Por Saverio Lodato-22 de junio del 2021

De dónde se saca la idílica afirmación de que durante más de siglo y medio Cosa Nostra lo ha hecho todo sola, y ​​sigue haciéndolo todo sola, que hace agua por todas partes. La llamamos "idílica" porque es muy cómodo disparar perdigones a los "monstruos", fingiendo que, cuando los "monstruos" desaparecen, todo vuelve a su lugar y ya no queda nada por aclarar sobre cientos y cientos de crímenes y decenas de masacres que ensangrentaron a Sicilia y, en consecuencia, a Italia.

En resumen, Italia, ya sin monstruos, sería similar a esos valles suizos llenos de vacas que dan una excelente leche.

Un pequeño gran test tuvo lugar en las últimas semanas, cuando concluyeron los 25 años de encarcelamiento de Giovanni Brusca. Ya hemos tenido la oportunidad de escribir sobre ello aquí. Volvemos solo para resaltar la avalancha de comentarios, escritos, hablados, ilustrados en televisión que, si el clásico marciano de Marte viniera de visita, se convencería de que en Italia la mafia y las masacres, el gran crimen y la complicidad estatal, son la principal preocupación de comentaristas y expertos, la que nos impide dormir por la noche.

"U verru", "el cerdo", el "verdugo" que accionó el control remoto en Capaci, que dio la orden de estrangular al pequeño Giuseppe Di Matteo, que por su propia confesión cometió más de cien y menos de doscientos delitos, debería "pudrirse" en la cárcel, debería ser descuartizado vivo después de haber sido arrastrado por los antiguos carros romanos, posiblemente detenido de nuevo, a la primera oportunidad, y que no se hable más de ello.

En resumen: una lucha contra la mafia al estilo Ben-Hur.

Y que decir de la flor de los comentaristas -no decimos los nombres en deferencia a lo "políticamente correcto" que está tan de moda- que en su vida nunca han hablado, ni una sola vez, de la mafia y las masacres, ni han pronunciado una sola palabra para pedir verdad y justicia para miles de víctimas, convencidos como están de vivir en el país de las vacas suizas antes mencionado.

En resumen, ejercitarse literariamente contra el "monstruo" es fácil, seguro que atrapará a los lectores y oyentes, porque es la forma más rápida de liberar la conciencia. El resto no cuenta.

Después, sin embargo, se vuelve a mirar y se descubre que los mismos fustigadores del "monstruo" se convierten en inmaculados garantistas frente a decenas y decenas de condenados a cadena perpetua por crímenes mafiosos, que quieren volver a su casa sin una pizca de colaboración con la justicia.

Y aún en este caso, abundan los argumentos: Europa lo pide, la cárcel debe reeducar y no castigar, nadie puede ser obligado a revelar a la justicia todo lo que sabe porque eso es asunto suyo, y tal vez tenga miedo por su seguridad y la de su familia.

Por cierto, estamos hablando de los mismos líderes de opinión que vuelven a ser de mármol cuando se habla de los abuelos del terrorismo rojo que viven en Francia, y que quisieran enviar por correo urgente a Italia, para que cumplan hasta el último día de su pena.

Dicho esto, una vez más, por cierto, estamos hablando siempre de las mismas personas que nunca se han preguntado si será que, por casualidad, los abuelos del terrorismo negro también viven tranquilos en el extranjero.

Cerramos este punto y volvemos a la pregunta original.

¿La mafia lo hizo todo sola?

Pero ¿cómo es posible decir una tontería así?

Estamos rodeados de historias sin resolver que se han prolongado durante años.

En estos días, a la espera de la sentencia de apelación del juicio de Palermo sobre la Tratativa Estado-mafia, prevista para el verano, varios programas de televisión están tratando de ponerse a la cabeza de una intriga decenal y maloliente, porque se ha extendido la convicción de que en esta historia de una Cosa Nostra autosuficiente y de una sola pieza, hay gato escondido. Y se ha estado escondiendo durante siglo y medio, desde que, de hecho, alguien pensó que era una buena idea inventar la mafia.

Si se ponen en fila estos especiales de televisión, otra que una leche excelente, porque más allá de las vacas suizas, en todo caso, lo que salta a la vista es un escenario de horrores.

Los horrores de la mafia, por supuesto, junto con los horrores del Estado.

