Por Jorge Figueredo, desde Asunción-16 de octubre de 2021

En tiempos en que era asistente fiscal en la Fiscalía Zonal de Curuguaty, intercambiamos con Pablo Medina informaciones referentes a algunos casos sonados del departamento de Canindeyú. Siempre soñó en que se haga justicia por el asesinato de su hermano Salvador Medina. No escatimaba esfuerzos por que la verdad salga a luz, y detestaba la corrupción, sobre todo de los personajes que formaban parte, la mayoría, del partido Colorado, brazo político de la mafia, porque en eso se convirtió la ANR, desde el gobierno del dictador Alfredo Stroessner.

Recuerdo a un Pablo Medina muy amable y generoso. Lo visitaba frecuentemente en su pequeña oficina del diario ABC Color de la ciudad de Curuguaty, en las calurosas tardes de verano, tomando terere, conversábamos de todo, sobre la situación política y económica, el crimen organizado, la corrupción, las desigualdades sociales, y la mafia, que domina y condiciona al Estado paraguayo.

Si no podíamos hablar personalmente siempre lo llamaba por teléfono, y bromeábamos, sobre todo desde los últimos siete años antes de su muerte -ya que, por motivos de trabajo, ya no vivía en Curuguaty-, le solía decir “Hola Don Calo” y él también me decía “Hola Don Calo”, en referencia al padrino de Corleone, latifundista, y dueño de grandes extensiones de tierras.

Pablo Medina jamás claudicó en sus ideales. No se vendió ni tranzó con los poderosos. Al contrario, prefirió la muerte física, antes que la muerte ética. Sabía a qué se enfrentaba, y conscientemente entregó la vida, sin detenerse jamás a pensar en su bienestar personal.

No encuentro palabras exactas para describir no solo su elevada formación intelectual y capacidad técnica como periodista, sino su extremada honestidad, sencillez, y su sonrisa contagiando e inspirando confianza, y camaradería; su solidaridad, y espíritu de servicio, sobre todo hacia los jóvenes estudiantes, que frecuentemente acudían a él, para consultarle sobre todo tipos de temas de interés nacional e internacional.

Pablo Medina, fue un gran defensor del medio ambiente, amante de la naturaleza, que denunció la criminal deforestación de la zona de Curuguaty, Villa Ygatimí, Ypejhú y toda la zona baja del departamento de Canindeyú.

Además de su actividad periodística, fue bombero voluntario de la ciudad de Curuguaty, locutor y maestro de ceremonias de eventos educativos, pero, sobre todo, un gran amante de la música folklórica. Era un periodista multifacético, no solo redactaba las crónicas, además era fotógrafo, y editor.

Hoy, hace 7 años, con su desaparición física, nace en el Paraguay la conciencia antimafiosa, y la necesidad de acabar con este sistema criminal imperante que tiene sus tentáculos esparcidos por todo el mundo, hasta llegar al Paraguay.

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*Foto de portada: elterritorio.com / Pablo Medina años antes de su asesinato

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