Exsacerdote uruguayo Julio Cesar Boffano testimonia sobre la promiscuidad en el Vaticano, en su reciente libro
 
Por Andrés Volpe-15 de septiembre de 2021

"Ingresé en la vida religiosa y me convertí en un gay más en una gran comunidad masculina, donde el sexo es moneda corriente, y donde a partir de esos vínculos uno puede ascender y asegurarse una vida de privilegios" (extraído del libro “Conocerme me hizo libre” de Julio César Boffano).

Así como también en su momento se denunció en la obra del periodista Italiano Gianluigi Nuzzi “Vía Crucis”, existe una vida cristiana mucho más “laxa” de lo que se manifiesta dentro del Vaticano. Hoy, un excura gay uruguayo, abusado en su niñez, dice que el sexo es moneda corriente dentro de la “Santa Sede”, donde los homosexuales son una facción que dividen las aguas.

Julio César Boffano decidió elegir el camino del sacerdocio con la convicción de que esa era la vía para ayudar a construir un mundo más justo. Como seminarista viajó a Roma como miembro de la Compañía de Jesús. Allá en el mismísimo centro del cristianismo, se percató de un mundo totalmente opuesto al que imaginaba. La homosexualidad era moneda corriente entre sus colegas. Fue testigo, a la vez que padeció los abusos de poder. Con pena, además, descubrió que el desborde sexual y la hipocresía transitan campantes por los pasillos y claustros del pequeño estado.

Acaba de lanzar su libro autobiográfico “Conocerme me hizo libre”, donde narra sus experiencias con la curia en el corazón mismo del Vaticano. Denuncia vidas paralelas, privilegios y abusos, como el que le tocó vivir en carne propia cuando era solo un niño, en una escuela de fútbol de Paysandú. En una reciente entrevista de César Bianchi, publicada en “Montevideo Portal”, Boffano es contundente al afirmar que los depredadores sexuales en la Iglesia se sienten redimidos, sin cargo y sin culpa, a la vez de que están convencidos de que no están rompiendo el celibato por tener sexo con varones, muchos de ellos niños.

Boffano se declaró gay, y un día se lo confesó a otro sacerdote. Este le reveló que él también era gay. Lo besó y lo invitó a la cama. Después descubrió que eso es muy común, sobre todo con los nuevos seminaristas. Julio frecuentó saunas y boliches gay, y allí siguió cruzándose con muchos religiosos que en los pasillos del Vaticano actuaban como si nunca hubiera pasado nada.

“Me acuerdo que una vez uno me dejó una cartita en mi cuarto diciéndome: -Tendríamos que ver por qué nos vimos en el lugar que nos vimos- Y yo, que soy muy de encarar, lo encaré y le dije: “Che, ¿querés que hablemos?” Se puso todo colorado, le dio vergüenza; ahí empecé a descubrir. Después conocí un decano de la facultad, y cuando conocí a uno, que me presentó un cardenal, ya no precisé más ir a saunas, porque el sexo lo tenía ahí mismo, en el Vaticano. Y no tenía que estar pagando la entrada de saunas”, declaró Boffani.

Por entonces, el hoy militante político y consultor en comunicación, se juntó con un grupo de curas homosexuales preocupados por la homofobia de la Iglesia. Buscaban entender cómo podía ser que la Iglesia Católica promoviera la familia tradicional por un lado y despreciara la homosexualidad por otro, si ellos, los “elegidos de Dios”, eran homosexuales. En esas reuniones discutían, reflexionaban, cenaban y también tenían sexo entre ellos, contó.

"La homosexualidad se extiende a medida que se asciende en la jerarquía católica, la proporción de homosexuales aumenta y en el colegio cardenalicio esta es la regla, la heterosexualidad es la excepción. No lo podes, procesar, es muy difícil, es como el tema de los abusos. A ver, yo lo viví de adentro, me encontré con esa Roma. Incluso, los heterosexuales son más gay-friendly, y los homosexuales eran los más homofóbicos. Aunque yo me estuve acostando con un cura, un obispo, un cardenal, de la boca para afuera podían ser de lo más homofóbicos. Porque lo ven como un modo de proteger, un modo que no se sospeché sobre ellos. Es hipocresía”, agrega en su testimonio.

Y agrega que en las cercanías de la estación de trenes romana Termini, curas, obispos y cardenales, van a buscar a trabajadores sexuales inmigrantes e indocumentados para tener sexo por un puñado de euros. Una de las tantas realidades que la comunidad de devotos quizás ni siquiera pueda llegar a dimensionar. Esa situación de irregularidad de sus prestadores quizás sea el pasaporte al silencio de una práctica constante de los “intermediarios de Dios en la tierra”.

“Eso sigue pasando, yo viajo bastante a Roma y lo compruebo cada vez que voy. La prostitución masculina gay en Roma se mantiene, y en gran parte gracias a los curas. Y es horrible, es una pena, es una tristeza. Pero funciona así. Y ahora con un gran miedo, además, porque Francisco, que también está rodeado de muchos gays (no tantos como los dos Papas anteriores), con Francisco los curas tienen mucho miedo“, apunta Boffano.

