CARTAPARA-MATEOCARTA PARA MATTEO MESSINA DENARO*
Por I.M.D. (un policía de incógnito) - 20 de Noviembre de 2014
 
Matteo:
Como ya lo hizo alguien antes, también yo he decidido escribirte una carta. Pero a diferencia de tu “amigo” Svetonio (o sea Antonio Vaccarino), que en realidad no era tan amigo, conmigo no tienes nada que temer: este juego es con las cartas descubiertas.
Tú eres uno que está prófugo, un mafioso y asesino. Yo soy un policía que durante años ha perseguido a gente como tú y que ahora ha decidido abandonar para dedicarse a otra cosa.
Pero es una lástima que desde que cambié de “oficio”, digamos así, a donde sea que vaya no hago otra cosa que encontrarte.
Voy al supermercado y tengo la sospecha de que tengas algo que ver.
Decido cambiar de empresa de provisión de energía eléctrica y me informan que tus amigos están involucrados.
Hago un viaje alejándome de Sicilia, llegando hasta la región de Toscana, o a la de Emilia y, por más que suene increíble, me cuentan que el hotel es de un empresario paisano tuyo, o quizás sea de tu propiedad.
Entonces pienso en mi amigo Giacomo Di Girolamo y en el bonito sobrenombre que te ha puesto: “el invisible”. Definición que nunca había sido tan apropiada para ti: mucho más que “Diabolik”, “u siccu”, “u luongo”, como otros suelen llamarte. No. Giacomo tiene razón. Como el hombre invisible, tu mano larga, a pesar de que esté oculta, llega a todos lados: controla las licitaciones, a hombres políticos, a exponentes de la masonería, hace negocios, compra hoteles, casas, terrenos, decide por la vida o por la muerte. Mata, también, y lo hace descuidadamente, como un virus letal.
Tú eres un maldito, Matteo, por admisión misma tuya  y como tal no tienes piedad con nadie. Hombres, mujeres, mujeres embarazadas, niños,  recién nacidos, viejos y jóvenes.
“Era tan graciosa como una mamá. Todavía joven como una mamá. Y estaba pero que muy embarazada, como una joven y graciosa mamá”. ¿Qué te recuerda esta frase Matteo?
Un experto de la “tribu Malaussène*”  lo intuye inmediatamente.
A mi también me gusta Daniel Pennac. Pero es una lástima que en el momento que pienso en esas palabras, sobre todo ahora, por lo que te he conocido (a través de las investigaciones), lo único que me viene a la mente es una imagen: la de Antonella Bonomo, una joven, una madre que pedía piedad a gritos por el niño que llevaba en su vientre. Horrorizado, pienso en ti y en tus amigos que riendo, como reían los perversos empresarios-especuladores durante el terremoto de L’Aquila, la estranguláis, la pateáis, la violáis.
Por el falso código de honor de Cosa Nostra, no le disparáis enseguida en la frente como habéis hecho con su compañero. No. peor. Las mujeres no merecen ese trato de “respeto”, hay que atarlas de pies y manos como a los animales, porque en el fondo son animales: ¡buenas para penetrarlas y tener hijos! Después que estén en silencio, y que se queden en  casa trabajando.
Esto es lo que, en síntesis, encierra tu mentalidad y la de los que son como tú.
¿Qué clase de hombres sois? Qué filosofía de mierda la vuestra: déjame decirlo, Matteo. Y pensar que estuviste a punto de convencerme a mi también. Y si, con ese conmovedor aire de víctima del destino: ¿qué puede hacer el hijo de un “respetable” mafioso como tu padre, Francesco, sino honrar la memoria de los  antepasados siendo otro mafioso?
¡Estuve a punto de caer! Hasta el día de hoy sueño con Fabrizio y Angela, la familia Nencioni, que en la ciudad de Florencia, en la calle de los Georgofili, en plena noche escucharon el estruendo y vieron morir a sus dos ángeles, Nadia y Caterina, de nueve años la primera y de apenas cincuenta días la segunda. Y luego murieron ellos también, sus padres. Cuesta decirlo, pero yo también habría preferido que así fuera si le hubiera tocado ese destino a mis hijos. Pero lo tuyo no fue piedad, Matteo: fue solo el destino. Esa cosa inconsistente que mencionas a menudo: el destino.
Tenías que atacar a toda Italia, porque el invisible está en todos lados.
Tu estás, existes, pero no se te ve.
Primero filosofas por correspondencia con tu amigo Svetonio y luego matas. El mismo Svetonio lo sabe, y ahora vive aterrorizado: le has prometido que lo eliminarás.
La muerte, claro está, no se le desea a nadie, pero Svetonio casi se la ha buscado, al instaurar una relación contigo.
Matteo Messina Denaro, clase 1962, si signo zodiacal es Tauro, hijo de Don Ciccio, este último murió como un “muy respetado” prófugo.  
Matteo, declaradamente ateo, padre por carta de uno, o quizás dos hijos. Jefe de una de las familias mafiosas más antiguas del hinterland de Trapani.
Un gran experto en mujeres, en juegos electrónicos, en champagne y en arte.
No eres “racista”: Tú inexorablemente asesinas a cualquiera que se oponga tanto a ti como a tu familia. Dices que has llenado de cadáveres tantas fosas que podrías hacer un cementerio completo. Los magistrados confirman tu tesis. Pero luego sostienes también que eres un Malaussène, un chivo expiatorio, y que estos jueces, ‘rojos’ y corruptos, te inculpan hasta de lo que no has cometido. Te contradices. Matteo. Como ciertos filósofos de poca monta, nunca entendiste plenamente el significado de las cosas. Entonces hagamos juntos un poco de filosofía barata: Vivir es mejor que morir.
Para creer hace falta más fuerza de voluntad de la que hace falta para no creer.
El honor se conquista con el amor.
El respeto se recibe por el cariño.
El amor es un hijo, un hijo es amor.
Y para terminar con estilo: “Ten cuidado con lo que piensas y dices porque puede ser  la profecía de tu vida”.
Esta última frase se la copié a alguien que vale, un tal San Francisco de Asís.
Ah, perdón, no conoces a los santos.
Me habían pedido que escribiera un párrafo haciendo una síntesis de tu vida.
Creo que con estas pocas palabras he dicho todo de ti. Y, a menos que no cambies, Matteo, dudo que se pueda decir algo diferente sobre ti.
Sin afecto y sin ningún tipo de estima.
I.M.D.
* Extraído del libro“La Catturandi. La verità oltre le fiction” (Editorial Dario Flaccovio)

* Nota: El señor Malaussène, obra del escritor francés Daniel Pennac

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