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Libro de Santiago Rey visibiliza a un Estado asesino que cruelmente silenció la verdad

Por Jean Georges Almendras y Frecuencia Joven, de Our Voice-20 de mayo de 2019

Quisiera decir que se hizo justicia en el caso Rafael Nahuel, con el reciente reconocimiento de la Justicia: de que no hubo enfrentamiento a balazos entre prefectos del grupo Albatros y los mapuches que valerosamente (y legítimamente) defendieron su comunidad y su tierra, y que el Prefecto Pintos fue acusado formalmente de haber dado muerte al joven mapuche, pero no puedo hacerlo aún porque la causa de Rafael Nahuel, no ha sido zanjada aún de manera íntegra. Como tampoco han sido zanjadas las restantes causas vinculadas con las comunidades mapuches ni tampoco han cesado las prácticas colonialistas y racistas, en sus diferentes formas, de la administración Macri en contra de los pueblos originarios, estando entre ellas la que se relaciona directamente con el caso Santiago Maldonado, cuya impunidad de los responsables continúa siendo un hecho tangible y visible a todos los ojos de la Argentina y del mundo.

Y precisamente en ese contexto de incertidumbres y manipulaciones, en medio de las cuales intermitentemente salen a la luz algunos atisbos de esperanzas respecto a los mapuches, un periodista comprometido ante todo con la verdad, y con la justicia, (como valores irrenunciables para un comunicador honesto y consciente de la dramática realidad social mapuche) edita un libro que obligatoriamente todos deberíamos leer. Un libro específicamente revelador y que echa luz sobre el caso del joven mapuche asesinado en Villa Mascardi, Bariloche, en el mes de noviembre del año 2017, apenas unos pocos después de la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado.

“Silenciar la muerte-Crónica e investigación sobre la vida y asesinato de Rafael Nahuel” es el título del libro, el que recomendamos expresamente a nuestros lectores (como oportunamente recomendamos el libro del periodista Sebastián Premici “Santiago Maldonado, un crimen de Estado”).

“Silenciar la muerte” es un libro que fue presentado recientemente por el autor en la ciudad de Rosario. Oportunidad en que integrantes de Our Voice y del programa Frecuencia Joven se hicieron presentes, recabando el testimonio directo del autor, para Antimafia Dos Mil.

La exposición, precisamente de Santiago Rey, fue precisa y contundente (y dramática) porque permitió visibilizar de manera cruda (y sincera) uno de las realidades más preocupantes y más terribles de la Argentina de hoy. La realidad de las comunidades mapuches, que contrasta radicalmente con las impunidades de los poderosos, y en particular de los poderosos que avasallan derechos y vidas, inspirados en ideas definitivamente conservadoras, y de un fascismo visceral y repugnante, que primordialmente, más debería ser motivo de vergüenza que de orgullo y de aceptación pública. Una aceptación pública alimentada (con perversidad criminal) por los medios de comunicación serviles al poder y al Gobierno central, sea por conveniencia ideológica, política o (desgraciadamente) económica.

Santiago Rey, director del sitio web En Estos Días y colaborador de Página 12 entre otras publicaciones, se dirigió a quienes asistieron a la presentación del libro, y habló con franqueza: historiando sobre la forma en que se comprometió con el libro, o mejor dicho, con la esencia y el sentido de la lucha de Rafael Nahuel, y con él mismo. Porque su compromiso con “Rafita” y con el libro que surgiría después, nació a través de sus emociones y de la necesidad (interior) de dar a conocer la verdad de los hechos, para que el encubrimiento criminal del Estado no sea eterno ni quede protegido por el manto de la impunidad.

