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Primera parte
Explosiones de Embajada de Israel y la AMIA, manejadas por el Mossad,SIDE y CIA
Por Jean Georges Almendras-31 de diciembre de 2018

Fueron dos potentes bombazos.  Dos bombazos que hicieron temblar los cimientos de los edificios y las casas de la ciudad de Buenos Aires. Dos bombazos que acarrearon muerte y dolor. Uno fue en marzo del 92 y el otro en julio del 94. Dos bombazos que también  hicieron temblar (y siguen haciendo temblar) a todo el sistema de poder argentino (y no argentino). Dos bombazos que desnucaron literalmente la inocencia de una sociedad crédula y vulnerable, devorada por la malicia criminal. Malicia criminal vistiendo ropajes institucionales confeccionados por sastres y obreros de la intriga, fundamentalmente motivados por intereses económicos (primordialmente de naturaleza ilícita) y ajenos por completo a toda ética, moral y amor (o respeto a la vida). Malicia criminal que desnucó la calma de una rutina ciudadana, apelando a una metodología terrorista, pero que no necesariamente fue planificada o ejecutada por terroristas (como es lo primero que se pensó, porque así había que hacer pensar a la opinión pública argentina y mundial, y en especial a la colectividad israelí)  porque en definitiva fueron acciones resultantes de desviaciones institucionales, donde la política internacional, los entramados de la inteligencia y la contrainteligencia de países como Argentina, Estados Unidos y mismo Israel, se dieron cita macabramente, como si se trataran de lobos vestidos de cordero, todos ellos  apuntando empecinadamente a Irán, como el demonio de turno, siendo que en realidad el círculo de autoría, complicidad y posterior encubrimiento sería uno muy diferente. Bastante diferente.

Fueron dos potentes bombazos.

El primero de los bombazos fue exactamente a la hora 14:50 del caluroso día martes 17 de marzo, de 1992.  Una muy poderosa explosión destruyó el edificio de la calle Arroyo al 910 esquina Suipacha, en la ciudad de Buenos Aires. El edificio donde funcionaba la Embajada  y el  Consulado de Israel en la Argentina. El saldo que siguió al pánico y al terror, fue de 22 personas muertas y más de 200 heridas, de diferente entidad.

El segundo fue exactamente a la hora 9:53  del día lunes 18 de julio de 1994. Una muy poderosa explosión destruyó el edificio de la calle Pasteur al 633 donde funcionaba la Asociación Mutual Israelita Argentina en Buenos Aires (AMIA). El saldo que siguió al pánico y al terror, fue de 85 personas muertas y unas 300 o más heridas, de diferente consideración, sin contar con los daños materiales en los inmuebles de la zona, tal como ocurrió en el atentado a la Embajada de Israel.

Fueron dos potentes bombazos.

Más de dos décadas después de ambas explosiones sobrevino una tercera. Pero una  periodística,  no menos demoledora, si acaso en verdades, que es lo que importa, después de tanta muerte y tanta infamia.

El autor. El responsable de esta explosión de periodismo de investigación (no destinado a cercenar vidas ni esperanzas  sino mas bien destinada a sacar a la luz pública verdades, sobre el caso de la AMIA y de la Embajada de Israel) y  que incomoda a ciertas personas y a ciertas instituciones y a ciertos poderes, fue (y es)  el periodista y escritor argentino Juan José “El Pájaro” Salinas.

