“El arma con la que intentó ponerla no es la mía, yo le di un 22 corto”

Por Alejandro Diaz-21 de setiembre de 2022

La causa que investiga la jueza María Eugenia Capuchetti, sobre el fallido atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene hasta el momento cuatro detenidos y un sinnúmero de interrogantes. ¿Cuáles fueron las motivaciones del atentado? ¿Fueron políticas? ¿Hubo financiadores e incentivadores externos al grupo operativo? A cuentagotas el tribunal va liberando información al público, mientras por fuera, en la arena política, a uno y otro lado de la grieta, intentan reubicarse en un escenario, no de un atentado fallido, sino de una guerra civil que pudo haber sido, pese a los comentarios cuanto menos irresponsables, de algunas figuras políticas y mediáticas.

Credibilidad en el proceso, y de paso…

Demasiados atentados y demasiadas desviaciones, ha conocido la historia argentina. Recuerdo, cuando el inescrupuloso Carlos Saúl Menem, siendo presidente de la Nación, tan solo media hora después del estrago que causo la explosión del polvorín de la fábrica de armas de Rio III, dijo en conferencia de prensa, señalando a los reporteros y periodistas presentes: “Ustedes, tienen la obligación de decir que esto fue un accidente”. Aquello, que fue un atentado pergeñado y organizado desde las entrañas mismas del Estado y del poder, sirvió para encubrir el faltante de armas que el menemato, en sintonía con el sistema criminal, había vendido de manera ilegal a Croacia y a Ecuador. Desde el presidente, hacia abajo, una buena parte del Estado conspiró para encubrir un crimen atroz, y al mismo tiempo asegurar la impunidad de los culpables, del atentado y de las causas que lo originaron.

Nadie, al menos nadie sensato, puede querer que sea apresado un perejil por un hecho políticamente grave, que permita decir que el Titanic se hundió por chocar con un cubito de hielo. Por eso, desde estas páginas suponíamos que los acusados serían representados por letrados de primer nivel. Esto permitiría, al menos en teoría, asegurarle a la opinión pública que el debido proceso se desarrolla con todas las garantías y cuidados necesarios. Desde el propio presidente Alberto Fernández, que en un primer momento solicitó que sea resguardada la vida del pistolero, hacia abajo. Algo, que quedó trunco cuando el teléfono de Sabag Montiel apareció “reseteado de fábrica”. 

En las últimas horas el tribunal amplió la indagatoria sobre el cuarto detenido que tiene la causa, Nicolás Carrizo, quien es el jefe de “Los Copitos”, el grupo que rodea a la pareja acusada de intentar asesinar a la vicepresidenta. Carrizo, está siendo representado legalmente por el abogado Gastón Matías Marano. Marano, para antes de asumir la representación legal de Carrizo -sin ningún tipo de conflicto de intereses, según se sospecha-, dimitió de su puesto como asesor en la Comisión Bicameral de Inteligencia del senador macrista, Ignacio Torres. Marano, además de tener vínculos directos con el macrismo, ha participado de formaciones y cursos organizados por la Embajada de los Estados Unidos, y ha brindado conferencias en los círculos de la masonería argentina. En definitiva, un abogado con más chapa que uno de oficio; un representante con acceso al expediente que tiene dictado el secreto de sumario.

Doble arma

Según informó a la prensa el abogado Marano, Carrizo se desvinculo de los hechos que se le acusan. Alegó que el día 28 de agosto se encontraba en el Parque de la Costa, en la localidad de Tigre, a más de 30 kilómetros de distancia, vendiendo los algodones de azúcar. En este sentido el abogado, afirmó que presentaran evidencia al respecto. Recordamos que según la información que trascendió, el tribunal alega que los atacantes hicieron inteligencia durante los días previos al atentado. La imagen de Sabag Montiel fue confirmada en el lugar, y los registros telefónicos así lo evidencian. Las autoridades intentan demostrar que el resto de los detenidos, Brenda Uliarte, Agustina Díaz y Nicolás Carrizo, también participaron de estas actividades previas y preparatorias.

En este sentido, una de las evidencias que dispone el tribunal en contra de Carrizo, es una comunicación telefónica, realizada luego del fallido atentado, con una mujer identificada como ‘Andrea’, quien sería su “hermanastra”. En esta conversación, Carrizo dice: “Andrea, el arma es mía”. Luego de considerar si sus huellas dactilares quedaron o no impregnadas en el arma, y afirmar que la misma no estaba a su nombre, Carrizo afirma: “Esto estaba planificado para dentro de una semana. Hizo todo mal. Es un pelotudo”. Para no dejar dudas sobre lo que se refería, agrega: “Estamos decididos a matarla a la puta esa. Cristina tiene miedo, salió mal, pero tiene miedo”. Finalmente, en una simple oración hace referencia sintéticamente a los terribles hechos ocurridos la noche del 1 de setiembre: “Mi amigo estuvo a un segundo de convertise en un héroe nacional, Andrea… Estuvo muy cerca. Fallo el arma. No lo entiendo andaba bien”. 

Pese a las “confesiones” de Carrizo, que el tribunal deberá validar, entre lo acordado por Uliarte y Carrizo, quienes parecerían ser los ideólogos, hay una discrepancia con los hechos. Durante su comunicación con Andrea, Nicolás Gabriel Carrizo dice, “el arma con la que intentó ponerla no es la mía, yo le di un 22 corto… recién hablé con la novia y la tiene ella así que mañana la vamos a ocultar y vamos a ir a Crónica a hablar”.