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Santiago Rey habló así:

“Si yo no hubiera visto la casa donde vivía Rafael, que él mismo había construido con sus manos a través del programa “Un techo para mi país”, que no tenía más mobiliario que una salamandra a un costado y era una sola pieza de dos por cuatro, o dos por cinco; si yo no lo hubiera visto ahí acostado con su remera de boca y su bandera mapuche cubriendo el ataúd, si no hubiera visto la tristeza de sus familiares, de su mamá Graciela, de su papá Alejandro; si no hubiera visto como los amigos querían bajar al centro a romper todo porque les habían matado a Rafa y como los pibes de las organizaciones sociales que trabajan en esos barrios los frenaban diciéndoles “ tranquilos, no es la forma, no es la solución…” Si yo no hubiera vivido eso, si no hubiera hecho esa cotidianeidad de la cobertura, del trabajo periodístico, no sé si hubiera conectado con esta historia para poder contarla; y como aquí hay bastantes periodistas , trabajadores y trabajadoras de la prensa, me parece que la charla puede tener varios guiños en el sentido de tratar de reforzar la idea de un periodista sensible, de un periodismo empático, que sistematice la información, que se arriesgue, que investigue, que esté en la calle, que sepa transmitir, con las mayores herramientas posibles, esas historias que cuenta”.

“Hoy es un día muy especial; hoy hubo un fallo que trastoca de fondo lo que venía sucediendo con el caso, en la Justicia. Hasta ahora teníamos un proceso de instrucción, de acumulación de pruebas y de evaluación de esas pruebas por parte del Juzgado federal de Bariloche, que encaminaba todo hacia la impunidad, que parecía llevarnos inevitablemente hacia un nuevo caso de asesinato estatal sin un responsable claro o con un responsable que no pase ni un solo día en prisión. Hasta hoy a la mañana, los cuatro integrantes del Grupo Albatros de la Prefectura Naval argentina -que es un grupo de elite, preparado para combatir en territorio, que ingresaron en la comunidad LafkenWinkulMapu, el día 25 de noviembre de 2017, que en el lapso de entre cinco y diez minutos dispararon entre 114 y 129 veces con municiones de plomo, con balas 9 milímetros- estaban procesados bajo la figura de “homicidio cometido en exceso de legítima defensa”. ¿Qué significa eso? Eso significa que el juez federal Leónidas Moldes, que tuvo a su cargo este vergonzante fallo, dio por acreditada la teoría que esbozó dos días después del hecho la Ministra de seguridad Patricia Bullrich cuando dijo que los integrantes de la comunidad mapuche estaban armados, y que incluso estaban armados con armas de tal calibre “ que arrancaban árboles de cuajo”, no sé si recuerdan esa frase, pero lo dijo así textual: “ arrancaban árboles de cuajo”; imagínense qué calibre tendrían las armas, pero es lo que ella dijo”.

“A partir de la construcción de ese relato -que yo ahora les voy a leer de donde sale esa teoría, esos datos- el Ministerio de Seguridad, el Gobierno Nacional, los medios colaborativos y la Justicia Federal no se movieron un centímetro a pesar del cúmulo de pruebas, de pericias, de testimonios, de la propia inspección ocular en el lugar, que acreditan que la teoría del enfrentamiento no tiene el más mínimo asidero. No van a encontrar ustedes en el expediente, -y es uno de los elementos centrales de nuestro trabajo, precisamente, ese expediente- un elemento consistente con la idea del enfrentamiento”.

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“Veníamos de la construcción de un enemigo interno: el pueblo mapuche como enemigo interno de la integridad territorial nacional y del sistema democrático. Uno se pregunta ¿cuál es la motivación para que un gobierno, el Estado, la Justicia, los medios que colaboran con ese gobierno, señalen a un pueblo, a un pueblo originario que está en un proceso de reconstrucción histórica muy valioso, muy rico, muy diverso, muy interesante, como un enemigo interno de la patria? Y la explicación es económica, una vez más”

“La Patagonia es una tierra en disputa, pero la Patagonia tiene dueños, por más que se hable de esos vastos territorios vírgenes, porque estos engloban su enorme potencialidad en términos energéticos, turísticos, paisajísticos; es por eso que la Patagonia es un territorio en disputa. Y cuando digo que tiene dueños es porque el Estado, a través de Parques Nacionales o los Estados provinciales a través de lo que denominan las tierras fiscales son dueños de esas tierras; y además están los privados, que por ejemplo, en el caso del Grupo Benetton tiene nada menos que un millón de hectáreas en el noroeste de Chubut”.

