Una daga clavada en el corazón del poder

Por Alejandro Diaz-23 de mayo de 2022

Despierta, y las reminiscencias del onírico se funden con el murmullo de una realidad que lo reclama. Abre los ojos, y recupera la noción del espacio y el tiempo, mientras el murmullo va cobrando el flujo de aquel discurso que suele acompañar las mentes muy activas. El último tiempo ha sido muy vertiginoso. Luego de fracturar la coraza, se comprobó lo que hasta el momento solo se intuía, la bestia sangra, y si sangra puede morir.

Giovanni Salvatore Augusto Falcone, acaba de cumplir 53 años. El jolgorio del cumpleaños todavía vibra en su cuerpo. Esos espacios familiares, íntimos, de ocio y esparcimiento son el preciado refugio de aquellos que viven en las trincheras. El rugir de la batalla y los destellos de las balas se apaciguan con el recuerdo de las miradas, con el sonido de las risas, con el silencio del palpitar.

Aquel sábado 23 de mayo de 1992, Giovanni Falcone regresaba a Sicilia, a su Palermo natal. Desde hacía un tiempo estaba apostado en Roma, donde estaba ocupando la Dirección de Asuntos Penales el Ministerio de Justicia. Un espacio desde el cual, Falcone, había impulsado una serie de modificaciones que serían determinantes para el sometimiento a la ley de las organizaciones criminales de tipo mafioso, como la promoción de la Fiscalía Nacional Antimafia y la creación de la Dirección Distrital Antimafia.

Falcone piensa mientras se mira al espejo. Acomoda su bigote luego de enjuagarse la boca. Balbucea algunas palabras a Francesca, su esposa, y ambos ríen, mientras apurados terminan de aprontarse. El viaje es relativamente largo, y siempre tenso. Una última mirada, un último gesto de confianza los anima antes de mezclar su intimidad con la de uno de sus custodios. Giovanni, y la jueza Francesca Morvillo, viven una vida blindada. La guerra que la mafia le declaró al Estado cercenó libertades mucho antes de generar condenas.

Casi diez años habían pasado desde el asesinato del juez Rocco Chinnici, en julio de 1983. Aquel magnicidio había marcado el fin de una época extremadamente violenta en Palermo, donde todos los días la sangre de la mafia saciaba la sed de la bestia. El asesinato de Chinnici aceleró los tiempos, y aquel sueño que él había forjado, de crear un cuerpo de magistrados especializados que pudieran trabajar de manera conjunta abocados a comprender primero, y ajusticiar luego, a la mafia, era en 1992, una realidad.

Falcone, junto a su compañero de armas, el juez Paolo Borsellino, habían logrado asestar duros golpes contra la organización criminal: el maxiproceso de 1986, donde fueron condenados más de 350 miembros de Cosa Nostra, entre ellos los jefes de la cúpula; una serie de medidas tendientes a desbaratar la operatividad de la organización, como la disolución de consejos municipales y provinciales por infiltración mafiosa; y también medidas de atenuación especial de condenas para los presos por delitos de mafia, que funcionó como incentivo para fomentar los arrepentimientos y la colaboración con la justicia, una herramienta fundamental para romper los muros de silencio de la organización. Fueron, estas, algunas importantes y novedosas gestiones, que consiguieron Falcone y Borsellino en conjunto con los demás miembros del Pool Antimafia.

Luego de cruzar la puerta del departamento, Francesca y Giovanni, entran en el corazón de su escolta y desde ese momento serán acompañados permanentemente. Todos conocen el riesgo, cada paso que dan, lo hacen celosamente de manera premeditada. Los lugares, los vehículos, todo es revisado una y otra vez. El círculo de confianza se expande hasta envolverlos a todos. La herida de uno, sería inevitablemente la muerte del resto.

La turbulencia del avión sacude el cuerpo de Falcone, pero no sus pensamientos. Una idea fija lo persigue desde hace un tiempo, “sigue el dinero y encontrarás a Cosa Nostra”. La bestia era, y en muchos aspectos sigue siendo, una fisionomía desconocida que sembraba más interrogantes que respuestas. Lo que sí estaba claro en ese presente, y más aún en este, es que Cosa Nostra era, y es, mucho más que una banda de chacales. Había necesariamente una red de tentáculos infiltrados en la sociedad civil y en el Estado, ligados unos a otros, que convergían inevitablemente en una cabeza. Cosa Nostra movía un flujo de dinero vertiginoso y acaudalado que excedía por mucho los límites de los mercados ilegales. El dinero ilícito formaba parte del capital financiero que sostenía la economía italiana: “La mafia había entrado en la Bolsa”. Aquellos días Falcone, estaba tras las cuentas del Grupo Ferruzzi, el grupo económico más grande de Italia después de Fiat. Una investigación que incluía a las principales entidades financieras del país, entre ellas Mediobanca, liderada por uno de los personajes más siniestros de la historia italiana, Enrico Cuccia.

La apuesta era alta, y los peligros también: “No lo olvide: la cuenta que ha abierto con Cosa Nostra no se cerrará nunca”, le había dicho Tommaso Buscetta, durante los 45 días que duró el primer interrogatorio que tuvieron entre el magistrado y quien sería uno de los más grandes colaboradores con la justicia de la historia. Un testimonio que permitió conocer la estructura, el andamiaje y por sobre todas las cosas, la lógica con la cual funcionaba, y funciona, esta bestia.

Cuando aterrizan en el aeropuerto de Palermo, que hoy lleva el nombre de Falcone y Borsellino, el aire devuelve la juventud a Giovanni. La pesadez de la burocracia de la capital, hace que la lucha a veces parezca distante. Ya en tierra, cerca de las cinco de la tarde, el operativo de seguridad recobra su seriedad. Giovanni vuelve a sonreírle a su compañera. Se distribuyen en tres autos, marca Fiat, modelo Croma. Vito Schifani, Antonio Montinaro y Rocco Dicillo suben en el de color marrón. Paolo Capuzza, Gaspare Cervello y Angelo Corvo, lo hacen en el azul. Falcone al volante, Francesca y Giuseppe Costanza, ocupan el automóvil blanco. En caravana, marrón, blanco y azul parten por la autopista A29 rumbo a Palermo.

Cada uno de sus pasos, cada uno de sus movimientos son seguidos y observados por una legión de hombres, ligados directamente a Cosa Nostra. A medida que la caravana avanza, las llamadas telefónicas ganan terreno, adelantándose hasta el punto de no retorno.

Falcone conoce el camino de memoria, cada tramo que recorre es una parte de sí mismo. A las 17:56 hs, mientras los automóviles en los que se desplazaban los jueces y sus escoltas arriban al acceso a Capaci, la tierra tiembla. Por un instante el tiempo dentro del vehículo se detiene. Giovanni se aferra al volante intentando aferrarse a la vida. La gravedad pierde su sentido, y entre los bamboleos propios de una vida agitada, Falcone mira de frente a una muerte que lo hará eterno. Afuera, la bestia asoma su rostro, perdiendo definitivamente su preciado anonimato. Una herida de guerra que, más temprano que tarde, le costara su muerte.

Hoy, Giovanni Falcone vive. Vive en una eterna juventud que vibra en sus valores de justicia, en la determinación de su mirada, en la calidez de su sonrisa.

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*Foto de portada: Elaboración gráfica de Antimafia Dos Mil

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