La Constitución Pinochet-Lagos es ciertamente un fatal impedimento para estos propósitos, pero más bien lo que se necesita para ello es proyecto nacional, voluntad, ética y liderazgo político. Es público y probado que las clases dirigentes fueron seducidas por el legado de Pinochet, como que el centro y buena parte de la izquierda siguen en connivencia con la derecha y realmente empeñados ahora todos en salvarse de la ira popular, adoptando medidas superficiales que no avizoran cambios sustantivos. Estos ven como un placebo más que una oportunidad el plebiscito y la conformación de una instancia constituyente.

Lo anterior explica que no solo sea el gobierno actual el cuestionado por el país, y que este descrédito comprometa prácticamente a todos los partidos, gremios, sindicatos y otras múltiples organizaciones, tal como lo indican las encuestas y las multitudinarias protestas callejeras. Vaya cuán relevante es que el vandalismo con el que se ha tratado de inhibir y estigmatizar la protesta no haya logrado recuperar en nada la deteriorada imagen del Jefe de Estado, pese al aprovechamiento político ejercido por éste a querido obtener en relación a la violencia. Por el contrario, con menos de un siete por ciento de respaldo ciudadano, podemos asegurar que a Piñera le queda todavía menos ascendiente que al ex dictador y, desde luego, no concita siquiera todo el apoyo de los chilenos que se consideran de derecha y centroderecha. Su pretendido liderazgo está completamente en entredicho y su adhesión popular debe ser ahora uno de los más precarios entre todos los gobernantes del mundo. Y, con seguridad, del continente.

Hasta aquí, el actual gobierno ha fracasado rotundamente en satisfacer hasta las más mínimas demandas ciudadanas. Las leyes que ha logrado aprobar en el Parlamento vienen soslayando la posibilidad de arreglar pensiones y sueldos, mejorar la salud y la educación. Sin ponerle atajo tampoco a los abusos de las AFP, de las Isapres y dándole continuidad a un sistema educacional de baja calidad y segregador.

Asimismo, un nuevo escándalo estalla en Codelco en estos días y, con éste, la desconfianza de los chilenos en cuanto a que estos asaltos al erario nacional y al bolsillo de todos los chilenos concluyan condenando a los culpables. Por otro lado las propias policías han reconocido su fracaso en la lucha contra la delincuencia y el narcotráfico.

De esta manera es que Piñera se encuentra inhabilitado para administrar el proceso constituyente y el cumplimiento de la llamada agenda social comprometida con el pueblo. Lo lógico sería que renunciara y el país fuera convocado a elegir un nuevo mandatario antes que materializar un plebiscito que difícilmente su gobierno y nuestro sistema electoral pueden garantizar en transparencia y eficiencia. Cuando ya se conocen las trampas acordadas por los convocantes para hacer difícil, sino imposible, que la voluntad popular supere los quórums y otras barreras ya establecidas en la aprobación de cada acápite del nuevo Texto Fundamental. O si se considera que aún no se definen las reglas claras que regirán la propaganda política y la participación de los independientes en dicha consulta. En la descarada e injustificable postura, además, del Ejecutivo y muchos legisladores de oponerse al voto obligatorio.

El país no debe conformarse solo con las próximas jornadas electorales. Aunque debemos apoyar con entusiasmo al SI en el plebiscito, para así abrir las puertas de una asamblea constituyente, todavía estamos a tiempo de forzar la renuncia o destitución del actual Mandatario como garantía fundamental para que los cambios se materialicen. Además de que los ciudadanos que resulten elegidos para definir una nueva Carta Magna puedan acometer con éxito, libre y soberanamente su tarea.

Un gobierno que reprime a la población, dispara letalmente contra los opositores y es el responsable de tantas violaciones a los DDHH acreditados en Chile y por prestigiosas entidades extranjeras, no puede seguir a la cabeza de la promesa y el desafío de construir un nuevo destino para Chile. Después de una trayectoria republicana tan afectada por las defecciones de nuestros gobernantes, también un proceso constituyente y nueva Carta Fundamental deben ser validados internacionalmente.

Sebastián Piñera debiera seguir el ejemplo de ese gran número de sus subalternos que han preferido alejarse de La Moneda y asumir sin más dilaciones el lapidario juicio histórico que también le espera.

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*Foto de Portada: www.eldivisadero.cl 

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