“El 25 de noviembre, bajo una orden judicial, este Grupo Albatros ingresó a terminar lo que habían iniciado otras fuerzas de seguridad dos días antes. El 23 de noviembre de 2017 se produjo un desalojo muy violento de esa comunidad; fueron detenidas cuatro mujeres y cinco niños y niñas que pasaron todo el día en las dependencias de la Policía Federal, allí en San Carlos de Bariloche. Rafael Nahuel estaba tangencialmente comprometido con esa recuperación -no participaba todavía activamente; sí tenía familiares, como su tía María Nahuel, muy comprometida con esa recuperación allí en Villa Mascardi- y fue a la puerta de la Policia Federal a reclamar, junto con otros integrantes de la familia y de la comunidad, con amigos y organismos de Derechos Humanos, la liberación de las personas que habían sido detenidas”.

“Allí surge esa última foto de Rafael Nahuel en la que está soplando un instrumento llamado trutruca; una foto muy particular, que es la síntesis de su propio proceso personal”

“Desde hacía algunos meses Rafael se había dado a sí mismo la oportunidad de reconocer su origen, de sentirse parte integrante de un pueblo originario; algo que está vedado a miles y miles de personas en la Patagonia, a las cuales se condena únicamente a la posibilidad de subsistir, a la necesidad de resolver día a día esa subsistencia en lugar de poder estar haciendo un proceso de este tipo. Digo esto en particular porque Rafael había empezado a zafar de ese círculo vicioso que, en la zona del alto de Bariloche, en los barrios más pobres, condena a miles de pibas y pibes a vivir en situaciones de extrema violencia institucional, de consumos problemáticos a la vuelta de la esquina, de tener que estar changueando para poder sobrevivir, de no tener ni gas ni luz si no es por condiciones clandestinas, todo esto en ciudades con diez, quince grados bajo cero, durante el invierno”.

“Y Rafa había empezado a zafar; se había hecho un oficio, había aprendido herrería con algunas organizaciones sociales que trabajan ahí en los barrios, se había construido su casita, como les decía, no le sobraba nada, estaba siempre en el límite, algunos vínculos de amistad lo llevaban hacia ese lado en el que quedan tan vulnerables de la violencia institucional y de la policía de la provincia de Rio Negro que es muy brava, y en ese proceso personal además, se había descubierto integrante del Pueblo mapuche”.

“Este proceso histórico que están viviendo, no es un proceso folclórico de venta de artesanías en la puerta de los hoteles cinco estrellas de las ciudades patagónicas; este proceso histórico que están viviendo los pueblos originarios, en particular el Pueblo mapuche, no es solo pasado y raíz; es futuro. Hay muchos que ven en la posibilidad de ese reencuentro con sus orígenes un mejor vivir hacia adelante, un mejor vivir que implica poder volver al campo y salir de las periferias pobres de los barrios de las ciudades patagónicas; que implica contacto con los animales, sus propios sembradíos, es decir, una perspectiva y un horizonte muy distinto al que viven en esos lugares. Y Rafa quería instalarse en esa recuperación territorial; quería construir su ruca -su casa- allí en la Lafken Winkul Mapu; en esa comunidad”.

“Supo del desalojo, fue a la puerta de la Policía Federal a reclamar la liberación de los detenidos, y supo también que montaña arriba, pasando frío y hambre, habían quedado algunos de los integrantes de la comunidad, los hombres -varones- que habían corrido montaña arriba tal como habían acordado internamente. En general lo que perciben es que con los varones son mucho más violentas las fuerzas de seguridad – por más que el desalojo con las mujeres haya sido violento- y para ponerse a resguardo y sostener esa recuperación territorial, los hombres corrieron montaña arriba”.