Nacido en Buenos Aires hace 65 años, en el mes de julio del 2018 que pasó, cerró el capítulo “Conclusiones” de su último, excelente y revelador libro “La InfAMIA. Los servicios de Inteligencia en el atentado y su encubrimiento. El Memorándum con Irán, Stiuso y la muerte de Nisman” (de editorial Colihue)  en los siguientes términos: “ Se pone punto final a este libro luego de que, en medio de una agudísima crisis y de la firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que implica contraer una deuda impagable –excepto que sea a cambio de entregar todos los recursos naturales al capital extranjero y transnacional- el presidente Macri recibió en la Casa Rosada al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, sin que se informara –ni oficial ni extraoficialmente- de la reunión , ni , menos, de lo tratado. Lo cierto es que al día siguiente la Corte tomó varias resoluciones importantes, y Casación Penal confirmó el apartamiento de Sabrina Namer del Tribunal que juzgara a CFK y demás acusados por Nisman. Probablemente nunca se sepa si hubo o no una relación  causa-efecto entre ambos hechos. La decisión de Casación  no fue unánime, ya que el presidente del Tribunal, Borinsky, se opuso porque en la justicia nunca nadie siquiera alegó alguna vez conexidad entre esta causa y las que Namer fiscalizó, y porque quienes impugnaron a Namer no lograron precisar motivos objetivos que afecten  la garantía de un juez imparcial. La decisión de Hornos (“un juez  no sólo debe ser imparcial, sino también parecerlo”, arguyó) fue vergonzosa. Antes  de aceptar tramitar la denuncia de Nisman, se había apartado de todas las causas vinculadas con el atentado a la AMIA por haber sido fiscal de Cámara en esa causa. Incluso se apartó también  por eso  mismo de la causa que declaró la inconstitucionalidad del memorándum. Su situación  era equivalente a la de Namer, a la que apartó por haber sido fiscal del caso Amia cuando él también lo fue. Junto a Namer y López Iñiguez, el TOF 8 (Tribunal Oral Federal) estaba integrado por  Nicolás Toselli, quien se excusó por ser yerno del ex embajador en Siria Roberto Ahuad, quien declaró  en la causa como testigo. Su reemplazante es José Michilini, uno de los jueces que mostraron mayor animosidad contra el ex vicepresidente Amado Boudou en la causa en la que se lo juzgó y sobreseyó por una irregularidad en la transferencia de un automóvil. Como el Gobierno desconfía de López Iñiguez, trata ahora de reemplazar a Nader por alguien adepto. En fin, que procura de manera obscena, exhibicionista, pornográfica, conformar un tribunal que condene, a como dé lugar, a CFK y demás acusados, tal como se hizo con Lula Da Silva en Brasil. A despecho que, de hacerlo, no habrá más remedio que considerar cómplices a los diputados y senadores que aprobaron un memorándum que nunca fue refrendado por el Majlis (parlamento únicamente iraní) ni tuvo principio de ejecución. Se trata de conseguir que se los condene en base a unas acusaciones presentadas por quien, al tomar súbita, plena conciencia de su inconsistencia, se suicidó, prestándoles un último servicio a quienes lo habían impulsado. Eso es, a los verdaderos encubridores de las matanzas de 1992 y 1994. A quienes lo único que les importa, contra toda evidencia, es que Irán siga siendo considerado un Estado terrorista y que se condene a CFK y compañía. Ambas cosas están indisolublemente unidas. Se trata de evitar que se salgan con la suya. El resto es paja”

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Fueron dos potentes bombazos.

Dos bombazos que hasta la fecha, judicialmente (oficialmente) no han sido aclarados. Es decir, que a pesar de las idas y venidas en uno de ellos en particular, como es el caso de la AMIA, no han surgido responsabilidades, pese a que hubo detenidos, hubo libertades, hubo intrigas de poder y hasta un fiscal federal  (Alberto Natalio Nisman) fue hallado sin vida en su lujoso apartamento bonaerense del distinguido barrio de Puerto Madero,  esto,  el día 18 de enero de 2015.  Es decir que todo sigue en la impunidad más descarada y más perversa, porque sigue existiendo, como desde el minuto siguiente a los bombazos, un manto de impunidad y de encubrimiento que  se teje ( siempre a velocidad increíble) para que la verdad sobre los atentados siga exclusivamente caratulada como atentado terrorista made in Irán, made in Hezbolá. Es decir que todo quede encapsulado en ese contexto. En el contexto del terrorismo con el sello iraní. Y punto. No vaya ocurrir que se escape la verdad por algún lugar.