Julio Cesar Boffano 2

Con la magnitud que el exsacerdote expresa la situación, podemos llegar a inferir un nivel de comportamiento ciertamente compulsivo, una pepita de oro para el estudio de cualquier psicólogo o antropólogo.

“El sexo es moneda corriente si vos elegís que así sea. Muchos curas lo reprimen y lo canalizan por otro lado: con el poder, con un súper auto, con cargos o lujos. Es moneda corriente porque -como me pasó a mí- cuando empiezas a tener sexo en Roma empiezas a descubrir que es un montón de gente, que tus propios compañeros, que los curas que conoces en el Vaticano. Fui yo que tomé la decisión de alejarme, porque no podía estar como víctima y sobreviviente de abuso en un lugar donde eso se sigue escondiendo”.

Boffani marca un punto de inflexión en su decisión de continuar con esa vida que llevaba: “Cuando hablás del Evangelio decís: -Yo tenía que administrar los pecados y los castigos, administrar una justicia divina, pero horas más tarde podía estar desnudo en la cama con un cardenal en su apartamento rodeado de todos los lujos, y escucharlo reírse de los evangelios, del amor y de Dios-. ¡La hipocresía y doble moral al mango! Si yo fuera creyente, estas cosas harían añicos mi creencia y mi fe en la Iglesia”, expresa y agrega: “Acá la cuestión no es si te estás acostando con un cardenal o no, la cuestión es que ese tipo se estaba cagando de la risa de algo en lo que yo creo, además. Yo creía en serio en eso. Yo me la jugaba pila cuando tomaba confesiones en ayudar a las personas a encontrarse con su propia conciencia. ¿Y te estás cagando de la risa del Jesús en el que yo creo, y en el que vos decís que crees, acostado con una copa de champán? Yo aproveché todo eso, pero llegó un momento en que me dije: -Yo no quiero esto para mí-”.

En cuanto al lado más triste y repudiable de esta historia, los depredadores sexuales y los casos de abusos, el exsacerdote se expresa: “Están saltando investigaciones, se calcula entre un 4 y un 6% de los curas son abusadores, según una investigación. Y el problema no es la cantidad, sino que el sistema sigue haciéndolos pasar como excepciones, como si fueran ovejas negras. ¡Pero son muchas ovejas negras! Yo tengo más datos, pero nos los pude publicar porque no tengo las pruebas. Hay que diferenciar entre pedófilos y abusadores. Pero son súper conscientes de lo que están haciendo, del abuso de poder, y sobre quienes no se pueden defender”.

Cuando se le preguntó por la relación entre la Compañía de Jesús y sus comportamientos desafiantes, Boffano apunta sin miramientos: “Lo que molesta en la Compañía era que te salgas de la norma de la obediencia. No si coges o no coges; me lo dijo un superior a mí: -No importa que lo hagas, lo importante es que no se sepa. No se hace explícito, no te salgas de la norma, no seas muy diferente- Podía tener sexo en todos lados, sobre todo en el Vaticano. Conocía al obispo y al cardenal con quien ir, qué puertas tocar, las orgías, todo", contó.

En 2004 volvió a vivir a Roma, ya habiendo dejado los hábitos, y vivió la discriminación de sus excompañeros que lo trataron como si fuera el enemigo.

“Vos te alejas, por el motivo que sea, y es como pasa en la política cuando te vas de un sector o un partido: cuestionas a los que se quedan. Yo me voy porque acá están haciendo cagadas, o porque no me gusta esto o lo otro, o porque quiero que mi vida vaya para otro lado. Cuestionas a los que se quedan”.

Según el exsacerdote la Pontificia Universidad Gregoriana le negó un doctorado en comunicación al que aspiraba porque no querían que un exjesuita que se había asumido gay tuviera un título de dicha institución, un lugar fundado ni más ni menos por Ignacio de Loyola: “Me inventaban excusas académicas para tirarme la tesis doctoral para atrás, hasta que dos autoridades de la universidad me abrieron los ojos. Me dijeron: -Julio, podés presentarla mil veces, que te la van a negar mil veces. No la presentes más, olvídate”.

Llegando a Roma en su primera incursión en 1998 para vivir y estudiar con los jesuitas. Boffano afirma que lo educaban para "conocerse a uno mismo", pero siempre y cuando se sea funcional al sistema. De a poco empezó a involucrarse con la teología de la liberación. Sus reflexiones sobre la persecución del Vaticano a esta facción “insurrecta” de la iglesia no deja lugar a dudas, para el statu quo sacerdotal, la coherencia, los valores, la ética y la espiritualidad transitan por rutas separadas, y por supuesto, casi siempre, no pasan ni cerca de los suyos:

“La teología de la liberación no solo fue perseguida, fue prácticamente exterminada por la Iglesia Católica. Ahora surge de algunas otras iglesias y algunos movimientos de gente de los 70, pero fue prácticamente exterminada. ¿Por qué? Porque la teología de la liberación está vinculada con las izquierdas, en general, y porque pone en el centro a las personas con sus derechos vulnerados, y poner en el centro a las personas con los derechos vulnerados, que tienen que ver con el Jesús en el que yo creo. Eso cuestionó las estructuras de la Iglesia Católica, cuestionó las visiones teológicas, cuestionó el poder el Vaticano”.

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*Foto de portada: teledoce.com

*Foto 2: Twitter

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