportar este punto de inflexión, empezaron a chantajear al Estado con bombas, intentando, y en mi opinión logrando en parte, doblar las rodillas del Estado, obligándolo a una especie de mediación para con el tiempo debilitar esos principios que se habían introducido con esta legislación. Las masacres de 1992, 1993 y el fallido atentado de 1994 también se hicieron para provocar el debilitamiento de la prisión, la abolición de la cadena perpetua pensada como pena sin final y la abolición de la regla introducida por el 4 bis". Los hechos salen a la luz después de muchos años, gracias al esfuerzo investigativo y al sacrificio diario de algunos magistrados, entre ellos el doctor Di Matteo, quienes por la labor que realizada en el desempeño de su función como fiscales han tenido que sufrir incluso amenazas de muerte y aislamiento institucional y mediático. La tratativa, como afirmó Sebastiano Ardita, "es un tema básico que acompaña de manera nefasta pedazos de la historia institucional. Estamos hablando de un hecho histórico declarado en las sentencias, en su dimensión sustancial. Fue un momento en el que se dio ese enfrentamiento entre el Estado y la mafia sobre todo en el tema candente del 41 bis".

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Hoy, después de 30 años de las masacres, "en base a la sentencia de la Corte Constitucional, muchos de los que cometieron esas masacres podrán volver a ser libres", declaró amargamente Nino Di Matteo. Inquietudes que lamentablemente se vuelven cada día más tangibles y concretas. La decisión del Tribunal de Casación se remonta al 16 de junio, cuando los jueces de legitimidad le otorgaron al jefe de la Cosa Nostra, Giuseppe Barranca, ejecutor de la masacre de Capaci e implicado en las masacres de 1993 (vía dei Georgofili en Florencia, vía Palestro en Milán y vía del Fauro en Roma), la posibilidad de acceder a los permisos premio. Una decisión tomada sobre la base de una valoración "moral" de la "enorme desproporción entre la conducta delictiva y la mafia al más alto nivel, por un lado, y la reanudación de una correcta y consecuente vida en prisión, por otro". Más reciente aún, es la noticia del otorgamiento de la condición de semi-libertad al jefe Giovanni Sutera, condenado por el asesinato de la joven Graziella Campagna. Estas decisiones se fundamentan en el cambio de marco normativo generado por la sentencia número 253 del 2019 de la Corte Constitucional, que estableció, como explicó Di Matteo, "que el automatismo según el cual si el mafioso no colabora con la ley no puede acceder a los beneficios penitenciarios, sería inconstitucional. Esto en un contexto en el que la historia, el conocimiento de los hechos, de las sentencias y los resultados de las investigaciones nos hicieron entender que de la organización mafiosa sólo se puede salir de dos formas: o con la muerte o mediante una ruptura del vínculo, que sin embargo debe ser expresamente manifestada. Los otros miembros de la mafia deben ser los primeros en comprender la ruptura del vínculo. No basta con que el preso de la mafia esté tal vez sinceramente arrepentido o quiera desvincularse de la asociación, si no da además una señal por la que los demás mafiosos también entiendan que ya no es de fiar y esa señal es la colaboración con la justicia. Solo así el recluso mafioso se vuelve absolutamente poco fiable y peligroso para la organización mafiosa".

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El nuevo libro, dijo Ardita, "comienza con la historia de un preso que obtiene su libertad después de haber cometido 6 homicidios hace algunos años. Este preso sale de prisión sin razón, injustificadamente, sin méritos y lo primero que hace es reiniciar la maquinaria criminal de extorsión, amenazas y demás, y elige a un empresario que no quiere pagar el dinero de la protección, lo secuestra, lo desnuda, lo tortura y lo mata en la misma secuencia". En nuestro país, no obstante, "está en marcha un ataque contra la prisión preventiva. Comenzó con la impugnación de toda la institución penitenciaria y está terminando con la impugnación del 41 bis y la cadena perpetua obstativa".

Son los puntos exigidos en un papel que, después de 30 años, se están realizando o, quizás, se están acabando de realizar. Porque ya se habían concretado muchas de las peticiones. Hablamos del cierre de las super prisiones de Pianosa y Asinara, que se produjo a finales de 1996, en circunstancias, como siempre, todavía no del todo claras. "Otra página a entender es la de la efectividad de la permanencia de la mafia en las islas", explicó el doctor Ardita.

