renzilodato500EL P D HA MUERTO, MATTEO RENZI FUE SU SEPULTURERO
Por Saverio Lodato - 3 de Octubre de 2014
El P D (Partido Democrático) ya no es más que una sopa que ya no tiene gusto a nada. Las afiliaciones están en caída libre. Son cuatrocientos mil los que le dicen adiós a algo que durante años era considerado el único partido de oposición existente – y posible -, en Italia. Cae la participación en las elecciones primarias en la “fortaleza” de la región de la Emilia-Romagna. Sale a escena una dirección del partido en la que un tercio está caracterizado por la auto-conciencia, otro tercio por “la noche de los cuchillos largos”, y el otro tercio por la enésima telenovela del “querámonos mucho” que es lo que realmente importa.

Los periódicos y los noticieros intentan poner un poco de pimienta en las previas, pero a esta altura los italianos se han dado cuenta perfectamente de cuál es el sistema en la casa del P D. Y si la sopa, como decíamos antes, ya no tiene gusto a nada, seguir agregando especias es absolutamente inútil.
No hay ninguna escisión a la vista. Ningún deseo de ruptura con el maniobrero. Ningúna reflexión epocal sobre la línea que el P D está siguiendo. Nadie a quien le importe, incluso al punto de poner en riesgo su escaño, el destino de un país agonizante. Cada uno de los directivos del P D se conforma con cumplir con el papel que le compete, con obtener su cuota, ya sea grande o pequeña, de exposición mediática, con participar en la polémica interna de las “indirectas”, un género que va predominando, y que ha quedado como única forma posible para continuar con la política con otros medios alternativos.
 En cambio, desde un punto de vista lógico, en una fase en la que el P D ha superado ampliamente el 40 por ciento, mientras que las derechas reunidas navegan bastante por debajo del 20, tendríamos que esperar un crecimiento de las afiliaciones en la casa del P D, y claramente no el derrumbe que se ha visto en estos días.
¿Acaso es una sirena de alarma que solo tiene que ver con la estructura organizativa del P D, o también está relacionado con el nivel de aceptación de este Gobierno por parte de los italianos?
Por su lado Matteo Renzi se considera tetrágono de su más de cuarenta por ciento, pero no puede no saber que todas las encuestas  a seis meses de distancia de su llegada al Gobierno, le atribuyen un diez por ciento menos en términos de popularidad personal. No es una nimiedad.
Y aquí tenemos entonces que las afiliaciones y el gobierno parecen ser vasos estrechamente comunicantes, mucho más de lo que las representaciones teatrales de los medios dejan ver.
 ¿Porqué un italiano, hoy, tendría que afiliarse al P D?
¿Para considerar a Silvio Berlusconi como su principal aliado de Gobierno? ¿O para apostar por el recién llegado Michele De Pascale?
¿Para alentar a Denis Verdini, el gran tejedor de tramas que van y vienen donde Renzi tomando siempre hacia la derecha?
¿Para no ver abrogada ni siquiera una de las “leyes vergüenza” de los Gobiernos pasados?
¿Para ver penalizada a la magistratura porque la misma se toma el atrevimiento de atacar al mundo de la política en forma “bipartisana”?
¿Para colaborar con la eliminación del Artículo 18 (del estatuto de los trabajadores, ndr) que mantiene alejados de Italia a los inversores extranjeros, como si en realidad no fueran las Mafias Reunidas las que actúan de auténticos disuasores ?
Lo único que nos interesa es darle un sentido a la frustración del afiliado al P D, sin hacer toda la lista, que sería interminable, de todas las causas que lo han alejado (¿para siempre?) de la política activa.
Las grandes veladas televisivas del pasado, solo para tener otro punto de comparación que nos ayude a comprender son, ni más ni menos que un recuerdo del pasado. Personajes como Santoro, Floris, Giannini, Vespa, y muchos otros, pertenecientes a la gran familia de los conductores que las cadenas de televisión querían multiplicar para año nuevo como los panes y los peces, con la demente convicción de que el aspecto áureo de los talk show fuera inagotable, y así se ven obligados a compartir una manta, en términos de audiencia, cada vez más corta. El  “El Dorado” de oyentes ya no existe.
¿Es su culpa ? No, no.
El hecho es que han “envejecido” los invitados políticos, que, por fuerza mayor, son siempre los mismos. Los italianos a esta altura ya los “los conocen”.
Los conocen de memoria, por esa falsa polémica entre ellos, por esa forma de alzar la voz, por esa forma de no mantener ni un mínimo de coherencia entre las palabras que dicen y sus acciones, por esa forma de saltar constantemente de un lado a otro, entre el “tú” y el “usted”, casi como si los espectadores tuvieran un anillo colgado en la nariz . Los invitados televisivos ya no son creíbles. Son “falsos y mentirosos” y, a menudo, hasta incluso groseros. Los conductores terminan pagándoles el arancel también a ellos, porque, como dice Majakovskij, presentándolos  en sus programas incansablemente, hacen acordar al “desesperado intento por calentar un helado”.
Los grandes opinólogos no la pasan mejor, ya sean de derecha o de izquierda, porque “pontificar es algo que cansa, y ya que en Italia, al final, nunca cambia nada, las palabras se reducen a un elegante gorjeo que ya no impresiona a nadie.
Una paradoja ha querido que, precisamente mientras la política, entendida como participación colectiva, ha quedado reducida al mínimo, ellos, los directos interesados, los “políticos”, están convencidos de que finalmente están recuperando su credibilidad.
Pero los italianos no creen lo mismo. Y una vez más las encuestas, “Tablas de la Ley” de la sociedad líquida (¿licuada?) por falta de otra opción, nos informan que hasta la popularidad del Jefe de Estado, Giorgio Napolitano, nunca había bajado tanto: el 40 por ciento.
Es normal. Tres Primeros Ministros (Mario Monti, Enrico Letta, Matteo Renzi) caídos desde un paracaídas burlándose de la opinión del electorado ¿porque tendrían, en este caso, que haber logrado “calentar el helado”? ¿Porqué el que lo pide es el “Rey Giorgio”? ¡Pero vamos!
Habíamos comenzado con las afiliaciones del P D. El tema se ha extendido bastante. Pero todo – según nuestra opinión – está relacionado entre sí. Renzi quiere cambiar a Italia. Pide un préstamo a “mil días”. “Si fracaso” – dijo – “dejo la política”. Justamente. Pero ese día, admitiendo que llegue a mantener su promesa ¿en qué condiciones se encontrará el País?
Y la pregunta es: ¿se puede cambiar a Italia amordazando a los italianos? Es difícil.  
Es por ello que el P D, sin excepciones, se ha convertido en una sopa que ya no tiene gusto a nada: porque finge no haberlo entendido. Y prefiere dedicarse a la polémica interna de las “indirectas”. “Valores”, “principios”, “contenidos de fondo”, desde hace tiempo han quedado en el Museo.
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