Acaso sean solo visiones de Luana Ilardo, hija del jefe Luigi, quien fue asesinado cuando estaba a punto de arrepentirse, tras llevar de la mano a los carabineros del ROS del general Mario Mori, hasta el umbral de la casa de campo donde se escondía Bernardo Provenzano, para un allanamiento que ¿fue cancelado por la excesiva presencia de ovejas en la zona?

¿Y son solo visiones de Fabio Lombardo, hijo del mariscal Antonino Lombardo, comandante de la estación de Carabineros de Terrasini, gran director -el verdadero director, no falso, como tantos otros- de la captura de Totò Riina?

El mariscal Lombardo fue encontrado "suicidado" en el cuartel, en Palermo, junto a una carta de contenido escalofriante. ¿Y qué decía la carta? Que la posteridad debería preguntarse sobre su papel en la captura de Riina. Un papel que sus superiores, en cambio, inexplicablemente, nunca quisieron reconocer. El discurso sería infinito.

Sin embargo, queda constancia de que Fabio Lombardo no se traga la historia del suicidio de su padre.

¿También ve visiones Vincenzo Agostino, el padre de Nino Agostino -el policía que buscaba fugitivos, y que fue asesinado junto a su esposa embarazada Ida Castelluccio – cuando cuenta que los policías que irrumpieron en su casa, tras el asesinato de su hijo, revolvieron todo para buscar documentos calientes que debían desaparecer? Y que incluso lo amenazaron con arrestarlo.

¿También ve visiones el juez de Palermo que hace unas semanas condenó a cadena perpetua al jefe Nino Madonia, precisamente por el crimen de Agostino, cuando habla en la sentencia de las reuniones que tuvieron lugar en el callejón Pipitone de Palermo?

Eran encuentros entre los jefes sanguinarios, en los que también participaron el policía Giovanni Aiello, apodado "Cara de Monstruo", Bruno Contrada, jefe del Sisde en ese momento, y algunos oficiales que estaban ahí para controlar el acceso a las cumbres en las que se planificaba la escalada de sangre en Palermo.

¿Ven visiones los familiares de Attilio Manca, el excelente urólogo de Italia, originario de Barcellona Pozzo di Gotto? Attilio Manca, según el veredicto judicial, a pesar de ser zurdo, se inyectó una sobredosis, pero con la mano derecha. Está el pequeño detalle de que, pocas semanas antes de su misteriosa muerte había estado en Francia para operar, en gran secreto, al fugitivo Bernardo Provenzano, con graves problemas de próstata.

Figura en los registros que la familia Manca nunca creyó la historia del suicidio de Attilio.

¿Y qué decir de la dama calabresa, la agente de Gladio, que fue vista en la escena de la masacre de Capaci, antes de aparecer en otras escenas de las masacres de 1993?

Y la dama era compañera, casualmente, de "Cara de Monstruo", después de haber estado casada, en su momento, con un sobrino del jefe de policía de la época, Vincenzo Parisi.

Parece haber un identikit suyo. ¿Pero dónde está ella? ¿Está? ¿No está? Vaya a saber.

¿Qué horrores son estos, los de la mafia, o del Estado? ¿O de la mafia y el Estado juntos? Continuemos.

¿Ven visiones los familiares de Paolo Borsellino, cuando todavía hoy buscan la agenda roja que nunca se encontró? En via D'Amelio, el lugar de la masacre, estaba la agenda roja, sí que estaba.

¿Y ven visiones los que se preguntan por qué los hombres del ROS liderados por Mori no registraron el escondite de Riina en calle Bernini?

Podríamos continuar hasta el infinito, con la desaparición, en años muy lejanos, de los diarios del general Carlo Alberto dalla Chiesa; del topo en la policía que advirtió a los asesinos de la llegada a la casa del comisario Ninni Cassarà, quien fue asesinado a tiros de una Kalashnikov junto con el agente Roberto Antiochia; del robo de los documentos que Giovanni Falcone guardaba en su computadora sobre el tema Gladio (una vez más); y de la desaparición de su diario, del que sólo se encontraron unas pocas páginas después de su muerte.

La lista, muy parcial lo repetimos, es esta. Excelentes colegas de televisión la han estado armando durante semanas y semanas, desde Andrea Purgatori a Massimo Giletti, a Sigfrido Ranucci, a Paolo Mondani y algunos otros, entre los que merece ser recordado Giovanni Tizian, autor de un artículo muy lúcido sobre todo el tema Brusca.

Por último, digamos que el vaso de la búsqueda de la verdad y la justicia, está medio lleno.

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*Foto de portada: © Paolo Bassani

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