Efectivamente la geolocalización de los aparatos celulares confirmó, según público el diario Página/12, que el 2 de setiembre, en horas de la madrugada, mientras el mundo amanecía convulsionado, Brenda Uliarte y Nicolás Carrizo, se encontraron en Barracas, donde estaba el galpón que el grupo usaba como base operativa. Allí habrían descartado el arma utilizada por el pistolero. Al día siguiente, como había anunciado Carrizo, se presentaron ante los medios de prensa para intentar desvincularse de los hechos. Recién al día siguiente sería detenida Uliarte, y Carrizo, se presentaría voluntariamente el 5 de setiembre ante los tribunales, pero sería detenido recién el miércoles 14, dos semanas después de fallido atentado, con todo lo que eso implica. 

¿Doble plan?

La versión recolectada por la prensa, hasta el momento, refleja que luego de que Fernando André Sabag Montiel gatillara dos veces un arma cargada contra el rostro de la vicepresidenta Cristina Fernández, y el tiro no saliera, intentó martillar el arma -según las declaraciones de uno de los manifestantes en el lugar-, antes de ser reducido a los manotazos por la gente. Recordamos, que, entre los videos recuperados de los teléfonos celulares de los acusados, hay uno de Sabag Montiel, se lo identifica por los tatuajes en las manos, martillando un arma similar a la utilizada aquel día del fallido atentado, una Bersa semiautomática, calibre 32, modelo Lusber 84, de fabricación nacional. Lo que da a entender que conocía perfectamente el funcionamiento de la pistola.

“Que gracia me dan todos esos putitos ahí sacándose fotos, cholulos, haciéndose los peronistas con la “V” vos llegas a tirar con el fierro ahí y llegas a arrancar a los tiros ¿Vos sabes cómo salen todos corriendo? –le dice Sabag Montiel a Brenda Uliarte días antes del atentado-. Pánico, el caos que se genera. O sea, es muy difícil… O sea, si yo disparo, después de los tiros van a saber que yo tengo el fierro, voy a tener que sacar el cargador y me van a tener que sacar el fierro, pero no van a tener las balas, entonces eh me van a cagar a piñas, pero más de uno, a ver, me pueden agarrar entre varios, pero otros van a correr y va a ser muy difícil que se yo”. Está claro, que el plan era tirar y correr.  Ella le contesta, “Ya llegué amor… ¿Vos decís que no te van a agarrar? La onda es que metas el corchazo y te escapes”. 

A este punto, cabe recordar, el testimonio que brindo el testigo ‘Federico’ en dialogo con los periodistas de C5N, quien alegó que luego de forcejear con Sabag Montiel, fue él quien “piso” el arma que yacía en el piso, hasta que esta quedo bajo custodia policial. Esa, un arma en medio de una multitud, es la que tiene identificada el tribunal dirigido por la jueza Capuchetti. Recordamos también, que la pericia dactiloscópica confirmó las huellas del atacante de origen brasileño.

Este detalle, en contraposición a la “confesión” de Carrizo, y sumadas a las “confesiones” de Uliarte, dan a suponer, que más allá del plan original, formulado entre el jefe de Los Copitos y la novia, esta tenía una idea propia. De ser así, ¿en qué momento se cambió el arma dispuesta por el atentado? ¿Quién decidió el cambio?

“Sicarios del periodismo”

Hace algunos años atrás, el querido Raúl Blazquez, decía que hay comunicadores que son “sicarios del periodismo”, desinformadores seriales, por decir de alguna manera. Personas que ayudan a imponer un relato sobre los hechos, e incluso, una mentira sobre la verdad. 

Días atrás, el expresidente de la nación, ingeniero Mauricio Macri, dio una entrevista personalizada al mediático Luis Majul, que desde hace un tiempo a esta parte se acostumbró a ser un servil de ciertos sectores concentrados del poder. Durante esta “entrevista”, Macri fiel a su estilo mafioso, es decir antisocial, catalogó de “sobreactuación” las repercusiones sociales y políticas que hubo en los días inmediatos al intento de asesinato de una líder política regional, y a esta altura del partido histórica. Macri, el mismo que se enriqueció a costa del Estado argentino, de manera impune, multiprocesado por delitos graves que atentan contra el orden legal del país, afirma que el atentado fallido contra la vicepresidenta “es algo individual de un grupito de loquitos y que no está orquestado políticamente”. Y continúa: “Por lo que he visto y leído queda más que evidente. Esto no es el atentado que tuvimos con María Eugenia en Mar del Plata que nos pudieron haber matado. Las piedras que tiraron todas esas personas que fueron movilizadas al lugar para agredirnos o en Traful, también socios de este gobierno. Esas eran movilizaciones políticas para agredir que por suerte no pasó nada, pero ¿y si pasaba? Una locura”. Así, de esta manera simplona, como compara un escrache con un intento de magnicidio, es como Macri gobernó el país. 

Así, de esta manera simplona, Mauricio Macri evita analizar los hechos en profundidad, respecto a otros involucrados, y respecto a las consecuencias sociales, y obviamente políticas, que el asesinato de la máxima figura política de la región hubiera tenido. 

Para el expresidente, una organización que intenta un magnicidio es tan solo una banda de loquitos. Que consideración, también simplista, tendrá sobre una organización que asesina jóvenes, estudiantes, obreros. ¿Qué serán para él?

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*Foto de portada: Casa Rosada Argentina

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