Pero esto  ya ocurrió y sigue ocurriendo. Ya la verdad recorre las calles. Ya está en la boca de muchos. Y uno de esos muchos, y con sólidas evidencias y pruebas, es Juan José Salinas, con sus libros a cuestas. Libros que son determinantes para tener una idea clara de toda esta sucia intriga que sembró de cadáveres las calles de Buenos Aires.

Retomando las descarnadas conclusiones de Juan José Salinas, en el tramo final de su libro de 357 páginas, debo decir que tales conclusiones no son tomadas de la nada. Ni son banales. No hay trivialidad en sus apreciaciones, como tampoco la hay en todo el voluminoso material cuya antesala se sitúa bastantes años atrás.

Salinas escribe: “Originalmente este libro iba a ser la segunda parte de “Caso Nisman: Secretos inconfesables.”Suicidios” en serie, tráficos ilícitos y masacre de la Embajada de Israel y la AMIA” publicado hace tres años y del que me  siento orgulloso”.

Y agrega: “Si en el “Caso Nisman…” se describió al personaje, se profundizó en claros asesinatos que fueron presentados al público como suicidios –como los de  Lourdes Di Natale y el bombero Alberto Cánepa Carrizo- y se puso el foco sobre el hecho de que los atentados fueron ejecutados por miembros orgánicos e inorgánicos de la Policía Federal contratados desde el círculo de allegados al presidente Menen (pero, todo indica, a espaldas de este), también en este volumen habrá muchas referencias a “secretos inconfesables”. Y en especial al mayor de ellos, la razón  de tan prolongado y extensivo encubrimiento –en el que el fiscal Alberto Nisman fue protagonista estrella durante toda una década- : la participación  de los servicios secretos de Israel (con la colaboración de la CIA y la SIDE) en la ejecución de ambos atentados perpetrados en Buenos Aires. Su título es, en principio, un homenaje a Horacio Verbitsky quien lo utilizó en una de sus escasas notas dedicadas a los atentados al cumplirse el décimo aniversario de los bombazos de la AMIA. En esa nota, parte-aguas, informó que pocas horas después de las explosiones  los gobiernos de Israel y Argentina acordaron responsabilizar a Irán. Y para eso –aunque Verbitsky  no lo explicitó  decidieron apuntalar el subterfugio, ya utilizado en el anterior ataque a la Embajada de Israel, de una fantasmal camioneta-bomba conducida por un suicida”.

Un detalle. No podemos ignorar que el origen del trabajo de investigación de Juan José Salinas sobre el caso de la AMIA  tiene su raíz en un episodio que trazó una marca (un antes y un después en su rica carrera de periodista y de escritor) ya que además de haber sido cronista policial, años atrás publicó un libro –junto al colega Julio Villalonga-  no menos comprometido con su tiempo y con hechos ocurridos en su país: “Gorriarán. La Tablada y las “Guerras de Inteligencia” en América Latina”.

 Para que él fuera hilvanando la verdad (o lo que es decir, para ir armando el rompecabezas a tales efectos) año tras año, Salinas,  entró en la investigación del tema AMIA  precisamente después de publicarse el libro de “Gorriarán..”. Él mismo cuenta que  ese libro le gustó mucho a Pedro Brieger, que tenía una relación  a través de una secretaria, con el entonces presidente de la AMIA, Alberto Crupnicoff. Y cuenta también que fue él personalmente –Crupnicoff- quien se dio cuenta que tras los adelantos que hizo la policía en la investigación comenzó a retrocederse notoriamente y que inclusive se había tratado de borrar todo lo que se había descubierto, habida cuenta que habían ido presos los dueños de la empresa de una volqueta que habían puesto en la puerta de la AMIA, cuatro  minutos o algo así antes de la explosión, determinándose además que se habían comprado unas diez toneladas del explosivo utilizado: nitrato de amonio o amonal. Y esa información había sido ocultada, es decir que no fue divulgada por los medios de comunicación.

