Por Giorgio Bongiovanni-5 de enero de 2022

A 38 años de su asesinato, hoy celebramos a un hombre libre, un guerrero romántico, un "profeta" armado con pluma y arte. 

"Los mafiosos están en diversos lugares y en asambleas muy diversas. Los mafiosos están en el Parlamento, los mafiosos a veces son ministros, los mafiosos son banqueros, los mafiosos son los que en este momento están en el vértice superior de la nación".

Nunca antes las palabras proféticas de Pippo Fava, difundidas en una entrevista realizada por otro gran periodista como Enzo Biagi (que publicamos en dos partes), habían adquirido tantos visos de realidad como en este momento. Creemos que no hay mejor forma de conmemorar el 38º aniversario de la muerte del periodista de Catania, asesinado por Cosa Nostra en la provincia, al pie del Etna, el 5 de enero de 1984, que volviendo a recordar sus dichos. 

Pippo Fava hablaba de un "error básico", o más bien a que "no se puede llamar mafioso al pequeño delincuente que extorsiona a los comerciantes". "Eso -dijo- forma parte de los delitos menores que existen en todas las ciudades italianas, en todas las ciudades europeas. El problema de la mafia es mucho más trágico y más importante, es un problema de primer orden en la gestión de la nación y es un problema que corre el riesgo de llevar a la ruina, a la decadencia cultural definitiva de Italia".

A casi cuarenta años después de su muerte, sólo podemos hacer nuestras sus palabras y atestiguar cómo y cuán exactas han sido al señalar en Cosa Nostra un poder que va mucho más allá de lo que la propaganda habitual quiere hacerle creer a la opinión pública.

Cosa Nostra fue y sigue siendo un cómodo brazo armado y el brazo económico de una parte del Estado que optó por convivir con la mafia, con las mafias.

Pero todo adquiere mayor significado a la luz de los acontecimientos recientes: las nuevas investigaciones en Florencia sobre los autores intelectuales externos de las masacres de Via d'Amelio y Capaci; el resultado en primera instancia del juicio 'Ndrangheta Stragista; y sobre todo el de la Tratativa Estado-mafia (del que aún estamos a la espera de los fundamentos de la sentencia  parcialmente absolutoria  de la Corte de Apelaciones de Palermo); por no hablar de los juicios en curso como el del doble asesinato de los Agostino. Pero las palabras de Pippo Fava son proféticas porque comprenden al actual Parlamento: basta pensar en las investigaciones por corrupción, extorsión y malversación (delitos típicos de la administración pública y de los funcionarios de cuello blanco) entorpecidas por la nueva reforma judicial de la ministra Marta Cartabia; más la posibilidad (aunque solo aparente) de que Silvio Berlusconi sea el futuro jefe de Estado: un delincuente condenado por fraude fiscal, un exprimer ministro que, siendo empresario le pagaba sobornos a Cosa Nostra y que en la actualidad está siendo investigado en Florencia como autor intelectual oculto de las masacres mafiosas de 1993.

Entonces, ante este escenario -que amenaza con asfixiar cada vez más el aliento democrático de nuestra República- el cuadro descripto en su momento por el director de I Siciliani se revela en toda su fatalidad, por cuanto hoy, como ayer y aún más que ayer, estamos viviendo lo que Fava entonces denunciaba: la mafia está en el Parlamento, en los bancos y en el vértice superior de la nación.

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*Foto de portada: vocidicita.it

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