“Un día después, Rafael cocinó unas milanesas, juntó ropa de abrigo y volvió al territorio sorteando los distintos vallados de las fuerzas de seguridad que impedían allí el paso. Ingresó, tomó contacto montaña arriba con esta gente, comió y durmió con ellos; en la mañana del 25 recorrió parte del territorio, y en un momento particular, con una frase que me contó uno de los chicos que estaba con él y que a mí me dejó impactado, dijo: “percibimos un silencio ajeno a este lugar”. Era gente que conoce la tierra, que conoce el lugar, los sonidos, los olores de esa primavera de noviembre, que supo que iba a pasar algo cuando percibió que el sonido era fuera de lo habitual”.

“Hicieron unos metros hacia abajo y se encontraron con la patrulla del grupo Albatros integrada por cuatro personas, que dio la voz de alto y, según la reconstrucción que hice para este libro y el cúmulo de pruebas que figuran en el expediente, luego de la voz de alto, empezaron a disparar, primero con postas de goma y con las bolitas marcadoras con pintura. Los integrantes de la comunidad respondieron con piedras y ante eso, en un momento determinado empezaron a disparar balas de plomo 9 milímetros, con dos tipos de armas distintas, pistolas Beretta y subfusiles MP5, un arma de guerra que portaban por lo menos dos de los cuatro integrantes de ese grupo que ingresó en el territorio mapuche”.

“Hirieron a dos personas, mataron a Rafael -podrían haber hecho una masacre, porque como les dije dispararon casi 130 veces- los persiguieron, fue una verdadera cacería. Y hoy -lo vengo diciendo hace un año y medio, sin el respaldo de fallo judicial alguno sino por la convicción de la investigación que realicé- lo digo con un fallo que ratifica que efectivamente existió una persecución, porque lo dice hoy la Cámara de Apelaciones de General Roca, se encontraron vainas de munición 9 milímetros espaciadas por trescientos metros cada una de ellas en varios lugares; es decir, dispararon, los persiguieron, volvieron a disparar, hasta que finalmente montaña arriba mataron por la espalda a Rafael Nahuel”.

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“Fausto Jones Huala y Lautaro González Curruhuinca -dos de los jóvenes que estaban con Rafa- improvisaron allí una camilla, y a pesar que Rafael les pedía que lo dejen ahí -porque sabía a lo que se enfrentaban sus compañeros si lo bajaban hasta la ruta donde estaban las fuerzas de seguridad- ellos decidieron bajarlo y según me contaron después, desde una semi- clandestinidad a la que los sometió el Poder judicial, lo bajaron porque no querían que haya otro Santiago Maldonado. Ellos pensaban que si dejaban el cuerpo allí abandonado lo iban a desaparecer y le iban a cargar a la propia comunidad la responsabilidad de ese asesinato”.

“Entonces bajaron el cuerpo, llegaron hasta la ruta, lo dejaron en una banquina y los mismos integrantes del Grupo Albatros, que dispararon entre 114 y 129 veces, los precintaron, los esposaron, los trasladaron 400 metros y los ingresaron detenidos en un móvil de la Policía de Seguridad Aeroportuaria”.

“Digo esto porque esos Albatros tenían las manos llenas de pólvora y nadie va a poder demostrar que la única partícula de pólvora en las más de 4.400 que se analizaron en las manos Fausto Jones Huala y Lautaro González Curruhuinca no fue por una transferencia de todo ese proceso que se dio cuando los detuvieron y los llevaron esposados y detenidos hasta la Policía Federal en el centro de Bariloche”.

“A partir de allí se desata el encubrimiento. Ya se había dado la preparación, la estigmatización del Pueblo Mapuche, la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado; ya se había dado la consumación, el ingreso violento, la cacería, la persecución, llegaba el momento del encubrimiento”.