Entonces, fue ahí que Pedro Brieger, que estaba fascinado con el libro de Salinas,  entró a sospechar que la investigación estaba siendo afectada, razón por la cual convenció a Crupnicoff de conformar un sólido equipo de investigación. Por esos días Salinas trabajaba en Télam, en la sección Economía. Salinas aceptó el trabajo y solicitó que sumara al grupo (que  ya contaba con cuatro estudiantes avanzados del Taller Escuela Agencia) al jefe de documentación del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales, organización que hasta la fecha entiende en temas de DDHH)  Daniel Fontanini y a  Hernán López Echague. El grupo trabajó un mes en torno al expediente judicial, hasta que sobrevino un imprevisto. Citaron a Crupnicoff a Israel  y le pidieron que llevara un informe y en el informe se decía que estaba claro que gente de la Policía Federal estaba involucrada en el atentado. De regreso de Israel, Crupnicoff, ante la sorpresa del grupo de trabajo, lo levantó, o sea lo clausuró. En consecuencia, Salinas y Fontanini, más dos chicas estudiantes de periodismo (una de ellas la hoy famosa periodista Gisela Marziotta, que tenía 19 años) decidieron seguir investigando, en forma independiente.

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La investigación independiente del grupo se mantuvo por tres años pero después se disolvió y como resultado Juan José Salinas publicó  un libro titulado:”AMIA. El atentado. Quiénes son los autores y por qué no están presos”. A todo esto, en el marco del éxito que tuvo este libro, Salinas hizo tres presentaciones ante el juez Juan José Galeano solicitándole la detención de quienes habían dejado una camioneta trafic (supuestamente vehículo-bomba) cerca de la AMIA (que en realidad fue un señuelo, tal como lo afirma Salinas en su libro). Salinas dijo además en esos días, en el libro sobre la AMIA, que la camioneta señuelo la habían dejado unos muchachos de San Telmo, uno de los cuales era policía y además estaban vinculados con un hombre que reducía automóviles y los duplicaba en sociedad con la Policía Federal, y que sería la persona que le pasó la Traficc (supuestamente vehículo-bomba) a un tal Carlos Telleldín. Posteriormente el mismo Juan José Salinas descubrió que nunca existió una Traficc-bomba sino que en realidad eran dos vehículos los que habían sido involucrados, pero como señuelos o con otro cometido.

En una reciente entrevista (que publicamos en Antimafia Dos Mil)  que los jóvenes periodistas del programa hicieron a Salinas sobre este punto, el periodista dijo:”El caso AMIA es el único caso que conozco en el cual Israel y Estados Unidos se pusieron de acuerdo con el gobierno argentino para dar una versión falsa. Todos los medios de prensa, sobre todo los tres diarios principales – Clarín, La Nación y Página 12 – acordaron publicar solamente lo que salía del juzgado, del corrupto juez Galeano, que arreglaba lo que se le decía a los periodistas junto con Rubén Beraja, el jefe de la DAIA que está siendo juzgado hoy por encubridor”

Muy pesado resulta ser  todo esto.  Y en el reciente libro “La InfAMIA”, toda la información allí expuesta lleva igual carga de densidad,  porque verdaderamente es muy pesado cada episodio (y cada intriga) que está detrás de los atentados.

Otro detalle más, que no nada menor: Juan José Salinas  señala que “el título   de este libro “La infAMIA” es también un recordatorio de la infame trayectoria política reciente de los dirigentes de una institución  de origen y trayectoria venerable, la AMIA, que a partir de su cruenta demolición  pasó de manos de laicos favorables a los acuerdos de paz de Medio Oriente a las de un tartufo como su actual presidente, Agustín Zbar, mascarón de proa del sionismo más racista. Zbar tiene una relación  familiar directa con Eduardo Elsztain, pues está casado con su prima hermana, Patricia Elsztain quien trabaja en la sección femenina de la poderosa secta  Jabad Lubavitch, que es hace tiempo la mayor financista de las instituciones  judeo-sionistas. Como resultado la AMIA participa en primera línea en el encubrimiento que garantiza hasta hoy la impunidad de los asesinos de sus empleados y afiliados”

La sola denominación del primer capítulo: “Un encubrimiento al cuadrado” permite visibilizar la dimensión del acto de encubrir, desde las filas mismas de los investigadores (argentinos e israelíes) , a los responsables de la explosión de  la AMIA y en consecuencia de la explosión en  la Embajada.