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"Los mafiosos estuvieron en las islas durante la fracción del tiempo que acompañó su detención y lugar de asignación oficial. No recuerdo los nombres exactos, pero Riina, Bagarella, Santapaola estuvieron 100, 150 días, en vez de 4 años. Abrieron en 1992 y cerraron a finales de 1996. Pero, ¿cuándo cerraron? Coincidiendo exactamente con la entrada en vigor de la norma que preveía las videoconferencias, es decir, una forma de participar en las audiencias que habría amurallado a la mafia en las islas". Es decir, "en 1996 mientras se adoptaba esta norma, desapareció sincrónicamente la legislación que permitía el uso de las islas con fines penitenciarios. Si se hubiera mantenido esa norma, habrían permanecido en las islas, donde no estuvieron sino por un corto tiempo. Estuvieron por todas partes, pero muy poco tiempo en Pianosa y Asinara. Y cuando deberían haberse quedado allí para siempre cerraron las islas. Otra página para entender". También hay otros fragmentos de la historia que han correspondido a la vida de los asesinos en masa dentro de la prisión, sobre los cuales aún no se ha logrado toda la luz o claridad. Es el caso, por ejemplo, de los hermanos Filippo y Giuseppe Graviano, ambos protagonistas de las masacres no sólo de Capaci y vía D'Amelio, sino también de las masacres de 1993, que "concibieron a sus hijos mientras estaban detenidos en Ucciardone, sujetos al régimen penitenciario del art. 41 bis, para participar en las audiencias de los juicios en que fueron acusados en Palermo y Caltanissetta. Desafortunadamente, esto nos muestra -agregó el consejero Di Matteo- que incluso después de 1992 hubo algunas fallas sensacionales. Todavía no ha surgido cierta evidencia, no por negligencia, o peor aún, por posibles episodios de corrupción en los que los trabajadores penitenciarios hayan sido protagonistas, pero a veces creo que quizás estén ligados al cumplimiento de algún pacto oculto".

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En muchos momentos de la historia de nuestro país ha habido fallas, vacíos y responsabilidades institucionales y "esto es precisamente lo que nos debe hacer comprender la importancia del buen funcionamiento del sistema penitenciario, con una particularidad más. El buen funcionamiento del sistema penitenciario no sólo es necesario para evitar que las mafias sigan al mando, para evitar que se apoderen de la vida y la gestión del centro penitenciario, sino que también es importante por otro motivo, porque debe impedir posibles controles del establecimiento penitenciario por parte de instituciones no afectadas a esta tarea. Muchas veces en la historia de este país ha habido momentos en los que, de manera absolutamente indebida y ajena a toda legislación primaria o secundaria, los servicios de seguridad han tenido fácil acceso a la cárcel, a los presos, que en algunos casos se han convertido en colaboradores de justicia y en otros no. El respeto de las normas en la cárcel es una garantía para todos, para los presos y para los trabajadores penitenciarios. Es garantía de eficacia en la lucha contra la mafia, pero también de libertad y democracia y del correcto funcionamiento del Estado institucional".

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La cárcel "es uno de los lugares más misteriosos que existen", dice el Doctor Ardita en su nuevo libro. Es el lugar donde se evalúa el grado de civilización de una comunidad. Porque no es civil ni democrático un Estado que abandona a miles de familias en la miseria social, la pobreza y, por lo tanto, en manos de criminales mafiosos, muchas veces encerrándolos en guetos en los suburbios de las ciudades. No es civilizado un Estado que se manifiesta sólo en redadas, operativos policiales o ataques, encarcelando a padres y dejando a niños y madres en un abismo de miseria, circuitos de drogas y prostitución. La prisión es por tanto un lugar central, sin representantes políticos ni institucionales, y con ciudadanos olvidados. "Mientras consideremos a la cárcel como un lugar a evitar, del que no queremos ni saber, no seremos conscientes de cuál es el lugar donde nuestra Constitución debe ser respetada y puesta en práctica, ante todo", fueron las palabras de Nino Di Matteo, seguidas en el cierre por las de Ardita, quien recordó los innumerables esfuerzos, sacrificios y hasta renuncias personales de los que muchas veces, a pesar de todo, eligen ser trabajadores penitenciarios. "La prisión es también una realidad increíblemente estimulante, donde hay una humanidad que se desborda, donde hay un gran heroísmo de gente que sacrifica su espacio, su tiempo, su vida privada, a veces su propia serenidad para poder dar el máximo, también en la perspectiva de un rescate, con respeto a las personas detenidas. No hay perspectiva que no pase de esto. Debemos encontrar un equilibrio que nos permita, conociendo esta realidad, hacer vivir y sobrevivir a los mejores sentimientos y el mejor compromiso que pueda existir del servicio público, para redimir el mundo carcelario de hoy. Pero al mismo tiempo debemos evitar que la desatención, la falta de control, de organización pública, de voluntad de estar y dejar prevalecer a las sanas fuerzas del Estado, nos lleven entonces a una debilidad que favorece ese tipo de control desde la cárcel".

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*Foto de portada y restantes: © Deb Photo / Pietro Calligaris

*Foto 7: El exmagistrado, Leonardo Agueci

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