“Para el libro me hice de una grabación de un audio de Whats App de quien tenía a su cargo el operativo del Grupo Albatros; el oficial principal Berra, unos minutos antes de que le secuestren el teléfono y a sabiendas de que se lo iba a secuestrar la Justicia porque era sospechoso -al igual que sus compañeros de arma- de ese asesinato, deja grabado tres audios de WhatsApp: uno de ellos, en el que dice que le están por secuestrar el teléfono.“Tenemos que entregar todo” dice, y estaba muy molesto porque la Justicia había puesto el ojo sobre lo que estaba sucediendo, o por lo menos fingía hacerlo o cumplía con los protocolos mínimos de acción ante esos casos”.

“En ese audio Berra habla de “estos indios, que disparaban con armas de tal calibre que arrancaban árboles de cuajo”; exactamente, con puntos y comas, lo que la ministra de Seguridad Patricia Bullrich dijo dos días después a través de un comunicado y en una conferencia de prensa junto con el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, en relación a la presencia de armas en manos de la comunidad mapuche. Es decir, la ministra le dio carácter institucional y formal a un audio de Whats App de uno de los sospechosos del asesinato y construyó un relato, junto con la colaboración de los medios colaborativos -por decirlo de una forma no tan agresiva- y durante un año y medio no se movieron de ese relato a pesar del cúmulo de pruebas que, una a una, ya sean pericias, inspección ocular, testimonios, fueron nutriendo el expediente”.

“El hallazgo de ese audio para mí fue un punto clave en la investigación, porque era -si no fuera por la diferencia en la voz- escuchar a la propia ministra Bullrich diciendo qué es lo que había sucedido. Y para que ustedes tengan además una idea, en ese audio Berra dice: “me contaron los muchachos que pasó tal cosa…”, porque él ni siquiera estaba en el grupo de los cuatro que había subido, o sea que, por terceras personas, construyó un relato que se convirtió luego en el relato institucional formal, nada menos que de un Ministerio y que se mantuvo hasta hoy mismo”.

“Por Santiago Maldonado se movilizaron millones de personas en el país, yo creo que el hecho de que estuviese desaparecido removió una fibra que teníamos latente, expectante, que por suerte no estaba dormida y que generó que en todo el país la gente se movilizara bajo la consigna “dónde está Santiago”; por Rafael Nahuel pasó algo muy distinto. Entre las explicaciones posibles -y sin establecer aquí una competencia entre víctimas- el hecho de que se tratara de un joven mapuche, negro, del alto de Bariloche, pobre, sin perspectiva, y no de un pibe de clase media que había podido elegir una vida distinta, que había generado inclusive lecturas ácratas, libertarias, anarquistas, es decir que tenía la posibilidad, que tuvo las herramientas para elegir; algo que Rafa tenía bastante vedado. Esas diferencias para mí también explican por qué hubo movilizaciones tan masivas por Santiago y fueron tan escasas, tan pobres, tan desarrapadas por las calles frías de Bariloche, de la familia y algunos amigos como contexto únicamente, en reclamo de justicia por Rafael”.

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En enero pasado el juez Leónidas Moldes procesó a los cuatro Albatros; yo pensé, “bueno, parece que nos encaminamos y que esto va hacia el lugar donde tiene que ir”,paso seguido me dicen “pero los procesaron bajo la figura de homicidio cometido en exceso de legítima defensa.”El Juez Moldes, apenas dos meses antes se había puesto al frente del expediente porque había vuelto al juzgado federal; toda la instrucción la había hecho el juez Gustavo Villanueva, el mismo que había ordenado el desalojo y que era el que después tenía que investigar a las fuerzas de seguridad que actuaron bajo sus órdenes; algo similar a lo que pasó con Santiago Maldonado y el juez federal en Esquel, Guido Otranto”.

“Moldes en solo dos meses produce estos procesamientos bajo la figura de “exceso en legítima defensa”; y por supuesto esa resolución que quiere dar por terminado el proceso de instrucción es vergonzante. No acredita la presencia de armas y sin embargo habla de un enfrentamiento; da por creíbles los audios, dice “son verosímiles”, como si no hubiera un contexto en el cual esos mismos uniformados que dejan los audios estarían siendo investigados. Resolución que fue apelada por todas las partes, fundamentalmente por la querella; que debía resolverse en diez o quince días y después de dos meses y medio hoy a la mañana se produjo un fallo que creo puede empezar a revertir la situación y acercarnos a un horizonte de justicia”.