Oportunamente en el prólogo del libro del “Caso Nisman..” Juan José Salinas era en extremo claro: “El disparo que mató al fiscal Natalio Alberto Nisman abrió una caja de Pandora. Fue apenas cuatro días después de que presentara una resonante denuncia contra la Presidenta de la Nación y su canciller, a quienes acusó de conspirar para librar de sus responsabilidades a los altos funcionarios del gobierno de Irán  a los que acusaba de haber instigado y ordenado el atentado a la AMIA”

El periodista Salinas no improvisa en su último libro. No hace malabarismos de rango periodístico para lograr lectores, fama o popularidad. Todo el libro es una sumatoria de elementos convincentes. Y cada uno de esos elementos, como cuentas o perlas de un collar, tienen su sentido y son en exceso comprobables. Tangibles. Y mantienen, una armonía y una coherencia narrativa y testimonial.

No en vano Salinas escribe: “Durante un cuarto de siglo sostuve a través de libros, artículos y entrevistas que los bombazos de Buenos aires habían sido organizados desde muy cerca de la  cúspide del poder político, que sus ejecutores  habían sido mercenarios vinculados a la Policía Federal que habían contado con la cobertura y el encubrimiento de los  servicios de inteligencia locales y los “colaterales” de las potencias  occidentales  e Israel, y que entre sus motivaciones habían estado, ostensiblemente, “mexicaneadas” ocurridas en el proceso de lavado de dinero procedente del tráfico de drogas y armas. De “Caso Nisman: Secretos inconfesables” estoy particularmente satisfecho, sobre todo del extenso artículo referido  a la Embajada de Israel en el que creo haber demostrado que el Shin Bet (Sherut Bitachon  Klali, Servicio de Seguridad General, también conocido por su antiguo nombre de Shabak), encargado de la seguridad del edificio, no fue ajeno al atentado, y que la participación  de efectivos de la Policía Federal fue central, como lo sería en el ataque a la AMIA”

Siempre oteando en el por qué de los bombazos, y aunque en  las 357 páginas del reciente libro de Salinas, queda muy bien contestada esa pregunta, no puedo evitar  retomar la entrevista  de los periodistas de Frecuencia Joven, porque en ella se da un pantallazo de la investigación del colega.

