Por Jean Georges Almendras-25 de enero de 2022

La cava de tierra, que fue hecha días atrás por empleados municipales de la localidad de Madariaga, distante más de 8 kilómetros de donde estaba pernoctando José Luis Cabezas, fue el escenario elegido por los criminales para cumplir con el rito mafioso de acabar con su vida; la vida de alguien que era considerado un oponente y un resistente a la prepotencia y a la autoridad mafiosa; la vida de alguien que con su cámara había logrado mucho más que mil palabras y mil armas; la vida de un ser humano que seguramente en los últimos momentos de su existencia, la rabia lo descolocó del miedo, al punto que no se sintió en la antesala de la muerte, sino más bien en la antesala de la verdad, la verdad que lo hizo libre. Libre de verdad.

Los tesoros de la libertad tienen rostros o caras que no todos tienen la capacidad de conocer. Estoy seguro que José Luis Cabezas tuvo, no solo la valentía de asumir la tragedia sobrevolándole encima suyo, sino además la hombría de no dejarse amilanar o intimidar aun recibiendo golpes, maniatado y literalmente sofocado por la violencia. Él sabía, desde hace tiempos, que eso podía ocurrir, y no se atrincheró en sus miedos, y su mayor valentía fue seguir adelante con su trabajo. Su trabajo de fotógrafo, fotografiando a uno de los rostros de la mafia. A uno de los rostros de lo que hoy llamamos el sistema criminal integrado.

Y vaya que era un sistema criminal, el de aquellos días en la Argentina. Y vaya que Yabrán era una pieza del engranaje. Era el rostro -uno de los más crueles- de la mafia que tenía el sartén por el mango en la Argentina.

Un sistema criminal integrado; integrado a otros sistemas turbios; integrado a las instituciones; al poder en concreto. Ese sistema criminal que hoy están incólume, o, mejor dicho, mucho más fortalecido y más extendido. Y más sutil, o en ocasiones más descarado, porque las comunidades humanas lo dejar ser descarado.

La criminalidad en todo el sentido de la palabra, que no gastaba balas en la cobarde acción de tirotear a una persona indefensa, sino que más bien, se ponía la ropa de gala -tinta en sangre inocente, obviamente- para dar a todos los Cabezas argentinos el mensaje preciso. El mensaje de que no se debe entrar en territorios de un sistema que se debe a los intereses mafiosos; a los intereses de los poderosos que dan cobijo, cobertura e impunidad a los criminales. A la criminalidad vestida de democracia.

La criminalidad en todo el sentido de la palabra, que esa noche sembró plomo y fuego, para escribir de puño y letra su tenebroso mensaje, que aunque pareciera estar vigente hoy, no es así, porque a semejante misiva, la mejor cara, hoy por hoy, es la de la tener memoria y preservarla, sin olvidar el crimen de Cabezas, y sin olvidar el crimen de otros que como él -entre ellos, nuestro Pablo Medina, por ejemplo, en Paraguay- ofrendaron sus vidas para poner freno a esos tentáculos nefastos de la criminalidad organizada, abrazada a quienes detentan el poder político, el poder económico y el poder de las armas, luciendo uniformes que los enlodan, por el poder mismo y por los billetes, lisa y llanamente. Ese valor absoluto del dinero, que carcome todo y se posesiona de todo, y de todos.

Homenajeamos hoy a José Luis Cabezas, y a todos que, como él, por ser periodistas, por ser fotógrafos, en todos los rincones de nuestra América Latina y de Europa, y del mundo, hacen honor a la verdad y a la justicia, empuñando las únicas armas que tienen a su disposición: su talento para hablar, escribir o registrar gráficamente, todo lo que atañe a la denuncia y a la verdad, en medio de las tinieblas que hoy se ciernen sobre nosotros.

Nosotros, que todavía creemos en la justicia, aunque nos estén baleando a discreción.

Al final de cuentas, nuestra profesión, también es saber que siempre estaremos expuestos a que algún día, la malignidad de los asesinos de la vida, nos acorralará en cavas, calles, y plazas, y como si tal cosa, además de denostarnos, nos acabarán mandando al campo santo.

Pero ese día, la verdad triunfará, por más que ellos -los asesinos que están a la vuelta de algún sillón de poder- crean que apartaron de su camino a un obstáculo. No habrá sido así, porque por uno de nosotros que caiga, otros más habrán de nacer, para ejercer un periodismo libre. Libre de verdad.

¡!José Luis Cabezas, estás libre, entre nosotros y con nosotros, hoy y siempre!!!

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*Foto de portada: La Izquierda Diario

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