“La Cámara de Apelaciones interpretó que el cabo primero Francisco Javier Pintos-que de los entre 114 y 129 disparos hizo más de cincuenta, que cambió cargadores en cuatro oportunidades y siguió disparando- es el responsable, inicialmente, del asesinato de Rafael Nahuel; y lo procesó bajo la figura de “homicidio agravado” dictando además la prisión preventiva”.

“El fallo es ejemplar; alguno de los votos, uno en particular de un juez de apellido Barreiro cuestiona no solo el seguidismo que hace el juez Leónidas Moldes del relato oficial de la ministra Bullrich sino a la propia ministra Bullrich le dice “atención, usted no puede condenar de antemano y a través de los medios de comunicación y de una doctrina de seguridad a quienes son sospechados de ser víctimas; usted no puede avanzar sobre los tiempos de la justicia para investigar y no puede sostener un relato más allá del tiempo y de las pruebas que puedan acumularse en el expediente judicial”.

“Celebro la valentía de los jueces que firmaron el fallo de hoy; celebro verme sorprendido después de conocer tanto el expediente, cómo se mueve la justicia federal y estar convencido de que íbamos camino irremediable hacia la impunidad. Celebro haberme sorprendido y que tal vez la percepción de un nuevo clima político, o las condiciones - por qué no- de los jueces hayan hecho que en definitiva se pueda revertir ese fallo escandaloso del juez Leónidas Moldes”

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“Quiero leerles algunas cosas del libro, que tiene dos tonos que van intercalados; uno es hijo de la tradición de la investigación periodística, del expediente judicial contrastado con otras voces, con otras pruebas, que está más sistematizado, tiene muchos nombres, muchos números y que tal vez pueda aburrir a quienes no sean periodistas o no sean tan fanáticos como nosotros de este tipo de trabajo. Está intercalado con otros textos que son deudores, hijos de la crónica periodística y que me sirvieron para contar quién era Rafael Nahuel. Porque la idea –sobre todo a partir de aquella presencia en el velatorio, en la casa-como les contaba al principio- es que el nombre de Rafael Nahuel no quede únicamente como un slogan o una bandera de aquellos que reclaman justicia, sino que quienes muestren alguna inquietud por saber qué pasó, sepan de quién estamos hablando y que no quede resumido en un joven mapuche, uno más asesinado por las fuerzas de seguridad en el sur del país”.

Quiero decir también, antes de leerles, que Fausto Jones Huala y Lautaro González Curruhuinca, los dos jóvenes que bajaron el cuerpo, fueron procesados también en el mismo auto de procesamiento del juez Leónidas Moldes, por usurpación y por agresión armada a los efectivos; por más que no hayan encontrado las armas de fuego ni rastro alguno de que se haya disparado otra arma que no fuera la de los Albatros, el juez equilibró el hecho de tirar una piedra con dispar un arma con munición de plomo, y también los procesó. Hubo un fallo anterior al de hoy, en el cual Fausto Jones Huala -que después de estar casi un año prófugo de la justicia se presentó- recibió una condena en suspenso de seis meses nada más, y fue ese primer fallo un antecedente muy importante para demostrar que no hubo uso de armas en manos de los integrantes de la comunidad mapuche”.

“Digo esto porque lo que les voy a leer pertenece a parte de un diálogo que mantuve con Fausto -desde una semi-clandestinidad en la que se encontraba-y con parte de la familia, que me parece interesante para conocer cómo vivieron ellos, en primera persona, ese momento”

Párrafo del libro de Santiago

“Fausto Jones Huala empieza por el final; empieza a narrar la historia por el final: “Rafa nos decía que lo dejáramos, que sigamos, que no podíamos hacer eso; no podíamos bajar.”“Nos decía que no, pero lo bajamos”, repite”.