Juan José Salinas les respondió: “El ¿por qué?. Es porque se pusieron de acuerdo un grupo de traficantes de armas y drogas, a los cuales no les habían pagado en el proceso de lavado de dinero y blanqueo en su reintroducción al sistema bancario. Los intermediarios se habían quedado con el dinero, y esto se vio en el primer atentado y Monzer al Kassar, que era uno de ellos fue preso en España y parecía que nunca iba a salir de la cárcel, pero salió y hubo otro atentado. Ahí sí creo que se pagó, se pagó bien. Pero estos traficantes no hicieron los atentados por sí mismos. Primero se pusieron de acuerdo con un sector de los servicios de inteligencia israelíes que quería sabotear los acuerdos de paz que impulsaba el primer ministro  Isaac Rabin con Siria y con Palestina. Básicamente miraban de plano a la devolución de la meseta del Golán a Siria, que es lo que quería hacer Rabin, a cambio de un acuerdo de paz solemnemente firmado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que aparecería como garante. La derecha israelí y gran parte de los servicios de inteligencia internos, o sea la contrainteligencia, el Shin bet o Shabak, no confundir con el Mossad que es inteligencia en el exterior, mientras que el primero actúa en los territorios ocupados por Israel. Gran parte del Shin Bet estaba en desacuerdo total con esta historia por la derrota, porque ya venían sufriendo y que habían tenido que soportar por el regreso de Yasir Arafat  desde el exilio de Túnez a Cisjordania, porque Arafat había vuelto con una policía Palestina entrenada por la CIA que desplazó de esos territorios al Shin Bet. Hace tres años yo publiqué un libro que se llama “Caso Nisman. Secretos Inconfesables” y  en ese libro, mi teoría del punto de encuentro, demostraba claramente cómo había sido el atentado a la embajada de Israel, que es más fácil que la tabla del dos. Cualquiera leyéndolo, como si leyera un buen cuento policial, puede sacar sus conclusiones acerca de quiénes y cómo volaron la Embajada de Israel, que no tiene nada que ver con la historia oficial. Y en ese libro yo demostraba que esa voladura de la Embajada contó con la complicidad de agentes israelíes, particularmente con quien dirigía la custodia de la embajada, que la liberó de tal. Porque la Embajada ese día no tuvo ni custodia de la Policía Federal. Un policía no vino, el otro se fue. Era el día de San Patricio, entonces no había policías. El que estaba en la Embajada de Rumania que es vecina también, se fue. El patrullero que tenía que cubrir también se fue. El edificio fue previamente vaciado de mucha gente. Estaba lleno de gente por la mañana y pasado el mediodía quedó muy poca, hasta el punto que murieron solamente cuatro israelíes, el resto de las 18 víctimas fueron argentinos, italianos y el cura que estaba enfrente. Yo publiqué ese libro hace tres años y nadie dijo nada. Ahora que estamos en otra época hay bronca. Hay bronca porque en “La infAMIA” el nuevo libro, yo demuestro que también en este atentado contra la Mutual hubo agentes israelíes involucrados. Pero de ninguna manera se puede hablar de que hayan sido auto-atentados, esto lo quiero aclarar especialmente. Todos fueron encargados desde el entorno del presidente  Carlos Menem sin que éste tuviera nada que ver. Fueron ejecutados por mercenarios argentinos vinculados a la Policía Federal y protegidos por agentes del SIDE y de la CIA, que por supuesto estaban al tanto de que se iba a hacer el atentado, y pensaron, desde un primer momento, echarle la culpa a Irán. Recuerdo que el entonces Ministro del Interior, Carlos Ruckauf, se encontraba en Estados Unidos y a la media hora de que en el edificio explotaran las bombas, porque fueron dos, le echó la culpa a Irán y después dijo que era porque alguien se lo había soplado. Alguien en Washington le sopló que había sido Irán. Antes de investigar nada ya se sabía quién era el culpable. Entonces cuando saco este libro “La infAMIA”  gran revuelo por este tema. Pero es así, son atentados mafiosos hechos por traficantes de armas y drogas ilícitas que se pusieron de acuerdo con un sector de los servicios secretos israelíes interesados en boicotear los esfuerzos del primer ministro Rabin que de todas maneras encubrió esto. Entonces, los atentados fueron hechos por mano de obra mercenaria local, encargados del poder político en las cercanías del Presidente  Carlos Menem y ejecutados y encubiertos con el beneplácito de los servicios secretos de Israel y de Estados Unidos, por lo menos de sus jefes”.

Fueron dos potentes bombazos. Bombazos en los cuales participaron cerebros de la inteligencia israelí, carcomidos por la ceguera criminal.

La ceguera criminal que hoy (como ayer) es moneda corriente.

Los submundos de la sucia política se codean y se abrazan a las ambiciones y al poder, y al crimen organizado, a las metodologías mafiosas, siempre sembrando los cementerios de ataúdes, en cuyo interior siempre yacen los restos de los inocentes. Porque son ellos, los inocentes, los que siempre pagan los platos rotos.

Los inocentes que no saben nada. Y  porque no saben nada  sangran por culpa de los criminales y los muchos hombres y mujeres de los poderes institucionales que venden su alma al diablo.

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*Foto de Portada: www.pájarorojo.com  /Juan José Salinas presentando su libro

*Foto 2: www.revistaelmedio.com  /Explosión de la AMIA

*Foto 3: www.americaeconomía.com  /Explosión de la AMIA

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