Por Alessandro Di Battista-24 de setiembre de 2021

Qué tonto Paolo Borsellino, podría haber buscado un canal, una entrevista, un intermediario. Quién sabe, tal vez hoy estaría vivo y habría hecho carrera en la política. Pero se negó a tratar con los que acababan de despedazar a su amigo de la vida y por eso también saltó por los aires. "Mi hermano murió en vano", dijo hoy Salvatore Borsellino. La Tratativa existió, pero no es delito.

Evidentemente, los peces gordos del ROS (Grupo Operativo Especial del Arma de Carabineros) que evitaron registrar el escondite de Riina después de su arresto, fueron negligentes. Una fatalidad, un olvido trágico. Así como fue un trágico error el no poder capturar, en 1995, a Bernardo Provenzano.

¿Alguna vez han oído hablar de Luigi Ilardo? Era un mafioso que quería redimirse y por eso se "ofreció" al Estado como infiltrado en Cosa Nostra. Desde finales de 1993 hasta mayo de 1996 Ilardo fue un infiltrado que arriesgó su vida. Asistió a cumbres de alto nivel e informó de todo a los Carabineros. Siete fugitivos de la mafia terminaron tras las rejas gracias a él. Entre otras cosas, Ilardo llevó el 'pizzini' (papelito) de Provenzano a los Carabineros. Fue Ilardo quien explicó a los investigadores el cambio de estrategia del ala de Provenzano dentro de Cosa Nostra. Es decir, el cese de las masacres, por cuanto la mafia había encontrado una especie de interlocutor en la política. Hablamos de los años 1994 y 1995. Ilardo incluso consiguió un encuentro con Provenzano en una casa de campo de Mezzojuso, a unos treinta kilómetros de Portella della Ginestra, donde el 1º de mayo de 1947, 14 campesinos que reclamaban tierras fueron asesinados por mafiosos enviados por los peces gordos de la política siciliana con la aprobación del ejército estadounidense. El cambio, tanto entonces como ayer (y como hoy) fue cortado de raíz.

En cualquier caso, ese día Provenzano no fue capturado. Obviamente, otro trágico error. En ese momento Ilardo decidió dejar de ser un infiltrado y empezar a ser un colaborador de justicia en todos los aspectos. No pudo hacerlo. Fue asesinado por Cosa Nostra un par de días antes de reunirse con los magistrados y luego de decirle a unos carabineros que algunos homicidios excelentes cometidos por la mafia fueron encargados por piezas de las instituciones. "Piezas del Estado entregaron a mi padre a los asesinos", dijo la hija de Ilardo en julio del 2020.

No haber registrado el escondite del principal fugitivo italiano fue una fatalidad, al igual que evitar el arresto de Provenzano, quien había ocupado el lugar de Riina. El mismo Riina que en 2013 se desahogó con un policía de la prisión diciendo: "yo no iba a buscar a nadie, me venían a buscar a mí". Ese mismo Riina que en el verano de 1992, radiante, le dijo a Giovanni Brusca, jefe de San Giuseppe Jato: "Giovanni, se han hecho encima. Insistamos. Les hice un papel de peticiones enormes".

A veces, la Italia de esos años ha sido descripta como la Colombia de los narcos. Incorrecto. El 22 de julio de 1992, tres días después de la masacre de vía D'Amelio, Pablo Escobar se escapó de la "Catedral", la lujosa prisión donde decidió permanecer después de haber llegado a un acuerdo con el gobierno colombiano. Los términos fueron claros. Se había encerrado él mismo (seguía mandando desde la cárcel) y el Estado colombiano anuló la ley de extradición para no enviar a decenas de narcos a las cárceles estadounidenses. Cuando el clima cambió, Escobar escapó de la cárcel. La tratativa entre los narcos y el gobierno colombiano se hizo al son de las bombas. Para conseguir más, el Cartel de Medellín había matado a más personas inocentes. Más o menos lo que nos pasó. Con una sola diferencia. En Colombia fue Escobar quien buscó a las instituciones, en Italia sucedió lo contrario. Pero no es un crimen.

Qué tonto Borsellino al oponerse a la tratativa. Una tratativa real, demostrada, contada en detalle por arrepentidos altamente creíbles (porque a diferencia de los que se callan, los arrepentidos arriesgan la vida y hacen arrestar a los mafiosos). Una tratativa, sin embargo, que no constituye delito. O más bien, al parecer, tratar con el Estado es un crimen, hacerlo con la mafia no. Es la gran opinión que el Estado tiene de sí mismo.

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*Imagen de portada: antimafiaduemila.com

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