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“No fueron más de veinte minutos, la balacera de los Albatros había herido a dos jóvenes y matado a Rafita. Aún respiraba cuando Fausto y Lautaro improvisaron una camilla y comenzaron a bajarlo hacia la ruta. Rafa le agarró la mano a Fausto, balbuceó algo en su todavía incipiente mapusungun -la lengua mapuche- que los jóvenes interpretaron como un desafío a la autoridad, como una reafirmación de su condición de integrantes del pueblo originario, como una exigencia de valor ante lo que se les venía. “No podíamos dejarlo ahí, lo empezamos a bajar pero a mitad de camino ya no hablaba, estaba frio” dice Fausto con voz firme. La primavera barilochense regalaba un baño de sol y casi 20 grados aquella tarde, pero Rafa se iba poniendo frío mientras sus peñis – sus amigos, sus hermanos -lo bajaban por la montaña. Minutos antes, Fausto, Lautaro y Rafael habían descendido unos metros a ver qué pasaba, porque un silencio ajeno al lugar les llamó la atención. De repente quedaron cara a cara con los Albatros, que habían permanecido escondidos a la espera de refuerzos para cumplir la orden judicial que les habían dado de despejar el lugar. “Los uniformados gritaron ¡Alto! y empezaron a disparar” dice Fausto, que sabe bien del sonido de los balazos. En enero de 2017, en la comunidad en resistencia Cushamen, en el noroeste de Chubut, un disparo le provocó un traumatismo de cráneo y la pérdida de audición de uno de los oídos. En Villa Mascardi, diez meses después, a seis o siete metros de distancia “los prefectos dispararon y nosotros tirábamos piedras, que era lo único que teníamos”, se justifica”.

“Quince minutos puede ser mucho si se está frente a un pelotón de fusilamiento que, munido de armas de guerra, dispara a mansalva; “si dejábamos de tirar piedras nos agarraban”, dice Fausto, que empieza a volver al final, al momento fatal. Cuando cesaron los tiros, los integrantes de la comunidad y quienes habían ido a ayudarlos se miraron, dos jóvenes, Gonzalo Coña y Johana Colhuan, se quejaban por dolores en el hombro y el abdomen; nada grave. Rafa estaba tirado en el suelo, algunos dicen que le escucharon decir “me dieron”, y la gorrita de visera que siempre usaba -incluso el día de su velorio- estaba a su lado.”

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“Si ustedes conocieran a Graciela y Alejandro, la madre y el padre de Rafael Nahuel, estoy seguro… no digo que se metieran hasta el tuétano y se embarraran como lo hicimos nosotros para hacer este libro y la cobertura, pero seguro que no hubieran podido olvidar el dolor de esos padres y la ausencia total de herramientas y de posibilidades para llevar adelante el reclamo por justicia, que sin embargo sostienen caminando todos los 25 de cada mes desde el alto de Bariloche hasta el Juzgado Federal, para pedir ser recibidos y que los informen si hay algún tipo de avance en la investigación”.

“Si los conocieran, no se podrían olvidar de Rafael. Yo no me pude olvidar, desde el momento de su velatorio; y en nombre de Graciela y Alejandro escribí este libro y por eso estoy hoy aquí”.

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*Foto de Portada: Pagina 12  /Rafael Nahuel

*Foto 2:  uy.radiocut.fm /Portada del Libro de Santiago Rey

*Foto 3: twiter de Santiago Rey/Presentaciòn del libro

*Foto 4: www.lanoticiaweb.com.ar/ /María, tía de Rafael Nahuel

*Foto 5: lmdiario.com.ar/ /Madre de Rafael Nahuel

*Foto 6: currinonline.blogspot.com /Padre de Rafael Nahuel

*Foto 7:telefe.com/Prefecto Francisco Pintos acusado de dar muerte a Rafael Nahuel

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